NovelToon NovelToon
La Menor De Los Sergeyev

La Menor De Los Sergeyev

Status: En proceso
Genre:Mafia / Omegaverse / Romance
Popularitas:328
Nilai: 5
nombre de autor: milu carrera

Isabella Sergeyev huyó de Rusia después de la muerte de su abuela, cargando una culpa que la convirtió en una alfa fría y despiadada. Tres años después, un problema relacionado con la explotación de omegas la obliga a regresar al mundo que abandonó. Pero entre enemigos ocultos, secretos y una guerra que crece en silencio, Sasha se convierte en la única persona capaz de romper las murallas que Isabella construyó alrededor de sí misma.

NovelToon tiene autorización de milu carrera para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 11

Nueva York brillaba como si nada pudiera tocarla.

  Desde la terraza del edificio, Isabella observaba la ciudad extendida bajo la noche. Las luces de los rascacielos cortaban la oscuridad como promesas que nadie pensaba cumplir. El viento frío movía su cabello oscuro, pero ella no se movía. Tenía las manos apoyadas en la baranda y la mirada fija en el horizonte.

  Había tomado una decisión.

  Y sabía que cambiaría todo.

  La puerta de la terraza se abrió detrás de ella.

  —Sabía que te encontraría aquí.

  La voz de Sasha siempre llegaba suave, pero firme. Isabella no se giró de inmediato. Cerró los ojos un segundo antes de responder.

  —Nueva York es más honesta de noche.

  Sasha se acercó hasta quedar a su lado.

  —O más peligrosa.

  Isabella sonrió apenas.

  —Eso también.

  El silencio entre ambas nunca era incómodo. Era intenso. Como si cada pausa estuviera cargada de palabras no dichas.

  Sasha cruzó los brazos.

  —Te vas.

  No fue una pregunta.

  Isabella finalmente la miró.

  —Sí.

  —¿Rusia?

  —Sí.

  El viento sopló más fuerte. Abajo, la ciudad seguía su ritmo indiferente.

  Sasha sostuvo su mirada.

  —¿Es por tu padre?

  —No.

  —¿Por tu abuela?

  Isabella tragó saliva.

  —En parte.

  La verdad era más compleja. Rusia no era solo un país. Era su origen. Su deuda. Su herencia. Su apellido.

  Sergeyev.

  —Mañana por la noche —dijo Isabella.

  Sasha la observó unos segundos.

  —Eso suena definitivo.

  —Lo es.

  La tensión se instaló entre ellas como electricidad contenida.

  Isabella dio un paso hacia Sasha.

  —Quiero que vengas conmigo.

  El silencio que siguió fue más pesado que el anterior.

  Sasha parpadeó una sola vez.

  —¿A Rusia?

  —Sí.

  —¿A tu casa?

  —Sí.

  Sasha soltó una risa baja, incrédula.

  —Isabella… tu familia no es precisamente hospitalaria.

  —No te estoy invitando como visita.

  Sasha la miró con atención renovada.

  —Entonces ¿cómo?

  Isabella no respondió enseguida. Se acercó lo suficiente como para que sus respiraciones se mezclaran en el aire frío.

  —Como alguien que quiero a mi lado.

  La frase no fue exagerada. Fue directa.

  Sasha sostuvo la mirada, pero algo en sus ojos cambió. No era miedo. Era conciencia.

  —Si voy —dijo lentamente—, no hay punto medio. Rusia no es un juego. Allá todo tiene consecuencias.

  —Lo sé.

  —Tu padre me analizará como si fuera un movimiento estratégico.

  —Lo hará.

  —Y tu madre me olerá antes de que yo cruce la puerta.

  Isabella casi sonríe.

  —También.

  Sasha la observó en silencio.

  —Entonces decime la verdad —susurró—. ¿Por qué querés que vaya?

  Isabella sostuvo su mirada sin titubear.

  —Porque no quiero regresar sola.

  Eso fue lo más honesto que había dicho en meses.

  Sasha sintió el peso de esas palabras.

  No era una alfa pidiendo compañía.

  Era una mujer pidiendo presencia.

  —Está bien —dijo finalmente.

  Isabella no respiró.

  —Voy con vos.

  El alivio no se mostró en su rostro, pero se sintió en su postura.

  —Gracias.

  Sasha negó suavemente.

  —No me agradezcas todavía.

