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TENIAS QUE SER TU

TENIAS QUE SER TU

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Reencuentro / Malentendidos
Popularitas:485
Nilai: 5
nombre de autor: Liz Del Angel

Greicy y Luis se odian desde el primer día. Ella es fuego, debate y no se deja. Él es calma fría, sarcasmo y siempre tiene la última palabra. En el salón son rivales. Fuera de él, son el chiste de sus amigos. Hasta que Luis, harto de discutir, la besa para callarla. Ese beso rompe todo. Desde entonces, descubre que es la única forma de desarmarla, y ella descubre que para desarmarlo tiene que ir más allá del beso. Pero una mentira de su ex los separa justo en graduación. Años después, ella sobrevive a una pandemia que le arrebata todo, él se vuelve cantante y le escribe su mayor éxito. Se reencuentran en Sinaloa, y Luis no está dispuesto a dejarla ir de nuevo.

NovelToon tiene autorización de Liz Del Angel para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

solo nosotros

Robles les consiguió que la Fiscalía le diera seguimiento a Iker y que RM Films anulara el contrato por vicios. No tuvieron que pagar el millón. Al contrario, Norte Records, la disquera real de Luis, les ofreció un trato nuevo, limpio, sin cláusulas raras: "Canten juntos si quieren, si no, no. Pero no firmen nada sin leer."

Con lo que les adelantó la disquera por la canción "Tenías que ser tú", que ya tenía 2 millones en TikTok y estaba en el top 10 de Spotify Monterrey, les alcanzó para algo que no habían tenido: una luna de miel de verdad.

No en Sinaloa. No con producción. No con juez. Solo ellos.

Se fueron a una cabaña en la Huasteca, en Santa Catarina, a 40 minutos de Monterrey. Una cabaña pequeña de piedra, con alberca privada, con asador, sin señal de celular. Solo montaña, río y ellos.

Greicy llevó un solo vestido blanco, pero no el de novia. Un vestido corto, de verano, que se había comprado en el centro por 250 pesos. Luis llevó su guitarra, su única camisa buena y muchas ganas de estar sin cámaras por primera vez en un mes.

Llegaron a las 4 de la tarde de un sábado. Dejaron las mochilas y se quedaron en medio de la cabaña, mirándose, como si no supieran qué hacer ahora que nadie les decía "bésense", "abrázense", "sonrían".

"Estamos solos de verdad", dijo Greicy, riendo nerviosa.

"Por primera vez desde que nos casamos", dijo Luis.

"¿Qué hacen los esposos en su luna de miel real?"

Luis se acercó, le quitó el sombrero que traía por el sol, le acomodó el pelo. "No sé. Nunca había estado casado antes."

"Yo tampoco. Soy nueva en esto."

Se besaron en medio de la cabaña, sin prisa, sin público. Un beso que empezó suave y terminó en risa porque Greicy le mordió el labio sin querer.

"¡Ay! Me mordiste, Reyes."

"Perdón, Salinas, es que estoy nerviosa."

"¿Nerviosa por qué?"

"Porque ahora sí es real. No hay contrato, no hay multa, no hay Iker. Solo tú y yo y una cama y una alberca y... no sé qué se hace."

Luis la tomó de la mano y la llevó afuera, a la alberca. "Se hace esto: se vive."

Se metieron a la alberca con ropa y todo, gritando porque el agua estaba helada. Jugaron como niños, se aventaron agua, se hundieron. Greicy se le subió a los hombros y se cayeron los dos. Se besaron dentro del agua, con el sol pegándoles.

Después, se acostaron en el pasto mojado, en traje de baño, abrazados, viendo el cielo que se empezaba a poner naranja.

"¿Te acuerdas cuando me odiabas?", preguntó Luis.

"Te odiaba mucho. Eras un mamón que me quitaba la palabra en debates."

"¿Y ahora?"

"Ahora te amo mucho. Eres un mamón que me quita la palabra pero para besarme."

Luis se rió y le besó la frente, la nariz, la boca.

"¿Te arrepientes de algo?", preguntó ella.

"Sí. De no haberte pedido que fueras mi novia bien, antes de todo. De no haberte llevado a tacos antes de casarnos. Me faltó eso."

"Me debes muchos tacos, Salinas. Muchos."

"Te debo una vida de tacos."

Se quedaron callados, escuchando los grillos que empezaban a sonar. Greicy tenía la cabeza en su pecho, escuchando su corazón. Luis le acariciaba el pelo mojado.

"¿Sabes qué es lo más bonito de hoy?", dijo Greicy bajito. "Que nadie nos está viendo. No tenemos que actuar que nos amamos. Nos amamos y ya. Sin guion."

"Sí. Tenía que ser así. Tú y yo sin cámaras."

Esa noche hicieron carne asada, aunque Luis quemó la mitad y Greicy se rió de él. Tomaron refresco en botella de vidrio, comieron con las manos, se mancharon de salsa. Pusieron música en una bocinita, bailaron cumbia mal bailada, se rieron hasta que les dolió la panza.

Cuando se hizo de noche, se metieron a la cabaña. Había una sola cama grande con muchas cobijas, porque en la Huasteca hace frío de noche.

Se acostaron, con pijamas, abrazados. Hablaron de todo y de nada. De que querían terminar Derecho, de que Luis quería sacar un disco completo, de que Greicy quería poner un despacho para defender a mujeres que pasaron lo que ella pasó con las fotos.

"¿Quieres tener hijos algún día?", preguntó Luis de repente, en la oscuridad.

Greicy se quedó callada un segundo. "Sí. Pero no ahora. Ahora quiero tener novio. Bueno, esposo. Quiero tener esposo un rato. Quiero ir a la uni contigo, pelear contigo, reprobar juntos, graduarnos juntos. Hijos después, cuando seamos grandes."

"¿Cuándo somos grandes? ¿A los 25?"

"A los 30. A los 25 aún vamos a estar aprendiendo a ser esposos."

Luis la abrazó más fuerte. "Me gusta ese plan. 30 suena bien."

Se besaron en la oscuridad, lento, con amor de verdad, no de película. Se besaron hasta quedarse dormidos, abrazados, con las piernas entrelazadas, con los anillos chocando suavemente.

A las 6 de la mañana, Greicy se despertó primero. Vio a Luis dormido, con la boca abierta, con el pelo desordenado, con su anillo puesto. Vio la montaña por la ventana. Vio su vestido blanco colgado. Vio su acta de matrimonio que había llevado porque aún no creía que fuera real, ahora sobre la mesa de noche junto a un plato con restos de carne asada.

Y sintió paz. Por primera vez en mucho tiempo, desde que su mamá murió, desde que tuvo que vender contenido para sobrevivir, desde que firmó un contrato en un camión, sintió que estaba en casa.

No porque la cabaña fuera su casa. Sino porque él era su casa.

Lo despertó con un beso en la frente. "Buenos días, esposo."

Luis abrió los ojos, sonrió dormido. "Buenos días, esposa."

"¿Nos regresamos a Monterrey o nos quedamos aquí para siempre?"

"Nos quedamos un ratito más. Solo un ratito más sin que el mundo nos moleste."

Y se quedaron. Todo el domingo, sin celular, sin redes, sin chismes. Solo ellos dos, siendo esposos de 19 años, aprendiendo a serlo.

Porque su boda había empezado como una trampa frente a cámaras, pero su matrimonio empezó ahí, en esa cabaña en la Huasteca, sin cámaras, sin contrato, sin nadie.

Solo tenía que ser ella. Solo tenía que ser él.

Y lo fue.

1
Nancy🌊✈️
interesante
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