No sé en qué momento exacto mi vida dejó de ser “normal”. A veces pienso que fue un día cualquiera, uno de esos en los que el sol entra por la ventana como si nada pudiera romperse. Pero se rompió. Y no hizo ruido.
Me llamo Dara. Y antes de que todo cambiara, yo era solo una adolescente más con sueños demasiado grandes para mi realidad. Pero mi vida dio un giro de la noche a la mañana. Un giro que me hizo reinventarme, crecer de repente ... pero déjenme contarles algo: No hay dificultades grandes porque los sueños sí se cumplen
NovelToon tiene autorización de Lisi A. A para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 15 La pregunta que cambió nuestro destino
Hay mentiras que destruyen vidas.
Y hay mentiras que llegan disfrazadas de verdad.
Las peores son esas.
Las que parecen reales.
Las que tienen pruebas.
Las que te obligan a dudar incluso de aquello que conoces con el corazón.
Y yo estaba a punto de descubrirlo.
Las semanas posteriores a la reconciliación con Fabio habían sido las más felices que recordaba en mucho tiempo.
No perfectas.
Pero felices.
Por primera vez no sentía que cargaba el mundo entero sobre mis hombros.
Por primera vez tenía a alguien caminando a mi lado.
No delante.
No detrás.
A mi lado.
Fabio seguía respetando mis tiempos.
Mis inseguridades.
Mis miedos.
Y eso me hacía amarlo más cada día.
Mateo estaba encantado.
Parecía convencido de que Fabio le pertenecía.
Y sinceramente...
Creo que Fabio también se sentía igual.
Aquella mañana comenzó como cualquier otra.
Hasta que Fabio recibió una llamada.
Yo estaba organizando unas bandejas cuando vi cómo su expresión cambiaba.
Frunció el ceño.
Se alejó unos pasos.
Escuchó.
Y después respondió algo que no alcancé a entender.
Cuando colgó parecía preocupado.
Muy preocupado.
—¿Pasa algo?
Pregunté.
Fabio guardó el teléfono.
—Nada grave.
—Eso no me convence.
Sonrió apenas.
—Es un asunto pendiente del pasado.
Sentí una pequeña incomodidad.
—¿Valeria?
Su mirada se oscureció.
—Sí.
Mi estómago se tensó.
Fabio suspiró.
—Dice que necesita ayuda.
—¿Ayuda para qué?
—No lo sé exactamente.
Su respuesta me gustó todavía menos.
—¿Y vas a verla?
—Parece importante.
Aquellas palabras despertaron una sensación desagradable dentro de mí.
Pero intenté ignorarla.
Porque confiaba en él.
O al menos quería confiar.
—Está bien.
Fue lo único que dije.
Fabio se acercó.
Besó mi frente.
—Volveré pronto.
Y se marchó.
Sin imaginar que estaba caminando directamente hacia una trampa.
Valeria tenía todo preparado.
Todo.
Cada detalle.
Cada movimiento.
Cada fotografía.
Cada mentira.
Porque cuando el amor se convierte en obsesión, algunas personas dejan de distinguir entre lo correcto y lo incorrecto.
Y Valeria había cruzado esa línea hacía tiempo.
Horas después apareció en la cafetería.
Yo estaba sola atendiendo unas mesas.
Fabio aún no había regresado.
Cuando la vi entrar, sentí un escalofrío.
—Hola, Dara.
Su sonrisa parecía amable.
Pero sus ojos no.
Nunca sus ojos.
—¿Qué quieres?
Pregunté directamente.
Ella pareció divertida.
—Vine a mostrarte algo.
Sacó su teléfono.
Y lo colocó frente a mí.
El mundo se detuvo.
Fotografías.
Varias.
Fabio y ella.
Juntos.
Muy juntos.
Demasiado juntos.
En una de ellas parecían abrazados.
En otra, Valeria tenía una mano apoyada sobre su pecho.
Y en la última...
Mi respiración se cortó.
Parecía que Fabio estaba acariciándole el rostro.
Sentí que toda la sangre abandonaba mi cuerpo.
—¿Qué es esto?
Mi voz apenas salió.
Valeria bajó la mirada fingiendo tristeza.
—La verdad.
—No.
—Sí.
Suspiró.
—Sabía que terminarías descubriéndolo tarde o temprano.
Las lágrimas comenzaron a acumularse.
—Estás mintiendo.
—¿De verdad lo crees?
Porque estas fotos son bastante claras.
Mi corazón latía con violencia.
—¿Por qué haces esto?
Valeria sonrió.
Una sonrisa cargada de lástima.
—Porque mereces saberlo.
