Ella era una científica que renace en un nuevo mundo. Ahora tiene magia y puede dedicarse a cumplir sus sueños.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Oscuridad 2
No supo cuánto tiempo había pasado.
Quizás unas horas.
Quizás un día.
Quizás habían pasado años.
O quizás...
Había pasado toda una vida.
Ya no podía medir el tiempo.
No tenía cuerpo.
No sentía frío.
No sentía calor.
No podía mover las manos ni los pies.
Ni siquiera sabía si estaba respirando.
Solo existía.
Una conciencia flotando en medio de una oscuridad interminable.
[¿Estoy muerta?]
La pregunta apareció en su mente.
No hubo respuesta.
[Definitivamente estoy muerta].
Era una conclusión bastante razonable.
Después de todo, recordaba perfectamente el laboratorio.
La explosión.
El vapor tóxico.
El sellado del lugar.
Y finalmente...
La oscuridad.
[Entonces, ¿por qué sigo pensando?]
No tuvo tiempo de encontrar una respuesta.
Porque de repente, algo apareció frente a ella.
Una imagen.
Al principio era borrosa.
Después comenzó a aclararse.
Era una habitación pequeña.
Había varias personas alrededor de una cama.
Y sobre aquella cama...
Una bebé.
La niña tenía el cabello completamente blanco.
No era un blanco grisáceo ni plateado.
Era un blanco puro, casi brillante.
Sus ojos verdes, todavía pequeños, se movían lentamente mientras observaba el mundo que la rodeaba.
[Qué bebé tan bonita].
La protagonista se quedó mirando.
Dos personas vestidas con túnicas se acercaron a la pequeña.
Parecían magos.
Uno de ellos tomó a la bebé entre sus brazos.
—Es muy pequeña...
—Pero está sana.
—¿Crees que podremos criarla?
—Por supuesto.
La imagen cambió.
La bebé creció.
Ya no era una bebé.
Ahora era una niña pequeña.
Corría por los pasillos de un enorme templo.
Su cabello blanco se movía detrás de ella mientras llevaba una pequeña túnica.
—¡Espérenme!
Los magos que la habían adoptado caminaban delante de ella.
Ella corría para alcanzarlos.
Y entonces comenzaron las lecciones.
La niña creció, cumplio catorce años y ya aprendía magia.
Al principio apenas podía hacer aparecer una pequeña chispa.
Después logró mover objetos.
Más tarde consiguió crear pequeñas barreras.
Cada vez que conseguía hacer algo nuevo, sonreía orgullosa.
[Es bastante aplicada].
La protagonista sintió una extraña familiaridad al verla estudiar.
La niña podía pasar horas practicando.
Se equivocaba.
Volvía a intentarlo.
Fallaba.
Volvía a intentarlo.
[Definitivamente es de las mías].
La escena cambió nuevamente.
La niña ya era una adolescente.
Después una joven.
Su cabello blanco había crecido hasta su cintura.
Había aprendido a utilizar la magia de manera impresionante.
Era especialmente buena utilizando magia de curación.
Podía cerrar heridas.
Reducir el dolor.
Detener hemorragias.
Incluso podía recuperar parcialmente la energía de otras personas.
[Una sanadora].
La protagonista observó fascinada.
[Con una magia así podría haber sido una excelente investigadora].
Luego la imagen volvió a cambiar.
La joven llevaba un hermoso vestido.
Estaba frente a un hombre.
Un marinero.
Era alto, fuerte y tenía la apariencia de alguien acostumbrado a pasar largos períodos en el mar.
Ella sonreía.
Él también.
Parecían felices.
[Oh... se va a casar].
La protagonista observó la escena con una pequeña sonrisa.
[Espero que sea un buen hombre].
La boda pasó rápidamente frente a sus ojos.
Después vino un barco.
El océano.
Una nueva tierra.
La joven abandonaba el lugar donde había crecido para acompañar a su esposo.
El destino era el Imperio de Oriente.
Al principio todo parecía maravilloso.
La joven estaba emocionada.
Observaba las calles.
Los mercados.
Los edificios.
La gente.
Parecía estar comenzando una nueva vida.
[Quizás finalmente será feliz].
Pero entonces...
La imagen cambió.
Las calles del imperio ya no parecían tan hermosas.
Había hombres armados por todas partes.
Bandidos.
Personas heridas.
Gritos.
Peleas.
Y el hombre que había sido su esposo...
Ya no sonreía.
Su expresión se había vuelto fría.
