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La Rosa Sin Espinas

La Rosa Sin Espinas

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Edad media / Época / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: María Esperanza Mendoza

Catalina sufre el abandono y rechazo de su padre desde muy temprana edad al morir su madre. Es entregada a su tía la condesa viuda dónde crece entre los niños de muchos matrimonios experimentando el amor y la pasión de los hombres que la rodean hasta llegar al mismísimo rey de Inglaterra.

NovelToon tiene autorización de María Esperanza Mendoza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Los ojos del Rey

Dicen que el destino no anuncia su llegada.

Entra en silencio.

Se desliza entre las voces, las risas y el murmullo de quienes creen controlar su propio futuro.

Aquella tarde, el gran salón del palacio resplandecía bajo cientos de velas. Los tapices cubrían las paredes con escenas de antiguas victorias, mientras el aroma de la cera, las especias y el vino llenaba el ambiente.

Yo caminaba entre las damas de la reina procurando no llamar la atención.

Había aprendido que, en la corte, la discreción podía salvar una vida.

Mi vestido de terciopelo verde oscuro caía hasta el suelo. Las mangas estaban bordadas con delicadas perlas, y mi cabello rubio descansaba sobre mis hombros sujeto apenas por una fina cofia francesa.

No deseaba destacar.

Solo quería pasar desapercibida.

Pero el destino parecía tener otros planes.

El sonido de las trompetas interrumpió todas las conversaciones.

—¡Su Majestad!

Los nobles inclinaron la cabeza al mismo tiempo.

El silencio cayó sobre el salón.

Entonces apareció él.

El rey Enrique VIII.

Su presencia llenaba cada rincón antes incluso de pronunciar una palabra. Vestía un pesado jubón de terciopelo carmesí adornado con oro y piedras preciosas. Su figura era imponente y su mirada, acostumbrada a que nadie osara desafiarla, recorría lentamente a todos los presentes.

Yo bajé la vista, como dictaba la etiqueta.

Sin embargo, sentí el peso de unos ojos deteniéndose sobre mí.

Fue apenas un instante.

Un segundo que pareció detener el tiempo.

Cuando levanté la mirada con cautela, descubrí que el rey seguía observándome.

No había dureza en su expresión.

Solo curiosidad.

Una curiosidad inesperada.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

«No mires demasiado.»

«No sonrías demasiado.»

«No llames la atención.»

Las advertencias que había escuchado desde mi llegada a la corte resonaban en mi mente.

Pero ya era tarde.

El rey había reparado en mí.

Continuó avanzando entre los nobles, saludando con breves inclinaciones de cabeza, hasta detenerse frente al grupo de damas de la reina.

La conversación cesó por completo.

—¿Quién es esa joven? —preguntó con voz tranquila.

Nadie respondió de inmediato.

Finalmente, una de las damas dio un paso al frente.

—Majestad, es lady Catalina Howard, sobrina del duque de Norfolk y recién llegada al servicio de Su Majestad la reina.

El rey volvió a mirarme.

Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.

—Lady Catalina...

Pronunció mi nombre despacio, como si quisiera recordarlo.

Hice una reverencia tan perfecta como pude.

—Es un honor servir en vuestra corte, Majestad.

Él asintió levemente.

—Sois muy joven.

—Sí, Majestad.

—Y muy distinta a muchas damas que he conocido.

No supe qué responder.

Las palabras parecían haberse escondido.

El rey sonrió apenas.

No era una sonrisa amplia.

Era una expresión breve, casi imperceptible.

Después continuó su camino.

Las conversaciones regresaron poco a poco.

Sin embargo, nada volvió a ser igual.

Sentía las miradas clavadas en mi espalda.

Algunas eran de sorpresa.

Otras de envidia.

Y unas pocas parecían llenas de preocupación.

Aquella misma noche, mientras las damas se preparaban para retirarse, comenzaron los murmullos.

—¿Has visto cómo la observó?

—El rey no apartó los ojos de ella.

—Es demasiado bonita.

—Eso nunca trae buena fortuna en esta corte.

Fingí no escuchar.

Pero cada palabra se convertía en una piedra sobre mi pecho.

No conocía al rey.

Apenas había intercambiado unas pocas frases con él.

Y, aun así, ya comenzaban a construirse historias alrededor de mi nombre.

En la corte, la verdad importaba menos que los rumores.

Los días siguientes confirmé aquella realidad.

Cuando atravesaba los jardines, las conversaciones se interrumpían.

Cuando entraba en un salón, algunas damas sonreían con excesiva amabilidad.

Otras apenas ocultaban su desagrado.

Comprendí que el interés del rey, por pequeño que hubiera sido, bastaba para alterar el delicado equilibrio de la corte.

Una tarde coincidí con él durante un concierto.

Yo permanecía junto a las demás damas, escuchando a los músicos.

El rey levantó la vista desde su asiento.

Nuestros ojos volvieron a encontrarse.

Esta vez fue él quien sonrió primero.

Un gesto discreto.

Casi invisible.

Pero suficiente para que varias personas lo advirtieran.

Sentí un escalofrío.

No porque creyera estar viviendo un cuento de hadas.

Sino porque empezaba a comprender que, en aquel lugar, la atención del hombre más poderoso de Inglaterra podía convertirse tanto en un privilegio como en una condena.

Mientras las notas del laúd llenaban el salón, tuve la extraña sensación de que acababa de cruzar una puerta invisible.

Una puerta tras la cual ya no existía el anonimato.

Sin saberlo, mi nombre comenzaba a formar parte de los susurros de la corte.

Y en el corazón del palacio Tudor, los susurros solían ser el comienzo de las tragedias.

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Arisleidy Alvarez Santana
aparentemente parece buena vamos a ver 🤭
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