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LA GORDITA QUE ENAMORÓ AL MAFIOSO

LA GORDITA QUE ENAMORÓ AL MAFIOSO

Status: En proceso
Genre:Grandes Curvas / Mafia / Posesivo
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Orozco

Valentina Morales está acostumbrada a que la gente juzgue su cuerpo antes de conocer su corazón.

Después de perder su empleo y descubrir que su hermano tiene una enorme deuda con un hombre peligroso, Valentina acepta trabajar para el único hombre capaz de ayudarlos: Damián Ferrer, el mafioso más poderoso y temido de la ciudad.

Damián está acostumbrado a conseguir todo lo que quiere. Las mujeres se acercan a él por su dinero, su poder y su apellido.

Pero Valentina es diferente.

Ella no se deja intimidar.

No intenta conquistarlo.

No acepta sus órdenes sin discutir.

Y, sobre todo, no permite que nadie vuelva a hacerla sentir menos por tener curvas.

Lo que comienza como una relación basada en una deuda terminará convirtiéndose en una historia de amor, celos, traiciones y secretos.

Damián juró que jamás se enamoraría.

Valentina juró que jamás permitiría que un hombre controlara su vida.

NovelToon tiene autorización de Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

el secreto de mi padre

El camino de regreso a la mansión fue completamente silencioso.

Valentina miraba por la ventana, intentando entender lo que acababa de suceder.

Damián no había soltado su mano desde que salieron del edificio.

Ella finalmente rompió el silencio.

—¿Qué decía exactamente la fotografía?

Damián permaneció mirando hacia adelante.

—No importa.

—Sí importa.

—Valentina...

—Siempre haces lo mismo.

Damián la miró.

—¿Qué?

—Decides qué puedo saber y qué no.

Él suspiró.

—Porque hay verdades que pueden destruirte.

—Ya estoy dentro de esto.

—Precisamente por eso quiero sacarte.

Valentina soltó su mano.

—¿Y cómo piensas hacerlo?

Damián no respondió.

—¿Vas a borrar mi pasado también?

—No.

—Entonces dime la verdad.

Damián finalmente la miró.

—Tu padre no era quien tú creías.

Valentina sintió un nudo en la garganta.

—Eso ya me lo dijo Isabella.

—Isabella sabe algunas cosas, pero no toda la historia.

—Entonces cuéntamela tú.

Damián permaneció callado.

—Por favor.

Aquella palabra hizo que su expresión cambiara.

—Tu padre trabajó para mi familia.

—¿Como guardaespaldas?

—Al principio.

—¿Y después?

Damián bajó la mirada.

—Después se convirtió en alguien de confianza de mi padre.

—¿Qué significa eso?

—Sabía todos los secretos de la familia Ferrer.

Valentina se quedó inmóvil.

—¿Y por eso murió?

Damián no respondió.

La respuesta estaba en sus ojos.

Al llegar a la mansión, Damián llevó a Valentina directamente a su despacho.

Cerró la puerta.

—Hay algo que nunca le conté a nadie.

Valentina se sentó frente a él.

—¿Qué?

Damián abrió un cajón y sacó una caja antigua.

La colocó sobre el escritorio.

—Esto pertenecía a tu padre.

Valentina abrió los ojos.

—¿Cómo lo tienes?

—Me lo entregó antes de morir.

Ella miró la caja con las manos temblorosas.

—¿Qué hay dentro?

—Nunca la abrí.

—¿Por qué?

—Porque me pidió que te la entregara cuando fueras mayor.

Valentina sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—¿Mi padre sabía que yo existía?

—Sí.

Damián empujó la caja hacia ella.

Valentina la abrió lentamente.

Dentro había varias fotografías, una pequeña llave y una carta.

Tomó la carta.

En el sobre aparecía escrito:

“Para mi hija, Valentina.”

Sus manos comenzaron a temblar.

—Es su letra.

Damián permaneció en silencio.

Valentina abrió la carta.

Comenzó a leer.

“Hija, si algún día estás leyendo esto, significa que no pude cumplir mi promesa de estar contigo.”

Las lágrimas comenzaron a caer.

“Quiero que sepas que todo lo que hice fue para protegerte. Hay personas que creen que nuestra familia guarda un secreto. Ese secreto puede poner tu vida en peligro.”

Valentina se cubrió la boca.

Siguió leyendo.

“Nunca confíes en Alejandro Ferrer.”

Levantó la mirada.

—Alejandro...

Damián asintió lentamente.

—Mi tío.

Valentina continuó leyendo.

“Él fue responsable de la traición que destruyó a nuestra familia. Si algún día intenta acercarse a ti, huye.”

