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No Me Rendiré.

No Me Rendiré.

Status: Terminada
Genre:Romance / Madre soltera / Completas
Popularitas:129.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Rosa Verbel

La vida nunca fue fácil para Verónica Castillo. Desde niña aprendió a crecer entre ausencias y silencios, creyendo que algún día el amor le daría el hogar que siempre soñó. Por eso, cuando decidió formar una familia con Héctor, pensó que por fin había encontrado su lugar en el mundo.

Pero los sueños también pueden romperse.

Entre infidelidades, desprecios y promesas vacías, Verónica terminó atrapada en una vida donde el amor dejó de existir. Hasta que una noche, cansada de las heridas y pensando en el futuro de sus dos hijos, tomó la decisión más difícil de todas: marcharse y empezar de nuevo.

Con Samuel y Rodrigo como su única fuerza, Verónica deberá reconstruir su vida desde cero, enfrentándose a sus miedos, a un pasado que insiste en perseguirla y a un hombre que solo entenderá lo que perdió cuando ya sea demasiado tarde.

Porque a veces la vida primero te rompe… para después enseñarte a renacer.

NovelToon tiene autorización de Rosa Verbel para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cualquier cosa por sus hijos.

El teléfono sonó justo cuando Verónica terminaba de organizar los cuadernos de los niños sobre la pequeña mesa improvisada.

Miró la pantalla era Héctor. Sintió un nudo en el estómago, pero respondió. No por ella… sino por lo que podía tener que ver con sus hijos.

—¿Aló?

—Necesitamos hablar —dijo él sin saludar, con ese tono seco que siempre anticipaba problemas.

Verónica suspiró, recostándose ligeramente contra la pared.

—Habla.

Hubo un breve silencio, como si él estuviera midiendo cada palabra.

—Voy a ir a ver a los niños… pero con una condición.

El corazón de Verónica dio un vuelco.

—¿Qué?

—Que vuelvas conmigo.

El silencio que siguió fue pesado. Denso. Irreal.

Verónica frunció el ceño, separando el teléfono un segundo como si hubiera escuchado mal.

—¿Qué acabas de decir?

—Lo que oíste —respondió él, con una calma que helaba la sangre—. Si quieres que vaya a ver a mis hijos… vuelves a la casa.

A Verónica le temblaron las manos.

—Tú… no puedes estar hablando en serio…

—Muy en serio —replicó él—. Yo quiero recuperar mi hogar.

Ella soltó una risa incrédula, llena de dolor.

—¿Tu hogar? —repitió—. ¿Así es como quieres recuperarlo? ¿Usando a tus hijos como chantaje?

—No es chantaje —respondió él con cinismo—. Es lo correcto. Los niños necesitan a sus padres juntos.

Verónica sintió cómo la rabia empezaba a arderle en el pecho.

—¿Para qué? —preguntó, alzando la voz por primera vez—. ¿Para que vean a una pareja que no se ama? ¿Para que crezcan viendo faltas de respeto, humillaciones… mentiras?

—No exageres.

—¡No estoy exagerando! —lo interrumpió, con la voz quebrándose—. Estoy hablando de la realidad que tú mismo creaste.

Hubo un silencio tenso.

—Yo puedo cambiar —dijo él, ahora con un tono más bajo, casi manipulador—. Pero tienes que volver.

Verónica cerró los ojos con fuerza.

—Te lo supliqué, Héctor… —susurró, con la voz rota—. Mil veces te pedí que cambiaras… que no me engañaras más… que no me trataras así… y nunca me escuchaste.

—Eso ya pasó.

—¡No! —respondió ella, firme—. No “ya pasó”. Eso me rompió. Me cansó. Me hizo dejar de amarte.

El silencio del otro lado se volvió más pesado.

—¿Entonces ya no me amas?

Verónica respiró profundo.

—No —dijo finalmente—. No te amo. Te quiero… sí… pero como el padre de mis hijos. Nada más.

Fue como encender una chispa en gasolina.

—Ah, claro… —escupió él—. Entonces sí tienes a otro.

Verónica negó con la cabeza, cansada.

—Siempre lo mismo contigo…

—¿Quién es? —insistió él—. Dímelo.

—No hay nadie —respondió ella con firmeza—. Y aunque lo hubiera… no es tu problema.

