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Querida Prima Y Estúpido Heredero... Está Señorita Se Vengara

Querida Prima Y Estúpido Heredero... Está Señorita Se Vengara

Status: Terminada
Genre:Venganza / Reencarnación / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Tras ser masacrada junto a su familia por orden de su ambiciosa prima Silvia y el frío magnate Patrick, Elena muere en la ruina. Habían arriesgado todo para rescatar a Silvia de la mafia, pero ella borró todo rastro de su deshonra asesinando a sus salvadores.
Milagrosamente, Elena despierta en el pasado, justo la noche del ataque. Con el odio ardiendo en sus venas y dispuesta a todo, simula un colapso para evitar que su hermano intervenga, dejando que Silvia sufra las desgarradoras consecuencias de su propia trampa.
Determinada a no repetir su trágico destino, Elena orquesta una fría y metódica venganza corporativa. Entre alianzas estratégicas, secretos oscuros y manipulación, destruirá paso a paso a Silvia y a Patrick, arrastrándolos al mismo infierno al que la condenaron. En esta vida, las lágrimas de Elena serán el veneno de sus enemigos.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LO QUE LAS PRIMAS SE DEBEN

El piso 65 de Sterling Holdings a las ocho de la mañana tenía esa cualidad fantasmal de los lugares de poder antes de que lleguen los poderosos. Las luces automáticas se encendieron a mi paso, revelando hileras de escritorios vacíos, pantallas apagadas, sillas empujadas con precisión militar.

Silvia me esperaba en la sala de juntas privada del fondo. La misma sala donde, semanas atrás, Patrick me había mirado por primera vez como si yo fuera la única mujer en el mundo.

Llevaba un traje negro. Cortado a la medida. Sin joyas. El cabello recogido en un moño bajo. Por primera vez en toda la historia que conocía de ella, Silvia Castellanos no estaba intentando parecer rica.

Estaba intentando parecer seria.

—Elena. —Se puso de pie cuando entré—. Llegaste puntual.

—Tú también.

Señaló la silla frente a ella. Me senté. Sobre la mesa había una carpeta manila, gruesa, sellada con lacre.

—Son las acciones. —Silvia deslizó la carpeta hacia mí—. Todas. Certificadas. Notariadas. Transferibles a nombre de Patrick Sterling o de quien él designe.

No toqué la carpeta.

—¿Por qué?

Silvia sonrió. Una sonrisa triste. Genuina.

—Porque anoche no dormí. —Se recostó en la silla—. Y estuve pensando en todo. En Victoria. En Richard. En el bebé que perdí. En Lucas atado a esa silla. En ti, dejándome en aquel baño del Met sin mirarme una sola vez.

—Silvia...

—Déjame terminar. —Levantó una mano—. Sé que no me vas a perdonar. Sé que no merezco tu perdón. Pero necesito que sepas algo.

Esperé.

—Richard me llamó anoche. —Silvia bajó la voz—. Después de su conferencia de prensa. Me dijo que, si le devolvía las acciones, él se aseguraría de que los cargos contra mí fueran retirados. Que podría irme. Empezar de nuevo. En cualquier lugar del mundo.

—¿Y qué le dijiste?

—Que se fuera al infierno. —Silvia me miró, y en sus ojos vi algo que no había visto nunca. Dignidad—. Le dije que prefería la prisión a deberle otro favor. Que prefería enfrentar las consecuencias de lo que hice a seguir siendo su marioneta.

No dije nada.

Porque en ese momento, supe que Silvia había cambiado.

No se había convertido en una santa. No había borrado lo que hizo. Pero había dejado de ser la niña asustada que obedecía a cualquiera que le prometiera protección.

Había elegido.

Por primera vez en su vida, había elegido.

—Hay una condición —añadió Silvia, sacando un segundo documento de su bolso—. Para que te entregue las acciones.

—¿Cuál?

—Que me dejes ver a Patrick. —Silvia me miró, y en sus ojos vi lágrimas—. Una vez. Solo una vez. Para pedirle perdón. Por todo. Por el secuestro. Por las mentiras. Por el bebé que fingí perder. Por todo lo que le hice.

Cerré los ojos.

—Silvia, Patrick no querrá verte.

—Lo sé. —Las lágrimas corrían libremente ahora—. Pero yo necesito hacerlo. Aunque sea por teléfono. Aunque sea a través de un cristal. Aunque sea solo para escucharlo decir que me odia. Porque me lo merece.

