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CUANDO ELLA SE FUE - La Reconquista Del ExMarido.

CUANDO ELLA SE FUE - La Reconquista Del ExMarido.

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / Reencuentro / Malentendidos / Completas
Popularitas:164.7k
Nilai: 4.8
nombre de autor: Adriánex Avila

Lila se cansó de ser un eco en la vida de Abad, su esposo. Durante años, ocupó el segundo, el tercero, incluso el cuarto lugar en su mundo, siempre a la sombra de sus prioridades. Fue una situación límite, una gota que rebasó el vaso, lo que encendió en ella la chispa definitiva para desaparecer. Y se fue. Tan silenciosamente que todos la dieron por muerta. Todos, menos Abad. Él se negó a creer en su ausencia eterna, aferrado a una certeza que solo él entendía.

Cuando Lila regresó, no lo hizo sola. Traía consigo un niño, un secreto que Abad no había previsto, pero que no le importó en lo más mínimo. Sin dudarlo un segundo, Abad se lanzó a la reconquista. No solo para recuperarla a ella, sino para ganarse también al pequeño, dispuesto a aceptarlo como suyo, sin importar si la sangre lo unía o no. Porque esta vez, Abad sabía que no podía permitirse ser el último en la vida de nadie.

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4 ¿Y para qué iba a decirte?

El trayecto fue un borrón. Las calles de la ciudad, normalmente un caos de luces y ruido, pasaron frente a sus ojos como un sueño. Abad solo podía pensar en Lila. En su rostro. En sus palabras. Cuando una esposa se va, es porque ya no queda nada que reconquistar.

¿Era cierto? ¿Acaso había destruido todo sin siquiera darse cuenta?

El coche se detuvo frente a la mansión Mansur, una imponente construcción de estilo colonial que había sido el hogar de su familia por tres generaciones. Abad salió del vehículo con pasos decididos, pero en el fondo, su corazón latía con un ritmo errático. No sabía qué iba a encontrar dentro.

La entrada principal estaba abierta, y el aroma a café recién hecho flotaba en el aire. Pero había algo más. Una tensión que no era habitual. Abad caminó hacia la sala principal, y allí encontró a su madre, Eleonor, sentada en el sofá de terciopelo verde, con una taza de té en la mano y una expresión de desdén grabada en su rostro. A su lado, Morel Monroy, la hija de los amigos de la familia, sonreía con una dulzura falsa que Abad conocía demasiado bien.

—¡Abad! —exclamó Morel, levantándose de inmediato—. Qué alegría verte. Estábamos justo hablando de ti.

Abad ni siquiera la miró. Sus ojos se fijaron en su madre.

—Madre, ¿por qué no me dijiste que Lila fue internada en el hospital? —preguntó, y su voz era un filo de acero—. Ella estuvo allí dos días. Perdió a nuestro hijo. ¿Y tú no pensaste que era importante decírmelo?

Eleonor levantó una ceja, completamente imperturbable. Su rostro, cincelado por años de privilegio y desdén, no mostró ni una pizca de remordimiento.

—¿Y para qué iba a decirte? —respondió con una calma irritante—. Estabas muy ocupado con esa actriz de pacotilla. Además, Lila es una mujer adulta. Si se desmaya, es problema suyo. Yo hice lo que pude al llevarla al hospital. ¿Qué más querías? ¿Qué me quedara a sostenerle la mano?

Abad sintió que la sangre hervía en sus venas. —¿Cómo puedes ser tan cruel? Era tu nuera. Y el bebé era tu nieto.

—¿Mi nieto? —Eleonor soltó una risa seca, sin humor—. Ese bebé era un error, Abad. Lila nunca debió ser tu esposa. Siempre lo supe. Ella no tiene clase, no tiene linaje, no tiene nada que ofrecer a esta familia. Si hubiera sido Morel…

—¡Basta! —El grito de Abad resonó en la sala, haciendo que Morel diera un saltito y que incluso Eleonor frunciera el ceño—. No voy a permitir que hables así de mi esposa. Ni de mi hijo perdido. ¿Me oyes? Nunca más.

Eleonor se levantó lentamente, colocando su taza sobre la mesa con un golpe seco. —No alces la voz conmigo, joven. Yo soy tu madre. Y te he visto cometer errores toda tu vida. Pero este es el más grande. —Se acercó a él, y su voz se volvió un susurro venenoso—. Esa mujer te está manipulando. Te está haciendo sentir culpable por algo que no fue tu culpa. Tú no sabías lo que pasaba porque ella no te lo dijo. Si realmente te quisiera, habría sido honesta.

