Emir Abdala y Aysun viven un amor perfecto en la lujosa mansión Abdala. Pero su felicidad termina cuando Aysun sufre un terrible accidente provocado en secreto por Myna, la envidiosa hermana de Emir.
Al despertar, Aysun ha perdido la memoria y ya no recuerda al hombre que ama ni el matrimonio que compartían. Desesperado, Emir hará todo lo posible por recuperar a su esposa y demostrarle que su amor sigue vivo.
Pero el destino pondrá en el camino de Aysun a Merth, un humilde artesano que se enamorará de ella sin conocer toda su historia. Mientras Emir lucha por recuperar el corazón de su esposa, Aysun quedará atrapada entre dos hombres y dos formas de amar.
Entre secretos, traiciones, pasiones y sorprendentes revelaciones, Aysun tendrá que descubrir quién es realmente... y cuál de los dos hombres está destinado a quedarse con su corazón.
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Capítulo 20
La habitación quedó sumida en un silencio insoportable.
Las palabras de Myna habían dejado una herida abierta.
“El accidente lo ordenó alguien que está enamorado de Aysun.”
Emir miró a Aras.
Aras evitó sus ojos.
Aysun también lo observaba, confundida y cada vez más angustiada.
—Aras... —dijo ella—. ¿Por qué no me miras?
Su hermano levantó lentamente la cabeza.
—Porque no quiero que tengas miedo de mí.
Emir dio un paso adelante.
—¿Qué estás ocultando?
—Nada.
—¡No me mientas!
Aras apretó los puños.
—No soy responsable del accidente.
—Entonces dilo claramente.
—No provoqué el accidente.
Emir se acercó.
—Pero sabes quién lo hizo.
Aras guardó silencio.
—¡Habla!
Kemal intervino.
—Emir, basta.
—¡No! Aysun tiene derecho a saberlo.
Aras finalmente respondió:
—Sé quién está detrás.
Aysun sintió un escalofrío.
—¿Quién?
Aras la miró.
—No puedo decirte todavía.
—¿Por qué?
—Porque si digo su nombre, podría morir.
Emir se quedó inmóvil.
—¿Y prefieres que siga viviendo con una mentira?
Aras respondió:
—Prefiero que vivas.
Myna salió de la habitación.
No podía soportar la tensión.
Pero al llegar al pasillo, recibió una llamada.
—¿Sí?
Una voz masculina respondió.
—Darian no está muerto.
Myna quedó paralizada.
—¿Qué?
—La noticia fue falsa.
—¿Por qué?
—Porque necesitábamos que todos creyeran que había muerto.
Myna apretó el teléfono.
—Entonces, ¿dónde está?
—Con la persona que lo contrató.
—¿El Patriarca?
—No.
—¿Entonces quién?
La voz respondió:
—El hombre enamorado de Aysun.
Myna cerró los ojos.
—¿Quién es?
—Ya lo sabes.
La llamada terminó.
Myna se quedó inmóvil.
Una sospecha aterradora comenzó a formarse.
En la biblioteca, Aysun estaba frente a su hermano.
—Quiero que me digas la verdad.
Aras respiró profundamente.
—Hay cosas de tu pasado que nunca quisimos que recordaras.
—¿Por qué?
—Porque eras feliz.
—¡Pero me quitaron mi vida!
Aras bajó la cabeza.
—Lo sé.
—¿Y tú me la ocultaste?
—Intenté protegerte.
Aysun se acercó.
—¿De quién?
Aras la miró con tristeza.
—De mí.
Emir frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Aras no respondió.
Aysun lo miró fijamente.
—¿Tú estabas enamorado de mí?
El silencio fue devastador.
Aras cerró los ojos.
Emir quedó completamente sorprendido.
—¿Qué acabas de decir?
Aysun comenzó a llorar.
—Lo recuerdo...
Una imagen apareció en su mente.
Ella y Aras sentados en un jardín.
Aras era joven.
—Cuando seas mayor, siempre estaré contigo.
Ella sonreía.
—Lo prometes.
Después apareció otra escena.
Aysun adulta.
Aras la miraba desde lejos.
Ella estaba junto a Emir.
Aras tenía lágrimas en los ojos.
Y finalmente una conversación.
—Tienes que olvidarla —le decía un hombre.
—No puedo.
—Es tu hermana.
Aras respondía:
—Lo sé.
Aysun abrió los ojos.
—No...
Aras se acercó.
—Aysun, escúchame.
Ella retrocedió.
—Tú no estás enamorado de mí.
—Nunca de la manera que estás pensando.
Emir intervino.
—Entonces explícalo.
Aras respiró profundamente.
—Aysun es mi hermana. La amo como tal.
—¿Entonces por qué alguien dice que el responsable del accidente está enamorado de ella?
Aras miró a Emir.
—Porque esa persona no soy yo.
En ese momento, Kemal entró en la habitación.
Traía un documento.
—Ya sé quién es.
