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Ecos De Luz Y De Sombras

Ecos De Luz Y De Sombras

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Mundo mágico / Amor prohibido / Completas
Popularitas:702
Nilai: 5
nombre de autor: Solecito87

Guiada por sueños inquietantes, Elara cruza el límite prohibido y encuentra a Kael, el hombre que ha visto en sus visiones. Lo que parece un encuentro imposible revela un lazo antiguo entre Luz y Sombra, despertando una profecía capaz de traer salvación... o destrucción. ✨🌙

NovelToon tiene autorización de Solecito87 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

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Elara

Las noches ya no eran silenciosas.

Desde que el colgante estalló y Kael desapareció, el aire mismo parecía respirar a mi alrededor. Los susurros del bosque, las luces que danzaban entre los árboles, el pulso bajo mi piel… todo respondía a algo que no entendía, pero que me pertenecía.

Me había refugiado en una cabaña abandonada en los límites del valle. No podía volver a la aldea: el Consejo de Luz me consideraría una amenaza, una herejía. Pero tampoco podía quedarme quieta. Cada sueño, cada sombra del amanecer, me traía la misma visión: sus ojos.

Kael.

El nombre me sabía a prohibición y consuelo al mismo tiempo.

Cuando cerraba los ojos, podía sentirlo al otro lado del velo, prisionero, encadenado, pero aún respirando conmigo. A veces, su voz me encontraba en medio del sueño.

Otras, la sentía como un roce en mi piel, un calor que me hacía temblar.

Aquella noche, el cielo se encendió de un rojo extraño. Las estrellas temblaron.

Y supe que el vínculo estaba cambiando.

Me levanté, guiada por un instinto más fuerte que la razón, y caminé descalza hacia el bosque. El suelo era húmedo, tibio, como si la tierra misma me reconociera.

El aire olía a hierro y a flores nocturnas.

De pronto, lo oí.

Su voz.

> Elara…

Me detuve. La voz venía de todas partes, profunda, rota, urgente.

—Kael —susurré—, ¿dónde estás?

> Cerca… y lejos. Te oigo. Te siento.

Cerré los ojos.

Su presencia me envolvió como una ola.

Por un instante, el mundo desapareció, y me encontré en otro lugar: un espacio de sombras líquidas, donde la luz parecía respirar entre grietas.

Y ahí estaba él.

Encadenado.

Las sombras se enroscaban en sus brazos, su torso desnudo brillaba con una energía oscura, y los ojos… esos ojos ardían con un deseo que no pertenecía a ningún mundo.

—No debiste venir —me dijo, con una mezcla de furia y ternura—. Te advertí.

—No vine —respondí, temblando—. Fue el vínculo.

Su mirada bajó a mi pecho. La marca brillaba con el mismo símbolo que quemaba en su piel.

Un hilo de energía unía ambos, latiendo como un corazón compartido.

—Elara… si sigues abriendo el lazo, el Velo caerá.

—Déjalo caer, entonces.

Sus labios se curvaron apenas. Una sonrisa triste.

—No sabes lo que dices. Las sombras te devorarían.

—Y aun así… —di un paso hacia él—, prefiero eso a no volver a verte.

El aire se tensó.

El lazo entre nosotros vibró con fuerza, y la oscuridad alrededor pareció estremecerse.

Podía sentir el calor de su piel sin tocarlo, el latido frenético bajo esas cadenas.

—No puedes salvarme —susurró—. Pero puedes condenarte conmigo.

—Quizás eso sea lo que quiero.

Entonces lo sentí: una corriente, un fuego suave que me recorrió los brazos hasta llegar al pecho. Las marcas se encendieron, y una ráfaga de energía nos envolvió a ambos.

Por un momento, el abismo se llenó de luz.

Y lo toqué.

Solo un segundo, pero fue suficiente.

Su piel era calor y vacío al mismo tiempo, un contraste imposible. Mi respiración se quebró, y su mirada se oscureció.

No hubo palabras.

Solo esa sensación que ni el tiempo ni los dioses podían contener.

Cuando el resplandor se desvaneció, estaba sola otra vez.

El bosque, el silencio, el frío.

Pero en el aire quedó su promesa.

> Pronto, Elara. Muy pronto.

Kael

El contacto lo cambió todo.

Sentí su luz correr por mis venas, encender cada sombra que me encadenaba. Las runas del sello ardieron, y las criaturas que me vigilaban se apartaron con miedo.

