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La Esposa Del Jefe ¿SOY YO?

La Esposa Del Jefe ¿SOY YO?

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Traiciones y engaños / Equilibrio De Poder / Reencuentro / Pérdida de memoria / Romance de oficina
Popularitas:132.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Adriánex Avila

Fabiana Camargo es una joven trabajadora, responsable y muy afectuosa, Aunque es un imán para meterle en problemas y meter la pata. Una accidente lo cambia todo, pone su ya frágil mundo patas arriba.

Lo peor de todo esto es que tiene enemigos terroríficos y resulta que la esposa, esa esposa es ella.

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap. 16 No me voy

Lucian cerró los ojos un momento, inclinándose levemente hacia el frescor de su mano en su frente.

—Sólo un poco de mareo, Fabi —murmuró, su voz más débil de lo que admitiría normalmente.

—El baño caliente, quizás.

—No, es fiebre —insistió Fabiana, con su tono de "no me discutas" que había perfeccionado con sus padres. —Tienes que volver a la cama. Ahora.

Para su sorpresa, Lucian no discutió. Asintió, con una docilidad que lo hacía parecer años más joven. Se dejó guiar por Fabiana de vuelta al pasillo.

Lucrecia se acercó entonces; su expresión ya no era solo de diversión, sino de seriedad.

—¿Necesitas algo? ¿Té? ¿Medicinas? —preguntó en voz baja.

—Un termómetro, por favor. Y tal vez esa sopa que decías que ibas a quemar —respondió Fabiana, ya en modo práctico total.

Lucrecia asintió y fue a buscar el botiquín, dejándolos solos en el amplio y lujoso dormitorio. Fabiana ayudó a Lucian a acostarse, arropándolo con la misma eficiencia con la que lo había hecho en el hospital.

Él la agarró de la muñeca cuando ella se disponía a irse.

—No te vayas —susurró, y esta vez no era una orden caprichosa de su delirio. Era la petición de un hombre que se siente mal y no quiere estar solo.

Fabiana se quedó quieta. La línea entre su papel y sus sentimientos se volvió tan delgada que casi desapareció.

—No me voy —dijo, con una suavidad que no pretendía.

—Sólo voy a traer agua. Estaré aquí.

Al salir, se encontró con Lucrecia en el pasillo, que le entregaba el termómetro con una mirada elocuente.

—Ya veo —dijo Lucrecia, simplemente.

—¿Qué ves? —preguntó Fabiana, defensiva.

—Que esto se va a poner muy complicado cuando recupere la memoria —susurró Lucrecia, pero su sonrisa era de complicidad, no de advertencia.

—Porque lo que acabo de ver ahí dentro no se finge, cuñada. Y él lo está sintiendo, aunque no sepa por qué.

Fabiana entró en la habitación de Lucian con las mejillas encendidas por algo más que la prisa. Llevaba un antipirético y el termómetro digital como si fueran un escudo y una espada. Afuera, Lucrecia sonreía con complicidad; había visto más de lo que Fabiana quería admitir.

Era tan transparente. Se había delatado a sí misma. Ya no eran sólo "cositas" por su frío jefe cuarentón. Eran mariposas, revoloteando violentas y desordenadas, por este Lucian: el hombre que había despertado del coma no solo a una memoria falsa, sino a una vulnerabilidad auténtica. Un hombre que la veía, la sentía a su lado y no temía necesitarla. Esa dependencia honesta era mil veces más peligrosa que cualquier poder que él hubiera tenido sobre ella en la oficina.

—Lucian, toma esto —dijo, con una suavidad que le salía natural.

—Ahora, abre la boca. Te voy a tomar la temperatura.

Y él, el hombre que daba órdenes a un imperio, obedeció. Inclinó la cabeza hacia atrás y abrió la boca para ella, siendo el paciente más dócil del mundo. El pitido del termómetro confirmó la fiebre.

Lucrecia apareció en la puerta con un tazón de sopa humeante que, milagrosamente, no estaba quemada.

—Para el inválido consentido —dijo, dejándolo en la mesita de noche con una sonrisa. Su mirada, al encontrarse con la de Fabiana, fue un mensaje claro: "Lo sé. Y está bien."

Fabiana se centró en su tarea. Cuando el antipirético hizo efecto y la fiebre comenzó a ceder, se sentó al borde de la cama con el tazón. —Vamos, un poco. Para recuperar fuerzas —insistió, llevando una cuchara a sus labios con una paciencia infinita.

Lucian la miraba mientras comía, sus ojos grises todavía brillantes por la fiebre, pero llenos de una claridad emocional que la atravesaba.

—El médico dijo que esto podía pasar, ¿verdad? —murmuró él, entre sorbos.