Fabio nunca dejó de amarme.
Sentí un nudo enorme en la garganta.
—Eso no es cierto.
—¿No?
Se inclinó ligeramente hacia mí.
—Entonces pregúntate algo.
¿Por qué fue corriendo cuando lo llamé?
¿Por qué sigue ayudándome?
¿Por qué sigue apareciendo cada vez que lo necesito?
No tuve respuesta.
Porque una parte de mí también se lo preguntaba.
Y Valeria lo sabía.
—Dara...
Su voz se volvió más suave.
Más venenosa.
—Tú eres una distracción.
Una forma de castigarme.
De darme celos.
Pero tarde o temprano volverá conmigo.
Porque la historia de Fabio siempre empezó conmigo.
Y terminará conmigo.
Aquello fue suficiente.
Tomé las fotografías.
Y salí de la cafetería.
Necesitaba respuestas.
Ahora.
Encontré a Fabio una hora después.
Acababa de regresar.
Parecía cansado.
Confundido.
Y al verme comprendió inmediatamente que algo iba mal.
—Dara...
Le lancé las fotografías.
—Explícame esto.
El color abandonó su rostro.
—¿Qué demonios...?
—¡Explícamelo!
Mi voz tembló.
Las lágrimas ya corrían libremente.
—¿Es verdad?
¿Todavía la amas?
¿Todavía sigues corriendo detrás de ella?
¿Soy solamente una forma de hacerla sufrir?
—¿Qué?
No.
Dios, Dara...
No.
—¡Entonces dime qué estoy viendo!
Fabio observó las imágenes.
Una por una.
Y cuanto más las veía más enfadado parecía.
—Maldita sea.
—¡Respóndeme!
—No es lo que parece.
—Siempre dicen eso.
—Porque es la verdad.
Por primera vez levantó la voz.
No conmigo.
Con la situación.
Con la impotencia.
—Me pidió ayuda porque supuestamente tenía problemas económicos.
Dijo que necesitaba hablar.
Cuando llegué ya estaba todo preparado.
Todo.
Lo observé.
Sin saber qué creer.
—¿Y estas fotos?
—Tomadas fuera de contexto.
Manipuladas.
Preparadas.
Mi corazón seguía dividido.
Y Fabio lo notó.
La decepción apareció en sus ojos.
—No me crees.
Bajé la mirada.
Porque no sabía qué creer.
Y aquello pareció romper algo dentro de él.
Durante unos segundos permaneció en silencio.
Pensando.
Decidiendo.
Hasta que hizo algo completamente inesperado.
Metió la mano en el bolsillo de su chaqueta.
Y se arrodilló.
Justo allí.
En medio de la cafetería.
Mi corazón dejó de latir.
—Fabio...
Su mirada encontró la mía.
Llena de amor.
De miedo.
De esperanza.
—Estoy cansado de que el pasado siga interfiriendo en nuestro futuro.
Sacó una pequeña caja.
Y mis ojos se llenaron de lágrimas.
—No tenía planeado hacerlo así.
Ni hoy.
Ni de esta manera.
Abrió la caja.
Un anillo sencillo brilló bajo las luces de la cafetería.
—Pero ya no quiero esperar.
Las lágrimas corrían sin control.
—Fabio...
Su voz tembló.
—Dara, no quiero ser solamente el hombre que te ama.
No quiero ser solamente quien te acompaña.
No quiero ser una visita en tu vida.
Sus ojos se humedecieron.
—Quiero ser tu hogar.
Quiero despertar contigo.
Quiero ver crecer a Mateo.
Quiero estar cuando tenga pesadillas.
Cuando tenga problemas en la escuela.
Cuando aprenda a montar bicicleta.
Mi respiración se quebró.
—Quiero estar en cada capítulo de sus vidas.
Toda la cafetería había quedado en silencio.
Pero yo solo podía verlo a él.
—Mateo no necesita buscar un padre.
Porque si me permites hacerlo...
Quiero serlo para siempre.
Una lágrima cayó sobre el anillo.
—Dara...
Su voz apenas fue un susurro.
—¿Quieres casarte conmigo?
Y en ese instante comprendí que aquella pregunta no solo podía cambiar mi vida.
Podía cambiar la de los tres.
Para siempre.
Y mientras las lágrimas nublaban mi visión, una única pregunta resonó dentro de mí.
¿Sería capaz de creer en la felicidad después de todo lo que había vivido?
¿O dejaría que los fantasmas del pasado destruyeran también este futuro?
La respuesta estaba en mis labios.
Pero aún no había salido.
Más valiente 👏👏👏👏👏