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LA MUJER DEL AVERNO

LA MUJER DEL AVERNO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Villana / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: MeilymCZ

Belleza Angelical, Inteligencia Peligrosa.

Desde niña, Haniel descubrió que una sonrisa podía abrir puertas y que una mirada podía hacer que los demás olvidaran sus propias intenciones. A los dieciséis años solo soñaba con vivir una vida extraordinaria junto a sus mejores amigas.
Pero crecer cambiaría las reglas.
Entre secretos, hombres, dinero, traiciones y poder, Haniel aprenderá que su mayor arma no es su belleza… Sino la facilidad con la que consigue que todos crean en su inocencia.
Porque hasta los ángeles pueden tener un lugar en el Averno.

NovelToon tiene autorización de MeilymCZ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap7

Durante los días siguientes, Haniel intentó convencerse de que no tenía miedo.

Era una palabra que no le gustaba.

Miedo.

Le parecía demasiado grande para alguien como ella.

Había enfrentado discusiones, rumores, personas que la envidiaban y hombres que se creían capaces de impresionarla. Había aprendido a desenvolverse en lugares donde todos observaban a todos.

Pero aquello era diferente.

Alguien la había fotografiado.

Alguien sabía dónde vivía.

Y, peor aún, alguien parecía conocer la existencia de Zamira.

Haniel no volvió a recibir mensajes durante varios días.

Y ese silencio comenzó a ser incluso más inquietante.

—Estás distraída —dijo Olivia.

Estaban sentadas en una cafetería, frente a dos tazas que llevaban casi media hora intactas.

—Estoy cansada.

—Mentira.

Haniel levantó una ceja.

—¿Ahora eres psicóloga?

—No. Soy tu amiga.

Haniel sonrió.

—Eso es peor.

Olivia no se rio.

—¿Es por Zamira?

Haniel bajó la mirada.

—Hablé con ella ayer.

—¿Está bien?

—Sí.

Era verdad.

Al menos físicamente.

Zamira continuaba estudiando, adaptándose a su nueva vida y hablando con ellas casi todos los días.

Pero Haniel no le había contado toda la verdad.

Todavía no.

—Entonces, ¿qué pasa?

Haniel tomó su taza.

—Nada.

Olivia la observó unos segundos.

—Cuando dices "nada" de esa manera, siempre significa que pasa algo.

Haniel sonrió.

—Algún día tendrás que aprender a dejar de hacer preguntas.

—Y tú algún día tendrás que aprender a contestarlas.

Aquella frase consiguió arrancarle una pequeña risa.

Quizás por eso quería tanto a Olivia.

Porque podía verla incluso cuando Haniel intentaba esconderse.

Aquella misma tarde, al regresar a casa, Haniel encontró un sobre sobre su cama.

No tenía remitente.

Ni dirección.

Solo su nombre escrito en la parte delantera.

HANIEL.

Lo tomó.

Durante unos segundos simplemente lo observó.

Pensó en tirarlo.

Después pensó que precisamente eso era lo que alguien esperaba que hiciera.

Lo abrió.

Dentro había una invitación.

Negra.

Elegante.

Sin logotipo.

Sin explicación.

Solo una dirección y una hora.

Viernes.

11:30 p. m.

Haniel frunció el ceño.

Debajo había una frase.

Ven sola.

Sintió un escalofrío.

No sabía quién la había enviado.

No sabía qué quería esa persona.

Y, por primera vez, su curiosidad comenzó a competir con su sentido común.

Guardó la invitación.

No iba a ir.

Eso se dijo.

No tenía ninguna razón para hacerlo.

Sin embargo, durante todo el día siguiente pensó en ella.

Mientras desayunaba.

Mientras hablaba con Olivia.

Mientras revisaba su teléfono.

Incluso durante una reunión familiar.

La invitación seguía en su cabeza.

Y Haniel odiaba tener preguntas sin respuesta.

El viernes por la noche, Olivia llamó.

—¿Vienes?

Haniel miró el reloj.

—¿A dónde?

—No te hagas. Te mandé la dirección.

Haniel recordó que habían planeado salir.

—Sí. Voy.

Se preparó.

Se puso un vestido oscuro y sencillo, tomó su bolso y bajó.

Antes de salir, Doña Irina la miró.

