La caja apareció el día del funeral de su abuela.
Dentro había cientos de cartas con fechas imposibles, nombres desconocidos y secretos que jamás debieron existir.
Cuando Luna abre una de ellas, despierta en una vida diferente. Una donde es cantante. Otra donde nunca nació. Otra donde alguien la ama desesperadamente.
Pero cada carta tiene un precio.
Con cada viaje, un recuerdo desaparece.
Y cuando descubre una carta escrita por ella misma desde el futuro, comprende una aterradora verdad:
Alguien está borrando historias.
Y ella podría ser la siguiente.
✨ "Toda historia tiene un final. Algunas tienen más de uno."
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Capítulo 7: La Octava Carta
Luna no podía respirar.
Las palabras seguían resonando en su cabeza.
"Porque tú me lo pediste."
El hombre de negro permanecía inmóvil al otro extremo del andén.
Observándola.
Esperando.
Como si supiera exactamente lo que estaba sintiendo.
—No.
La voz de Luna apenas fue un susurro.
—Eso no tiene sentido.
—Lo sé.
—Jamás pediría algo así.
—También dijiste eso la quinta vez.
El corazón comenzó a latir con fuerza.
Demasiada fuerza.
—¿Qué descubrí?
El hombre guardó silencio.
—¿Qué descubrí para querer olvidar?
La niebla comenzó a moverse nuevamente.
La niña observaba la escena sin intervenir.
Como si ya conociera aquella conversación.
Como si la hubiera visto antes.
Muchas veces.
—No puedo decírtelo.
—¿Por qué?
—Porque aún no estás preparada.
Luna sintió rabia.
Miedo.
Frustración.
Todo al mismo tiempo.
—¡Siempre dices lo mismo!
Por primera vez la expresión del hombre cambió.
Pareció sorprendido.
—¿Qué?
—Eso.
Siempre dices eso.
Un extraño silencio cayó sobre la estación.
El hombre sonrió lentamente.
—Entonces realmente estás recordando.
La estación comenzó a desmoronarse.
Los bancos desaparecieron.
Las vías se quebraron.
La niebla giró violentamente a su alrededor.
Luna sintió que volvía a caer.
Y cuando abrió los ojos...
Estaba nuevamente en el altillo.
Respirando con dificultad.
Empapada en sudor.
La caja seguía frente a ella.
Las cartas seguían allí.
Como si nada hubiera ocurrido.
Pero algo era diferente.
Muy diferente.
Había un nuevo sobre.
Uno que antes no estaba.
Negro.
Completamente negro.
Sin nombre.
Sin fecha.
Sin ninguna inscripción.
Luna sintió un escalofrío.
El sobre parecía absorber la luz.
Como si estuviera hecho de oscuridad.
No quería tocarlo.
No quería abrirlo.
Y sin embargo...
Sabía que iba a hacerlo.
Temblando, tomó el sobre.
La temperatura descendió inmediatamente.
El aire del altillo se volvió frío.
Demasiado frío.
Como una noche de invierno.
El sello se abrió solo.
La carta cayó al suelo.
Y una única frase apareció escrita.
"No deberías haber regresado."
Luna sintió que la sangre se congelaba.
Porque aquella letra era diferente.
No era la misma de las otras cartas.
Era más agresiva.
Más desordenada.
Más humana.
Como si hubiera sido escrita con miedo.
O con desesperación.
De repente aparecieron nuevas palabras.
Lentamente.
Como tinta surgiendo desde el papel.
"Él te está mintiendo."
El corazón comenzó a acelerarse.
—¿Quién?
La carta respondió.
"El hombre de negro."
Luna retrocedió.
—¿Qué?
"Si sigues escuchándolo, ocurrirá lo mismo que antes."
Las manos le temblaban.
Porque aquella carta contradecía todo.
Absolutamente todo.
—¿Quién escribió esto?
La tinta volvió a moverse.
Y la respuesta apareció.
"Yo."
Luna frunció el ceño.
—¿Yo?
La siguiente frase apareció lentamente.
"Tu versión original."
El mundo pareció detenerse.
El reloj del altillo marcó las tres y treinta y tres.
La misma hora.
Siempre la misma hora.
Y entonces escuchó un golpe.
Uno suave.
Proveniente de abajo.
Luna se quedó inmóvil.
Otro golpe.
Más fuerte.
Luego otro.
Y otro.
Alguien estaba golpeando la puerta principal de la casa.
A esa hora.
Lentamente comenzó a bajar las escaleras.
Intentando no hacer ruido.
Intentando escuchar.
Los golpes continuaban.
Constantes.
Pacientes.
Como si quien estuviera afuera supiera que tarde o temprano abrirían.
Llegó hasta el recibidor.
La casa estaba completamente oscura.
Todos dormían.
Solo ella parecía escuchar aquellos golpes.
Tac.
Tac.
Tac.
El sonido continuó.
Luna se acercó a la puerta.
Y miró por la mirilla.
Su corazón dejó de latir.
Porque al otro lado estaba ella.
Una mujer idéntica a ella.
Los mismos ojos.
El mismo rostro.
El mismo cabello.
Pero más pálida.
Más triste.
Y con una expresión llena de desesperación.
La mujer levantó lentamente una hoja de papel.
Contra el vidrio.
Para que Luna pudiera leerla.
Solo había una frase.
Una frase que hizo que las piernas dejaran de responderle.
"NO ABRAS LA OCTAVA CARTA."
Y entonces la mujer levantó la mirada.
Directamente hacia la mirilla.
Directamente hacia Luna.
Y sonrió.
Continuará...