Su voz era áspera.
—Cúrala.
La joven se acercó rápidamente a una persona herida.
—Está bien.
Puso las manos sobre la herida.
Una luz apareció.
La lesión comenzó a cerrarse.
[¿Qué está pasando?]
La protagonista frunció el ceño.
Al principio pensó que se trataba de una situación aislada.
Pero no lo era.
La escena volvió a cambiar.
Otra persona herida.
Otra curación.
Otra.
Y otra.
Y otra.
La joven pasaba sus días utilizando su magia para curar a los hombres que pertenecían a una banda de bandidos.
Ya no salía.
Ya no estudiaba.
Ya no tenía tiempo para sí misma.
Solo curaba.
Una herida.
Después otra.
Luego otra más.
Hasta que comenzó a verse agotada.
—No puedo más...
El marinero la miró con indiferencia.
—Todavía quedan personas por curar.
—Mi mana...
Ella bajó la mirada hacia sus manos.
La energía mágica que normalmente recorría su cuerpo era cada vez menor.
—Necesito descansar.
El hombre se acercó.
—Puedes descansar cuando terminemos.
La joven obedeció.
Porque confiaba en él.
Porque era su esposo.
Porque había abandonado su hogar para seguirlo.
Porque pensaba que aquello era solamente una etapa difícil.
Pero la etapa nunca terminó.
Pasaron los días.
Las semanas.
Los meses.
Cada vez tenía menos mana.
Su rostro estaba pálido.
Su cuerpo más delgado.
Sus pasos más lentos.
Hasta que un día...
No pudo curar a uno de los heridos.
La luz apareció sobre sus manos.
Pero desapareció casi inmediatamente.
—Lo siento...
El marinero la observó.
—Inténtalo otra vez.
—No puedo.
—¡Te dije que lo intentes!
Ella retrocedió.
—No tengo mana, necesito descansar..
El hombre la miró con desprecio.
Y por primera vez...
La protagonista comprendió algo.
[Él nunca la quiso].
No la había llevado al Imperio de Oriente para construir una vida juntos.
La había llevado porque podía utilizarla.
Porque su magia era útil.
Porque podía curar a sus hombres.
Porque podía mantener con vida a los bandidos.
La joven había sido convertida en una herramienta.
La imagen volvió a cambiar.
Ahora estaba sola.
Muy sola.
Sentada en una habitación pequeña.
Ya no tenía fuerzas, ni para comer.
Su cabello blanco estaba desordenado.
Sus ojos habían perdido el brillo que tenían cuando era niña.
Miró hacia una pequeña ventana.
A través de ella podía verse el cielo.
Y entonces comenzó a llorar.
—Quiero volver...
Su voz era apenas un susurro.
—Quiero volver a casa...
La protagonista sintió un nudo en el pecho.
[¿Por qué nadie va a buscarla?]
La joven apretó las manos contra su pecho.
—Nunca debí haberme ido...
Una lágrima recorrió su mejilla.
—Ojalá nunca hubiera abandonado mi reino.
Sus ojos comenzaron a cerrarse.
No había nadie junto a ella.
Nadie sosteniendo su mano.
Nadie llamando a un médico.
Nadie intentando salvarla.
Solo estaba ella.
Completamente sola.
Su respiración se volvió cada vez más débil.
Hasta que finalmente...
Se detuvo.
La imagen desapareció.
La oscuridad regresó.
La protagonista permaneció en silencio.
No sabía por qué había visto aquella vida.
No sabía quién era aquella niña.
No sabía dónde estaba.
Pero había algo que podía sentir.
Una tristeza profunda.
Una tristeza que no parecía pertenecerle.
[Qué vida tan injusta...]
Por primera vez desde que había muerto, sintió algo parecido al miedo.
[Espera...]
Intentó moverse.
No pudo.
Intentó gritar.
Tampoco pudo.
[¿Por qué me estás mostrando esto?]
La oscuridad comenzó a iluminarse.
Y por alguna razón...
Eso la hizo temblar.
Porque si realmente existía la posibilidad de volver a vivir...
Había una cosa que tenía muy clara.
[La próxima vez, definitivamente voy a evitar los reactores].
Hubo una pausa.
[Definitivamente].
Otra pausa.
[Probablemente].
La protagonista recordó la explosión.
[...Bueno, al menos voy a intentarlo].
Y entonces...
La luz la envolvió por completo.
😂😂😂
Ya caíste con Thomas 💖💖