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Entre La Culpa Y El Deseo

Entre La Culpa Y El Deseo

Status: Terminada
Genre:Posesivo / Reencuentro / Amor-odio / Completas
Popularitas:6.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Luna Azul

Camila lo tenía todo y usó su crueldad para doblegar a Máximiliano, un becado que se negaba a rendirse ante su vanidad.

Años después, la vida los reencuentra en la empresa de su padre, donde él trabaja y ha ganado posición, mientras ella carga con la culpa y un secreto explosivo que él desconoce.

Atrapados entre el rencor del pasado, el dolor y una atracción ineludible, ambos descubrirán que el deseo puede ser tan peligroso como la venganza.

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Capítulo 1: El brillo equivocado

^^^ Narra Camila ^^^

​Los pasillos del Saint Mary’s Academy no eran simples corredores escolares; eran una pasarela de alto riesgo, un campo de minas social de cinco metros de ancho donde te jugabas la reputación, el estatus y tu futuro con cada paso que dabas. Y yo, Camila, no solo caminaba por ella: la gobernaba. Era la reina indiscutible de este pequeño imperio de cristal y mármol, donde la moneda de cambio no era el dinero en efectivo, sino la marca de tu ropa, la exclusividad de tus apellidos y la crueldad con la que podías tratar a los que no encajaban.

​Creía que lo tenía todo bajo control. Creía que mi belleza, mi apellido y mi novio, Mateo —el capitán del equipo de fútbol, el chico trofeo por excelencia—, eran escudos blindados contra cualquier forma de dolor o insignificancia. Mi vida era una coreografía perfectamente ensayada, una representación diaria de perfección calculada para generar envidia y admiración a partes iguales. Cada sonrisa estaba medida, cada palabra estaba pulida y cada mirada estaba dirigida a mantener mi posición en la cima de la pirámide.

​Pero el universo, con su sentido del humor retorcido y macabro, decidió sacudirme los cimientos con una impertinencia absurda que cambiaría el curso de mi existencia para siempre.

​Ocurrió una mañana de septiembre, el aire acondicionado luchaba en vano contra el calor pegajoso del final del verano, y el olor a cera barata, limpiadores industriales y perfume importado se mezclaba en una atmósfera asfixiante. Estaba en mi lugar habitual, apoyada contra el casillero número 104, el centro neurálgico de mi imperio, rodeada por mi séquito de admiradoras. Vanessa, mi leal segunda al mando, se estaba retocando el gloss en el espejo que habíamos pegado estratégicamente en la puerta de su casillero.

​—¿Viste el nuevo bolso de Sofía? —me preguntó Vanessa, con una mueca de suficiencia mal disimulada—. Dice su papá que se lo trajeron directamente de Milán, edición limitada. Cuesta una fortuna.

​—Es lindo, pero la hebilla es de la temporada pasada —respondí con un tono de suficiencia que me salía automático, casi sin pensar, mientras ajustaba el cuello de mi camisa, perfectamente almidonada—. Las cosas pierden su valor en cuanto dejas de ser la primera en tenerlas, Vane. Si no brillas, no existes. Es la regla de oro, la única que importa en este mundo. Y yo me aseguraba de ser siempre la que más deslumbraba.

​A mi alrededor, el mundo funcionaba como un reloj suizo, un ecosistema cruel y predecible. Los del equipo de fútbol se pavoneaban con sus chaquetas universitarias, presumiendo de sus músculos y de sus conquistas. Las porristas reían en grupitos cerrados, juzgando la ropa y el cabello de las demás. Y los "cerebritos", los becados que se arrastraban por la escuela con la esperanza de un futuro mejor, se escondían detrás de sus libros, agradecidos de pasar desapercibidos, intentando no llamar la atención de los depredadores como nosotras.

​Mateo, mi novio, apareció de la nada como si lo hubiera convocado el destino. Con su cabello rubio perfectamente peinado, sus ojos de un azul intenso y una sonrisa que derretía corazones, encarnaba la imagen del príncipe azul moderno. Me rodeó la cintura con un brazo posesivo y me dio un beso rápido en la mejilla. Era el complemento ideal para mi imagen de perfección, la guinda del pastel que confirmaba mi estatus.

​—Hola, hermosa —me susurró al oído, con esa voz grave y seductora que tantas chicas del Saint Mary’s habrían dado cualquier cosa por escuchar—. ¿Lista para el examen de historia? Porque yo estoy totalmente perdido. No entiendo nada de la Revolución Francesa.