Elara había atravesado los límites, y su poder no era solo de la Luz.

Era algo más antiguo.

Algo que podía destruirnos a ambos.

Las cadenas se fracturaron una a una, como huesos rotos. El dolor era insoportable, pero tras él, una libertad desconocida me esperaba.

Escuché el rugido del Consejo resonando en la distancia:

“¡Kael Dravon ha despertado!”

No importaba.

Solo podía pensar en ella.

Atravesé el abismo. Las sombras se abrían ante mí, furiosas pero temerosas. El aire del Velo se volvió denso, vivo. Las barreras del mundo temblaban.

Y por primera vez en siglos, vi una grieta de luz frente a mí.

Toqué su borde, y la energía me golpeó el pecho.

Elara estaba al otro lado.

Su corazón, su miedo, su deseo. Todo lo sentía como si fuera mío.

—Espérame —murmuré—. No habrá fuerza ni dios que me aparte de ti.

Di un paso.

Y el Velo rugió.

Una tormenta de sombras me envolvió, intentando impedir mi paso. Voces antiguas susurraban mi nombre, recordándome quién era: guardián, no amante; sombra, no hombre.

Pero yo ya no era solo eso.

Su toque me había cambiado.

—Kael Dravon de las Sombras —gritó una voz en la tormenta—. Reniegas de tu esencia.

—Reniego del vacío —respondí con rabia—. Ella me dio fuego.

Y con un último empuje, crucé.

Elara

El cielo rugió.

Un relámpago atravesó el bosque, y el viento se alzó con un grito que parecía venir del corazón de la tierra.

Sabía lo que significaba.

Kael estaba cruzando.

El poder del Velo se desbordó, creando un vórtice de energía oscura en el centro del valle. Las raíces se levantaron, los árboles se quebraron, y la marca de mi pecho ardió con una intensidad insoportable.

Caí de rodillas, jadeando.

Mi cuerpo temblaba, dividido entre el dolor y una euforia salvaje.

De pronto, lo sentí.

Una presencia detrás de mí.

Calor.

Respiración.

—Dijiste que me esperarías —susurró una voz ronca, demasiado real.

Me giré.

Y ahí estaba.

Kael.

De pie, cubierto de sombras que se disipaban lentamente, como humo ante el amanecer. Su piel brillaba con reflejos plateados, los ojos encendidos como brasas.

Y cuando sonrió, el mundo se detuvo.

—No puede ser… —dije, con la voz quebrada.

Él se acercó, despacio, con ese andar peligroso que parecía no tocar el suelo.

—Te lo prometí.

Quise hablar, pero su mirada me calló.

No había amenaza, ni rencor.

Solo deseo.

Puro, profundo, contenido.

—Elara —susurró—, me has condenado.

—¿Por qué lo dices así? —pregunté, temblando.

—Porque ahora que te tengo cerca… —su voz bajó, un roce de fuego— no pienso dejarte ir.

Mi respiración se volvió errática. Su proximidad quemaba, y aun así, no quise retroceder.

El vínculo latía entre nosotros, uniendo nuestras almas en un pulso único.

Su mano se alzó y rozó mi mejilla.

Una descarga me recorrió entera.

—Kael… —murmuré—. Esto está mal.

—Lo sé. —Su sonrisa fue un suspiro—. Pero dime, ¿se siente mal?

No pude responder.

La respuesta ya estaba escrita en mi piel.

El silencio que siguió fue tan intenso que hasta el bosque contuvo el aliento.

Y en ese instante, su frente rozó la mía.

No un beso.

No todavía.

Solo una promesa, suspendida en el aire.

El poder que compartíamos estalló en una ola de energía que iluminó el valle.

Las sombras se mezclaron con la luz, creando un resplandor imposible.

Y por un segundo, los dos mundos —Luz y Sombra— respiraron al unísono.

Entonces, en el horizonte, un sonido rompió el hechizo: el cuerno del Consejo de la Luz.

Nos habían encontrado.

Kael apretó mi mano.

—Huirán de nosotros —dijo.

—Entonces huiremos juntos.

Y sin más palabras, el guardián de las sombras y la hija de la luz desaparecieron entre la tormenta, perseguidos por dioses que temían lo que ni ellos podían detener:

el amor destinado a destruir o salvarlo todo.

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