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Entre Dos Mundos

Entre Dos Mundos

Status: En proceso
Genre:Escuela / BL / LGBT
Popularitas:471
Nilai: 5
nombre de autor: Luis Fernando Sanchez

Mateo Rivera llega a una prestigiosa universidad de Estados Unidos con una beca que representa la oportunidad de cambiar su vida. Acostumbrado a luchar por cada oportunidad, sabe que no puede permitirse cometer errores. Alexander Whitmore, en cambio, nació rodeado de privilegios. Hijo de una de las familias más importantes de la ciudad, tiene un futuro prácticamente asegurado. Pero detrás de su apellido, su dinero y la imagen de una vida perfecta existe una presión que pocos conocen. Sus caminos se cruzan durante su primer día de universidad. Al principio, solo son dos estudiantes que comienzan a hablar. Después, poco a poco, se convierten en amigos. Entre conversaciones, miradas y momentos compartidos, algo comienza a cambiar entre ellos. Pero mientras Mateo empieza a descubrir lo que realmente siente, Alexander tendrá que enfrentarse a sus propios miedos. Porque enamorarse de Mateo significa desafiar un mundo al que siempre ha pertenecido. Un mundo donde las apariencias importan, donde su familia tiene una reputación que proteger y donde mostrar quién es realmente podría cambiarlo todo. Dos chicos. Dos mundos completamente diferentes. Una historia que comienza con una simple mirada. Entre Dos Mundos es una historia de amor, amistad, descubrimiento y valentía, donde ambos tendrán que decidir si vale la pena luchar por lo que sienten.

NovelToon tiene autorización de Luis Fernando Sanchez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10

Capítulo 10 — Un día lejos de todo

El martes comenzó como cualquier otro día en la universidad, pero para Mateo había algo diferente en el ambiente.

Quizá era porque la conversación de la noche anterior con Alexander todavía estaba en su cabeza.

Habían hablado durante casi una hora sin que ninguno pareciera querer terminar la llamada. No habían dicho nada extraordinario, pero Mateo había sentido una cercanía que no podía explicar.

Cuando llegó al campus, encontró a Daniel y Sophie sentados en una de las mesas del patio.

—Buenos días —dijo Mateo.

—Buenos días —respondió Sophie.

Daniel levantó la mano.

—Llegas tarde.

Mateo miró el reloj.

—Faltan quince minutos para la clase.

—Para mí eso es tarde.

Sophie negó con la cabeza.

—No le hagas caso.

Mateo se sentó.

—¿Cómo salió tu cita con Michael?

Sophie sonrió.

—Todavía no ha pasado.

—Pensé que era ayer.

—La cambiamos para el viernes.

Daniel intervino.

—Porque Sophie se puso nerviosa.

—No estaba nerviosa.

—Estabas nerviosa.

—No.

Mateo comenzó a reír.

—¿Y tú cómo sabes?

Daniel sonrió.

—Porque me llamó anoche.

Sophie lo miró.

—No tenías que decirlo.

—¿Qué tiene de malo?

—Nada.

Mateo observó a ambos.

Había algo en la manera en que se hablaban que comenzaba a parecerle diferente.

—Ustedes dos pasan mucho tiempo juntos últimamente.

Daniel y Sophie se miraron.

—Somos amigos —dijeron casi al mismo tiempo.

Mateo levantó las cejas.

—Claro.

Los dos se quedaron callados.

Antes de que pudieran continuar la conversación, Alexander apareció.

—Hola.

Mateo sonrió.

—Hola.

Alexander se sentó a su lado.

—¿Qué hacen?

—Nada —respondió Daniel—. Estamos hablando de Sophie.

—¿Qué pasó?

Sophie levantó una mano.

—No quiero hablar de eso.

Alexander sonrió.

—Entendido.

Mateo lo miró.

—¿Cómo estás?

—Mejor.

—¿Seguro?

—Sí.

Alexander sacó su teléfono.

—De hecho, quería preguntarte algo.

—¿Qué?

—¿Tienes planes para este sábado?

Mateo negó con la cabeza.

—No.

—¿Quieres salir conmigo?

Daniel abrió los ojos.

Sophie inmediatamente lo miró.

Alexander se dio cuenta de cómo había sonado la pregunta.

—Quiero decir… salir a algún lugar. Los dos.

Mateo sonrió.

—Sí.

—¿Sí?

—Sí.

Alexander sonrió.

—Perfecto.

