Después de dejar atrás las mentiras, Alessandro Moretti y Valentina Visconti descubren que el amor no basta cuando el poder, la mafia y los secretos familiares reclaman su lugar. Viejos enemigos regresan, nuevas alianzas nacen y el apellido Moretti demostrará que la felicidad siempre tiene un precio. Porque algunas guerras no se eligen... pero sí obligan a decidir hasta dónde estás dispuesto a llegar por la persona que amas.
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10- te con el enemigo
La sede principal de la familia Moretti permanecía tan activa como de costumbre.
Capitanes entrando y saliendo.
Abogados recorriendo los pasillos.
Empresarios esperando ser recibidos.
Y, en el centro de todo...
Alessandro dirigía una nueva reunión.
Sobre la enorme mesa de madera descansaban contratos, mapas de rutas marítimas y varios informes financieros.
—Si la exportación aumenta un doce por ciento durante el próximo trimestre... Podremos abrir operaciones en dos puertos más.
Uno de los asesores asintió.
—También fortaleceríamos la presencia de Asterion en el Mediterráneo.
En ese instante...
Tres suaves golpes resonaron sobre la puerta.
Todos dirigieron la mirada hacia la entrada.
—Adelante.
La puerta se abrió lentamente.
Valentina apareció con un elegante vestido rosa de corte sencillo.
En una de sus manos llevaba una pequeña caja de chocolates envuelta con un delicado lazo blanco.
Durante unos segundos...
El salón quedó completamente en silencio.
Más de un hombre olvidó por completo la conversación que estaban teniendo.
Alessandro carraspeó discretamente.
El sonido fue suficiente para que todos reaccionaran y desviaran inmediatamente la mirada.
Él arqueó apenas una ceja.
—Creo que la reunión terminó hace un minuto.
Los presentes entendieron el mensaje.
Uno tras otro comenzaron a recoger sus documentos con una rapidez sorprendente.
Valentina no pudo evitar sonreír.
—¿Puedo pasar?
Alessandro la observó con una mezcla de ternura y resignación.
—Amore...
Se levantó de su silla y caminó hasta ella.
—No vuelvas a preguntar eso. Esta también es tu casa. Puedes entrar cuando quieras.
Valentina bajó ligeramente la mirada.
—No quería interrumpir otra reunión.
Alessandro tomó con suavidad la caja de chocolates que llevaba entre las manos.
—Créeme... Prefiero que interrumpas tú.
Antes que cualquiera de ellos.
Algunos de los presentes sonrieron discretamente.
Valentina soltó una pequeña risa.
—¿Ya estás listo?
Alessandro miró el reloj.
—Sí...
En ese momento Matteo apareció con una tableta electrónica entre las manos.
La revisó durante unos segundos.
Después levantó la vista.
—Yo diría que no.
Alessandro cerró los ojos.
—Habla.
—Dentro de diez minutos tienes una videoconferencia con Fernández Global Exportaciones para cerrar el acuerdo de distribución en Sudamérica.
Pasó la página.
—Después recibes a Viktor Volkov, presidente de Volkov Shipping Consortium, para discutir la ampliación de las rutas comerciales en el Mar Negro.
Volvió a deslizar el dedo sobre la pantalla.
—Y al finalizar... Los abogados ya confirmaron la reunión para revisar los contratos de adquisición de dos nuevos puertos.
Alessandro levantó una mano.
—Ya entendí...
Dejó escapar un largo suspiro.
Con evidente resignación volvió a sentarse en su silla.
Valentina no pudo evitar reír al verlo.
—Creo que sí estás un poco ocupado.
—Un poco.
Respondió él con ironía.
Permaneció unos segundos pensativo.
Después levantó la vista.
—Dante.
La puerta volvió a abrirse casi de inmediato.
—¿Sí, jefe?
—Necesito un favor.
Dante cruzó los brazos.
—Depende.
Alessandro señaló a Valentina.
—¿Puedes acompañarla a la mansión Greco?
Dante abrió mucho los ojos.
—¿Qué?
Frunció el ceño con exageración.
—¿Desde cuándo me degradaste a guardaespaldas?
Matteo soltó una carcajada.
Alessandro sonrió con absoluta tranquilidad.
—Desde que yo no puedo salir de aquí. Y si ella va sola... Y le pasa algo...
Todas sus cabezas van a rodar.
Dante levantó ambas manos en señal de rendición.
—Como ordene, jefe. No se diga más.
Miró a Valentina y sonrió.
—Doctora... Parece que hoy me ascendieron a chofer.
Valentina no pudo contener la risa.
—Prometo no hacerte trabajar demasiado.
—Eso dicen todos.
