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El Secreto De Mi Tutor

El Secreto De Mi Tutor

Status: Terminada
Genre:Diferencia de edad / Romance / Malentendidos / Completas
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Todos creen conocer a Damian Varela… pero nadie conoce su verdadero secreto.
Elena solo necesitaba un tutor que la ayudara a superar una etapa complicada de sus estudios. Lo último que esperaba era descubrir que el hombre encargado de ayudarla llevaba una vida completamente diferente a la que aparentaba.
Una fotografía, una puerta entreabierta y un nombre que jamás debería haber escuchado harán que Elena empiece a investigar.
Mientras más descubre, más preguntas aparecen.
¿Quién es realmente Damian Varela?
Y, sobre todo… ¿qué hará cuando descubra que Elena conoce su secreto?

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: Primera Lección — Miradas que Desnudan

La habitación quedó en silencio unos instantes, como si el aire contuviera la respiración. Damian se apartó de la ventana y caminó hacia ella con paso lento y deliberado, sin quitarle los ojos de encima. Elena se puso de pie instintivamente, apretando las manos contra la carpeta que aún sostenía, sintiéndose pequeña ante su presencia arrolladora.

—Deja tus cosas sobre la mesa —le indicó con voz serena, pero con esa autoridad que no necesitaba alzarse para imponerse—. Hoy no vamos a usar pinceles ni lápices. Hoy aprenderás a mirar de verdad.

Elena obedeció, dejando la carpeta con manos que le temblaban levemente. Cuando se giró hacia él, lo encontró a pocos pasos, con los brazos cruzados sobre el pecho, observándola como si fuera una obra de arte que estaba a punto de analizar pieza por pieza. Su mirada recorría su rostro, su cuello, sus hombros… y cada lugar donde posaba la vista, la piel de ella se encendía como si la tocaran de verdad.

—El arte no es solo dibujar formas, Elena —explicó él, caminando lentamente a su alrededor, obligándola a girar la cabeza para no perderlo de vista—. Es percibir lo invisible. Sentir lo que no se dice. Y para lograr eso… primero debes conocerte a ti misma. Conocer tu cuerpo. Tus reacciones. Lo que te estremece y lo que te detiene.

—¿Mi… mi cuerpo? —repitió ella, con la voz un poco quebrada.

Damian se detuvo frente a ella. Una media sonrisa apareció en sus labios, entre divertida y oscura.

—No se trata de exhibirse. Se trata de sentir. Cierra los ojos.

Elena dudó un instante, pero la intensidad de su mirada la venció. Obedeció y cerró los párpados. Al instante, el resto de los sentidos se agudizó: el sonido de su respiración profunda, el aroma de su colonia mezclado con el aire fresco que entraba por la ventana, el calor que emanaba su cuerpo aunque no la rozaba.

—Respira hondo —le ordenó, su voz grave llegando directo a su oído—. Despacio. Inhala… y exhala. Siente cómo se mueve tu pecho. Tu cintura. Tus piernas. Tu cuerpo habla constantemente, Elena… pero rara vez lo escuchamos.

Ella obedeció. Inspiró profundo, llenando los pulmones, y soltó el aire temblando. Al hacerlo, tomó conciencia de cada curva suya, de cómo la ropa ceñía su figura, de la forma en que su corazón golpeaba desbocado bajo las costillas. Se sentía expuesta, vulnerable… y extrañamente poderosa.

—Ahora imagina —continuó él, su tono suave como terciopelo, rozando su mente— que alguien te observa. Que esos ojos recorren cada centímetro de ti. Que saben dónde eres sensible. Dónde te gusta que acaricien. Dónde tiemblas solo de pensarlo… ¿Qué sientes?

—Yo… —susurró ella, sin atreverse a abrir los ojos—. Siento… calor. En el rostro. En el cuello. En… en el estómago. Como un nudo que se aprieta y se desata a la vez.

Damian soltó un sonido gutural, aprobatorio, que le erizó la piel entera.

—Exacto. Eso que sientes es el deseo. No es malo. No es vergonzoso. Es la fuerza más antigua del mundo. Y tú lo sientes ahora… porque sabes que soy yo quien te mira. ¿Verdad?

