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Cinco años después, el magnate me quiere de vuelta

Cinco años después, el magnate me quiere de vuelta

Status: Terminada
Genre:CEO / Arrogante / Maltrato Emocional / Embarazo no planeado / Malentendidos / Dejar escapar al amor / Enfermizo / Completas
Popularitas:365.1k
Nilai: 4.6
nombre de autor: Galaxy

Durante cinco años, Valentina lo dio todo por callar: un matrimonio que la humilló, una pierna que quedó coja, una hija sorda que crió sola… y un secreto que le partía el alma. Porque la pequeña Dulce no era hija de su despreciable exmarido. Era hija de Maximiliano Argüello, el magnate que la abandonó creyendo que ella lo había traicionado.

Cuando él regresa —más rico, más frío, más cruel—, le escupe las palabras que ella jamás olvidará:

—Esos ojos, cúratelos. Y a esa niña, déjasela a tu amante. No vaya a estorbarte para casarte con otro rico.

Valentina aprieta los dientes y sonríe. Que la desprecie. Que no sepa nada. Es mejor así.

Pero el destino es cruel con los secretos. Una prueba de ADN, un rumor envenenado, una enfermedad que ella esconde de todos… y de pronto el hombre que la trató como basura está de rodillas, con su hija en brazos, suplicando:

—Perdóname, Valentina. No sabía… No sabía nada. ¡No te mueras, por favor!

¿Y la verdad sobre su madre? ¿Sobre quién destruyó de verdad a las dos familias? Esa apenas empieza a salir a la luz… y hará temblar a toda la dinastía Argüello.

Demasiado tarde, magnate. Esta vez, la que decide soy yo.

NovelToon tiene autorización de Galaxy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20

Capítulo 20: Néstor Lazcano

Al final no tuvo que buscar a su padre. Su padre la buscó a ella.

La oficina de redesarrollo había localizado al dueño de las escrituras en Madrid, y el dueño de las escrituras, al enterarse de que en aquel viejo departamento de la colonia Obrera vivía su hija, tomó el primer vuelo que encontró. La llamó desde el aeropuerto, con una voz grave y un acento suavizado por treinta años fuera, que tembló al decir su nombre.

—¿Valentina? Soy… soy Néstor. Néstor Lazcano. Soy tu padre. —Una pausa larga—. Sé que no tengo ningún derecho a pedirte nada. Pero ¿podríamos vernos? Aunque sea una vez.

Quedaron en una cafetería.

Valentina llegó primero y lo reconoció en cuanto entró, aunque no lo había visto nunca: era como mirarse en un espejo viejo. Tenía sus mismos ojos, su misma forma de fruncir el ceño. Un hombre alto, encorvado por los años y por algo más pesado que los años, con manos de profesor y una chamarra que no era de este clima.

Se sentaron frente a frente como dos desconocidos, porque eso eran.

—Te pareces a ella —dijo Néstor, y se le quebró un poco la voz—. A Renata. Tienes sus manos.

—No me acuerdo de usted —contestó Valentina, no para herirlo, sino porque era verdad—. Ni una imagen. Nada. Se fue cuando yo tenía meses.

—Lo sé. —Bajó la cara—. Fue mi error más grande. Yo… nos divorciamos por cosas que entonces creí ciertas. Cosas de las que no me siento orgulloso. —Apretó la taza—. No espero que me perdones. Solo quería verte una vez. Y arreglar lo del departamento, por supuesto. Las escrituras son tuyas desde hoy si las quieres; ya di instrucciones. No voy a permitir que te quedes sin techo por culpa de un trámite a mi nombre.

—¿Por qué ahora? —preguntó Valentina, y le salió más duro de lo que pretendía—. Treinta años, señor. No una carta, no una llamada en mi cumpleaños, nada. Mi mamá se murió de cáncer sola, cuidada por mí, y usted no apareció ni en el entierro. Y ahora resulta que llora por su nombre. —Respiró—. Discúlpeme. Pero entenderá que me cueste creer las lágrimas que llegan treinta años tarde.