Respondió Dante mientras caminaba hacia la puerta.
—Vamos antes de que Alessandro recuerde otra reunión y también quiera mandarme a tomar el té.
Cuarenta minutos después...
El vehículo atravesó lentamente los enormes portones de hierro de la mansión Greco.
Valentina observó por la ventana.
La propiedad era imponente.
Grandes jardines perfectamente cuidados.
Fuentes de piedra.
Rosales de distintos colores.
Y una arquitectura clásica que imponía respeto sin necesidad de exageraciones.
—Es hermosa...
Murmuró.
Dante sonrió mientras descendía del vehículo.
—Los Greco siempre han tenido buen gusto.
Antes de que pudiera abrir la puerta para Valentina...
Cuatro hombres vestidos de negro ya se encontraban esperándolos.
Todos armados.
Todos atentos.
Uno de ellos dio un paso al frente.
Era alto, de hombros anchos y expresión completamente seria.
—Señor Dante Moretti.
Dante inclinó ligeramente la cabeza.
—Bruno. Cuánto tiempo.
Bruno no sonrió.
—Marcus nos pidió recibir personalmente a la doctora Valentina.
Después dirigió una mirada rápida hacia Dante.
—Usted deberá esperar aquí en la entrada.
Dante levantó una ceja.
—¿Ni siquiera un café?
—Las órdenes fueron muy claras. Solo la doctora puede ingresar.
Dante suspiró con resignación.
—Algún día lograré caerles bien.
Bruno respondió con absoluta seriedad.
—Ese día le avisaré.
Valentina no pudo evitar sonreír.
Dante se inclinó ligeramente hacia ella.
—Ve tranquila. Si alguno intenta hacerte algo...
Alessandro incendia esta casa.
Bruno carraspeó.
—Eso no será necesario.
Mientras la doctora esté aquí...
Será considerada una invitada de la familia Greco.
Valentina asintió.
—Gracias.
Siguió a Bruno a través del enorme vestíbulo.
La decoración era elegante.
Pero muy distinta a la de los Moretti.
Había menos lujo... Y más historia.
Retratos antiguos.
Armaduras.
Fotografías familiares.
Era evidente que los Greco valoraban profundamente sus raíces.
Bruno abrió una puerta doble de madera.
—La doctora Valentina Visconti
Anunció con respeto.
Al otro lado de la sala...
Una joven de cabello castaño se puso inmediatamente de pie.
Vestía un elegante vestido azul claro.
Su sonrisa era cálida.
Muy diferente a la imagen que cualquiera imaginaría de la prometida de un jefe mafioso.
Caminó directamente hacia Valentina.
—Por fin nos conocemos. Soy Amelia Markova.
Es un verdadero placer recibirte.
Valentina respondió al abrazo con una sonrisa sincera.
—El gusto es mío. Traje un pequeño detalle.
Le entregó la caja de chocolates.
Amelia abrió ligeramente los ojos.
—No tenías por qué hacerlo.
—Mi madre siempre decía que nadie debe llegar con las manos vacías cuando lo invitan a tomar el té.
Amelia sonrió todavía más.
—Entonces creo que tu madre y la mía se habrían llevado de maravilla.
Las dos rieron. La tensión desapareció casi de inmediato.
Amelia tomó a Valentina del brazo.
—Ven. El té ya está servido.
Y tengo muchísimas preguntas que hacerte.
Las dos caminaron hacia la mesa junto al enorme ventanal. Dentro de la sala...
Amelia terminó de servir el té.
—Espero que te guste. Es una mezcla tradicional de Bulgaria.
Valentina tomó la taza entre sus manos.
El aroma era delicado.
Diferente a cualquier otro que hubiera probado.
—Huele delicioso.
Amelia sonrió satisfecha.
—Mi madre me enseñó a prepararlo.
Justo cuando ambas iban a continuar la conversación... La puerta volvió a abrirse.
—Perdón por la demora.
Una joven de largos cabellos castaños apareció en el salón.
Vestía un sencillo vestido color marfil.
Su belleza era elegante.
Natural. Muy parecida a la de Marcus.
Pero con una dulzura que suavizaba completamente sus facciones.
Amelia sonrió apenas la vio.
—Al fin llegas.
Sophia llevó una mano al pecho.
—Marcus decidió revisar personalmente la seguridad de toda la casa. Y terminó retrasando a medio mundo.
Las dos rieron.
Entonces Amelia se volvió hacia Valentina.
—Ella es Sophia Greco.
La hermana menor de Marcus.
Sophia caminó hasta ellas.
Sonrió con calidez.
—Es un gusto conocerte. Marcus no ha dejado de hablar de ti desde la reunión con Alessandro.
