Valeria solo quería encajar. Por eso aceptó ir a esa fiesta con sus compañeras de universidad, sin sospechar que su presencia molestaba más de lo que creía. Su brillante expediente académico y la atención involuntaria del chico más codiciado del campus la habían convertido en el blanco de una envidia silenciosa. Esa noche, una trampa meticulosamente diseñada destruyó su reputación en cuestión de horas y alteró el curso de su vida para siempre.
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Capítulo X La confrontación
El trayecto hacia el edificio donde se encontraba el penthouse estuvo impregnado de una tensión asfixiante.
Dante llevaba a Valeria sentada sobre sus piernas, sujetándola contra su pecho, mientras ella intentaba ahogar los sollozos provocados por el dolor agudo que le recorría el abdomen.
—¿En qué demonios estás metida, Valeria? —preguntó Dante en un susurro áspero, buscando su mirada.
No obtuvo respuesta. A Valeria le costaba respirar y el dolor de la patada era tan intenso que no podía articular una sola palabra. Verla tan indefensa hacía que un nudo de frustración y culpa le apretara la garganta al magnate.
—Enrique, llama a Alberto ahora mismo. Que esté en el penthouse antes de que lleguemos —ordenó Dante con voz helada.
Los siguientes minutos fueron agónicos. Valeria se retorcía levemente entre los brazos de su esposo, dejando escapar pequeños gemidos que hacían arder la paciencia de Dante. Al cruzar el vestíbulo del edificio y subir por el ascensor privado, Alberto —el médico de confianza de la familia Salazar— ya los esperaba en la entrada del apartamento.
—¿Qué fue lo que pasó? —preguntó el doctor, alarmado al ver a la joven inconsciente por el dolor en brazos del magnate.
—La golpearon brutalmente. Si no llego a tiempo, la historia habría sido muy diferente —explicó Dante con brevedad, mientras recostaba a Valeria con extrema delicadeza sobre la cama principal.
—Es la segunda vez que intervengo por una emergencia contigo en menos de veinticuatro horas, Dante —dijo Alberto mientras abría su maletín y comenzaba a examinarla—. Dime la verdad, ¿qué está pasando aquí?
—Tampoco lo sé con certeza —admitió Dante apretando los puños—. Solo sé que necesita ayuda de inmediato. Ya habrá tiempo para averiguar el resto.
Alberto revisó las contusiones que le había provocado Guillermo. Descartó fracturas en las costillas, pero el traumatismo en la pared abdominal era severo. Le administró analgésicos intravenosos y un sedante fuerte para garantizar que el dolor no la despertara durante la noche.
—Le apliqué un calmante potente —explicó el médico antes de marcharse—. No tiene lesiones internas graves, pero el impacto fue fuerte y estará muy adolorida. Obsérvala esta noche; si presenta fiebre o náuseas, llámame de inmediato.
Una vez que el médico y Enrique se retiraron, el silencio absoluto reinó en la habitación. Dante se acercó lentamente a la cama, manteniendo los ojos fijos en la frágil figura de su esposa.
—¿Quién eres realmente? ¿Y por qué hay tanta gente queriendo destruirte? —murmuró para sí mismo, tocando apenas la mejilla tibia de la joven con la yema de sus dedos.
A pesar del rencor que guardaba por la supuesta traición con "Alejandro", el instinto de protección pudo más. Sabiendo que debía velar su sueño, Dante se quitó el saco, desabrochó su corbata y se acostó al otro lado de la cama. Veló el sueño de Valeria durante horas, hasta que el cansancio acumulado del día terminó por vencerlo.
A la mañana siguiente, la luz dorada del sol comenzó a filtrarse por el enorme ventanal de la recámara. Valeria abrió los ojos lentamente, sintiendo la cabeza pesada. Intentó incorporarse en la cama, pero una punzada aguda en el costado la hizo emitir un gemido ahogado y llevarse la mano al abdomen.
El leve sonido bastó para despertar a Dante de inmediato. Se incorporó de un salto, visiblemente preocupado.
—¿Estás bien? No te muevas —ordenó, acercándose a ella.
—Sí… solo fue un reflejo —susurró Valeria con la voz rasposa, tratando de disimular la mueca de dolor.
Dante la observó detenidamente, escudriñando cada facción de su rostro golpeado. La preocupación en sus ojos duró solo unos segundos antes de que la coraza de frialdad volviera a tomar el control.
—El médico dijo que no tienes nada roto, pero debes guardar reposo —dijo él, cruzándose de brazos mientras la miraba desde arriba—. Ahora que estás consciente, me debes una explicación. Ayer te busqué para cumplir con las cláusulas de nuestro contrato y te encontré a punto de ser atacada por esos delincuentes. ¿Quién era ese hombre, Valeria?
Valeria tragó saliva, sintiendo que el nudo en su garganta regresaba. No podía mencionarle a su hermano Alejandro; si Dante descubría la vulnerabilidad de su familia, podría usar a Alejandro como moneda de cambio o el contrato perdería la poca dignidad que le quedaba a ella.
—Era el acreedor de una deuda que no me pertenecía —respondió Valeria con firmeza, sosteniéndole la mirada a pesar de su debilidad—. Mi madrastra me vendió a él para saldar sus propios problemas. Si no hubieras llegado… no quiero ni pensar en lo que habría pasado. Gracias por sacarme de ahí.
Dante entornó los ojos, analizando sus palabras. Le creía lo del ataque, pero en su mente la sombra de las mentiras seguía presente.
—No me des las gracias —sentenció él con voz helada—. No lo hice por heroísmo, sino porque ahora llevas mi apellido. No voy a permitir que nadie ensucie el nombre de la familia Salazar ni que juegues a dos bandas.
—Yo no estoy jugando a nada, Dante —replicó Valeria, dolida por la frialdad de sus palabras—. Firmé tu contrato y pienso cumplirlo.
—Eso espero —dijo él acercándose a la orilla de la cama y sujetando la barbilla de Valeria con firmeza pero sin lastimarla—. Porque a partir de hoy no das un solo paso fuera de este apartamento sin mi autorización. No voy a rescatarte tres veces.
Valeria apretó los labios, sintiendo el choque de fuego y hielo en la mirada de su esposo. Estaba atrapada en una red de mentiras, pero mientras su hermano estuviera a salvo en la clínica, soportaría cualquier tormenta que Dante Salazar decidiera desatar sobre ella.
se me hizo tan corta y muy buena 👍😍