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Renací para amar al hombre que destruí

Renací para amar al hombre que destruí

Status: En proceso
Genre:CEO / Mujer poderosa / Amante arrepentido / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:9.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Ángela Sarmiento murió después de descubrir la verdad más cruel: su hermana adoptiva y el hombre en quien más confiaba habían destruido a su familia. Y Gael Montenegro, el poderoso y temido prometido del que siempre quiso escapar, era el único que la había amado de verdad… y también el hombre que murió por culpa de ella.
Cuando Ángela abre los ojos, ha regresado al momento en que todo comenzó.
Esta vez no piensa huir de Gael. Recuperará lo que le pertenece, hará pagar a quienes la traicionaron y conquistará de nuevo al hombre que sacrificó todo por ella.
Pero Gael todavía recuerda su rechazo. No confía en sus caricias, sospecha de cada palabra dulce y está convencido de que Ángela solo prepara otra forma de abandonarlo.
Entre venganzas familiares, secretos, drogas, hipnosis y una atracción que ninguno de los dos puede contener, Ángela tendrá que demostrar que su amor es real.
Porque en esta segunda vida no permitirá que Gael vuelva a morir.
Y tampoco piensa dejarlo escapar de su cama.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

Capítulo 7

Fabián Segovia recorrió con la mirada a las personas reunidas en el salón y comenzó a sentirse inquieto.

El aumento repentino de la garantía había hecho que varios participantes se retiraran, pero Ciudad de México estaba llena de empresarios con fortunas y conexiones difíciles de calcular. Ninguno de los que seguían ahí debía subestimarse.

Y, entre todos ellos, Fabián se encontraba prácticamente en el último escalón.

Las puertas se abrieron.

Gael entró acompañado por varios representantes de la empresa organizadora. Conversaban con naturalidad y hasta intercambiaban algunas risas.

Al verlos, Fabián sintió una punzada de alarma.

Los asistentes se levantaron casi al mismo tiempo y se acercaron con la intención de saludar a Gael. En realidad, algunos ni siquiera tenían verdadero interés en el proyecto. Solo se habían enterado de que él participaría y querían aprovechar la oportunidad para hacerse notar.

El Grupo Montenegro era una potencia en la capital.

Muchos deseaban establecer una relación con Gael, pero él era conocido por su temperamento frío, arrogante e impredecible. Los regalos, el dinero y las mujeres no servían para comprarlo. Más de un empresario había intentado ganárselo y terminado humillado.

Fabián contempló la escena con envidia.

¿Por qué Gael conseguía sin esfuerzo todo lo que él deseaba?

Esta vez tenía que obtener los derechos de desarrollo de Santa Fe.

Poco después apareció un rostro elegante en la enorme pantalla del salón.

El hombre tenía la apariencia refinada de un heredero educado en los mejores colegios, pero la agudeza de sus ojos contrastaba con aquella imagen amable.

Santiago Sarmiento recorrió a todos con la mirada. Se detuvo un instante en Fabián y después en Gael.

—Vaya, ya llegaron todos. Pensé que podía unirme a la diversión.

Los murmullos comenzaron de inmediato.

—¿El Grupo Sarmiento no concentra casi todos sus negocios en el extranjero? ¿Por qué Santiago Sarmiento quiere participar?

—Entonces ya no tenemos nada que hacer. El proyecto terminará en manos de los Montenegro o de los Sarmiento.

Al escuchar los comentarios, Fabián sintió que el rostro se le endurecía.

La información que había obtenido indicaba que Ángela representaría al Grupo Sarmiento. ¿Por qué la habían reemplazado de pronto por Santiago?

Eso reducía todavía más sus posibilidades.

Temiendo que Santiago notara su reacción, Fabián recompuso el gesto y lo saludó con una familiaridad que no existía.

—Santiago, ¿cómo te ha ido en el extranjero?

—Bastante bien. Aunque a veces me aburro. Fuera de México no encuentro tantos espectáculos interesantes.

Santiago dirigió la mirada hacia Gael.

Quería saber qué sería capaz de decirle aquel hombre, famoso por no iniciar conversaciones con nadie.

Gael reconoció al instante la provocación en sus ojos y sonrió.

—Hola, cuñado. ¿Cuándo vuelves a México? Ángela y yo queremos invitarte a comer.

Santiago había imaginado incontables formas en que Gael podía saludarlo.

Nunca esperó que se proclamara su cuñado sin el menor pudor.

Se atragantó con su propia saliva y perdió la calma de inmediato.

—¡Maldito! ¿Quién dijo que yo te aceptaba como mi cuñado?

Gael estuvo a punto de responder que Ángela ya vivía con él en la residencia Montenegro.

Pero había demasiada gente escuchando y no pensaba permitir que los rumores perjudicaran la reputación de ella.

