Ella renace en un nuevo mundo, en el cual tendrá que enfrentar dificultades por los problemas de su familia. Pero, no se quedará a sufrir, porque ella es una luchadora, siempre lo fue y siempre lo será..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Inventario 2
La segunda semana comenzó con un nuevo objetivo.. los muebles.
Gemma se levantó temprano, tomó el inventario y lo colocó sobre la mesa.
—Bien...
Miró la enorme sala.
—Ahora vamos por los muebles.
Pero apenas habían comenzado, descubrió que vender las cosas no era tan sencillo.
Cada vez que encontraba algo que parecía tener valor, debía revisar el inventario.
Una y otra vez.
[¿Esto está registrado?]
Revisaba.
[¿Esto ya se vendió?]
Volvía a revisar.
[¿Esto pertenece a la mansión o todavía puedo venderlo?]
Otra vez los documentos.
Era desesperante.
—¿Por qué dejaron tantos papeles?
Pedro, que estaba moviendo una mesa, respondió..
—Porque todo debe estar registrado, milady.
Gemma levantó el inventario.
—Ya me di cuenta.
[Si veo una hoja más, voy a terminar vendiéndola también.]
Aun así, continuaron.
Lo que podían vender, lo vendían.
La vajilla.
Los floreros.
Algunos adornos.
Objetos decorativos.
Incluso cosas del cuarto de baño que tenían algún valor.
Cada día salía algo de la mansión.
Y cada día entraban unas cuantas monedas.
Gemma estaba comenzando a dominar aquella extraña operación.
[No podemos salvarlo todo.]
[Pero sí podemos evitar que todo termine en manos de los acreedores.]
Un día, mientras revisaba una habitación, tuvo una idea.
Observó el papel mural de una de las paredes.
[¿Esto también se puede vender?]
Se acercó.
Lo tocó.
Parecía bastante bonito.
Tiró ligeramente de una esquina.
Nada.
Volvió a tirar.
La esquina se desprendió.
Gemma sonrió.
[¡Funciona!]
Tiró un poco más.
Y entonces...
Una parte de la pared se rompió.
Gemma quedó congelada.
Un trozo del revestimiento había salido junto con parte del material de la pared.
Miró el agujero.
Luego miró el pedazo que tenía en la mano.
[...Ups.]
Pedro apareció inmediatamente.
—¿Qué ocurrió?
Gemma señaló la pared.
—Creo que...
Miró el agujero.
—...la pared estaba pegada al papel.
Pedro cerró los ojos.
Marta apareció detrás de él.
Ambos observaron la escena.
Gemma sonrió nerviosamente.
—No se preocupen.
Miró alrededor.
Vio un cuadro.
—¡Lo tapamos!
Minutos después, el cuadro quedó colocado estratégicamente sobre el agujero.
Gemma retrocedió unos pasos.
Lo observó.
—Perfecto.
Pedro la miró.
Marta también.
Gemma asintió satisfecha.
[Problema solucionado.]
Y así continuó la segunda semana.
La mansión cada vez estaba más vacía.
Pero, al menos, seguía en pie.
Al finalizar aquella semana, Gemma entró en una pequeña bodega que prácticamente nadie había revisado.
Era un espacio oscuro y lleno de polvo.
Había algunas cajas viejas.
Muebles rotos.
Objetos olvidados.
Gemma comenzó a revisar.
Hasta que vio algo.
Se quedó inmóvil.
Un cuadro.
Se acercó.
Lo limpió ligeramente con la mano.
Cabello negro.
Ojos verdes.
Fondo azul oscuro.
Gemma abrió los ojos.
—¡La pintura!
La sacó cuidadosamente.
Era exactamente la descripción que le había dado el anciano.
[La encontré.]
Su primer pensamiento fue escribir inmediatamente a Vagur.
Y eso hizo.
Preparó una carta explicando que había encontrado la pintura y que estaba dispuesta a entregarla.
Pero mientras escribía, se detuvo.
Miró la dirección.
Pensó.
[Espera.]
Vagur no estaba precisamente a la vuelta de la esquina.
Si enviaba la carta, primero tendría que llegar.
Después alguien tendría que leerla.
Luego tendrían que organizar el viaje.
Después tendrían que venir hasta allí.
Y finalmente tendrían que llevarse la pintura.
Gemma miró el calendario.
[¿Llegarán antes de que vendan la mansión?]
Probablemente no.
Y si ellos llegaban después...
[Yo ya podría estar viviendo en otra parte.]
Así que envió la carta de todas maneras, pero dejó claro que no necesitaba que fueran inmediatamente a buscarla.
Ahora tenía que resolver un problema mucho más urgente.
Necesitaba encontrar un lugar donde vivir.
Con el dinero que había conseguido durante las primeras semanas, Gemma fue nuevamente al pueblo.
Comenzó a buscar casas.
No necesitaba una mansión.
Ya había aprendido la lección.
Necesitaba algo sencillo.
Un lugar donde pudiera dormir.
Una pequeña cocina.
Un baño.
Y, si era posible, un espacio donde pudiera trabajar.
Trabajar ¿en que? eso aun no lo decidía.
Finalmente encontró una casa que podía comprar con el dinero que tenía.
No era grande.
No era elegante.
No tenía enormes salones.
No tenía jardines.
