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LA MUJER DEL AVERNO

LA MUJER DEL AVERNO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Villana / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: MeilymCZ

Belleza Angelical, Inteligencia Peligrosa.

Desde niña, Haniel descubrió que una sonrisa podía abrir puertas y que una mirada podía hacer que los demás olvidaran sus propias intenciones. A los dieciséis años solo soñaba con vivir una vida extraordinaria junto a sus mejores amigas.
Pero crecer cambiaría las reglas.
Entre secretos, hombres, dinero, traiciones y poder, Haniel aprenderá que su mayor arma no es su belleza… Sino la facilidad con la que consigue que todos crean en su inocencia.
Porque hasta los ángeles pueden tener un lugar en el Averno.

NovelToon tiene autorización de MeilymCZ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap24

Sí. Vamos a corregir eso desde ahora: no todos los capítulos deben arrancar con Haniel haciendo o pensando algo. Podemos comenzar con un diálogo, una escena paralela, otro personaje, un lugar, una llamada, una fiesta, una noticia, etc. Eso hará que la novela se sienta mucho más dinámica.

Y en este capítulo voy a mantener el hilo de L-17, Gabriel, Zayd y Nicolás, pero dejando que la vida social y sentimental de Haniel avance de manera natural.

Capítulo 24 — Una noche sin explicaciones

—No me gusta.

La voz de Zamira llegó desde el teléfono.

Olivia estaba sentada frente a Haniel, con los brazos cruzados.

—A mí tampoco —respondió.

—Entonces estamos de acuerdo —dijo Zamira—. Nicolás sabe demasiado.

Haniel permaneció en silencio.

La noche anterior había descubierto que Nicolás conocía el expediente L-17, que su padre había tenido negocios con Zayd y que Gabriel había aparecido en su casa.

Demasiadas coincidencias para ignorarlas.

Pero también había algo que ninguna de las dos quería decir en voz alta.

A Haniel le gustaba.

Le gustaba demasiado.

—No voy a dejar de verlo —dijo finalmente.

Olivia levantó una ceja.

—Sabía que dirías eso.

—No puedo decidir qué hacer con él basándome solamente en sospechas.

—No son solamente sospechas.

—Lo sé.

Zamira intervino:

—Entonces ponle límites.

—¿Qué clase de límites?

—No le cuentes todo. No le entregues información sobre nosotros. Y observa.

Haniel sonrió.

—Eso sí sé hacerlo.

—Precisamente por eso me preocupa —respondió Zamira.

---

La música comenzó a sonar poco después de las diez.

El lugar estaba lleno, pero no demasiado. Era uno de esos bares elegantes donde la gente iba a conversar, bailar y fingir que al día siguiente no tendría responsabilidades.

Olivia había insistido en salir.

—Necesitamos una noche normal —había dicho.

Y nadie discutió.

Zamira se conectó por videollamada desde el extranjero, prometiendo que algún día conseguiría una forma de aparecer físicamente sin tener que viajar.

—Las estoy viendo —dijo mientras Haniel y Olivia entraban.

—¿Qué tal? —preguntó Olivia.

—Tranquilas. Estoy supervisando.

Haniel soltó una carcajada.

—Qué pesada.

—Alguien tiene que cuidar de ustedes.

Por unas horas, el expediente L-17 quedó fuera de la conversación.

Hablaron de vestidos.

De hombres.

De viajes.

De los recuerdos de la escuela.

Olivia contó una anécdota tan absurda que Haniel terminó llorando de la risa.

Y por primera vez en mucho tiempo, las tres volvieron a sentirse como antes.

Sin miedo.

Sin secretos.

Sin estar buscando respuestas.

Solo amigas.

---

—Voy por algo de beber —dijo Haniel.

Caminó hasta la barra.

No tardó mucho en llamar la atención.

Un hombre se acercó.

—¿Puedo invitarte algo?

Haniel lo miró de arriba abajo.

—Puedes intentarlo.

Él sonrió.

—Daniel.

—Haniel.

—Ya sé.

Ella suspiró.

—¿También?

—¿Eso te molesta?

—Un poco.

—Entonces puedo fingir que no sé quién eres.

—Eso sería más interesante.

Daniel pidió dos bebidas.

La conversación comenzó sin pretensiones.

Él era divertido, bastante seguro de sí mismo y, a diferencia de muchos hombres que se acercaban a Haniel, no parecía desesperado por impresionarla.

Eso despertó su curiosidad.

—¿Tienes novio? —preguntó.

Haniel bebió un poco.

—No.

—¿Estás saliendo con alguien?

Ella sonrió.

—Quizás.

—Entonces estoy perdiendo el tiempo.

—Probablemente.

Daniel soltó una carcajada.

—Me caes bien.

—Eso puede ser peligroso.