—Eres una…

Pero no terminó la frase Verónica colgó. Esta vez no lo dudó.

Se quedó mirando el teléfono unos segundos, sintiendo cómo las lágrimas querían salir… pero las contuvo. Porque ya no iba a permitir que él la rompiera otra vez.

...

El fin de semana llegó… y pasó. Y Héctor no apareció.

Los niños miraban hacia la puerta cada cierto tiempo. Cada ruido en la calle los hacía correr con ilusión… que se apagaba segundos después.

—¿Mamá… ya viene mi papá? —preguntó Rodrigo al caer la tarde del sábado.

Verónica tragó saliva.

—Debe estar ocupado, mi amor…

El domingo fue peor.

—Llámalo, mami —pidió Samuel, con los ojitos llenos de esperanza.

Ella lo hizo y el  teléfono sonó apagado. Los niños no dijeron nada, pero sus caritas lo dijeron todo. Y eso le dolió más que cualquier insulto de Héctor.

Esa noche, el cansancio la venció… pero no por mucho tiempo.

—Mami… —una vocecita débil la despertó.

Verónica abrió los ojos de inmediato. Era Rodrigo. Lo tocó… y su cuerpo estaba ardiendo.

—Dios mío…

Se levantó de un salto, buscó el acetaminofén y se lo dio con cuidado. Luego fue por un recipiente con agua, mojó un trapo y comenzó a pasarlo suavemente por su frente, su cuello, sus brazos, espalda y pies.

—Tranquilo, mi amor… aquí estoy…

La noche se hizo eterna.

Cada pocos minutos revisaba su temperatura, cambiaba el trapo, lo abrazaba.

No durmió.

No podía.

El miedo no la dejaba.

Al amanecer, la fiebre había bajado un poco… pero no lo suficiente. Rodrigo seguía débil. Verónica no lo dudó y lo alistó con lo poco que tenía, dejó a Samuel con su madre y salió a la calle.

—Una moto, por favor… —pidió con urgencia.

El viento le golpeaba el rostro mientras abrazaba a su hijo contra su pecho.

—Ya llegamos, mi amor… ya te van a ver…

En el centro de salud, la espera fue larga. Fría. Agotadora.

—Tiene que esperar —le dijeron.

Y ella esperó con el corazón en la mano. Finalmente lo atendieron.

—No es nada grave —le explicó el médico—. Puede ser algo emocional… estrés… o el cambio climático…

Verónica bajó la mirada.

Claro que sí. Todo era demasiado para ellos, pero cuando pidió los medicamentos…

—No se los podemos dar —le dijeron—. El carnet no es de aquí.

Fue como otro golpe.

Salió de allí con su hijo en brazos… y la mente llena de preguntas.

¿De dónde iba a sacar dinero para comprar los medicamentos?

Cuando llegó a casa… el caos no había terminado.

—Samuel se está sintiendo mal —le dijo su madre apenas la vio.

El niño estaba pálido.

—Me duele la barriga… —murmuró.

Y luego… la diarrea. Verónica sintió que el mundo se le venía encima. Uno enfermo y el otro también. Sin dinero y sin ayuda.

—Tranquila… —le dijo su madre—. La vecina me dio esto…

Un poco de metronidazol. Era poco, pero era algo.

Los niños finalmente se quedaron dormidos luego de comer una sopita que preparó la abuela y  la casa quedó en silencio.

Eran las tres de la tarde Verónica se dejó caer en una silla, con la mirada perdida, se sentía derrotada, vacía y rota.

Entonces vieron a los lejos a unas mujeres caminar por la calle. Pronto llegaron a su casa.

—Buenas tardes… —saludó una voz amable.

Verónica levantó la mirada, las dos mujeres estaban en la entrada.

—Estamos buscando personas que quieran vender su cabello… —explicó una de ellas—. Es para hacer pelucas para niños con cáncer.

Verónica se quedó inmóvil. La otra chica la miró directamente a su cabello. Negro, largo y ondulado. A pesar de todo… aún hermoso y en ese instante lo entendió.

Esa era la respuesta.

Se levantó lentamente y se acercó.       Se soltó el cabello, dejando que cayera sobre sus hombros.