  El vuelo fue largo y silencioso.

  Milan ya los esperaba en el aeropuerto privado en Moscú. Alto, elegante, con esa mirada calculadora que nunca dejaba de evaluar el entorno. Cuando vio a Sasha bajar detrás de Isabella, su expresión cambió apenas.

  —Así que es ella —murmuró.

  Isabella no respondió.

  Milan se acercó a Sasha y le tendió la mano.

  —Milan.

  —Sasha.

  El apretón fue breve, firme.

  —Nuestro padre no sabe que llegás hoy —dijo Milan mirando a Isabella.

  —No.

  —Entonces esto va a ser interesante.

  La mansión Sergeyev se alzaba imponente bajo el cielo ruso. Cubierta de nieve, iluminada con luces cálidas, parecía más un palacio que una casa.

  Cuando el auto atravesó los portones, Isabella sintió el peso del pasado caer sobre sus hombros.

  La puerta principal se abrió antes de que tocaran.

  Su madre apareció primero.

  Su expresión pasó de sorpresa… a emoción contenida.

  —Isabella…

  Pero entonces vio a Milan detrás.

  Y su gesto cambió.

  Su padre apareció un segundo después.

  La mirada de Aleksander era fría, analítica.

  —No informaste tu llegada —dijo.

  Isabella salió del auto.

  —No era necesario.

  Entonces Sasha bajó también.

  El silencio fue inmediato.

  La madre de Isabella fue la primera en notar el aroma distinto en el aire.

  —¿Y ella?

  Milan intervino antes de que Isabella hablara.

  —Vino conmigo.

  Eso hizo que ambos padres lo miraran con atención renovada.

  Porque Milan no se movía sin propósito.

  —Explíquense —ordenó Aleksander.

  Isabella sostuvo la mirada de su padre.

  —No vine sola.

  La sorpresa fue evidente.

  No porque Isabella trajera a alguien.

  Sino porque había elegido hacerlo sin pedir permiso.

  Su madre observó a Sasha con detenimiento.

  No con hostilidad.

  Con interés.

  —Entren —dijo finalmente.

  Pero la tensión no desapareció.

  Solo se trasladó al interior.

  Horas después, cuando la casa ya estaba en silencio, Isabella salió al jardín.

  La nieve crujía bajo sus botas.

  El aire era más frío que en Nueva York. Más puro. Más honesto.

  Sasha la siguió.

  —¿Siempre escapás cuando las cosas se ponen tensas? —preguntó.

  —No estoy escapando.

  Isabella se detuvo bajo el viejo roble que dominaba el jardín. El mismo árbol que había visto su infancia.

  —Estoy decidiendo.

  Sasha se acercó.

  El vapor de sus respiraciones se mezclaba en el aire helado.

  —En Nueva York me pediste que viniera —dijo Sasha—. Vine.

  Isabella asintió.

  —Lo sé.

  —¿Y ahora qué?

  Isabella dio un paso más cerca.

  Sus ojos eran oscuros, intensos.

  —Ahora quiero que seas mi omega.

  El silencio que siguió fue profundo.

  No fue una palabra ligera.

  No fue impulsiva.

  Fue clara.

  Sasha sostuvo su mirada.

  —¿Sabés lo que significa eso en tu familia?

  —Sí.

  —¿Sabés lo que significa para mí?

  —Sí.

  Isabella no apartó los ojos.

  —No te lo pido como símbolo. Ni como estrategia. Te lo pido porque te elijo.

  El viento movió el cabello de Sasha.

  —¿Es una orden, alfa?

  Isabella negó.

  —Es una elección. Y quiero que sea tuya también.

  El mundo pareció quedarse quieto.

  Sasha dio un último paso.

  Lo suficiente para que sus frentes casi se tocaran.

  —Si acepto —susurró—, no me protejas encerrándome.

  —Nunca.

  —Camina conmigo.

  —Siempre.

  El silencio se rompió cuando Sasha cerró la distancia.

  —Entonces sí.

  Isabella dejó salir el aire lentamente.

  —¿Sí?

  —Sí, Isabella.

  La nieve comenzó a caer otra vez.

  Dentro de la casa, detrás de una ventana iluminada, dos figuras observaban en silencio.

  Y comprendían que aquello no era solo romance.

  Era una alianza.

  Y en la familia Sergeyev, las alianzas lo cambian todo.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play