—No tuvo tiempo de ser honesta —respondió Abad, su voz temblorosa de ira contenida—. Estaba desangrándose, madre. ¿Entiendes eso? Desangrándose. Y tú la dejaste sola.

Morel, viendo que la conversación se intensificaba, decidió intervenir con su voz melosa. —Abad, no te preocupes tanto. Seguro Lila solo quería llamar tu atención. Las mujeres hacemos eso a veces. Exageramos las cosas para que nos presten atención. —Se acercó a él y le tocó el brazo—. Ya verás que en unos días vuelve. Y si no, pues… no era la indicada.

Abad la miró como si hubiera crecido una segunda cabeza. —¿No era la indicada? —repitió, incrédulo—. Morel, Lila y yo llevamos tres años casados. Y en todo este tiempo, ella ha sido la única persona que se ha preocupado por mí sin pedir nada a cambio. Mientras tú y mi madre jugaban a las casamenteras, ella estaba en casa, esperándome, cocinando para mí, apoyándome. Y yo… —Su voz se quebró—. Yo fui un idiota. No la vi. No la escuché.

Morel abrió la boca para decir algo, pero Abad la cortó con un gesto brusco.

—Sal de mi casa, Morel. Ahora mismo. Y tú, madre, no quiero verte por el resto del día. Necesito pensar.

Eleonor arqueó una ceja, pero no dijo nada. Morel, con el rostro encendido de humillación, recogió su bolso y salió disparada hacia la puerta. Abad se quedó solo en la sala, con el eco de sus propias palabras resonando en su cabeza.

Subió las escaleras hacia la habitación que había compartido con Lila. La puerta estaba entreabierta. La empujó y entró. El cuarto estaba vacío. La cama, impecablemente hecha. El tocador, ordenado. El armario, casi vacío. Solo quedaban algunas prendas que Lila consideraba sin importancia. Las que realmente quería, se las había llevado.

—No está —murmuró Eleonor desde el umbral, con un tono de satisfacción apenas disimulado—. Salió esta mañana muy temprano y no ha vuelto. Ni siquiera preparó el almuerzo. Tuve que pedirle a Roseta que cocinara. Y no parece que vaya a llegar para hacer la cena.

Abad se volvió lentamente, y su mirada era tan fría que incluso su madre dio un paso atrás.

—¿Eso es lo que te importa, madre? ¿El almuerzo? —Su voz era un susurro peligroso—. Mi esposa perdió a nuestro hijo, está devastada, y tú te quejas porque no cocinó.

Eleonor levantó la barbilla, desafiante. —No soy yo quien la abandonó, Abad. Fuiste tú. —Y con esas palabras, se dio la vuelta y se fue.

Abad se quedó solo, en medio de la habitación vacía. Tomó la almohada de Lila, la que aún conservaba su perfume, y la apretó contra su pecho. Cerró los ojos, y por primera vez en años, sintió el peso de sus propias decisiones.

—¿Dónde estás, Lila? —susurró al vacío—. Dime dónde estás para que pueda pedirte perdón.

Pero no hubo respuesta. Solo el silencio de una casa que de repente se sentía demasiado grande, demasiado fría, demasiado vacía.

Abad abrió los ojos y los posó en el sobre marfil que Lila había dejado sobre la mesa de la suite. Los papeles del divorcio. La sentencia de su fracaso. Sabía que tendría que firmarlos. Pero primero, tenía que encontrarla. Tenía que decirle la verdad. Tenía que decirle quién era Sahina y por qué había estado a su lado todos esos meses.

No sabía si eso cambiaría algo. Pero al menos, Lila merecía saber que no todo era una mentira. Que algunas cosas, aunque parecían una traición, eran en realidad un pacto de silencio con un hombre que ya no estaba.

Abad tomó su teléfono y marcó el número de Lila. Sonó una, dos, tres veces. Y luego, el tono de voz de ella, grabado en su contestador automático.

—Hola, soy Lila. No puedo contestar ahora, pero si dejas un mensaje, te llamaré cuando pueda.

El tono indicó que podía hablar. Abad abrió la boca, pero las palabras no salieron. ¿Qué podía decir? ¿Qué excusa era suficiente?

Finalmente, colgó. Y en el silencio de la habitación, comprendió que el verdadero infierno no era haber perdido a su esposa. El verdadero infierno era saber que la había perdido por su propia culpa.