—Sí, podría pasar —mintió ella, suavemente. El médico no había dicho nada de fiebres repentinas, pero ella, super Fabi al rescate, estaba ahí. Era su rol, su realidad ahora: estar ahí para él, para lo que fuera. Y la parte más aterradora era que ya no lo hacía solo por obligación o miedo.

Lo hacía porque verlo vulnerable le partía el corazón, y porque la forma en que la miraba… la hacía sentir como la persona más importante del mundo.

Mientras él terminaba la sopa y sus párpados comenzaban a pesar, Fabiana arregló las cobijas a su alrededor. Él buscó su mano una vez más y la apretó con fuerza.

—No te vayas —susurró, ya medio dormido. Era la misma petición, pero ahora sonaba a un ruego, no a una orden.

—No me voy —prometió, en voz baja.

—Duerme.

Y allí se quedó, sentada en la silla junto a su cama, observando cómo el sueño lo vencía, su mano aún caliente entre las de ella. Afuera, en el salón, Lucrecia guardaba silencio, respetando el momento.

Dentro, en el corazón de Fabiana, una verdad imposible de ignorar comenzaba a echar raíces entre el miedo y las mariposas: estaba cayendo, de verdad, por el hombre equivocado, en el momento más equivocado, y en medio de la mentira más grande de su vida.

A la mañana siguiente, Lucian despertó sin fiebre, lúcido y con más fuerza. Lo primero que vio fue a Fabiana, dormitando en la silla junto a su cama, su cabello rubio desordenado sobre el hombro, todavía con la ropa del día anterior. La había pasado cuidándolo toda la noche.

Un sentimiento extraño, cálido y abrumador, lo inundó. No era el cariño estructurado de su delirio, sino algo más primario, más profundo: gratitud. Y algo más, una atracción que no entendía, pero que sentía con una intensidad física.

Se levantó con cuidado, notando que el mareo había pasado. En lugar de despertarla, fue a su armario y tomó una manta de cachemira, envolviéndola con suavidad alrededor de sus hombros. Fabiana se movió ligeramente, murmurando algo ininteligible.

Lucrecia, que apareció en la puerta con dos tazas de café, se detuvo al ver la escena. Lucian, de pie, contemplando a Fabiana dormida con una expresión que ella nunca le había visto: una mezcla de ternura, curiosidad y… ¿Confusión genuina?

—¿Se te está pasando la fiebre o se te está pegando otra cosa? —susurró Lucrecia, entregándole una taza.

Lucian no apartó la mirada de Fabiana.

—No lo sé —respondió, en un tono extrañamente reflexivo.

—Pero sé que no quiero que se vaya.

1
Maribel Mendez Marrugo
créelo créelo, que ese hombre te ama de verdad ❤️
Maribel Mendez Marrugo
que si le vuelo un par de dientes para que reclame con gusto 😠
Maria Muñoz
Me encanta
MARCE MIRANDA
Fabiana., te pasas de todas las ridicules que la arpia de patricia te dijo, solo te preocupo te llame tonta..
Maria Eugenia Montoya
Excelente
Tere Jimenez
muy interesante la novela gracias felicidades ojalá y nos compartas el final
Tere Jimenez
muy buena jugada
Johann
👏👏👏👏
Tere Jimenez
en verdad tendrá amnesia
Yolandadanicie Peralta Erazo
por favor publiq los cap me encanto
Tere Jimenez
jajajaja jajajaja jajajaja muy interesante
Johann
Que mujer tan odiosa
Cecy Galan
EXCELENTE TRAMA NO TENGO PAOABRAS PARA DEDCRIBIR LA PERFECCION.
LO QUE ME CHOCA EN ESTE TIPO DE NO ELAS Q ES LA SRGUNDA VES Q ME ENCUENTRO CON ESO DE ACTUALIZAR Y PAGAR
DEVERIAN PONERLO AL PRINCIPIO Y AHORRARMELO.
CREAME Q SI TUVIERA NO REPARO .
ME QUEDARA CON LAS HANAS DE BER EL FINSL.
SUERTE CON ESTO.
Griselda Enrique
ahhh bueno con esta foto y la descripción de la tropita de elefante 🐘 que tiene es para enamorarce enseguisa
Melissa Tapia
espectacular como todos los de la autora
Dulce maria Canelon
valla Patricia te dieron un cachetadon con guantes blanco
Dulce maria Canelon
me imagino yo que a lo largo de su vida a escuchado ese calificativo cuando se dirigían a ella por ellos es que le duele un poco mas que los otros insultos, pero lo bueno de todo estos es que las personas que verdaderamente te aprecian saben ver tu verdadera esencia
Dulce maria Canelon
está Patricia necesita que le receten el cpu de un coñazo bien dado
Ale 🇨🇱
Sigue faltando un pedazo. Que fue lo que Lucian, le contó a Fab??
Yaz
Lucian hizo jaque mate con Patricia y su familia 😜😜😜😜
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