No respondí de inmediato.

Porque en otra vida, Silvia nunca había pedido perdón. Nunca había reconocido lo que hizo. Nunca había mostrado remordimiento.

Y esta vez, aquí estaba, ofreciéndome las armas con las que podría destruirla, solo para tener la oportunidad de decir *lo siento*.

—Voy a pensarlo —dije finalmente, tomando la carpeta—. Pero no te prometo nada.

—No te pido promesas. —Silvia se puso de pie—. Solo te pido que recuerdes una cosa.

—¿Qué?

—Que éramos primas. —Su voz se quebró—. Que jugábamos juntas en el jardín de la abuela. Que nos contábamos secretos bajo las sábanas. Que nos prometimos que, pasara lo que pasara, nunca nos haríamos daño.

La miré. Y en sus ojos vi a la niña que había sido. Antes de que el miedo la convirtiera en lo que era ahora.

—Lo recuerdo, Silvia. —Mi voz salió más suave de lo que pretendía—. Y por eso, voy a hacer algo que no creí que haría nunca.

—¿Qué?

—Voy a pedirle a Patrick que te escuche. —Me puse de pie—. No te prometo que vaya a perdonarte. Pero te prometo que va a escucharte.

Silvia asintió. Con los ojos llenos de lágrimas. Con los labios apretados.

Y entonces, hizo algo que no esperaba.

Se acercó. Me abrazó.

Un abrazo corto. Torpe. Desesperado.

—Gracias, Elena —susurró contra mi oído—. Por no destruirme del todo.

Me quedé quieta. Sin devolverle el abrazo. Sin apartarme.

Y en ese momento, supe que algo había cambiado.

Que la venganza, al final, no era suficiente.

Que había algo más.

Algo que no había nombrado en dos vidas.

*Perdón.*

---

Salí del piso 65 con la carpeta bajo el brazo.

El corazón me latía con una mezcla de alivio y vértigo. Había conseguido las acciones. Había neutralizado a Richard. Había salvado a Patrick.

Y, de alguna forma imposible, había salvado también a Silvia.

Saqué el teléfono. Iba a llamar a Lucas. Iba a decirle que todo había terminado. Que podíamos respirar.

Pero antes de que marcara, mi teléfono sonó.

Patrick.

*"Elena, necesito verte. En mi casa. Ahora."*

El tono del mensaje me heló la sangre.

No era el Patrick de anoche. No era el hombre que me había amado en la oscuridad.

Era el Patrick que había despertado con preguntas.

---

Llegué a la mansión Sterling en veinte minutos.

Patrick me abrió la puerta. Llevaba pantalones de deporte y una camiseta blanca. El cabello revuelto. Los ojos grises oscuros como tormenta.

Y en su expresión, vi algo que no había visto nunca.

No era furia.

No era dolor.

Era *decisión*.

—Entra —dijo, apartándose.

Entré.

La mansión estaba en silencio. Las cortinas cerradas. Las luces apagadas. Como si la casa misma estuviera conteniendo el aliento.

Patrick cerró la puerta. Se giró hacia mí.

—Anoche dijiste algo. —Su voz era baja. Controlada. Demasiado controlada—. Dijiste "dos vidas".

No respondí.

—Y antes de eso, me miraste como si me conocieras. Como si supieras cosas que no deberías saber. Como si hubieras vivido esto antes.

—Patrick...

—Y esta mañana —continuó, dando un paso hacia mí—, desperté y tú no estabas. Y encontré esto en la mesilla de noche.

Sacó algo del bolsillo.

Era mi diario.

El pequeño cuaderno de cuero negro donde, durante semanas, había estado escribiendo. Fragmentos de la otra vida. Nombres. Fechas. Detalles que no quería olvidar.

—Elena —dijo Patrick, con la voz quebrada—, ¿qué es esto? ¿Qué me estás ocultando?

Cerré los ojos.

Porque en ese momento, supe que había llegado el momento.

El momento de decir la verdad.

Toda la verdad.

Incluso la que yo misma no entendía.

—Patrick —susurré—, si te lo digo, vas a pensar que estoy loca.

—No voy a pensar eso.

—Vas a pensar que soy una mentirosa.

—No.

—Vas a alejarte de mí.

Patrick me tomó el rostro. Con ambas manos. Con una ternura que me rompió el corazón.