—Te encontraré —murmuró, apretando el teléfono con fuerza—. Y haré todo lo que esté a mi alcance para recuperarte. Aunque tenga que gatear. Aunque tenga que arrastrarme. Aunque me tome el resto de mi vida.

Pero incluso mientras decía esas palabras, una parte de él sabía que no sería suficiente. Porque Lila no era una flor que se pudiera regar y volver a florecer. Lila era una mujer que había sido quemada por el fuego que él mismo había avivado.

Y el fuego, a veces, no se apaga con disculpas.

1
RUTH MARTINEZ
Me encantó felicitaciones 🌹🌹🌹🌻🌻🌻🙏🙏❤️❤️❤️
Judy
No entiendo la necesidad de repetir lo mismo, primera vez que en una de tus historias veo esto.
Oli Vega
bonita historia , Adry tengo un buen rato siguiendo y leyendo todas tus grandes historias , pero para ser sincera está historia pareciera que no la hiciste tú, por qué? por qué tenía muchos errores , cómo capítulos repetidos, características de los personajes que en algún momento no coincidían, un final que no es como los de todas tus historias, por qué parecía que ya terminaba y regresabas a cosas que se supone ya habían pasado. No sé si es por qué tenías muchas historias publicadas, pero está fue la única que no sentí como tuya.
Emma Gabriela Cangas Arriola
Yo pienso que no perdió el bb
Atenea
Ven este hombre no merece a Violeta y a Sal. es un irresponsable 😡😡🙄😡
Gladys Muñoz
esta un pelito enredada primero no tenía familia el esposo salió al aeropuerto como loco y ahora está en la oficina otra ves 🤣 pero me gusta
Gladys Muñoz
esta un pelito enredada primero no tenía familia el esposo salió al aeropuerto como loco y ahora está en la oficina otra ves 🤣 pero me gusta
Atenea
Ella no es una víctima es cómplice de tu sufrimiento 😡😡😡si fuera tu yo la hechaba a patadas 🙄🙄😡😡😡
🐞Stefy
Si sabemos que Abad fue un idiota monumental pero va a amar Salvatore la que me da mala espína es la bruja de la madre y su lame cola esas arpías tienen que desaparecer
Ana Elena Jiménez
😮😮😮😮😮
Maria Gonzalez Gonzalez
esa morel no puede ser más arrastrada, que no acepta que Abad nunca la amo ni la amará, esa madre es toda una estúpida que va a caer junto con esa estúpida de morel.😢
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja jajajajajaja jajajaja
Ana Elena Jiménez
🤦🤦🤦🤦 está si es bien caída del zarzo
MARCE MIRANDA
ok,! mira que cosa xmcon el papá., en teoria lo bace por proteccion. pero preocupa, preocupa tal cual
🐞Stefy
Podria Sahina ser media hermana de Abad xq no creo ke ese niño sea medio hermano es muy pequeño aahhh qué lío,pero tal ves no sea mala persona Sahina
Cristina Mourelos
no comprendo bien la edad de los niños, si ambas estaban embarazadas deberían tener la misma edad, solo diferencia de meses no de un año
Liliana Flores
Que le diga no cambia las cosas, la abandonó, por cobarde, porque no puede enfrentar a la bruja de su madre y el papá un egoísta que no le importó la carga que dejaba en sus hijos, y Abad un cretino que no hizo nada por su esposa, no le dió su lugar, se supondría que tendría que confiar en ella, pero fue más fácil ignorarla y dejarla se lado, ahí si no le importaban las consecuencias y ahora si pide que lo escuchen /Sweat/
Vianey Hernandez Ortiz
Súper excelente Novela, mucho drama e intriga, me encantó 🎉🎉🎉❤️❤️❤️💯💯💯
mariela
Hermosa novela en dónde el perdón hace la diferencia una historia de amor entre Violeta y Abad donde hubo secretos y guerras entre familias pero también la oportunidad de arrepentimiento para que triunfará un amor verdadero gracias Adrinex me disfrute la novela desde un principio hasta el final que Dios te bendiga siempre.
mariela
Que pensaron arpias que Abad Mansur no sabía lo del gemelo que murió y que ella se fue para no perder a Salvatore a Morel y Eleonor les tocó una derrota apoteósica porque van directo a la cárcel para que aprendan la lección de lo que aquí hagas aquí lo pagas.
Mientras Abad y Violeta tienen un futuro por delante para construir un hogar lleno de amor junto a Salvatore y sus dinosaurios 😂😂😂😂
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