Elena, una joven de veinte años que ha crecido sola y enfrentando el rechazo constante, busca desesperadamente una oportunidad para sobrevivir tras abandonar la universidad. Su camino la lleva a una mansión solitaria como sirvienta, donde su única responsabilidad es Dante, un hombre de treinta y dos años devastado por un accidente que le arrebató su movilidad y su fe en el amor.
Abandonado por su esposa cuando más la necesitaba, Dante se oculta tras un antifaz y un profundo cinismo, decidido a hundirse en su propia miseria. Sin embargo, Elena no ha llegado a su vida para compadecerlo, sino para desafiar su oscuridad. En medio del silencio y el dolor, ambos descubrirán que, a veces, la única forma de sanar las cicatrices del pasado es permitiendo que alguien más, contra todo pronóstico, se atreva a mirar nuestras heridas sin miedo.
NovelToon tiene autorización de Luna Azul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
12.
ELENA DUARTE
Pasó una semana desde aquella cita nocturna en el jardín. Los mensajes pasaron de ser formales a mensajes románticos.
Faltaba una semana para la cena. Empecé a sentir estrés porque aunque yo fuera solo la compañía que iba a cuidar a Dante, no tenía nada presentable. Había tomado un día para realizar una pequeña compras, pero fue más camiseta, short para dormir, ropa interior y unas faldas.
Esa noche Dante me pidió subiera a su cuarto a eso de las 10 de la noche, a él le gustaba que observáramos el cielo, platicábamos un rato y a veces ocurría un par de besos.
— Dante, es necesario que yo asista a esa cena. He estado pensando un montón en algo, ¿Quiénes van a ir a ese evento?
— Supongo que las personas adineradas de esta ciudad, si es para recaudar fondos para la fundación de mi hermana lo indicado es gente con dinero.
— Entonces todos ahí van vistiendo de etiqueta.
—¿Eso es lo que te preocupa?
— Honestamente, sí. No tengo nada que se ajuste a esa ocasión.
— ¿Quieres que vayamos de compras?
— Dante — lo miré con expresión de preocupación — a usted no le gusta salir. Será mejor que me quede y usted va con doña Gabriela.
Él inhaló aire y exhaló.
— Si quieres podemos ir de compras. Mi hermana tiene una tienda de ropa, bueno, tiene varias boutiques.
— Me daría pena con ella.
— No deberías. Vamos a ir mañana. Voy a pedirle a Gerald que nos lleve.
— No me voy a sentir cómoda.
— Amor — tomó mis manos— yo también voy a hacer un esfuerzo grande, así que por favor vamos.
— Sí. Está bien. Creo que ya es hora que me vaya, son casi las 12 y tengo que levantarme temprano.
Dante llevó mi mano a su mejilla, como si necesitaba afecto. Su mirada decía algo que su boca callaba. Llevé mis manos a su cabello y jugué un poco con él.
— Quédate conmigo esta noche — su voz se sentía con duda pero a la vez con urgencia.
No dije nada. Retiré mis manos de su cabello. Me tomó por sorpresa esa petición.
— ¿No quieres? ¿Es por condición física?
— No, no es por eso. Como decirte — fruncí el entrecejo.
— No te preocupes mi niña, es demasiado rápido. Y seguro que — él guardó silencio.
— Soy virgen — lo dije tan bajito que apenas pudo escucharse.
Dante sonrió.
— Niña tonta, que te has imaginado. Solo quiero que descansemos juntos.
Sentí mis mejillas arder de la vergüenza.
— Perdón — apreté mis ojos a la misma vez que mordía mis labios.
— Aunque yo quisiera hacerte mía, no podría. Quien haría todo el trabajo serias tú — Dante sonrió.
— ¿Yo? — abrí mis ojos tan grandes como una lechuza.
Mi mente voló en pensamientos indebidos. Mi corazón parecía salirse y sentí como mi cuerpo se helaba por el nervio. Es un hecho que algún perderé mi virginidad.
— Dante — me acerqué a darle un beso — Buenas noches. Mejor me voy a mi cuarto. No tengo miedo de ti sino de mí.
Salí del cuarto. Toqué mí pecho. Mis piernas me temblaban. Ese deseo sexual afloró. Mis dudas entraron, si abría la puerta y me acostaba con él. Quería a Dante, lo quería de verdad.
Abrí la puerta, Dante estaba en la cama.
— Dejé el celular en tu cuarto — era mentira, yo lo traía en mi bolsillo — Lo busco y salgo.
Me acerqué a la cama.
Él tomó su celular y marcó mi número. El brillo del celular me delató.
— Pero traes tu celular en tu bolsillo.
Me puse nerviosa.
— Ah. Cierto. Qué tonta soy.
— Ven — Me acerqué, él tomó la mano — Si quieres quedarte solo quédate.
Él me jaló a la cama. Me senté a su lado. Acarició mis mejillas, pasó sus dedos por mis labios. No soporté más y me acerqué a besarlo.
Él se sentó en la cama. Yo me subí a él.
— ¿Te lastimo?
— No.
Nos volvimos a besar. Estos besos eran tan diferentes a los que siempre nos dábamos.
— Tú decides hasta donde llegar.
Dante acariciaba mis brazos mientras me miraba en silencio. Metió sus manos por debajo de mi camisa. Todo eso era nuevo para mí, esas sensaciones.
No tuvimos sexo. Pero esa noche bastó con todas las caricias y besos. Era como hacer el amor sin sexo. Me recosté en su pecho, escuchaba su corazón palpitar tan fuerte que no dejó dormir.