Scarlett Harrington lleva tres años casada con Ethan Collins. Durante todo ese tiempo creyó tener el matrimonio perfecto, construyendo un hogar junto al hombre que amaba y en quien confiaba plenamente.
Sin embargo, todo cambia el día que regresa antes de lo previsto de un viaje de negocios para sorprender a su esposo. La sorpresa termina siendo para ella cuando encuentra a Ethan en la cama con su propia mejor amiga. En un solo instante, el amor, la confianza y los sueños que había construido se hacen pedazos.
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Capitulo 20
Cuando Ethan intentó acercarse una vez más, con la mano extendida hacia ella, Alessandro se colocó suavemente pero decididamente entre ambos. No había agresividad en su gesto, solo una firmeza tranquila que pareció llenar todo el espacio.
—Por favor, no se acerque más —dijo con voz serena y profunda—. Ella ya le dio su respuesta. Y ahora le toca aceptarla.
—¿Y tú qué sabes de nosotros? —bramó Ethan, fuera de sí—. ¿Crees que llegando de la nada puedes ocupar mi lugar?
—No ocupo ningún lugar que no me haya sido dado —respondió él sin alterarse, mirándolo directamente a los ojos—. Y no estoy aquí para competir con nadie. Estoy aquí porque ella me importa. Porque he visto cómo ha sufrido, y no voy a permitir que nadie vuelva a hacerle daño.
Luego se giró hacia Scarlett, y su mirada se suavizó al instante, llena de respeto y confianza.
—Tú tienes la última palabra, siempre. Si decides volver con él, yo respetaré tu elección y me apartaré sin decir una sola palabra. Pero si decides quedarte… si decides seguir construyendo tu vida aquí… entonces sí te pediré una oportunidad. Lucharé por ti, con paciencia y con lealtad, como te mereces. Pero nunca te obligaré a nada que no quieras.
Scarlett sintió que las piernas le temblaban un poco, pero al encontrarse con esa mirada sincera, recuperó la entereza. Allí estaba la diferencia: mientras Ethan le exigía amor y perdón, Alessandro solo le ofrecía respeto y libertad para elegir.
—No hay nada que decidir —dijo ella con voz clara, dando un paso al lado de Alessandro—. Mi lugar ya no está contigo, Ethan. Yo elegí seguir adelante. Y ahora elijo quedarme aquí.
Alessandro le tomó la mano con suavidad, un gesto de apoyo, no de posesión, y volvió a mirar a Ethan.
—Lo ha escuchado. Por favor, márchese en paz. Y no vuelva a buscarla. Ella ya no es la mujer que dejó atrás.
Ethan miró esa mano unida, miró la determinación en los ojos de Scarlett, y comprendió que realmente lo había perdido todo. Y por primera vez, supo que no podía culpar a nadie más que a sí mismo.
Ethan se quedó mirando la mano unida de ambos, sintiendo cómo el último rastro de esperanza se le desvanecía entre los dedos, convertido en una culpa que le pesaba más que el propio dolor.
—¿De verdad lo has decidido así de rápido? —preguntó con la voz quebrada, sin poder apartar la vista de ella—. ¿Tres años de vida juntos se quedan en nada frente a unas semanas con él?
Scarlett lo miró con una tristeza profunda, pero sin rastro de duda.
—No es cuestión de tiempo, Ethan. Es cuestión de verdad. Tardé tres años en darme cuenta de que no sabía quién eras realmente. Y aquí, en muy poco tiempo, he aprendido lo que es ser respetada, escuchada y valorada sin condiciones. No lo elegí a él por ir rápido… lo elegí porque él me ha enseñado lo que realmente significa ser amada.
Alessandro apretó su mano con suavidad, sin interrumpirla, dándole todo el espacio para hablar por sí misma.
—Yo no vengo a sustituir nada —dijo él al fin, mirando a Ethan a los ojos—. Solo vengo a cuidar lo que ella decida entregarme. Y si algún día me da la oportunidad, le demostraré cada día que la lealtad no es una palabra, sino una forma de vivir. Algo que tú nunca supiste darle.
Ethan bajó la mirada, vencido no por la fuerza de otro hombre, sino por la certeza de que él mismo había destruido lo que más amaba.
—Lo perdí… ¿verdad?
—Tú lo perdiste el día que decidiste mentirle —respondió Scarlett con calma—. Yo solo dejé de aceptar menos de lo que valgo.
El silencio se apoderó del lugar, pesado y definitivo. Ethan asintió despacio, dándose la vuelta con paso lento y pesado, sabiendo que esta vez no habría vuelta atrás. Y Scarlett se quedó allí, junto a Alessandro, sabiendo que aunque el pasado siempre formaría parte de ella, ya no tenía poder sobre su futuro.