La carta terminaba con una frase:

“Y si alguna vez conoces a Damián, recuerda que él no tuvo la culpa de lo que ocurrió aquella noche.”

Valentina dejó caer la carta.

Miró a Damián.

—¿Mi padre te conocía?

—Sí.

—¿Me conocía a mí?

—Te vio una vez.

Valentina se quedó sorprendida.

—¿Cuándo?

Damián bajó la mirada.

—Cuando eras una niña.

—¿Dónde?

—En un parque.

Valentina intentó recordar.

—No recuerdo.

—Era normal. Eras muy pequeña.

Ella respiró profundamente.

—¿Por qué nunca me buscaste?

Damián respondió con sinceridad:

—Porque tu padre me pidió que te mantuviera lejos de este mundo.

—Y ahora...

—Ahora ese mundo te encontró.

De repente, alguien golpeó la puerta.

Damián guardó rápidamente la caja.

—¿Quién?

—Soy Elena.

Damián abrió.

Elena entró con el rostro pálido.

—Señor, tenemos un problema.

—Habla.

—Encontraron a uno de los hombres de seguridad inconsciente.

Damián se puso serio.

—¿Dónde?

—En la entrada trasera.

Damián miró a Valentina.

—Quédate aquí.

—Voy contigo.

—No.

—Damián...

—Valentina, por favor.

Ella se quedó quieta.

Damián salió con Elena.

Valentina permaneció en el despacho.

Miró la caja.

Algo le decía que todavía faltaba una pieza.

Tomó la pequeña llave.

—¿Qué abrirá esto?

Mientras tanto, Damián llegó a la entrada trasera.

Uno de sus hombres estaba en el suelo.

—¿Está vivo?

—Sí, señor.

—¿Qué ocurrió?

—No sabemos.

Damián observó el lugar.

Había huellas cerca de la puerta.

—Entraron por aquí.

Uno de sus hombres encontró algo.

—Señor.

Era un pequeño papel.

Damián lo tomó.

Solo había cuatro palabras:

“Ella ya sabe demasiado.”

Damián sintió una oleada de furia.

—Quiero revisar todas las cámaras.

—Sí, señor.

Entonces escuchó un grito.

—¡Damián!

Era Valentina.

Corrió hacia la mansión.

Encontró a Valentina en su despacho.

—¿Qué ocurrió?

Ella señaló la ventana.

—Alguien estuvo aquí.

Damián miró alrededor.

—¿Viste a alguien?

—No.

—¿Estás herida?

—No.

Damián se acercó.

—¿Qué pasó?

Valentina levantó la pequeña llave.

—La encontré dentro de la caja.

Damián la observó.

—¿Y?

—La probé.

—¿Dónde?

Valentina señaló un pequeño compartimento secreto en una de las paredes.

Damián se acercó.

—¿Cómo lo encontraste?

—Había una cerradura.

Introdujo la llave.

Se escuchó un clic.

Una parte de la pared se abrió.

Dentro había una carpeta.

Damián la tomó.

—Esto no puede estar aquí.

Valentina lo miró.

—¿Qué es?

Damián abrió la carpeta.

Había documentos antiguos.

Contratos.

Fotografías.

Y una lista de nombres.

Entre ellos aparecía el nombre de Alejandro Ferrer.

Pero también había otro.

Mateo Morales.

Valentina palideció.

—¿Por qué está el nombre de mi hermano?

Damián levantó la mirada.

—No lo sé.

—¡Damián!

Él comenzó a revisar los documentos.

Entonces encontró una fotografía.

En ella aparecía Mateo cuando era apenas un niño.

Valentina se quedó sin palabras.

—Eso es imposible.

Damián miró la fecha.

La fotografía había sido tomada muchos años antes.

Mucho antes de que Valentina y Mateo supieran algo de la familia Ferrer.

—¿Quién tomó esa fotografía? —preguntó ella.

Damián no respondió.

En ese momento, su teléfono comenzó a sonar.

Número desconocido.

Contestó.

—¿Quién habla?

Una voz masculina respondió:

—Ya encontraste la carpeta.

Damián endureció la mirada.

—¿Alejandro?

La voz soltó una risa.

—Dile a Valentina que su hermano no es quien ella cree.

La llamada terminó.

Valentina miró a Damián.

—¿Qué quiso decir?

Damián guardó silencio.

Porque por primera vez, una posibilidad aterradora comenzaba a tomar forma en su mente.

Quizá Mateo no era solamente el hermano de Valentina.

Quizá su existencia estaba relacionada con el secreto que había destruido a las dos familias.

Y si aquello era cierto, Valentina estaba a punto de descubrir una verdad que cambiaría su vida para siempre.

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