Elena no pudo mentir. Asintió lentamente, con los ojos aún cerrados, las mejillas ardiendo. No necesitaba imaginar. Él la miraba de verdad. Lo sentía.

—Ábrelos —le pidió, casi un susurro.

Al abrir los ojos, lo tenía tan cerca que casi chocaron las narices. Sus pupilas estaban dilatadas, oscuras, tragándose el gris de su iris. No había distancia entre sus almas, aunque la hubiera entre sus cuerpos.

—Mírame a mí —le ordenó, acercando un poco más el rostro—. No apartes la vista. Quiero ver cuánto aguantas antes de bajar la mirada.

Elena lo sostuvo. Con todas sus fuerzas. Pero cada segundo era una batalla perdida. Veía cada vena en su cuello, cada pestaña oscura, el brillo húmedo de sus labios entreabiertos. Quería tocarlo. Quería que la tocara. Y esa necesidad la aterraba y la exaltaba a partes iguales.

—Bien —susurró él, y bajó la mirada hasta sus labios, para volver a subir despacio a sus ojos—. Aprendes rápido. El deseo empieza en la mirada, Elena… y tú ya me deseas. Se te nota en la respiración entrecortada, en cómo te tiemblan las manos, en que tus ojos viajan solos a mi boca.

—No… no es cierto —mintió, débil, con la voz casi un suspiro.

Damian soltó una risa baja, vibrante, que le golpeó directo al pecho. Se inclinó hasta que sus labios rozaron apenas la comisura de los suyos, y ella contuvo el aliento.

—¿No? Entonces ¿por qué te has quedado sin aliento? ¿Por qué te inclinas hacia mí aunque no te lo pida? No mientas a tus ojos. Ellos no saben mentir. Y los tuyos… me piden sin decir palabra que te bese.

Elena sintió que las rodillas le cedían. Iba a hablar, a defenderse, a negarlo todo… pero él se apartó de golpe, rompiendo el hechizo con una frialdad that la dejó helada en el sitio.

—Por hoy basta —anunció, dándole la espalda y caminando hacia la ventana como si nada hubiera pasado—. La primera regla del juego: nunca des todo lo que tienes de golpe. Deja hambre. Deja sed. Que el otro espere cada segundo como una eternidad.

Elena se llevó una mano al pecho intentando recuperar el ritmo. Lo miró de espaldas, con los hombros anchos y la mandíbula tensa, y comprendió que aquella era su arma más poderosa: la contención. El acercarse y alejarse a su antojo, dejándola ardiendo en el medio.

—¿Eso es todo? —preguntó, con un atisbo de desafío en la voz que no sabía que poseía.

Damian giró el rostro lo justo para verla de reojo, con una media sonrisa cargada de promesas.

—Por hoy sí. Pero piensa en lo que hablamos. Mira a tu alrededor y observa: cuántas miradas cruzas al día y no ves nada. A partir de ahora… verás todo. Y todo te recordará a nosotros. A esta habitación. A lo que te haré sentir poco a poco.

Caminó hacia la puerta, la abrió y la invitó a salir con un gesto, pero la detuvo con una última frase antes de que cruzara el umbral:

—Mañana a la misma hora. Y Elena… ven preparada. Porque la próxima lección… va a ser mucho más difícil de soportar.

Elena salió al pasillo con la cabeza dando vueltas, el cuerpo encendido y el corazón galopando. Cerró los ojos apoyando la espalda contra la pared y susurró casi sin voz:

Ya estoy preparada. Para todo.

1
Yolanda Vaca
Este es una mentira total🤬🤬
Cliente anónimo
El hombre tiene mucha fuerza de voluntad
Cliente anónimo
Cuál será ese juego
Eliana Angulo
Elena porque lo esperaste con los brazos abiertos, lo hubieras dejado sufrir su rato por desaparecer
Eliana Angulo
yo no me aguantaría eso🤣🤣🤣 solo Elena
Eliana Angulo
se la van a pasar escondido🤔 porque no enfrentan todo lo que se vaya venir juntos
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