​—Tranquilo, tengo todo bajo control, como siempre —le aseguré con una sonrisa que no llegaba del todo a mis ojos. A veces, fingir que todo es perfecto cansa más que el caos real, pero jamás admitiría esa debilidad—. Te pasaré mis apuntes antes del examen.

​—Eres la mejor, Camila. No sé qué haría sin ti —dijo él, dándome otro beso, esta vez más largo, más intenso, buscando una reacción que yo, en ese momento, no estaba segura de poder darle.

​Pero entonces, el timbre sonó, interrumpiendo nuestra conversación y marcando el inicio de una nueva era. El director, un hombre bajito y sudoroso que siempre parecía estar a punto de sufrir un infarto, entró al salón de clases con una expresión solemne, inusualmente seria.

​—Buenos días, alumnos. Tenemos un nuevo estudiante que se une a nosotros gracias al programa de excelencia académica —anunció el director, con esa voz monótona y aburrida que utilizaba para los anuncios que no le importaban lo más mínimo—. Se ha esforzado mucho para conseguir esta beca y espero que lo reciban con la cortesía y el respeto que se merece.

​Sus palabras me entraron por un oído y me salieron por el otro. Otra víctima del sistema de becas, otro chico tímido y asustado que no tardaría en desaparecer en la multitud, engullido por la indiferencia de nuestra escuela de élite. Otro rostro anónimo que olvidaríamos en cuestión de semanas. Hasta que el chico entró al salón y levanté la vista de mi teléfono.

​El chico estaba parado junto a la pizarra, con la cabeza gacha, sosteniendo una mochila gastada de tela raída que apenas cerraba, como si cargara con el peso del mundo en su espalda. El uniforme de la escuela le quedaba ligeramente holgado de los hombros, como si fuera una talla demasiado grande, y sus zapatos desgastados contrastaban dolorosamente con los mocasines de cuero pulido de los demás chicos. Pero en cuanto levantó la vista y cruzó sus ojos con los míos —un segundo fugaz que pareció durar una eternidad—, el mundo a mi alrededor se detuvo, el aire se volvió irrespirable y el zumbido constante de la clase desapareció por completo.

​Tenía los ojos de un color extraño, fascinante, entre azul y verde, como el mar embravecido en una tormenta, y parecían absorber toda la luz del salón con una intensidad que me dejó sin aliento. Su cabello, rubio y demasiado largo, caía sobre su frente con una despreocupación natural que me resultaba ofensiva. No encajaba en mi mundo. No tenía dinero, no vestía ropa de marca, ni siquiera hablaba con el tono altanero y seguro al que estaba acostumbrada. Y sin embargo, o quizás precisamente por eso, mi mente superficial, mi ego inflado por años de adoración ciega, se encaprichó de él de la manera más errónea posible.

​Él no me admiraba, ni siquiera me temía. Era inmune a mi brillo, a mi dinero, a mi apellido, a todo lo que yo representaba. Y eso era algo que mi ego, acostumbrado a poseerlo todo y a doblegar a todos a mi voluntad, no estaba dispuesto a tolerar. Ese desprecio silencioso, esa indiferencia palpable, me hirió más profundamente que cualquier insulto que me hubieran lanzado jamás.

​—Su nombre es Máximiliano —dijo el director antes de retirarse, cerrando la puerta detrás de él con un estruendo sordo que resonó en el silencio sepulcral de la clase—. Por favor, háganlo sentir bienvenido. Que encuentre en el Saint Mary’s un lugar para crecer y prosperar.

​Máx —así es como lo llamaríamos todos, aunque en mi cabeza ya tenía otros nombres, más crueles, más infantiles, más hirientes— caminó directo al último pupitre, el que estaba junto a la ventana rota, el rincón donde acumulábamos el polvo, las telarañas y el desdén de los privilegiados. No miró a nadie más. Se sentó en silencio, con la espalda recta, sacó un cuaderno ajado y un lápiz medio gastado, y se perdió en sus pensamientos, como si el resto de nosotros no existiéramos.

​Desde el primer instante en que cruzamos miradas —un segundo fugaz en el que él apartó los ojos con una mezcla de fastidio y timidez que me hizo hervir la sangre—, algo dentro de mí se fracturó. Una chispa de obsesión, oscura y retorcida, se encendió en mi pecho, una necesidad imperiosa de romper esa armadura de indiferencia. Quería que me mirara, no con la admiración vacía de Mateo, sino con la intensidad cruda y visceral que intuía detrás de esos ojos azul verdoso. Quería doblegar su orgullo, obligarlo a levantar la mirada y conseguir que reconociera mi existencia de la única forma en que mi mente distorsionada creía posible, sintiendo el peso de mi desprecio para luego rogar por mi atención.