Daniel se inclinó hacia Sophie y susurró:

—Los dos.

Sophie respondió en voz baja:

—Déjalos.

Pero estaba sonriendo.

El resto del día transcurrió entre clases y trabajos.

Por la tarde, Mateo recibió un mensaje de Alexander.

Alexander: Tengo una idea para el sábado.

Mateo: ¿Qué idea?

Alexander: Es sorpresa.

Mateo: No me gustan las sorpresas.

Alexander: Esta te va a gustar.

Mateo: Eso espero.

Alexander: Confía en mí.

Mateo dejó el teléfono.

Una sonrisa apareció en su rostro.

Daniel, que estaba trabajando en el mismo salón, lo observó.

—Otra vez.

Mateo levantó la mirada.

—¿Qué?

—Sonríes cuando lees sus mensajes.

—No.

—Sí.

—No.

Daniel se acercó.

—¿Qué te escribió?

Mateo bloqueó el teléfono.

—Nada.

—Claro.

—Concéntrate en tu trabajo.

Daniel sonrió.

—Eso intento.

El viernes por la tarde, Sophie finalmente tuvo su cita con Michael.

Antes de irse, buscó a Daniel.

—¿Crees que debería ir?

Daniel la miró.

—Sí.

—¿Y si sale mal?

—No va a salir mal.

—¿Cómo sabes?

—Porque eres tú.

Sophie sonrió.

—Eso no responde nada.

—Solo digo que quien salga contigo tendrá suerte.

Sophie se quedó callada.

—Gracias.

Daniel sonrió.

—Diviértete.

—Lo haré.

Sophie comenzó a caminar.

Después se detuvo.

—Daniel.

—¿Sí?

—Tú también deberías salir con alguien.

Daniel soltó una risa.

—¿Me estás buscando pareja?

—Tal vez.

—¿Por qué?

Sophie sonrió.

—Porque alguien tiene que soportarte.

Daniel se rio.

—Muy graciosa.

Ella se fue.

Daniel se quedó mirándola.

No entendía por qué esa despedida le había dejado una sensación extraña.

La cita de Sophie salió mejor de lo esperado.

Michael era tranquilo, amable y bastante divertido.

Hablaron durante horas.

Pero mientras caminaba de regreso a su residencia, Sophie no podía dejar de pensar en una conversación completamente distinta.

La que había tenido con Daniel.

Recordó cuando él le había dicho que quien saliera con ella tendría suerte.

Sonrió.

Después negó con la cabeza.

—No.

No quería sacar conclusiones.

Pero algo estaba cambiando entre ellos.

El sábado por la mañana, Mateo recibió un mensaje.

Alexander: Estoy afuera.

Mateo salió.

Alexander estaba apoyado contra el automóvil.

—Buenos días.

—Buenos días.

—¿Listo?

—Sí.

—Entonces vamos.

Mateo subió.

—¿Ahora sí me dirás a dónde vamos?

—No.

—Alexander.

—Confía en mí.

Mateo suspiró.

—Está bien.

Durante el trayecto, hablaron de cualquier cosa.

Música.

Clases.

Comida.

Películas.

Hasta que Alexander comenzó a conducir hacia una zona que Mateo no conocía.

Finalmente llegaron a un pequeño pueblo costero.

Mateo miró por la ventana.

—¿Aquí?

—Sí.

—¿Por qué?

Alexander estacionó.

—Porque quería enseñarte algo.

Caminaron hasta el paseo marítimo.

El océano se extendía frente a ellos.

El viento era fresco y había poca gente.

Mateo respiró profundamente.

—Está bonito.

—Lo sé.

—¿Vienes seguido?

—Antes.

—¿Con tu familia?

Alexander negó.

—Solo.

Mateo lo miró.

—¿Por qué?

Alexander tardó unos segundos.

—Cuando era adolescente venía aquí cuando necesitaba escapar un poco.

—¿De qué?

—De todo.

Mateo comprendió.

Continuaron caminando.

—Nunca había traído a nadie aquí —dijo Alexander.

Mateo se detuvo.

—¿En serio?

Alexander asintió.

—En serio.

Mateo sintió una extraña emoción.

—¿Por qué me trajiste?

Alexander lo miró.

—Porque quería compartirlo contigo.

Mateo no supo qué responder.

Continuaron caminando.

Después de recorrer el paseo marítimo, entraron a una pequeña cafetería.

Se sentaron junto a una ventana.

—¿Qué quieres? —preguntó Alexander.