—¿Por qué?

—Porque generalmente los hombres que empiezan diciéndome eso terminan complicándose la vida.

—Tal vez me gustan las complicaciones.

Haniel sonrió.

—Eso dicen todos al principio.

---

Nicolás apareció cerca de la medianoche.

No avisó.

Simplemente llegó.

Haniel lo vio desde lejos.

Él la vio a ella.

Y después vio a Daniel.

Su expresión cambió ligeramente.

Olivia, que estaba observando todo desde la mesa, se inclinó hacia Haniel.

—Esto se va a poner interesante.

—Ni se te ocurra.

—Yo no dije nada.

—Tu cara lo dijo.

Nicolás se acercó.

—Hola.

—Hola.

—¿Podemos hablar?

Haniel miró a Daniel.

—Ahora vuelvo.

Se alejó con Nicolás.

—¿Qué haces aquí?

—Quería verte.

—Podías avisarme.

—Lo sé.

Ella cruzó los brazos.

—¿Estás celoso?

Nicolás sonrió.

—¿Debería?

—No sé. Tú dime.

—No me gusta verlo contigo.

Haniel soltó una pequeña risa.

—No eres mi novio.

—Todavía.

Ella dejó de sonreír durante un instante.

—Cuidado.

—¿Con qué?

—Con acostumbrarte a mí.

Nicolás se acercó.

—Creo que ya es demasiado tarde.

El beso llegó después.

Lento.

Intenso.

Pero breve.

Cuando se separaron, Haniel lo miró.

—No creas que esto significa que confío completamente en ti.

—No lo creo.

—Bien.

—Pero tampoco voy a dejar de intentarlo.

Haniel sonrió.

—Eso sí me gusta.

---

La noche continuó.

Daniel se despidió poco después.

Antes de irse, dejó su número.

—Por si algún día quieres una noche sin complicaciones.

Haniel guardó el teléfono.

—Te llamaré.

—¿Promesa?

—No hago promesas.

Daniel sonrió.

—Entonces esperaré.

Nicolás había escuchado.

—¿Vas a llamarlo?

Haniel lo miró.

—Quizá.

—Eres imposible.

—Y aun así estás aquí.

—Sí.

—Entonces el problema es tuyo.

Nicolás se rio.

---

A las tres de la mañana, cuando finalmente llegaron al automóvil, Nicolás recibió una llamada.

Miró la pantalla.

Su expresión cambió.

—¿Quién es?

—Mi padre.

Contestó.

—¿Sí?

Escuchó durante varios segundos.

—¿Cuándo?

Pausa.

—Entiendo.

Colgó.

Haniel lo observó.

—¿Qué pasó?

Nicolás guardó el teléfono.

—Gabriel volvió a aparecer.

La diversión desapareció de inmediato.

—¿Dónde?

—En la oficina de mi padre.

—¿Qué quería?

Nicolás respiró profundamente.

—Dejó un sobre.

—¿Para quién?

Él la miró.

—Para ti.

Haniel sintió un escalofrío.

—¿Qué dice?

—No lo sé.

—¿Dónde está?

—En mi casa.

Ella abrió la puerta del automóvil.

—Vamos.

Nicolás la tomó suavemente del brazo.

—Espera.

—¿Qué?

—Mi padre dijo que no lo abras sola.

Haniel sostuvo su mirada.

—Entonces lo abriremos juntos.

---

Una hora después, el sobre estaba sobre la mesa.

No tenía sello.

No tenía dirección.

Solo un nombre:

HANIEL.

Ella lo abrió.

Dentro había una fotografía.

Tres adolescentes.

Ella.

Olivia.

Zamira.

Pero la fotografía había sido tomada desde atrás, a escondidas.

En el reverso había una fecha.

17 DE AGOSTO.

Y debajo:

«Ustedes creen que aquella noche conocieron a Zayd.»

Haniel levantó la mirada.

—¿Qué significa esto?

Nicolás permaneció serio.

Entonces encontró una segunda hoja.

Solo tenía una frase:

«Zayd no fue el primero en mover la pieza.»

Haniel sintió que el aire se volvía pesado.

El teléfono vibró.

Un mensaje de un número desconocido.

«Pregúntale a Nicolás qué hizo su padre con el expediente L-17.»

Haniel levantó lentamente los ojos.

Nicolás había leído el mensaje.

Los dos quedaron en silencio.

Esta vez no había coqueteo.

No había besos.

No había juegos.

Solo una nueva pregunta.

Y quizá, por primera vez, Nicolás entendió que Haniel no iba a conformarse con medias verdades.

Porque aquella noche había descubierto algo peor que tener un hombre peligroso interesado en ella:

podía estar enamorándose de un hombre que también tenía secretos.

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Renata Mabel
me encanta esta historia 🦆✨
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