Dos familias unidas por años de amistad se ven divididas por mentiras, celos y amores prohibidos. En el corazón de la tormenta: dos gemelos que deberían ser inseparables, pero que se convierten en enemigos por el cariño de todos y el amor del mismo chico; dos hermanos que ocultan sus sentimientos tras máscaras de dureza y crueldad; y un mundo donde la lealtad se paga con sangre y el amor se castiga con silencio. Un final que romperá todas las cadenas.
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— La jaula de la crueldad
Martina lo había buscado en el jardín, con los ojos hinchados y las manos temblando, y al verlo se había lanzado a sus brazos, llorando con una desesperación que le partía el alma.
—No me dejes, por favor… —le suplicaba, apretándose contra él como si temiera que se desvaneciera entre sus dedos—. Sé que todo fue un error. Sé que te confundiste. Pero te perdono, Nicolás. Te perdono. Solo no me dejes. No sé qué haría sin ti.
Nicolás la abrazó, sintiendo el peso de sus palabras y de todo lo que estaban construyendo —o destruyendo— juntos.
—Te quiero, Martina —le respondió, y aunque las palabras eran para ella, su mente volaba inevitablemente hacia otro rostro—. Me gustas. Y también porque eres gemela de Luca…, aunque no debería decirlo. No te puedo hacer esto, ponerte en esta encrucijada.
Pero en su interior, pensando en sus padres, en la reputación de su familia, en todo lo que se rompería si la verdad salía a la luz, tomó la decisión que le parecía la única posible. Seguiría con Martina. Mantendría el noviazgo. Y trataría de ahogar lo que sentía por su hermano gemelo, aunque eso le costara la paz.
Para intentar matar ese sentimiento que lo consumía desde adentro, que le quemaba las entrañas cada vez que veía a Luca, Nicolás decidió endurecerse. Se dijo a sí mismo que la crueldad era la única forma de protegerlos a todos, de mantener el mundo en su lugar. Esa noche, buscó a Luca en el jardín trasero, donde estaba sentado solo mirando las sombras de los árboles, y lo agarró del brazo con fuerza, casi con rudeza, y lo llevó sin decir palabra a la cabaña abandonada en el límite de la propiedad.
—Ahora sabes lo que pasa si nos descubren —le dijo con voz fría, tratando de que no se le notara el temblor que le nacía en la garganta—. Si quieres seguir teniendo algo conmigo, serás mío en todo. No habrá palabras dulces. No habrá cariño. Solo harás lo que yo diga, sin preguntar, sin reclamar. Y si te quejas, si dices algo, se lo diré a mi padre que me acosas y sabrás lo que es el verdadero dolor. No solo para ti, sino para toda tu familia.
Luca lo miró a los ojos, y a pesar de la dureza de sus palabras, a pesar del agarre en su brazo, vio algo más: vio el miedo. El mismo miedo que él sentía, reflejado en la mirada de quien amaba.
—Lo haré —susurró Luca, sin apartarse—. Todo lo que quieras. Solo no me alejes de ti. No me dejes solo.
Esa noche fue una mezcla de fuego y hielo, de cercanía y distancia. Nicolás se comportó con una severidad que le dolía ejercer, tratando de mantener la distancia emocional, de no ceder a la ternura que le nacía cada vez que lo tenía cerca. Le hablaba con aspereza, le ponía condiciones, le recordaba una y otra vez que debía mantener todo en secreto, que nadie más podía saberlo. Pero Luca, en su entrega silenciosa y absoluta, solo buscaba estar cerca de él. No reclamaba cariño ni palabras bonitas, solo la certeza de que no lo había perdido.
—¿Ves? —decía Nicolás entre dientes, intentando convencer más a sí mismo que a Luca—. Esto es todo lo que hay. Nada más.
—Lo sé —respondía Luca con suavidad—. Pero soy tuyo. Y eso me basta.
Y cada respuesta dulce, cada gesto de aceptación incondicional, hacía que Nicolás se rompiera por dentro. Se daba la vuelta para que no lo viera, y en la oscuridad cerraba los ojos con fuerza, sintiendo las lágrimas que se negaba a derramar. Se odiaba por ser así, por tratarlo así, por no poder soltarlo ni tampoco poder ser lo que él necesitaba. Pero no veía otra salida. Estaba atrapado entre lo que sentía y lo que el mundo le exigía que fuera. Y mientras tanto, seguía construyendo una jaula para los dos, sin saber quién de los dos terminaría atrapado en ella.