Valentina respondió estrechando su mano.
—Espero que solo haya dicho cosas buenas.
Sophia soltó una pequeña risa.
—Conociendo a mi hermano... Eso ya es muchísimo.
Las tres terminaron riendo.
La tensión desapareció por completo.
Amelia volvió a llenar las tazas.
—Ahora sí. Ya estamos completas.
Quiero saber absolutamente todo.
¿Cómo logró Alessandro Moretti conquistar a la doctora más famosa del Hospital Santa Emilia?
Valentina sintió cómo el calor subía inmediatamente a sus mejillas.
—Creo que esa historia es un poco más larga de lo que imaginan.
Sophia apoyó los codos sobre la mesa.
—Perfecto. Tenemos toda la tarde.
Y, por primera vez en muchos años...
En aquella mesa donde antes solo se hablaba de guerras, alianzas y estrategias...
Comenzó una conversación entre tres mujeres que simplemente querían conocerse.
Al cabo de un par de horas...
Las tazas de té ya estaban vacías.
La caja de chocolates descansaba abierta sobre la mesa.
Las risas habían sustituido por completo la tensión con la que Valentina había llegado a la mansión.
Amelia tomó la mano de Valentina con cariño.
—Me alegra mucho que hayas venido.
Valentina sonrió.
—La verdad... Yo también.
Sophia se puso de pie.
—Permíteme acompañarte hasta la entrada.
Valentina asintió.
—Gracias. Las dos caminaron lentamente por el amplio corredor de la mansión.
Mientras avanzaban, Sophia habló con una sonrisa tímida.
—Marcus estaba un poco nervioso por esta reunión.
Valentina la miró sorprendida.
—¿En serio?
—Sí. Aunque jamás lo admitiría.
Las dos rieron.
—Solo quiere asegurarse de que, por una vez...
Las personas importantes para él puedan sentarse en la misma mesa sin pensar en una guerra.
Valentina comprendió perfectamente a qué se refería. Ella deseaba exactamente lo mismo.
Al llegar a la puerta principal...
Bruno abrió con respeto.
Dante levantó inmediatamente la vista al escuchar el movimiento.
Estaba apoyado contra una de las columnas del pórtico, con los brazos cruzados.
—¿Terminó la reunión de alto nivel?
Preguntó con una sonrisa divertida.
Valentina negó entre risas.
—Y sobrevivimos.
—Me alegra escucharlo.
Entonces... Sus ojos se encontraron por primera vez con los de Sophia.
Ninguno dijo una palabra.
Fue apenas un instante.
Una mirada breve.
Curiosa.
Como la de dos completos desconocidos.
Sophia fue la primera en romper el silencio.
—Supongo que usted es Dante Moretti.
Él inclinó ligeramente la cabeza.
—Y usted debe ser la señorita Sophia Greco.
Ella sonrió con educación.
—Fue un gusto conocerlo.
—El gusto fue mío.
Bruno dio un paso al frente.
—El vehículo está listo.
Valentina abrazó primero a Amelia.
Después a Sophia.
—Gracias por recibirme.
—Esperamos verte muy pronto otra vez.
Respondió Amelia.
—Las puertas de esta casa estarán abiertas para ti.
Valentina sonrió.
—Y las de la nuestra también.
Dante abrió la puerta del vehículo para que Valentina subiera.
Antes de hacerlo...
Ella volvió la vista por un instante.
Amelia y Sophia permanecían de pie en la entrada de la mansión, despidiéndola con una sonrisa.
Por primera vez en décadas...
Un Moretti abandonaba la residencia de los Greco no como enemigo... Sino como un invitado.
Y aunque ninguno de los presentes podía imaginarlo...
Aquella tarde no solo había nacido una amistad.
También acababa de comenzar una historia que, algún día...
Cambiaría para siempre el destino de ambas familias..
Mathias Greco otro resentido más que jugará a ser padre de Sophia veremos qué pasará con Dante 🤔🤔🤔❓❓❓
Ahora aparece Mathias el hermano gemelo de Samuel y "supuestamente padre de Sophia" que papel jugará en esta guerra.
Una pregunta si Mathias sobrevivió la madre de Marcus y Sophia que se llama Elena si murió 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Que decisión tomará Marcus Greco con su hermana y con Dante Moretti porque no los quiere juntos.
Puede ser Matteo 🤔🤔🤔❓❓❓
Puede ser Dante 🤔🤔🤔❓❓❓
Alessandro no creo su padre Alexander y su madre lo estaban criando para ser el futuro heredero Moretti igual no me asombraría si Liose cambia ese panorama sería feo enfrentar a dos medios hermanos.