Rosalind Lancaster lleva diez años atormentada por una pesadilla que se repite una y otra vez.
Una boda.
Un hombre de ojos color malva.
Una noche de terror.
Y una muerte tan cruel que aún puede sentir el dolor al despertar.
Convencida de que aquellos sueños son recuerdos de una vida pasada, Rosalind ha jurado no volver a casarse jamás. Sin embargo, la presión de su familia aumenta cada día, y un matrimonio arreglado con un hombre mucho mayor parece inevitable.
Cuando su mejor amiga le propone un trato inesperado, Rosalind cree haber encontrado la solución perfecta: contraer un matrimonio temporal con Damien Blackwood, el frío y poderoso heredero de una de las familias más influyentes del país. Él necesita una esposa para reclamar un importante fideicomiso; ella necesita escapar de un destino que detesta.
Es un acuerdo simple.
Un año de matrimonio.
Sin amor.
Sin sentimientos.
Sin interferir en la vida del otro.
Pero convivir con Damien resulta mucho m
NovelToon tiene autorización de N. Garzón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 5
Rosalind
Corría.
Mis pulmones ardían.
Las ramas desgarraban mi vestido blanco mientras atravesaba un inmenso jardín envuelto en niebla.
No sabía de quién huía.
Solo sabía que debía escapar.
La noche era oscura.
Demasiado oscura.
Apenas podía distinguir los árboles del bosque que se extendía frente a mí.
Escuché un disparo.
El sonido resonó en la distancia.
Luego otro.
Y otro más.
Mi corazón golpeó con violencia contra mis costillas.
No me atreví a mirar atrás.
Seguí corriendo.
Mis zapatos se hundían en la tierra húmeda.
Las lágrimas nublaban mi visión.
Entonces tropecé.
Caí de rodillas dentro de un lodazal.
El barro me cubrió las manos y parte del vestido.
Intenté levantarme.
No pude.
Mis piernas parecían demasiado pesadas.
Como si algo invisible me sujetara.
El miedo comenzó a apoderarse de mí.
Escuché pasos.
Lentos.
Seguros.
Alguien se acercaba.
No.
Él se acercaba.
Mi respiración se volvió errática.
Intenté arrastrarme.
El barro me lo impidió.
Entonces una sombra apareció frente a mí.
Levanté la mirada.
Aquellos ojos malva.
Otra vez.
Siempre los mismos ojos.
Siempre la misma sensación de terror.
No podía distinguir su rostro.
La oscuridad lo cubría por completo.
Solo veía su sonrisa.
Una sonrisa cruel.
Macabra.
Como la de un depredador observando a una presa herida.
Levantó un arma.
Quise gritar.
No salió ningún sonido.
El disparo iluminó la noche.
Sentí el impacto.
Un dolor insoportable atravesó mi cabeza.
Y todo se volvió negro.
---
Me desperté de golpe.
El corazón me latía tan fuerte que parecía querer escapar de mi pecho.
Llevé una mano a mi frente.
Estaba temblando.
—Otra vez...
Aquella pesadilla era nueva.
Jamás había visto ese bosque.
Jamás había sentido aquel disparo.
Me incorporé lentamente.
Intenté recordar algo más.
Cualquier detalle.
Un nombre.
Un lugar.
Una voz.
Nada.
Todo desaparecía en cuanto despertaba.
Como arena entre los dedos.
Suspiré.
Aquellas pesadillas se estaban volviendo cada vez más reales.
Y eso era precisamente lo que más miedo me daba.
---
Los siguientes días transcurrieron entre discusiones familiares y visitas constantes de Victoria.
Finalmente había conseguido convencer a mis padres de retrasar cualquier anuncio oficial con Viktor Wordwood.
No fue sencillo.
Victoria les aseguró que existía otro pretendiente.
Uno mejor.
Mucho mejor.
Según ella, un hombre al que mis padres jamás podrían rechazar.
Naturalmente, mi curiosidad aumentó.
Y también mi ansiedad.
Porque todo aquello dependía de que Damien Blackwood aceptara.
---
Aquella tarde un elegante automóvil negro atravesó las puertas de la propiedad Lancaster.
Desde la ventana del salón observé cómo avanzaba por el camino principal.
Mi madre prácticamente brillaba de emoción.
—Rosalind, compórtate.
—Siempre me comporto.
—No hagas comentarios sarcásticos.
—No prometo nada.
Cuando el automóvil se detuvo, la puerta se abrió.
Y entonces apareció él.
Alto.
Cabello castaño perfectamente peinado.
Hombros anchos.
Traje oscuro impecable.
Tenía una presencia difícil de ignorar.
De esas personas que entran en una habitación y hacen que todos los demás parezcan menos importantes.