—Cuñado, hablaremos cuando termine la licitación. Está a punto de comenzar y no debemos permitir que un asunto familiar interfiera con los negocios, ¿no crees?

Santiago lo fulminó con la mirada.

Jamás habría imaginado que aquel hombre de rostro glacial pudiera repetir la palabra cuñado con tanta soltura.

La rabia se le quedó atorada en el pecho.

Un silencio extraño se extendió por el salón.

Si las familias Montenegro y Sarmiento se unían, ¿quién podría competir con ellas en toda la capital?

El responsable de la licitación interrumpió las conversaciones y explicó brevemente el procedimiento.

Cuando la tensión alcanzó su punto máximo, anunció que dos de las propuestas finalistas contenían datos y apartados prácticamente idénticos. Por ese motivo, las dos empresas tendrían que presentar una nueva oferta económica. El proyecto se adjudicaría a quien ofreciera el monto más alto.

Todos voltearon hacia Gael y Santiago.

En aquel salón, nadie parecía tener recursos comparables a los de esos dos hombres.

—El señor Segovia y el señor Montenegro continuarán en la siguiente ronda —anunció el responsable.

Las miradas cambiaron de dirección y se concentraron en Fabián.

Nadie esperaba que el Grupo Segovia hubiera comprometido tanto dinero para obtener el proyecto de Santa Fe.

Hasta Santiago se enderezó en su asiento y soltó un silbido.

Sin embargo, todos conocían el resultado de antemano.

Por mucho que Fabián se esforzara, no podía competir contra Gael. El flujo de efectivo que el Grupo Montenegro manejaba en un solo día superaba lo que el Grupo Segovia movía durante un trimestre.

Fabián terminó perdiendo.

Todavía no comprendía cómo las dos ofertas iniciales habían podido presentar exactamente el mismo monto.

El informante con quien había hablado le aseguró que Gael jamás reduciría su propuesta hasta aquella cifra.

Para respaldar la primera oferta, Fabián ya había inmovilizado gran parte de la liquidez del Grupo Segovia. No tenía recursos disponibles para seguir aumentando el monto.

Gael, en cambio, permanecía sereno, como si lo ocurrido no tuviera la menor importancia.

Fabián apretó los dientes.

No solo había perdido el proyecto; ahora también tendría que cargar con los costos millonarios del financiamiento que utilizó para cubrir el depósito.

La frustración le quemó el pecho.

Se dijo que, sin el poder de la familia Montenegro, Gael nunca habría podido vencerlo.

Convenientemente olvidó que aquel imperio no había aparecido de la nada. Gael lo había construido paso a paso con su propio esfuerzo.

Santiago vio que el espectáculo había terminado, se estiró con pereza y cerró la videollamada.

Los empresarios rodearon a Gael para felicitarlo.

Él respondió con indiferencia.

Solo quería regresar cuanto antes a casa, donde lo esperaba la mujer que amaba. No tenía tiempo que perder adulando a ninguno de ellos.

Fabián salió del salón como si hubiera perdido el alma.

Acababa de subir a su auto cuando sonó su celular. Miró el nombre en la pantalla, apretó los labios y contestó.

La voz furiosa de su padre estalló al otro lado de la línea.

—¡Fabián Segovia! Sabías que ese depósito inmovilizaría nuestra liquidez y aun así insististe en participar. ¿Tienes idea del daño que le causaste a la empresa? El consejo ya está cuestionando tus decisiones. Tú provocaste este desastre; ahora resuélvelo solo.

La llamada terminó.

Fabián sabía que a su padre solo le importaban sus propios intereses. Para aquel hombre, los lazos familiares y el amor jamás tendrían tanto valor como las ganancias.

Si no conseguía solucionar la crisis, no dudarían en sacrificarlo.

La ansiedad se convirtió en rabia.

Golpeó el volante con el puño.

El celular volvió a sonar.

Era Selene.

Fabián contestó con impaciencia.

—Fabián, ¿ya terminó la licitación? ¿Cuándo vas a hablar con mi abuelo sobre nuestro matrimonio?

Selene seguía perdida en la fantasía de convertirse muy pronto en la señora Segovia.

Fabián soltó una risa llena de sarcasmo.

—Gracias a ese documento tuyo no solo perdí el proyecto. También perdí una garantía enorme.

El tono hostil de Fabián dejó a Selene sin palabras.

Comenzó a sollozar.

—Yo no sabía que esto iba a pasar. Solo quería ayudarte. Por favor, no te enojes conmigo.

En el pasado, escucharla llorar despertaba en él ternura y deseos de protegerla.

Ahora solo lo irritaba.

No intentó consolarla.

Simplemente colgó.

