Un trágico accidente dejó al multimillonario Alexei Von Krahn en silla de ruedas, arrebatando su autonomía y rodeado por la traición de quienes dijeron amarlo. Consumido por el rencor y ante la delicada salud de su madre, cuyo último deseo es verlo acompañado, Alexei decide buscar una esposa por contrato.
Por su parte, Emilia San Martín enfrenta una situación desesperada: la grave condición de su madre y la imposibilidad de saldar las deudas, la llevan al límite. Para salvar a su única familia, acepta casarse durante un año con un desconocido amargado a cambio de una suma millonaria y el traslado inmediato de su madre a una clínica privada.
Sin embargo, lo que comenzó como un acuerdo frío se transforma en un torbellino de sentimientos encontrados.
Atrapado por un profundo complejo de inferioridad y el miedo a la dependencia, Alexei oculta su amor y monta una despiadada farsa para distanciar a Emilia de su vida, ignorando que la verdadera amenaza aun acecha entre las sombras.
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Capitulo 19
Alexei
Por primera vez en meses, el aire dentro de la mansión se sentía liviano, despojado de esa densidad opresiva que durante tanto tiempo me había sofocado el pecho. Miré hacia la puerta y vi a Emilia ingresar al comedor con una sonrisa que disipó de golpe cualquier vestigio de cansancio. Traía un hermoso conjunto de dos piezas, pantalón y blazer largo en color marrón y su presencia bastaba para iluminar cada rincón
— Buenos días, mi vida — dije, haciendo girar la silla de ruedas para recibirla con los brazos abiertos
— Buenos días, Alexei — respondió con esa voz dulce que se había convertido en mi melodía favorita
Se acercó sin prisa y se inclinó para envolverme en un abrazo cálido. Sus manos acariciaron mi nuca antes de posar un beso suave sobre mis labios, un beso que se prolongó con una ternura tranquila, degustando la paz de estar juntos
— ¿Cómo amaneció mi madre hoy? — pregunté, reteniendo su mano contra mi pecho mientras ella tomaba asiento a mi lado
— Los médicos acaban de terminar la revisión de la mañana — explicó Emilia, acomodándose la servilleta sobre el regazo con serenidad — Sus signos vitales están completamente estables. La falla cardíaca sigue requiriendo cuidados minuciosos, pero sin la toxicidad de aquellos fármacos en su organismo, la mejoría es notable. Se despertó con mucho ánimo y pidió desayunar en la terraza
Un suspiro de alivio profundo se me escapó de los labios. Cubrí su mano con la mía, apretando sus dedos con cariño
— Te lo debo a ti, Emilia — murmuré, mirándola fijamente a los ojos — Verte cuidar de ella con tanta dedicación me demuestra cada día lo afortunado que soy al tenerte en mi vida
— No me debes nada, Alexei — sonrió, acariciándome el dorso de la mano con el pulgar — Beatriz es una mujer maravillosa y se ha ganado todo mi cariño. Además, ver la paz en tu rostro es el mejor regalo que podría recibir
Desayunamos sin prisa, compartiendo miradas cómplices y conversaciones que no tocaban negocios, conspiraciones ni sombras del pasado. Nos dedicamos simplemente a disfrutar del presente, de la solidez de este amor naciente que ya no necesitaba de contratos ni de cláusulas para justificarse
Poco después del mediodía, acompañé a Emilia a la habitación de la planta baja que habíamos adecuado para mi madre. Al cruzar el ventanal que daba a la terraza, encontramos a mí madre descansando en un cómodo sillón de mimbre, envuelta en una manta suave y contemplando el verde del jardín. La palidez que la había acompañado durante semanas había desaparecido, reemplazada por un tono saludable en sus mejillas
— ¡Miren a quienes tengo aquí! — exclamó mí madre con una calidez entrañable en cuanto oyó el sonido de mi silla al avanzar — Acérquense, mis niños
— Hola, mamá — saludé, aproximándome para besar su frente con un cariño que hacía años no me permitía expresar de manera tan abierta — ¿Cómo te sientes hoy?
