A sus veintiocho años, Damiano Serrano lo tiene todo... o eso cree el mundo. Es el brillante y millonario fundador de una de las empresas automotrices más prestigiosas del mercado, un hombre hecho a sí mismo a base de sudor, rabia y un pasado oscuro que prefiere mantener bajo llave. Pero detrás de los motores de lujo y las portadas de revistas, Damiano arrastra las secuelas de una adolescencia perdida en las adicciones y un rencor asfixiante hacia su padre. Está solo, atormentado por una esterilidad que hiere su orgullo, y con un vacío en el pecho que ninguna cantidad de dinero puede llenar.
Scarlett Moreno tiene veintidós años, una meta clara y las reglas muy bien definidas. Para ella, trabajar en la aplicación más exclusiva de acompañantes íntimas es solo un negocio; un intercambio frío de tiempo por dinero que le permite asegurar su futuro. No hay espacio para los sentimientos en su agenda.
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Capitulo 14
El lunes por la tarde, el campus de la universidad bullía con la energía vibrante de los estudiantes que salían de los últimos exámenes del semestre. El sol del verano de 2026 caía con fuerza sobre los senderos de piedra, pero Scarlett Moreno apenas lo notaba. Caminaba a paso rápido, vestida con unos pantalones cortos vaqueros deshilachados que acentuaban la longitud de sus piernas bronceadas, unas zapatillas deportivas blancas y un top de tirantes de canalé negro que se ceñía a su silueta juvenil. Su mente seguía atrapada en la intensidad de la noche del cumpleaños de Damiano; todavía podía sentir el calor de sus manos tatuadas grabándose en su piel y la ternura desgarradora con la que él la había sostenido en la penumbra de su habitación.
Estaba a punto de cruzar la arcada principal que daba a la avenida cuando una figura elegante pero siniestra se interpuso en su camino.
Un hombre maduro, de porte aristocrático pero con una mirada cargada de un cinismo rancio, la observaba apoyado en la puerta de un sedán negro de vidrios polarizados. Llevaba un traje gris de tres piezas perfectamente entallado, pero su expresión emanaba una decadencia moral que a Scarlett le erizó los vellos de la nuca.
Héctor Serrano. El fantasma del pasado de Damiano.
—Scarlett Moreno, supongo —dijo Héctor, con una voz arrastrada, modulada con una falsa cortesía que hizo que el estómago de la joven se comprimiera—. Vaya. Tengo que admitir que mi hijo tiene un gusto impecable. Eres una criatura verdaderamente exquisita.
Scarlett se detuvo en seco, apretando las correas de su mochila contra sus hombros. Su pulso se disparó, pero la madurez y la cabeza fría que la caracterizaban impidieron que mostrara debilidad. Dio un paso atrás, manteniendo una distancia prudencial, y lo miró con sus ojos avellana encendidos por una mezcla de desprecio y cautela.
—¿Quién es usted y qué quiere? —preguntó ella, con la barbilla en alto y esa firmeza juvenil que tanto volvía loco a Damiano.
—Oh, vamos, preciosa. Sé que sabes perfectamente quién soy. Vi tu cochecito rojo en el edificio de mi hijo la noche de su cumpleaños —Héctor soltó una carcajada seca, un sonido desagradable que rompió la armonía de la tarde—. Pero lo más interesante no es que pases las noches en su penthouse. Lo verdaderamente jugoso es *cómo* llegaste allí. *Velvet*, ¿verdad? Una aplicación muy sofisticada para hombres con demasiado dinero y chicas con... necesidades urgentes.
La revelación cayó sobre Scarlett como un cubo de agua helada. El secreto que tanto había intentado proteger, la verdad detrás de su tarifa de cincuenta mil dólares para pagar la clínica de su abuela, estaba en manos del peor enemigo de Damiano. Sintió una punzada de pánico, pero no permitió que se reflejara en su rostro carnosamente delineado.
—No sé de qué me está hablando. Si me disculpa, tengo prisa —intentó rodearlo, pero Héctor se movió con rapidez, interceptándola y acortando la distancia. El olor a tabaco rancio y colonia cara que desprendía el hombre hizo que Scarlett sintiera una repulsión física inmediata.