Encendió un cigarro y dejó caer la cabeza contra el respaldo.

Sin saber por qué, el rostro seductor de Ángela apareció en su mente.

Antes, cada vez que algo salía mal en el trabajo, ella lo consolaba con paciencia. Además de apoyarlo con dinero y contactos, siempre encontraba la forma de levantarle el ánimo.

Nunca lloraba frente a él.

Parecía llevar un pequeño sol dentro del pecho. Incluso cuando Fabián descargaba su mal humor contra ella, Ángela sonreía y terminaba siendo quien lo tranquilizaba.

Pero ahora comenzaba a desaparecer de su mundo.

El miedo se apoderó de él.

Tomó el celular y llamó a Ángela.

El tono se repitió una y otra vez.

Cada segundo de espera se convirtió en un tormento.

Fabián recordó cada momento que había compartido con ella. Ángela siempre había sido cálida, brillante, incansable.

Al fin contestaron.

—Ángela, quiero verte. Tenemos que hablar.

La urgencia se filtró en su voz.

Fabián estaba arrepentido.

En ese momento quería recuperar a Ángela y estar realmente con ella. No para utilizarla, se dijo, sino porque deseaba tenerla a su lado.

Tal vez se había enamorado mucho tiempo atrás y nunca había sabido reconocerlo.

Ángela guardó silencio unos segundos.

—Fabián, tú y yo no tenemos nada de qué hablar. No vuelvas a llamarme.

—¡Angie, no cuelgues! Escúchame, por favor.

Su voz se volvió desesperada.

—Admito que antes te utilicé, pero ahora entiendo que me enamoré de ti. ¿Puedes darme otra oportunidad?

Ángela soltó una risa burlona.

—Tu amor vale muy poco, Fabián. Dices que me amas, pero te acostabas con Selene a mis espaldas.

El asco endureció su voz.

—Dices que me amas, pero querías que me metiera en la cama de Gael para conseguirte beneficios. Me repugnas.

Colgó sin permitirle responder.

Al recordar a la mujer que había sido en la vida anterior, sintió ganas de reírse de sí misma.

Había entregado un corazón sincero a un hombre que no lo merecía.

Cuando Gael regresó a la residencia, encontró a Ángela sentada en el columpio del invernadero con el ceño fruncido.

Se acercó sin hacer ruido y empujó el columpio con fuerza.

Ángela soltó un grito y se aferró a las cuerdas.

Al descubrir a Gael riéndose detrás de ella, puso los ojos en blanco.

Qué hombre tan infantil.

Cuando el columpio descendió, Gael aprovechó el impulso para sentarse junto a ella. Le rodeó la cintura con los brazos y frotó el rostro contra su cuello.

—¿En qué piensas con tanta seriedad?

Una idea traviesa cruzó por la mente de Ángela.

—Te lo diré, pero prométeme que no te vas a enojar. Fabián me llamó hace un momento.

Al escuchar aquel nombre, Gael frunció el ceño.

Fabián acababa de perder contra él y lo primero que hacía era llamar a su mujer.

Era evidente que no pretendía felicitarlo.

Además, nunca había dejado de intentar utilizar a Ángela.

—¿Qué quería? —preguntó Gael con voz helada.

—Dijo que acaba de descubrir que está enamorado de mí y quiere otra oportunidad.

Ángela lo miró con los ojos llenos de risa, disfrutando su reacción.

—Que siga soñando. Toda la capital sabe que eres mía. Quiero ver quién se atreve a intentar quitármela.

Gael apretó los dientes, furioso.

—Así que sabes que toda la capital se enteró. ¿Quién te dio permiso de llamar cuñado a Santiago frente a tanta gente? ¿Tienes idea de...? ¡Olvídalo!

Ángela se soltó de sus brazos y comenzó a picarle el pecho con la punta del dedo.

Santiago la había llamado exclusivamente para exigirle una explicación.

Solo entonces se enteró de que Gael había decidido tratarlo como cuñado delante de todos los asistentes.

¿Acaso ella no tenía una reputación que cuidar?

Gael tardó un segundo en comprender.

Al ver a Ángela tan indignada, se dio cuenta de que la llamada de Fabián probablemente era solo un pretexto para provocarle celos.

—¿Acaso mentí? Te prometí que, en cuanto obtuviera los derechos de desarrollo de Santa Fe, iría a pedir tu mano.

Gael sopló suavemente junto a su oído.

Las fuerzas abandonaron el cuerpo de Ángela y terminó recostada contra su pecho.

—Tú puedes ir a pedir lo que quieras, pero yo nunca dije que aceptaría. No celebres antes de tiempo.

Mantuvo el rostro serio, se mordió el labio e infló las mejillas con evidente enojo.