Néstor encajó cada palabra sin defenderse, como quien recibe una cuenta que sabe que debe.

—Tienes todo el derecho —dijo al fin, en voz baja—. No vine a justificarme. No hay justificación. Vine porque me hice viejo, Valentina, y porque hay errores que uno carga hasta que ya no aguanta cargarlos solo. —Levantó la vista—. Si algún día quieres saber qué pasó de verdad entre tu madre y yo, te lo contaré. Todo. Aunque me deje peor parado. Pero solo si tú lo pides. No te lo voy a imponer.

Valentina lo estudió. Había algo sincero en su incomodidad, en cómo no se atrevía a tocarla, en cómo se le humedecían los ojos cada vez que decía "Renata". Pero también había muros, silencios, frases que empezaba y no terminaba. "Cosas que entonces creí ciertas." ¿Qué cosas? Cuando ella preguntó por el divorcio, él se cerró como una caja, y Valentina, que llevaba toda la vida tragándose preguntas sobre ese hombre, reconoció en él la misma costumbre de su madre: la de guardar el dolor bajo llave.

—Tengo una hija —le dijo de pronto, no supo por qué, quizá para llenar el silencio, quizá para ver qué hacía él—. Se llama Dulce. Tiene cinco años. —Le mostró la pantalla del teléfono, una foto de la niña riéndose junto al estanque.

Néstor miró la foto largo rato. Y entonces sí, una lágrima se le escapó y la dejó caer sin limpiársela.

—Una nieta —murmuró—. Tengo una nieta. —Levantó la vista, con una súplica entera en la cara—. ¿Me dejarías… conocerla? Algún día. Cuando tú quieras. Sin prisa.

Valentina no contestó ni sí ni no. Guardó el teléfono, le dio su número porque hacía falta para lo del departamento, y se despidió con un apretón de manos que en cualquier otra familia habría sido un abrazo.

Salió de la cafetería con el pecho revuelto. Y, sin decidirlo del todo, tomó el camión hacia el Panteón Jardín.

Hacía meses que no visitaba a su madre.

La tumba de Renata Rivas estaba limpia —Valentina siempre pagaba el mantenimiento, aunque no viniera—, con su nombre y dos fechas y nada más, porque Renata no había querido epitafios. Valentina se sentó en la orilla de mármol y le habló como le hablaba siempre: en voz baja, como si su madre pudiera regañarla por hacer escándalo.

—Vino mi papá, mamá. Tu Néstor. —Arrancó una hierba que crecía entre las junturas—. Llora cuando dice tu nombre. ¿Sabías eso? Yo no. Yo crecí pensando que ustedes se habían odiado. —Se le cerró la garganta—. Nunca me contaste nada. Nunca me dejaste entrar. Eras como esos crisantemos blancos que ponen aquí: bonitos, fríos, cerrados. Yo de niña pensaba que no me querías. Me tomó años entender que así te protegías. Pero me hizo falta, mamá. Me hizo mucha falta que me lo dijeras.

—Dice que si quiero, me cuenta qué pasó de verdad entre ustedes. —Valentina pasó el dedo por las letras grabadas del nombre de su madre—. ¿Tú querrías que lo escuchara, mamá? ¿O hay cosas que enterraste a propósito? —Hizo una pausa, como si de verdad esperara respuesta—. Porque a veces pienso que tú y yo nos parecemos demasiado. Las dos guardando secretos para proteger a alguien. Tú a mí, de lo que sea que pasó. Y yo a Dulce, de un papá que no sabe que es papá. —Bajó la voz hasta casi nada—. Estoy cansada de guardar, mamá. Pero no sé cómo se deja de hacer.

El viento movió las flores de las tumbas vecinas. Renata, como siempre, no contestó.

Valentina se quedó un rato más, hasta que el sol empezó a bajar, y luego emprendió el camino de vuelta, más liviana y más triste a la vez.