​Si no podía tener su admiración, tendría su odio, pero no me quedaría con la indiferencia. No sabía que estaba firmando un contrato con el diablo, y que el precio de aquel día, de aquel juego macabro de miradas y desprecio, sería mucho más alto de lo que jamás podría haber imaginado. No sabía que, al intentar destruirlo, terminaría destruyéndome a mí misma, y que años más tarde, terminaría rogando por recuperar tan solo un segundo de aquel tiempo que ahora desperdiciaba en vanidades.

​—¿Te fijaste en el nuevo becado? —le comenté a Vanessa en el almuerzo, señalándolo con la barbilla mientras él comía un sándwich solitario, casi escondido, en una banca del patio trasero—. Parece sacado de una película de terror independiente. Ese uniforme le queda fatal, es como si lo hubieran recogido de un contenedor de basura.

​—¿Máx? Por favor, Camila, huele a pobreza desde aquí, hasta su sándwich parece barato —se burló ella, dando un mordisco a su manzana con un gesto de asco exagerado—. Ni se te ocurra acercarte, vas a arruinar tu reputación y la de todo el grupo. Estás advertida, no te juntes con la chusma.

​Pero yo ya no escuchaba sus consejos. El error ya estaba en marcha, la maquinaria del destino ya había comenzado a girar implacablemente. Mi obsesión por llamar su atención no tomó la forma de una sonrisa amable o un gesto de bienvenida, sino de la crueldad más refinada que dictaba mi burbuja de privilegio. Había nacido en cuna de oro, la vida me había dado todo lo que quería, y ahora, por primera vez, me negaban lo único que realmente me importaba, aunque en ese momento yo fuera la última persona en saberlo.

​Y así comenzó todo: entre el brillo falso de mi mundo y la sombra real del suyo, en una danza macabra que nos arrastraría a los dos al abismo de la culpa y el deseo. Un abismo profundo y oscuro del que, quizás, ninguno de los dos saldría con vida. O, al menos, no con el corazón intacto.

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Marianeichon
hola🥰
Manu
Hola Luna, creo que cada novela tiene una temática diferente y se escribe según nuestro ánimo. Me encantó la historia la sentí muy rica. Siempre para adelante y atrás ni para coger impulso. Toma lo bueno y desecha lo malo. Eres una gran escritora y te he visto en ranking y ganandp premios asi qué ánimos.
Judy
No es de tus mejores obras, pero valoro tu esfuerzo
Judy
Cómo valoro el esfuerzo que implica narrar una historia, que yo no soy capaz de hacer, me vos abstener de hacer una crítica negativa, solo darte un empujón para que los sigas intentando, tienes capacidad, solo la tienes que pulir, no te des por vencida.
Nancy romero
linda historia
Carola Videla 😈🇦🇷
todo se paga en la vida y a ella le va a tocar
Manu
Hay mucho orgullo entre ellos. Ella lo ama pero no ha sabido hacerlo y él, no la ama tal vez siente lastima y siento que hasta la detesta.
Manu
Voy a sacar las cuentas. Me regresé desde el capítulo 20👀
Se gradúan de la secundaria como a los 17.
En el tercero año de la universidad van a la fiesta osea de 20 años y sale panzona la Camila, más los 9 meses de panza son 21 años. Retoma la universidad y sale de 23 años. Llega a la oficina. Osea el niño anda de 2 años para 3 y ellos sobre los 24 años.
Algo así 👀👀👀👀👀
Luna Azul: Siiiiii👏
total 1 replies
Manu
Que malos son😭
Manu
Que feo este papá
Como le va a decir bastarfo al nieto
Manu
OMG se embarazó 🥺 esta chavala si que la vive pasiando a cada rato.
Manu
Entonces todo esto pasa cuando están 3er año de la carrera de ambos
Nancy romero
autora cuantos años tienen camila y maximilano
Luna Azul: 23 rondando los 24
total 2 replies
Nancy romero
esta chica hace todo mal
Nancy romero
osea la violo y ella no dijo ni hizo nada
Manu
Autora me dejaste sin palabras. Bien guapo es el Maxi... Pobre pero guapo
Manu
Ese hijo de la chingada la violó
Manu
Y hay cada estúpido. Me da rabia pero ella no ha puesto sus limites
Manu
Ya caes mal Mateo
Manu
¿Será que maxi esta calando en su corazoncito
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