Es una cumbre empresarial internacional de alto nivel.
Él espera ver a otra ejecutiva manipulable o intimidada por su presencia.
Ella llega con su armadura de hierro, luciendo impecable, sin dejar que nadie pase por encima de ella.
La chispa: Cuando él intenta imponer su poder o coquetear de forma dominante, ella lo frena en seco y lo pone en su lugar frente a otros magnates. Nadie le ha hablado así jamás. Por primera vez, "El Demonio" encuentra a una mujer que no solo lo aguanta... sino que desafía su autoridad.
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AMANECIENDO EN FAMILIA
El silencio de la residencia Montero-Rivas a las seis de la mañana era una rareza casi sagrada.
A través de los ventanales del piso principal, la luz dorada del amanecer filtraba sus primeros rayos sobre la estancia, pintando destellos sobre la madera y los muebles de diseño. No había llamadas de emergencia de las filiales aéreas de Aero-Logix Global, ni reportes nocturnos de la inteligencia clandestina de Kronos Capital. Solo el pulso tranquilo de un hogar comenzando a despertar.
En el dormitorio principal, Kael Montero ya estaba despierto. Acostumbrado por años a dormir con el oído alerta, la calidez del cuerpo de Isabella recostada contra su pecho era la única ancla que le permitía experimentar algo parecido a la paz. Con delicadeza extrema para no perturbarla, Kael retiró un mechón de cabello oscuro de la frente de Isabella. Ella suspiró entre sueños y se acurrucó más cerca de él.
El crujido leve de la puerta al abrirse interrumpió el pensamiento del magnate.
Dos pares de pies descalzos caminaron en silencio sobre la alfombra. Bruno entraba arrastrando los pies, aún con los ojos entreabiertos, mientras Mía venía detrás, abrazando a su conejo de felpa.
Kael se incorporó con cuidado y estiró sus brazos de acero para levantar a la pequeña sin hacer ruido, acomodándola a su lado. Bruno se trepó con agilidad por el borde hasta quedar entre Kael e Isabella.
—Se dormieron como piedras anoche —murmuró Kael en voz baja, revolviendo el cabello desordenado de Bruno.
—Es que la abuela Carmen nos dio pastel de mora antes de venirnos —confesó Bruno en un susurro conspirativo.
El movimiento en la cama terminó por sacar a Isabella de su letargo. Parpadeó despacio hasta que sus ojos verdes se encontraron con la escena: Kael flanqueado por los dos niños, protegiéndolos como una muralla infranqueable.
—Buenos días, mis amores —dijo ella, inclinándose para besar la frente de sus hijos, sintiendo cómo esa opresión habitual en el pecho terminaba de desaparecer por completo.
A mediodía, el escenario cambió de la intimidad familiar al restaurante más exclusivo del distrito financiero. En un reservado privado con vistas a la ciudad, Isabella fue recibida por un comité formidable: su hermana Sabrina y sus inseparables amigas, Camila Cordero y Giselle Peralta.
Apenas Isabella tomó asiento, las tres mujeres la observaron como un panel de juezas implacables.
—Muy bien, Rivas —disparó Sabrina, cruzándose de brazos con una sonrisa mordaz—. Te saltaste el grupo de chat durante todo el fin de semana. Exigimos una rendición de cuentas completa.
—Estuve en la finca de los Montero —respondió Isabella con su elegancia habitual, sirviéndose un poco de agua con gas—. Fue una visita tranquila.
—¿"Tranquila"? —intervino Camila, abriendo los ojos de par en par—. Isabella, te metiste en la guarida del magnate más codiciado e intimidante del continente y dices que fue "tranquila". ¿Cómo es la suegra? ¿Hubo fuego cruzado corporativo?
—Doña Carmen es encantadora y me abrazó al llegar —reveló Isabella, logrando que Giselle casi se atragantara con su copa de vino.
—¿El "Demonio" tiene una madre adorable? —bromeó Giselle, acomodándose los lentes—. Isabella, los mercados financieros están temblando por la alianza entre Aero-Logix y Kronos Capital, pero nosotras queremos la verdad sin filtros. ¿Cómo es Kael cuando no está destruyendo competidores en la bolsa?
Isabella sintió un leve sonrojo que intentó disimular con una sonrisa de lado. Recordó la imagen de Kael esa misma mañana en la cocina, sirviendo jugo de naranja para los niños en su camisa desabotonada.
—Es un hombre de palabra —dijo Isabella en voz suave pero firme—. Es protector, implacable con el mundo exterior, pero extrañamente paciente con los niños. Y con su familia es sorprendentemente devoto.
Sabrina suspiró teatrealmente, apoyando la barbilla en su mano.
—Definitivamente perdimos a la reina de hielo. Miren esa cara, chicas. Está completamente perdida por él.
—No estoy perdida, Sabrina —corregió Isabella, alzando su copa de vino con postura impecable—. Simplemente encontré al único hombre capaz de caminar a mi lado sin intentar someter mi imperio ni romper el suyo.
Camila y Giselle intercambiaron una mirada de aprobación y brindaron con ella.
—Por la nueva alianza —dijo Camila—. Y por la mujer que logró domar al rey del bajo mundo.
Al chocar las copas, Isabella sonrió. Sabía que las tormentas empresariales nunca se detendrían, pero con Kael a su lado y su tribu custodiándole la espalda, se sentía completamente invencible.