—Escúchame bien, niña —el tono de Héctor se volvió frío, sibilante, perdiendo cualquier rastro de amabilidad—. No juegues conmigo. Sé que eres su acompañante exclusiva. Sé que mi hijo, en su infinita estupidez y debilidad emocional, se ha enamorado de ti hasta las trancas. Está rompiendo todas las reglas del mercado por una estudiante de veintidós años. Y ahí es donde entras tú.
—Damiano no le debe nada a usted. Déjalo en paz —siseó Scarlett, con los dientes apretados, sintiendo una rabia protectora que le quemaba el pecho. La atracción posesiva que sentía por el magnate la empujaba a defenderlo como a nada en el mundo.
—Damiano me lo debe todo. Sin mi apellido no sería nadie —replicó Héctor, con los ojos brillando de una forma maquiavélica—. *Serrano Motors* está a punto de lanzar sus acciones a la bolsa internacional. La reputación lo es todo en este momento. ¿Te imaginas lo que pasaría si los inversores tradicionales descubrieran que el director ejecutivo de la empresa más importante del país gasta millones en una red de escorts para calmar sus traumas de la infancia? ¿Que el gran Damiano Serrano es tan patético que tiene que pagar por el amor de una universitaria?
Héctor dio un paso más, quedando a escasos centímetros de ella. Su mirada recorrió el escote del top negro de Scarlett con una lascivia condescendiente que la hizo desear abofetearlo.
—La prensa destrozaría su reputación en veinticuatro horas. Sus acciones caerían en picado. Su imperio de acero se desmoronaría y él volvería al callejón oscuro de donde lo saqué —amenazó Héctor en un susurro venenoso—. A menos, claro, que seas una chica inteligente.
—¿Qué es lo que quiere? —Scarlett contuvo el aliento, con el corazón golpeándole las costillas como un tambor de guerra.
—Quiero que te alejes de él. Desaparece. Cancela el contrato de *Velvet*. Dile que te aburriste, que encontraste a otro hombre, lo que sea que una chica de tu clase use para romper el corazón de un idiota con dinero —Héctor sonrió, mostrando sus dientes perfectos—. Si te alejas de forma definitiva antes del viernes, este secreto se quedará en esta calle. Si te quedas, hundiré a mi hijo y me encargaré de que tu nombre aparezca en la portada de todos los periódicos como la oportunista que arruinó a los Serrano. Piensa en tu abuela, Scarlett. Sería una lástima que el dinero para su tratamiento médico se esfumara debido a un escándalo público.
Las palabras finales de Héctor fueron la estocada definitiva. Sabía lo de su abuela. Tenía toda la información para destruirla.
Héctor se dio la vuelta, subió al asiento trasero del sedán negro y el coche arrancó a toda velocidad, perdiéndose en el tráfico de la tarde y dejando a Scarlett sola en la acera, bajo la sombra de la arcada de la universidad.
El aire se volvió espeso. Scarlett sintió que las piernas le temblaban y tuvo que apoyarse contra una de las columnas de piedra del campus. Las lágrimas de frustración y miedo amenazaron con desbordar sus ojos avellana, pero las contuvo con fiereza. La advertencia de Camila regresó a su mente como un eco burlón: *«No olvides el precio de tus sentimientos, Scar. Si le entregas tu corazón a un cliente, te vas a quedar sin nada»*.
Había ignorado las reglas. Se había permitido el lujo de enamorarse de un titán corporativo rodeado de tiburones, y ahora el precio no solo lo pagaría ella, sino el hombre que amaba. La sensualidad idílica de sus noches en el penthouse, la complicidad de sus citas reales y el refugio que habían construido juntos estaban bajo la sombra de una amenaza implacable.
Scarlett sacó su teléfono con los dedos temblorosos. Abrió la interfaz oscura de *Velvet* y contempló el perfil de Damiano, su único cliente, el hombre que le había devuelto la vida mientras ella intentaba salvar la de su abuela. El deseo de correr a sus brazos y buscar su protección era inmenso, pero el miedo a ser la causa de su ruina la paralizó.
La pista de carreras de su romance contemporáneo acababa de llenarse de obstáculos mortales, y Scarlett se encontraba ante la decisión más difícil de su juventud: aferrarse al fuego de la pasión absoluta o soltar el freno de mano para salvar al hombre que le había enseñado el verdadero significado del control.