—¿A qué hora vuelves?

—No muy tarde.

Su madre suspiró.

—Haniel.

—Antes de medianoche.

No era exactamente cierto.

Pero ella ya había aprendido a decir las cosas con suficiente seguridad para que parecieran verdad.

Salió.

Subió al automóvil.

Y durante todo el trayecto pensó en una sola cosa.

La invitación.

La fiesta era exactamente como esperaba.

Música.

Luces.

Personas.

Risas.

Olivia estaba allí, hablando con un grupo de conocidos.

Haniel se relajó un poco.

Quizás había exagerado.

Quizás aquella invitación no tenía nada que ver con los mensajes.

Quizás...

—Haniel.

Se giró.

Era el hombre de la recepción.

El mismo que le había entregado su tarjeta.

—Otra vez tú.

Él sonrió.

—Parece que el destino insiste.

—O tienes demasiada suerte.

—Prefiero pensar lo segundo.

Haniel sonrió.

Hablaron durante algunos minutos.

Él era interesante.

Demasiado interesante.

Sabía de negocios, viajes, política y personas que Haniel había escuchado nombrar muchas veces.

No presumía.

No necesitaba hacerlo.

Parecía conocer a todo el mundo.

Y eso despertó su curiosidad.

—¿A qué te dedicas? —preguntó.

—Tengo varios negocios.

—Eso no responde mi pregunta.

Él rio.

—Digamos que invierto en las personas adecuadas.

Haniel lo observó.

—Eso suena sospechoso.

—Depende de quién haga la pregunta.

Antes de que pudiera responder, alguien llamó al hombre desde el otro lado del salón.

—Tengo que irme.

—Qué pena.

Él se inclinó ligeramente hacia ella.

—Nos veremos pronto.

Haniel lo observó alejarse.

Había algo en él que no terminaba de convencerla.

No sabía qué.

Pero lo recordaría.

Cerca de las once, Haniel recibió un mensaje.

Sacó el teléfono.

Número desconocido.

No era aquí donde debías estar.

Haniel dejó de respirar por un instante.

Miró alrededor.

La fiesta continuaba.

Nadie parecía observarla.

Escribió:

¿Dónde?

La respuesta llegó inmediatamente.

Tú sabes dónde.

Haniel sintió una mezcla de enojo y miedo.

Miró nuevamente la invitación que llevaba dentro del bolso.

La dirección.

La hora.

11:30 p. m.

Faltaban veinte minutos.

Durante un instante pensó en irse.

Después miró a Olivia.

Su amiga estaba riendo.

Feliz.

Ajena a todo.

Haniel guardó el teléfono.

—¿Qué pasa? —preguntó Olivia.

—Nada.

Olivia frunció el ceño.

—Otra vez esa palabra.

Haniel sonrió.

—Tengo que salir un momento.

—¿A dónde?

—Regreso enseguida.

Y salió.

No sabía si estaba cometiendo el peor error de su vida.

Pero quería respuestas.

El lugar estaba a unos quince minutos de allí.

Era un edificio antiguo.

Demasiado silencioso para aquella hora.

Haniel bajó del automóvil.

Miró la entrada.

No había nadie.

Sacó la invitación.

La dirección coincidía.

Entró.

El vestíbulo estaba vacío.

En una mesa había un sobre.

Su nombre estaba escrito nuevamente.

Haniel se acercó.

Lo tomó.

Dentro había una fotografía.

Su corazón se aceleró.

No era de ella.

Era de Zamira.

La fotografía había sido tomada en el extranjero.

Zamira aparecía caminando frente a la universidad.

Haniel sintió que la sangre se le helaba.

Entonces su teléfono vibró.

Un mensaje.

Ahora entiendes que esto no se trata de ti.

Haniel levantó la mirada.

Al fondo del pasillo, una puerta se cerró.

Alguien había estado allí.

Alguien la había estado esperando.

Haniel retrocedió un paso.

Por primera vez, sintió verdadero miedo.

Y entonces llegó otro mensaje.

Se trata de las tres.

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Renata Mabel
me encanta esta historia 🦆✨
Meilymcz: Hola Renata, me alegra que estés disfrutando la historia 💗 Si puedes por fa, puedes ayudarme con tus likes 🫶🏻
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