— Mucho mejor, hijo mío — respondió mi madre, tomándome la mano con firmeza y dirigiendo luego una mirada llena de gratitud hacia Emilia — Siento como si me hubieran devuelto la respiración. El médico me explicó que el nuevo tratamiento está funcionando a la perfección para fortalecer mi corazón
Emilia se arrodilló al lado de su sillón con esa gracia natural que la caracterizaba y le acomodó la manta sobre las piernas
— Nos alegra enormemente escucharte decir eso, Beatriz — dijo Emilia con dulzura — Pero debes recordar que necesitas descansar y no hacer esfuerzos innecesarios
— Te prometo ser una paciente obediente, querida — se rio mi madre con suavidad, apretando las manos de Emilia entre las suyas — Aunque debo confesarles que lo que más me cura no son las medicinas, sino verlos a ustedes dos tan unidos. Hacía mucho tiempo que no veía a mi hijo sonreír de esta manera, Emilia. Le has devuelto la luz a sus ojos
Sentí un ligero calor en las mejillas y miré a Emilia, quien me devolvió una mirada cargada de devoción absoluta
— Alexei es un hombre extraordinario, Beatriz — expresó Emilia en un susurro, mirándome de frente — Enamorarme de él ha sido lo más hermoso que me ha pasado
— Y tú eres el ángel que salvó a esta familia — afirmó mi madre conmovida, besando la mano de Emilia — Que estén juntos es la mayor de mis alegrías
Pasamos casi dos horas en la terraza junto a mi madre, compartiendo anécdotas ligeras y disfrutando del té bajo la sombra de los árboles. Ver a las dos mujeres más importantes de mi vida conversando entre risas y complicidad llenó mi alma de una plenitud que jamás creí experimentar desde la silla de ruedas. La casa finalmente se sentía como un verdadero hogar
A mitad de la tarde, cuando mi madre comenzó a dar muestras de cansancio y se retiró a tomar su siesta, invité a Emilia a dar un paseo por los jardines traseros de la propiedad. El camino de adoquines pulidos permitía que desplazara la silla con facilidad mientras ella caminaba a mi lado
Nos detuvimos junto al estanque central, un rincón apartado donde el murmullo del agua que caía de la fuente creaba una atmósfera de absoluta intimidad
— Es increíble cómo puede cambiar todo en un instante — comentó Emilia, apoyándose suavemente en el respaldo de mi silla y contemplando el reflejo del agua — Pensar en todo lo que pasamos para llegar hasta este momento...
Giré la silla para quedar de frente a ella y tomé sus dos manos, atrayéndola con delicadeza hacia mi regazo. Emilia no dudó un segundo, se acomodó sobre mis piernas con una familiaridad hermosa, rodeándome el cuello con sus brazos mientras me miraba con una ternura insondable
— Sé que el camino fue oscuro, amor — dije, sosteniendo su rostro entre mis manos y sintiendo la tibieza de su piel — Te casaste conmigo bajo un contrato de un año solo para trasladar a tu madre Maribel a la clínica privada y asegurar su tratamiento. Te arrastré a mis sombras, a mis dudas y a mis batallas. Pero me diste tu confianza y terminaste enseñándome lo que realmente significa amar
— No me arrastraste a ningún lado, Alexei — contestó Emilia, acariciándome los pómulos con sus dedos suaves — Yo elegí quedarme. Me enamoré del hombre noble, leal y profundo que se ocultaba detrás de esa distancia inicial. El papel que firmamos ya no significa nada. Lo único real es lo que siento por ti en este instante
— Te amo, Emilia — confesé con la voz rasposa por la emoción, dejando que las palabras salieran desde lo más profundo de mi ser — Te amo con cada fibra de mi cuerpo, con cada latido de este corazón que tú volviste a hacer latir. Eres mi refugio, mi presente y la única mujer con la que quiero compartir el resto de mis días
Emilia sonrió entre lágrimas de felicidad, inclinándose hacia adelante hasta que nuestros alientos se mezclaron
— Y yo te amo a ti, Alexei Von Krahn — susurró contra mis labios — Con toda mi alma
Nos unimos en un beso apasionado y profundo, un encuentro lento que no llevaba prisa ni amarguras. Mis manos recorrieron la curva de su espalda, sosteniéndola contra mi pecho mientras ella me correspondía con un ardor que me encendió la sangre
Cuando nos separamos apenas para tomar aire, Emilia apoyó su frente contra la mía. Podía sentir el temblor de su respiración y el ritmo acelerado de su corazón contra el mío
— Estaba pensando... — murmuró ella con picardía, rozando su nariz contra la mía —... que deberíamos tomarnos unos días solo para nosotros. Tu madre está muy bien cuidada con el equipo médico en la planta baja, y te vendría bien salir de esta rutina
— ¿Una escapada? — pregunté con una sonrisa, fascinado por la idea
— Sí — asintió, besándome la comisura de los labios — Una escapada a donde tú quieras. Un lugar donde solo existamos tú y yo, sin teléfonos, sin compromisos y sin interrupciones
La idea de tener a Emilia a solas durante días, lejos de cualquier mirada y dedicados exclusivamente a explorar nuestro amor, hizo que mi pulso se acelerara
— Considera que ese viaje empieza a planearse hoy mismo — respondí, rodeando su cintura con firmeza para pegarla aún más a mí — Haré lo que sea con tal de hacerte feliz, mi amor
— Ya soy feliz, Alexei — dijo ella con sinceridad absoluta, mirándome a los ojos — Estando a tu lado, no necesito nada más
Nos quedamos en el jardín hasta que el sol comenzó a ocultarse. Sostener a Emilia entre mis brazos mientras contemplábamos el atardecer me dio una certeza inquebrantable, las batallas del pasado habían sido duras, pero el amor genuino y profundo que había nacido entre los dos era nuestro mayor triunfo
Al caer la noche, regresamos a la mansión tomados de la mano. cenamos en una atmósfera de completa tranquilidad y compartimos una última copa de vino en la sala de estar, escuchando el crepitar manso del fuego en la chimenea. No había espacio para la amargura. Solo estábamos dos personas que se amaban con devoción, listas para vivir la plenitud de su historia sin ataduras ni temores