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Esposa Especial

Esposa Especial

Status: En proceso
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Amor eterno
Popularitas:455
Nilai: 5
nombre de autor: Alejandro Briñones

Emir Abdala y Aysun viven un amor perfecto en la lujosa mansión Abdala. Pero su felicidad termina cuando Aysun sufre un terrible accidente provocado en secreto por Myna, la envidiosa hermana de Emir.

Al despertar, Aysun ha perdido la memoria y ya no recuerda al hombre que ama ni el matrimonio que compartían. Desesperado, Emir hará todo lo posible por recuperar a su esposa y demostrarle que su amor sigue vivo.

Pero el destino pondrá en el camino de Aysun a Merth, un humilde artesano que se enamorará de ella sin conocer toda su historia. Mientras Emir lucha por recuperar el corazón de su esposa, Aysun quedará atrapada entre dos hombres y dos formas de amar.

Entre secretos, traiciones, pasiones y sorprendentes revelaciones, Aysun tendrá que descubrir quién es realmente... y cuál de los dos hombres está destinado a quedarse con su corazón.

NovelToon tiene autorización de Alejandro Briñones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21

La mañana llegó a la mansión Abdala envuelta en una tensión que ninguno de los dos podía ocultar.

Aysun apenas había dormido.

La nota encontrada en su habitación seguía sobre la mesa.

“Si quieres recuperar tu memoria, no vayas con Emir.”

Aquellas palabras habían sembrado una duda que Aysun no quería reconocer.

Emir entró en la habitación.

—¿Estás lista?

Aysun lo miró.

—Sí.

—¿Sigues queriendo ir?

—Más que nunca.

Emir tomó las llaves del automóvil.

—Entonces iremos juntos.

Aysun permaneció en silencio.

—¿Qué pasa? —preguntó él.

—Tengo miedo de lo que podamos encontrar.

Emir se acercó.

—Pase lo que pase, no cambiará lo que siento por ti.

Aysun sonrió débilmente.

—Eso espero.

 

Una hora después llegaron al hotel.

La habitación 317 se encontraba en uno de los pisos antiguos del edificio, una zona que Emir apenas utilizaba.

Mientras caminaban por el pasillo, Aysun comenzó a sentir una presión en la cabeza.

—Emir...

—¿Qué ocurre?

—Este lugar...

Cerró los ojos.

Una imagen apareció.

Ella entraba por aquella misma puerta.

Pero no estaba sola.

Un hombre la esperaba.

—Llegaste.

Aysun le sonreía.

—Necesitaba hablar contigo.

El recuerdo desapareció.

Aysun abrió los ojos.

—Estuve aquí.

Emir la miró sorprendido.

—¿Con quién?

Ella negó.

—No lo sé.

Llegaron a la puerta.

Emir introdujo la llave.

La cerradura hizo clic.

La puerta se abrió.

El interior estaba impecable.

Demasiado impecable para una habitación que supuestamente llevaba años sin utilizarse.

Aysun entró lentamente.

Había fotografías sobre las paredes.

Ella y Emir.

Ella sola.

Ella junto a Aras.

Y otras fotografías en las que aparecía con un hombre cuyo rostro había sido cuidadosamente recortado.

Emir quedó horrorizado.

—¿Quién hizo esto?

Aysun se acercó.

—Yo lo conozco.

—¿Quién es?

Ella tocó una de las fotografías.

—No recuerdo su nombre.

Entonces vio algo sobre la mesa.

Una pequeña caja musical.

La abrió.

Comenzó a sonar una melodía.

Aysun quedó completamente inmóvil.

—Esta canción...

Emir la miró.

—¿La recuerdas?

—Sí.

Las lágrimas comenzaron a aparecer en sus ojos.

—Él me la cantaba.

Emir sintió una punzada de celos, pero se contuvo.

—¿Quién?

Aysun cerró los ojos.

—No lo sé.

 

En otra parte del hotel, un hombre observaba las cámaras de seguridad.

Era el mismo hombre que había estado en la habitación 317.

—Ya entraron.

Una mujer apareció detrás de él.

—¿Y ahora?

—Ahora veremos cuánto recuerda.

—¿Y si recuerda demasiado?

El hombre sonrió.

—Entonces tendremos que intervenir.

La mujer lo miró con preocupación.

—No puedes seguir jugando con ella.

—No estoy jugando.

—Ella está casada.

El hombre se volvió.

—Ese matrimonio nunca debió existir.

 

Dentro de la habitación, Emir continuaba examinando las fotografías.

Encontró una caja con documentos.

—Aysun, ven.

Ella se acercó.

Dentro había cartas.

Una estaba dirigida a ella.

“Aysun.”

Emir dudó.

—¿Quieres que la abra?

—Sí.

La abrió.

La primera frase decía:

“No puedo seguir ocultando lo que siento por ti.”

Aysun comenzó a llorar.

Emir siguió leyendo.

—“Sé que amas a Emir...”

Se detuvo.

Aysun lo miró.

—Continúa.

—“...pero yo te amé antes que él.”

Emir sintió que el corazón se le aceleraba.

—¿Quién escribió esto?