Mi madre sonrió.
—Es Damien Blackwood.
—Ya lo veo.
Respiré profundamente.
Victoria había sido clara.
Debíamos fingir que nos conocíamos.
Aunque jamás nos hubiéramos visto.
Bajé las escaleras.
No era propio de mí correr hacia un pretendiente.
Pero tampoco era propio de mí aceptar uno.
Así que decidí no preocuparme demasiado por las apariencias.
Cuando llegué al vestíbulo, Damien ya había entrado.
Sus ojos negros se posaron sobre mí.
Me observó durante apenas unos segundos.
Lo suficiente para analizarme.
Lo suficiente para juzgarme.
No me gustó.
—Rosalind —dijo con absoluta naturalidad—. Cuánto tiempo sin verte.
Mentiroso.
—Lo mismo digo, Damien.
Igual de mentirosa.
Mi madre parecía encantada.
Damien saludó a mis padres con perfecta educación.
Incluso logró que mi padre sonriera.
Eso era casi un milagro.
---
La conversación formal duró cerca de media hora.
—Señor Blackwood —dijo mi padre—, su abuelo fue un hombre extraordinario.
—Lo fue.
—Sus negocios siguen creciendo.
—Intento honrar su legado.
—Y lo hace bastante bien.
Damien agradeció el cumplido con una leve inclinación de cabeza.
Educado.
Controlado.
Demasiado controlado.
Parecía incapaz de cometer un error.
Aquello me resultó irritante.
---
Finalmente nos enviaron a caminar por los jardines.
Mis dos hermanas menores actuaban como acompañantes.
O, más exactamente, como espías.
Caminaban varios pasos detrás de nosotros.
Escuchando absolutamente todo.
—La señora Sterling me explicó lo que necesita —dije.
—¿Y qué entendió exactamente?
—Que necesita una esposa para reclamar una herencia.
—Correcto.
—Y usted.
—¿Y yo?
—Necesita una esposa desesperadamente.
Una esquina de sus labios se elevó.
—No me considero desesperado.
—Aceptó conocerme.
—Buen punto.
Sonreí.
Primera victoria.
Aunque pequeña.
—Yo tampoco deseo casarme —continuó.
—Coincidimos en algo.
—Será la única vez.
Lo miré.
—Qué optimista.
—Qué sarcástica.
—Lo tomo como un cumplido.
—No lo era.
Perfecto.
Ya me estaba molestando.
Y por la forma en que me observaba, sospechaba que yo también le estaba molestando a él.
Curiosamente, aquello me hizo sentir más cómoda.
Al menos era sincero.
—Si acepta este acuerdo —continuó—, el matrimonio será temporal.
—Eso esperaba.
—No interferiré en su vida.
—Excelente.
—Y espero la misma cortesía.
—No suelo perseguir hombres.
—Me tranquiliza saberlo.
Rodé los ojos.
—¿Siempre es tan encantador?
—Solo cuando estoy haciendo un esfuerzo.
Mi paciencia comenzó a agotarse.
—Ahora entiendo por qué sigue soltero.
—Y yo entiendo por qué rechazó a tantos pretendientes.
Nos observamos durante varios segundos.
Ninguno dispuesto a retroceder.
Finalmente ambos sonreímos.
Apenas un poco.
Porque los dos habíamos llegado exactamente a la misma conclusión.
Podíamos soportarnos.
Quizás.
---
Más tarde Damien pidió hablar a solas con mi padre.
La reunión duró cerca de una hora.
Cuando finalmente salió del despacho, estrechó la mano de mi padre.
Ambos parecían satisfechos.
Muy satisfechos.
Cuando el automóvil desapareció por el camino principal, mi padre se volvió hacia mí.
—Hija.
—¿Sí?
—Qué grata sorpresa nos has dado.
Intenté parecer inocente.
—¿De verdad?
—Con razón no querías casarte con Wordwood.
—Eso era bastante evidente.
Mi padre sonrió.
—Un Blackwood es infinitamente mejor.
Mi madre asintió con entusiasmo.
Entonces mi padre añadió:
—Y además rechazó la dote.
Me detuve.
—¿Qué?
—No aceptó ni una moneda.
Parpadeé.
—¿Por qué?
—Dijo que no la necesitaba.
Por primera vez en mucho tiempo me quedé sin palabras.
Y aunque me molestaba admitirlo...
Aquello me hizo sentir curiosidad.
Porque Damien Blackwood acababa de hacer algo que ningún otro pretendiente había hecho jamás.
en su propia casa, con su familia...
aquí hay un gatote bien encerrado... 😰😱😭
esto está de Lokos 😰😱
hay no que 💩😰😱