—Café.

—Eso ya lo sabía.

—Entonces, ¿para qué preguntas?

—Para escucharlo de ti.

Mateo sonrió.

—Café.

Alexander pidió dos.

Mientras esperaban, Mateo observó el lugar.

—Me gusta esto.

—¿Qué cosa?

—Que hoy no estamos en la universidad.

Alexander asintió.

—A mí también.

—Aquí nadie nos conoce.

—Exactamente.

Mateo lo miró.

—¿Eso te importa?

Alexander se quedó pensando.

—A veces.

—¿Por tu familia?

—Por muchas cosas.

Mateo bajó la mirada.

—¿Te preocupa lo que la gente piense?

Alexander tardó en responder.

—Supongo.

—No pareces alguien al que le importe.

Alexander sonrió.

—Porque aprendí a fingir que no me importa.

Mateo lo observó.

—¿Y conmigo?

Alexander sostuvo su mirada.

—Contigo no quiero fingir.

El silencio apareció entre ellos.

Mateo sintió nuevamente aquella sensación en el pecho.

No era incómoda.

Pero tampoco era normal.

Por la tarde regresaron a la ciudad.

Antes de llegar a casa, Alexander preguntó:

—¿Te divertiste?

Mateo sonrió.

—Mucho.

—Me alegra.

—Gracias por traerme.

—Gracias por venir.

Cuando llegaron, Mateo bajó del automóvil.

—Nos vemos el lunes.

—Sí.

Mateo cerró la puerta.

Alexander bajó la ventana.

—Mateo.

—¿Qué?

—¿Podemos hacer esto otra vez?

Mateo sonrió.

—Claro.

Alexander sonrió también.

Mateo se alejó.

Esa misma noche, Sophie llamó a Daniel.

—¿Cómo estuvo tu día? —preguntó él.

—Bien.

—¿Y tu cita?

—Bien también.

—¿Te gustó?

—Sí.

Daniel sonrió.

—Me alegra.

—Michael es agradable.

—Entonces todo bien.

Hubo un silencio.

—Daniel.

—¿Sí?

—¿Puedo preguntarte algo?

—Claro.

—¿Por qué nunca sales con nadie?

Daniel se quedó callado.

—No sé.

—¿Nunca te ha gustado alguien?

Daniel miró hacia el techo.

—Quizá.

Sophie se acomodó.

—¿Quién?

—No puedo decirte.

—¿Por qué?

—Porque todavía no sé qué siento.

Sophie sintió curiosidad.

—¿La conozco?

Daniel soltó una pequeña risa.

—Sí.

Sophie guardó silencio.

—Bueno —dijo finalmente—. Cuando lo descubras, me cuentas.

—Lo haré.

—Buenas noches, Daniel.

—Buenas noches, Sophie.

La llamada terminó.

Daniel dejó el teléfono.

Se quedó mirando la pantalla.

Después abrió una conversación.

La de Sophie.

No sabía cuándo había empezado a buscar su nombre cada vez que quería hablar con alguien.

Y eso comenzaba a preocuparlo.

Mientras tanto, Alexander estaba en su habitación.

Su teléfono vibró.

Era un mensaje de su padre.

Richard: Mañana tienes que acompañarme a una reunión.

Alexander respondió:

Alexander: Tengo trabajo de la universidad.

La respuesta de Richard llegó pocos segundos después.

Richard: La universidad puede esperar.

Alexander apretó el teléfono.

Escribió:

Alexander: No.

Borró el mensaje.

Volvió a escribir.

Alexander: Está bien.

Envió la respuesta.

Se dejó caer sobre la cama.

Entonces recordó el día.

El mar.

La cafetería.

Las conversaciones con Mateo.

La manera en que Mateo había sonreído cuando le dijo que podían volver.

Y nuevamente apareció esa pregunta que llevaba semanas evitando.

¿Por qué Mateo se había convertido en la persona con la que más quería estar?

Alexander cerró los ojos.

No tenía la respuesta.

Pero cada vez estaba más cerca de encontrarla.

Y, al mismo tiempo, comenzaba a comprender algo que podía complicarlo todo.

Su padre ya había comenzado a observarlo.

Y tarde o temprano también comenzaría a observar a Mateo.

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Max
Pero si ya te lo dijo 👀
Max
Ya cállese señor 🤗
Max
Más inoportuno imposible 🤦‍♀️
Max
Juju alguien se está enamorando 👀
Max
Awww 🤭
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