No tenía sirvientes.
Pero era suya.
O, al menos, pronto lo sería.
Gemma sonrió al verla.
[Mi primera propiedad en este mundo.]
Después revisó sus monedas.
La sonrisa disminuyó.
[Y después de comprarla, voy a tener que vender todavía más cosas para poder comer.]
Suspiró.
[Bueno... paso a paso.]
[De todas formas seguire mirando, no puedo gastar lo poco que tengo, sin pensarlo bien]
Aquella tarde caminó durante bastante tiempo.
Demasiado.
Cuando quiso regresar a la zona de la posada, descubrió que todavía le quedaba casi una hora de camino.
Su estómago comenzó a protestar.
—Tengo hambre...
Se detuvo.
Y entonces recordó algo.
Una imagen.
Una olla.
Un caldo caliente.
Pollo.
Verduras.
El aroma de una sopa recién preparada.
La misma sopa que había deseado tanto durante sus últimos días en su antigua vida.
[Sopa de pollo...]
Su estómago volvió a rugir.
Gemma decidió comprar los ingredientes.
Regresó a la mansión con las cosas necesarias.
Marta y Pedro estaban en la cocina cuando la vieron entrar.
Gemma dejó los ingredientes sobre la mesa.
—Hoy cocinaré yo.
Los dos ancianos quedaron inmóviles.
Pedro parpadeó.
Marta también.
—¿Usted? —preguntó Marta.
—Sí.
—¿Va a cocinar?
—Sí.
Los dos se miraron.
Aquello parecía completamente imposible.
Habían conocido a la antigua Gemma Green.
La joven arrogante.
Caprichosa.
Tirana.
Maleducada.
La señorita que podía gritar durante varios minutos porque algo no había sido preparado exactamente como quería.
Y ahora...
La misma muchacha estaba arremangándose.
Gemma comenzó a preparar los ingredientes.
Marta no pudo evitar observarla.
Pedro también.
Ninguno decía nada.
El aroma comenzó a llenar lentamente la cocina.
El pollo.
Las verduras.
El caldo.
Las especias.
Gemma removía la olla mientras sonreía.
Y por un instante...
Sintió algo extraño.
Una sensación cálida.
Una pequeña nostalgia.
[Esto sí huele a comida.]
Recordó su antiguo hogar.
Recordó aquellas sopas.
Recordó lo mucho que había deseado volver.
Pero ahora estaba allí.
En otro mundo.
En otra vida.
Cocinando su propia sopa.
Cuando finalmente estuvo lista, sirvió tres platos.
—Coman.
Marta miró el plato.
Luego a Gemma.
—¿Está segura?
—Claro.
Pedro tomó la cuchara.
Probó un poco.
Se quedó inmóvil.
Gemma lo miró.
—¿Está mala?
Pedro negó rápidamente.
Volvió a probar.
Luego tomó otra cucharada.
Y otra.
—Mi lady...
—¿Sí?
El anciano levantó la mirada.
—Yo pagaría por esto.
Gemma quedó completamente quieta.
[¿Qué?]
Pedro continuó comiendo.
—Está deliciosa.
Marta también probó.
Sus ojos se abrieron.
—Realmente está muy buena.
Gemma sonrió.
Y entonces...
Una pequeña idea comenzó a formarse en su cabeza.
Primero fue apenas una posibilidad.
Después otra.
Y finalmente...
Una sonrisa apareció en su rostro.
[Sé cocinar.]
Miró la sopa.
[Y lo hago bien.]
Miró a Marta y Pedro.
[La gente necesita comer.]
Su sonrisa creció.
[Y yo necesito dinero.]
La idea comenzó a tomar forma.
No sería un gran negocio.
No sería algo que haría una noble.
No sería algo digno de una poderosa familia aristocrática.
Probablemente ni siquiera tendría nada que ver con lo que alguna vez había sido la familia Green o la familia Root.
Pero...
Sería un trabajo.
Un trabajo honrado.
Y ella sabía trabajar.
Había pasado toda su primera vida haciéndolo.
[Podría vender comida.]
Se quedó pensativa.
[Quizás una pequeña tienda.]
[O una posada.]
[O simplemente comida preparada.]
No sabía todavía cómo hacerlo.
No sabía cuánto costaría.
No sabía si funcionaría.
Pero por primera vez desde que había despertado en aquel mundo, había encontrado algo que podía hacer por sí misma.
Gemma miró el plato vacío frente a Pedro.
Luego sonrió.
—Tal vez...
No terminó la frase.
Todavía necesitaba pensarlo.
Pero aquella noche, cuando finalmente se fue a dormir, lo hizo con una nueva determinación.
No tenía magia.
No tenía una gran fortuna.
No tenía padres.
No tenía amigos poderosos.
No tenía la belleza extraordinaria que había esperado.
Pero tenía algo.
Sabía trabajar.
Sabía cocinar.
Y tenía una capacidad que había desarrollado durante toda su vida..
Sobrevivir.
Gemma cerró los ojos.
[Está bien.]
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
[Si el destino no quiere darme una vida fácil...]
Se acomodó entre las sábanas.
[Entonces me construiré una.]
Y así, mientras la mansión Root se acercaba lentamente a su último mes de existencia...
Gemma se quedó dormida pensando en su primer negocio.