—¿Cuánto me dan por este?

Las mujeres intercambiaron miradas.

—Doscientos mil…

Verónica cerró los ojos un segundo. No era mucho, pero era suficiente para sus hijos.

—Está bien —dijo.

La sentaron.

Le explicaron que harían un corte bonito, moderno… que no se vería mal.

Pero ella apenas escuchaba. Cuando sintió el primer corte sus ojos se llenaron de lágrimas.Un mechón cayó. Luego otro y otro. Cada uno llevaba algo de ella. De su historia. De su feminidad. De lo que había sido.

Pero no dudó, no se detuvo porque cada mechón que caía… Era comida, era medicina y bienestar para sus hijos.

Las lágrimas rodaron en silencio por sus mejillas.

—Es por ellos… —susurró.

Cuando terminaron, le entregaron el dinero. Verónica lo sostuvo como si fuera oro. Como si fuera esperanza, se miró en un pequeño espejo.

Era diferente, pero seguía siendo ella.

Más fuerte.

Más valiente.

Más madre que nunca.

Porque una madre cuando todo falta…Cuando todo duele. Cuando el mundo se cae hace cualquier cosa por sus hijos.

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Nairobis Cardozo Portillo
Hermosa historia gracias Rosita bendiciones y éxitos 🙏👏👏
Maria Solorzano
Lindo libro, lo recomiendo, me encanto ❤️ felicidades a la Autora 👍 sigue cosechando éxitos 👍
Rositha🌹📝📚: Muchas gracias por tu apoyo, puntuación y recomendación 🙏☺️🌹
total 1 replies
Maria Solorzano
Me encantó, felicidades autora, una novela linda y con cosas que suceden realmente 👍 pruebas de superación después de tanto dolor y lucha constante 👍
Ana Mendez
Escritora exelente, me alegro muchísimo por ti eres exelente escribido me han encantado todas las que e leído..m
Maria Solorzano
Y que no vuelvan más 👍
Graciela Galiano
estoy llorando a mares!!! es tan real tu historia que me duele el alma 😭😭😭
Yasmin Machado
Bonita historia, deja muchas enseñanzas. Nos muestra las resiliencia, el amor, la constancia, el valor propio, entre muchos otros valores. Ah por cierto Esther se reinvindico conmigo, porque al principio no me gustó como madre, pero después estuvo para su hija y fue un gran apoyo para ella
Yasmin Machado
👏👏👏👏👏👏
Yasmin Machado
Hermosa respuesta
Carmen Sevilla
Una historia inspiradora! En la que muchas podremos vernos reflejadas, excelente autora, te felicito! 👏👏👏
Rositha🌹📝📚: Muchas gracias por tu apoyo y puntuación 🙏☺️🌹
total 1 replies
Edith López
la historia es hermosa y mucha verdad en toda la historia me encanto mucha suerte autora vamos a seguir con tus historias /Smile//Smile/
Rositha🌹📝📚: Muchas gracias por tu apoyo y puntuación 🙏☺️🌹
total 1 replies
Yasmin Machado
4 en una moto, qué peligro…. Bueno por acá a veces lo hacen pero es una imprudencia 😥
Rositha🌹📝📚: Suele suceder mucho por acá en la costa 🙈
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Yasmin Machado
Grave error recibir dinero de un hombre, es mi opinión
Yasmin Machado
Mucho desgraciado
Yasmin Machado
Que difícil es pasar por una situación así, mucho hombres no saben separar el rol de pareja al de padre y en caso de divorcio, muchas veces también dejan a sus hijos
Marbelis Montes
si Maravillosa novela, muchas felicidades 🤗🙏❤️
Beatriz Elena De La Hoz Barrios
hay señor cuando será que se leva a presentar un angel para que la ayude para que dejé de sufrir
Beatriz Elena De La Hoz Barrios
note rindas mujer guerrera tu heres fuerte y valiente sigue adelante con ánimo
Beatriz Elena De La Hoz Barrios
huy que señora tan tacaña y miserable cuando se muera no va a llevarse nada porque no trabajo ella junto con los hijos vieja injusta
Yasmin Machado
Muchas veces un corte de cabello también nos ayuda a soltar el pasado, a reinventarnos… Dios mediante esto sea un comienzo
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