Fue al cruzar la avenida, frente a un café del centro, cuando los vio.

Néstor estaba sentado en la terraza, el mismo Néstor de hacía unas horas, pero distinto: relajado, sonriente, con una ternura que con ella no se había permitido. Y frente a él había una muchacha joven, de poco más de veinte años, bien vestida, riéndose de algo que él decía. Néstor le tomó la mano sobre la mesa. La muchacha se inclinó y le dio un beso en la mejilla, cariñosa, familiar.

Valentina se quedó parada en la banqueta, con el semáforo cambiando sin que ella cruzara.

Conmigo no se rió ni una vez, pensó. A mí me dio la mano. A ella le da esto.

—Esa —murmuró para sí misma, con una punzada vieja y conocida, la del hueco con forma de papá que nunca terminaba de llenarse— debe ser la hija de su otra familia. La que sí tuvo padre.

No cruzó la avenida. Dio media vuelta y se fue por otra calle, para no tener que saludar, para no tener que ver de cerca la cara de la hermana que no sabía que tenía. El semáforo cambió a verde a sus espaldas, en vano. Algunas verdades, pensó sin saber cuánta razón tenía, una prefiere mirarlas de lejos.

1
Bea Tastro
Valentina creo que le quito el tetero al niño Jesús.
Silvina Claudia Rodrigo
Max cobarde mil veces cobarde ,te mereces todo lo q te pasa
Silvina Claudia Rodrigo
Es buen hombre Maxi ,la ama de verdad y la espera hace 5 años , Valentina también lo ama ,nunca dejó de quererlo ,que baje la guardia un poquito y se de la oportunidad de ser feliz junto a Max y la nena
Mártá Orti Bia
realmente parece una novela para niños o para retrasados mentales no tiene personalidad los protagonistas horribles a Dios
Edith Zenteno
el hizo un ADN ho no? cuando cogio un pelo de dulce en el auto ?
Edith Zenteno
no tengo claro el padre de Dulce es Max? pero se caso con Bruno?
Haydee Neyra
gracias hermosa historia
Cliente anónimo
La propia novela, me gustó
Mari Marisbah
las cuentas no cuadran el anillo de lo dió a los 17 años y después de 18 años se lo vuelve a dar y la niña tiene 6 años no cuadra
Alejandra Sanchez
excelente autora gracias
Mary Salazar
fascinante 👏👏👏👏👏👏
Mary Salazar
por qué tiene que ser así es injusto nunca por más que lucha todo llega a su fin y la felicidad de ella su dolor su orgullo /Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob/
Graciela Calcaterra
Yo no entiendo autora están en un país y en el otro capítulo están en otro,no hay coherencia.Estas alargando la novela con tonterías, en este tiempo ya no hay gente que se dejé humillar y manipular de esta manera.No leo más,te falta
mucho para atrapar a los lectores, coherencia por favor
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Tan triste saber que de todo este montaje diabólico, las únicas que sufrieron y pagaron deudas ajenas, fueron Renata y Valentina, porque Néstor, por muy agraviado que se sintiera, rehizo su vida al lado de quién destruyó la de la esposa, si analizamos bien , fue cómplice sumiso, juzgó y condenó, Maximiliano siempre ha sido aguevardo, le tocó casi ver morir a Valentina, para reaccionar, aunque a mí manera de pensar, hay heridas que aunque sanen, dejan cicatrices imborrables, recordatorios constantes, difícil vivir con eso. 🤔🤨🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Parece la historia de dos niños inmaduros y caprichosos. 🤨🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Maximiliano es una peste, solo falta que con la suerte y la falta de carácter de Valentina, queden juntos. 🤔🤨🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Hombre estúpido, con una mamá podrida, hasta mejor que Valentina no le dijo lo de Dulce, porque la habría echado sola, quitándole a la niña. 🤨🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Valentina, como que mató un perrito en otra vida, le pasa de todo lo malo. 🤔🤨🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Alma Zarate
muy hermosa novela 😍
Denny Lopez
empezando
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