—Elena —susurró—, ya no puedo alejarme de ti. Dímelo. Por favor. Dímelo todo.

Abrí los ojos.

Y antes de que pudiera hablar, la puerta principal se abrió.

Con un estruendo.

Lucas entró corriendo, pálido como la muerte, con el teléfono en la mano.

—Elena —gritó—, tienes que ver esto. Ahora.

—¿Qué pasa?

Lucas giró el teléfono. En la pantalla, una transmisión en vivo.

Era Richard Sterling.

De pie frente a la sede de la Fiscalía Federal de Manhattan. Rodeado de periodistas. Con una carpeta bajo el brazo.

*"Buenos días. Mi nombre es Richard Sterling. Y vengo a entregar pruebas que demuestran que Patrick Sterling es el responsable legal de cada crimen cometido por Victoria Sterling y Marcus Kane en las últimas tres décadas. Pruebas que yo mismo he estado recopilando durante quince años. Y vengo a pedir justicia."*

El mundo se detuvo.

Patrick palideció.

—No —susurró—. No puede...

—Lo hizo. —Lucas me miró, y en sus ojos vi terror puro—. Richard activó el expediente. Ahora. Esta mañana. Antes de que pudiéramos detenerlo.

Mi teléfono vibró.

Un mensaje.

De Silvia.

*"Elena, Richard me llamó. Me dijo que, si no le devolvía las acciones antes del mediodía, iba a entregar pruebas falsas de que yo lo ayudé a planear todo. Que iba a destruirme. Que iba a destruirte a ti. Que iba a destruir a Patrick. Elena, tengo miedo. Por favor, ayúdame."*

Levanté la vista. Patrick me observaba con los ojos llenos de lágrimas.

—Elena —susurró—, ¿qué está pasando?

No respondí.

Porque no sabía qué decir.

Porque en ese momento, supe que Richard no iba a detenerse hasta que todos nosotros estuviéramos destruidos.

Y que la única forma de detenerlo era hacer algo que no había hecho en dos vidas.

*Confiar.*

Confiar en Patrick.

Confiar en Silvia.

Confiar en que, al final, el amor era más fuerte que la sangre.

Más fuerte que la venganza.

Más fuerte que el miedo.

—Patrick —dije, tomándolo de la mano—, tengo que contarte algo. Algo que va a cambiar todo. Algo que...

—¿Qué? —susurró.

Respiré hondo.

Y entonces, dije las palabras que llevaba dos vidas guardando.

—Patrick, yo ya te conozco. —Las lágrimas corrían libremente ahora—. Te conocí en otra vida. Y en esa vida, tú me destruiste. Sin saberlo. Sin quererlo. Pero me destruiste. Y yo volví. Volví para cambiarlo todo. Para salvarte. Para salvarnos.

Patrick me miró.

Largo rato.

Y en sus ojos, vi algo que no había visto antes.

No era incredulidad.

No era furia.

Era *reconocimiento*.

—Lo sabía —susurró—. Desde el primer momento. Lo sabía.

Y entonces, me besó.

No con desesperación.

No con rabia.

Con *certeza*.

Con la certeza de dos personas que, después de dos vidas, finalmente se habían encontrado.

Finalmente se habían reconocido.

Finalmente se habían elegido.

Mi teléfono vibró otra vez.

Lo miré.

Un mensaje.

De un número desconocido.

*"Señorita Vasquez, soy Richard Sterling. Necesito verle. Hoy. Antes del mediodía. O juro que Patrick irá a prisión. Y usted con él."*

Levanté la vista. Patrick me observaba con preocupación.

—¿Qué pasa?

No respondí.

Porque no sabía qué decir.

Solo sabía que, otra vez, el juego había cambiado.

Y esta vez, no estaba segura de que quisiéramos seguir jugando.

Pero ya no había vuelta atrás.

1
EspirituCreativo
Dale Elena
Jesus Castro Montero
Elena eres muy inteligente apabullas a Silvia asi se hace destruye a aquel que destruyó lo tuyo
Jesus Castro Montero
Esta novela está buenísima que hará Silvia con todo lo que se le biene🤣🤭🥰😂☺️😭
Gloria Rodríguez
Mucho enredo se pierde el deseo de
Leee
EspirituCreativo
☺️ Me alegra querida lectora, gracias por tu apoyo 🥰
Mara
Me encantó!! 👏👏👏💐💐
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