Todos lo miraron.
—¿Quién? —preguntó Emir.
Kemal dejó el documento sobre la mesa.
—El hombre que ordenó el accidente.
Emir lo tomó.
Había un nombre.
Selim Abdala.
Emir quedó paralizado.
—Mi tío.
Kemal asintió.
—El hermano de tu padre.
Myna abrió los ojos.
—Él está muerto.
Kemal negó.
—No.
—¿Qué?
—Selim Abdala desapareció hace quince años.
Emir recordó las historias familiares.
Su tío había sido acusado de robar dinero de la empresa.
Después desapareció.
—¿Por qué querría matar a Aysun?
Kemal respondió:
—Porque Aysun heredó algo que él necesita.
—¿Qué?
—La mitad de una fortuna que nadie sabe que existe.
Emir frunció el ceño.
—Eso no tiene sentido.
Kemal lo miró.
—La familia Demir tenía una cuenta secreta.
Aysun abrió los ojos.
—¿A mi nombre?
—Sí.
Myna salió nuevamente de la habitación.
Esta vez no llamó a Darian.
Marcó otro número.
—Necesito verlo.
Una voz femenina respondió.
—No deberías.
—Ya sé quién es el Patriarca.
Silencio.
—¿Quién?
Myna respondió:
—Selim Abdala.
La mujer soltó una pequeña risa.
—Te equivocas.
—¿Entonces quién?
—El hombre que estás buscando no está vivo.
Myna frunció el ceño.
—¿Qué?
—El Patriarca murió hace muchos años.
—Entonces alguien ocupa su lugar.
—Exactamente.
—¿Quién?
La mujer respondió:
—Eso tendrás que descubrirlo tú.
Más tarde, Emir y Aysun regresaron a la mansión.
La noche era tranquila.
Demasiado tranquila.
Aysun entró en su habitación y comenzó a revisar sus pertenencias.
—¿Qué buscas? —preguntó Emir.
—No lo sé.
—¿Cómo?
—Siento que hay algo aquí.
Abrió un cajón.
Encontró una pequeña caja.
Dentro había una llave.
Emir la tomó.
—¿Qué abre?
Aysun negó.
—No recuerdo.
Entonces vio una inscripción.
“Habitación 317.”
Emir frunció el ceño.
—Ese número...
—¿Qué?
—Es una habitación de uno de mis hoteles.
Aysun lo miró.
—¿Qué hay allí?
—No lo sé.
—Entonces tenemos que ir.
Emir sonrió.
—Mañana.
Aysun asintió.
Pero cuando se disponían a salir, escucharon un ruido detrás de ellos.
Una ventana estaba abierta.
El viento movía las cortinas.
Emir se acercó.
No había nadie.
Sobre el suelo había una fotografía.
La recogió.
Era una imagen de Aysun.
Pero había algo escrito detrás.
“La habitación 317 contiene la verdad sobre tu esposa.”
Emir miró a Aysun.
—¿Quién pudo haber entrado aquí?
Ella negó.
Entonces apareció otra nota.
Esta vez dirigida a ella.
“Aysun, si quieres recuperar tu memoria, no vayas con Emir.”
Ella sintió un escalofrío.
—¿Por qué?
Emir tomó la nota.
—Porque alguien quiere separarnos.
Aysun lo miró.
—¿Y si tiene razón?
Emir quedó en silencio.
—¿Qué quieres decir?
Aysun se acercó.
—Tal vez tú también me ocultas cosas.
Emir sintió que aquellas palabras lo herían profundamente.
—Nunca te he mentido sobre nuestro amor.
—Pero quizá sí sobre nuestro pasado.
Emir no pudo responder.
Entonces Aysun abrió la puerta.
—Voy sola a la habitación 317.
—No.
—Necesito saber quién soy.
—Y yo necesito protegerte.
Aysun lo miró fijamente.
—Entonces demuéstrame que puedo confiar en ti.
Emir tomó su mano.
—Te lo demostraré.
Al otro lado de la ciudad, un hombre entró en una habitación de hotel.
Era la 317.
Encendió una lámpara.
Sobre la cama había decenas de fotografías.
Todas de Aysun.
El hombre tomó una de ellas y sonrió.
—Por fin vas a recordar.
Se acercó al espejo.
Su rostro quedó iluminado.
Era un hombre que Emir conocía.
Un hombre en quien confiaba.
Un hombre que había estado cerca de Aysun antes del accidente.
Miró una fotografía de Emir y Aysun juntos.
—Él cree que puede recuperarte.
Sonrió.
—Pero tú fuiste mía mucho antes.
Sacó un teléfono.
—Ya están buscando la habitación.
Una voz respondió:
—Entonces llegó el momento.
—¿La matamos?
—No.
El hombre miró la fotografía de Aysun.
—Primero quiero que recuerde por qué me amaba.
Y al día siguiente, Aysun descubriría que su pasado amoroso escondía un nombre que jamás había mencionado a Emir.