Aysun tomó la carta.

Debajo de la firma solo aparecía una inicial:

M.

Emir levantó la mirada.

—¿M?

Aysun se quedó pensativa.

—Mer...

No pudo terminar.

Un recuerdo la golpeó.

Un joven frente a ella.

Sonriendo.

Tenía las manos cubiertas de pintura.

—¿Qué estás haciendo?

—Una pulsera.

—¿Para quién?

Él sonrió.

—Para ti.

Aysun sonrió.

—¿Y cómo se llama?

—Merth.

Aysun abrió los ojos.

—Merth...

Emir se quedó completamente inmóvil.

—¿Quién es Merth?

Ella negó.

—No lo sé.

Pero la memoria continuó.

Una feria.

Luces.

Música.

Puestos artesanales.

Aysun caminando entre la gente.

Merth esperándola.

—Pensé que no vendrías.

—Tenía que verte.

—¿Y Emir?

Aysun bajaba la mirada.

—No sabe que estoy aquí.

La visión terminó.

Aysun abrió los ojos horrorizada.

—Yo estaba con otro hombre.

Emir respiró profundamente.

—Antes de nuestra boda.

—Sí.

—¿Lo amabas?

Aysun comenzó a llorar.

—No lo sé.

Emir dio un paso atrás.

Aquella respuesta le dolió.

 

De repente, alguien llamó a la puerta.

Emir se volvió.

—¿Quién es?

No hubo respuesta.

Volvieron a llamar.

Esta vez Aysun sintió un escalofrío.

—Esa llamada...

—¿Qué?

—La recuerdo.

Emir abrió.

No había nadie.

Solo un pequeño paquete en el suelo.

Lo recogió.

Dentro había una pulsera artesanal.

Aysun la reconoció inmediatamente.

—Es la que él hizo.

Emir la observó.

—¿Merth?

Aysun asintió.

Debajo de la pulsera había una nota.

“Si quieres recuperar lo que olvidaste, ven a la feria mañana. Pregunta por Merth.”

Emir apretó la nota.

—No vas a ir sola.

Aysun lo miró.

—¿Vendrás conmigo?

—Siempre.

 

Mientras tanto, en un pequeño taller situado en las afueras de la ciudad, un joven trabajaba cuidadosamente sobre una pieza de madera.

Era Merth.

Tenía las manos manchadas de pintura y una expresión tranquila.

Un hombre entró.

—Ya vienen.

Merth levantó la mirada.

—¿Quién?

—Aysun.

Merth dejó la herramienta.

Su rostro cambió completamente.

—¿Está viva?

—Sí.

Merth sonrió con emoción.

—Entonces finalmente regresó.

El hombre lo miró con preocupación.

—Pero no viene sola.

Merth bajó la mirada.

—¿Emir?

—Sí.

Merth guardó silencio.

Después tomó una pequeña fotografía de Aysun.

—No importa.

—¿Qué vas a hacer?

Merth acarició la fotografía.

—Decirle la verdad.

—¿Toda?

Merth levantó la mirada.

—Toda.

El hombre palideció.

—Si haces eso, destruirás el matrimonio de Aysun.

Merth respondió:

—Ese matrimonio se construyó sobre una mentira.

 

Esa noche, Emir y Aysun regresaron a la mansión.

Myna los esperaba.

—¿Dónde estuvieron?

—En el hotel —respondió Emir.

Myna observó a Aysun.

—¿Qué encontraste?

Aysun no respondió.

Myna insistió:

—¿Qué encontraste?

Aysun la miró.

—Un nombre.

Myna sintió un escalofrío.

—¿Cuál?

Aysun respondió:

—Merth.

Myna quedó completamente paralizada.

Emir lo notó.

—¿Lo conoces?

—No.

—Mentira.

Myna retrocedió.

—No sé quién es.

Aysun se acercó.

—Entonces, ¿por qué te asustaste?

Myna no respondió.

En ese instante, su teléfono vibró.

Un mensaje.

“Merth recuerda lo que tú hiciste.”

Myna palideció.

Emir intentó tomar el teléfono.

—¿Quién te escribe?

Myna lo escondió.

—Nadie.

Pero Aysun vio el mensaje.

—¿Qué hiciste, Myna?

Myna levantó la mirada.

Y por primera vez pareció realmente aterrorizada.

—Yo no sabía que Merth había sobrevivido.

Emir quedó inmóvil.

—¿Sobrevivido a qué?

Myna cerró los ojos.

—A la noche en que intentaron matarlo.

Aysun sintió un escalofrío.

—¿Quién intentó matarlo?

Myna miró hacia Emir.

—Tu padre.

El rostro de Emir se endureció.

Pero antes de que pudiera preguntar algo más, Aysun comenzó a recordar.

Merth frente a ella.

Una noche lluviosa.

Ella llorando.

Y una frase:

—Aysun, si te casas con Emir, ambos estaremos en peligro.

La visión terminó.

Aysun abrió los ojos.

—Yo no abandoné a Merth.

Emir la miró.

—¿Entonces qué ocurrió?

Aysun respondió entre lágrimas:

—Alguien me obligó a dejarlo.

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