—¿Ah, no? Angie, yo también acabo de descubrir que estoy enamorado de ti. ¿Qué te parece si tú y yo... lo intentamos?

Ángela tardó un segundo en captar el doble sentido.

Gael no estaba usando intentar como una frase inocente.

El rostro se le encendió.

Se levantó de un salto y salió deprisa del invernadero.

Gael percibió el aroma que ella había dejado en sus dedos y soltó una risa baja.

Pequeña tonta.

Muy pronto ya no podría escapar.

Cuando Fabián regresó a su casa, escuchó risas en la sala.

Selene estaba sentada con actitud dócil junto a Nora Zamora de Segovia, su madre.

—Señora Nora, tiene una piel preciosa. Parece de poco más de treinta años. Y además es tan elegante...

Nora palmeó la mano de Selene. Sonreía ampliamente, aunque en el fondo de sus ojos persistía una sombra de desprecio.

—Qué encantadora eres. Hablas mucho mejor que Fabián.

Selene bajó la cabeza con timidez al escuchar el cumplido.

Fabián interrumpió la conversación.

Miró a Selene con frialdad.

No podía creer que hubiera tenido el descaro de presentarse abiertamente en su casa.

La indiferencia de Fabián hizo que Selene se inquietara.

Sabía que las fotografías no solo habían sido inútiles, sino que le habían causado una pérdida enorme.

Pero si conseguía ganarse a Nora y obtener su aprobación, podría casarse con Fabián y entrar a la familia Segovia con todos los honores.

Nora tenía suficiente experiencia para percibir de inmediato la relación clandestina entre los dos.

Torció los labios con desagrado.

No soportaba la arrogancia de Ángela, pero mucho menos estaba dispuesta a aceptar a Selene, una hija adoptiva sin patrimonio propio ni una red familiar que la respaldara.

Se aclaró la garganta.

—Tengo un atole en la cocina. Fabián, acompaña a la señorita Sarmiento mientras regreso.

Cuando Nora salió de la sala, Selene se acercó poco a poco a Fabián y tiró con suavidad de su ropa.

—No sabía que terminaría así. De verdad te amo.

Fabián giró el rostro para no verla y apartó su mano con brusquedad.

—Selene, lo nuestro se acabó. Me di cuenta de que estoy enamorado de tu hermana.

Aquella frase fue como una cubeta de agua helada.

Selene cerró los puños y habló con la voz quebrada.

—Me prometiste que te casarías conmigo. Me entregué a ti sin tener siquiera un lugar reconocido a tu lado. ¿Y ahora pretendes deshacerte de mí con una sola frase?

—¿Qué quieres entonces?

No quedaba nada de la ternura que Fabián solía mostrarle.

—¡No quiero nada! Solo quiero que te cases conmigo.

—Los dos necesitamos calmarnos. Te llevaré a tu casa.

Fabián cambió el tema. Aquel día no tenía paciencia para soportar el llanto y los reclamos de Selene.

Cuando volvió, Nora estaba sentada en el sofá, bebiendo su atole. Lo recibió con una mirada poco amable.

—Fabián, jamás aceptaré que Selene entre a esta familia. Podrán llamarla la segunda hija de los Sarmiento, pero no deja de ser una huérfana adoptada. No puede aportar nada a tu carrera.

Dejó la taza sobre la mesa.

—Además, no sé por qué, pero sentí rechazo hacia ella desde la primera vez que la vi.

Selene regresó directamente a su habitación.

En cuanto cerró la puerta, abandonó toda apariencia de dulzura.

Con el rostro deformado por la rabia, arrojó al suelo los frascos y adornos que había sobre la mesa.

Sus ojos enrojecidos ardían de odio.

Deseaba hacer pedazos a Ángela con sus propias manos.

¡Ángela Sarmiento!

¿Por qué insistía en destruirlo todo?

Ya tenía a Gael, pero aun así había conseguido que Fabián perdiera la cabeza por ella.

Selene era quien realmente lo amaba.

Si las cosas eran así, nadie podía culparla por actuar sin piedad.

Si Ángela desaparecía, Fabián regresaría a su lado.

Una sonrisa cruel apareció en sus labios mientras un plan comenzaba a tomar forma en su mente.

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maria fernanda ortega ruiz
maravillosa historia 🥰
Alix Sarmiento
Angela es cautelosa porque crío un cuervo y le saco los ojos
Alix Sarmiento
muy bueno excelente
Alix Sarmiento
que familias tan complicadas
veritoo❤️
falta saber q paso con Nicolás y Leonardo a ver si x fin deja la soltería ..muy bna exelente novela
Alix Sarmiento
👏
Alix Sarmiento
muy buena, pero no sé puede dejar manipular
Flor R
super woooo me super encanta bendiciones autora 🍷
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