Ella fue rechazada por su Alfa el día de su propia boda, desechada y reemplazada por su hermana, no le quedó más remedio que aceptar su destino, aceptar el rechazo y huir.
El destino la llevará ante los palacios reales, del verdadero mandatario de las tierras. En donde deberá cuidar al pequeño príncipe, hijo del emperador.
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Capítulo 23
La voz de Elizabeth se atenuó con una suavidad paciente, meciendo el ritmo del cuento hasta que las respiraciones del pequeño Lucas se volvieron profundas y acompasadas. Sentada en el borde de la cama, se aseguró de acomodarle las mantas bajo el mentón y de retirar con delicadeza el soldadito de plomo que el niño aferraba entre los dedos.
Con sigilo para no despertarlo, se levantó de la alcoba y cerró la puerta con suavidad. Su propio cuerpo le pedía a gritos descansar; el cansancio acumulado tras las largas jornadas en el palacio pesaba en cada uno de sus músculos. Decidió caminar hacia sus habitaciones, pero al pasar cerca del ala de servicio, el tenue parpadeo de las velas y el murmullo de voces la detuvieron.
Intrigada, se asomó a las amplias cocinas imperiales. A pesar de lo avanzado de la noche, las sirvientas aún no se habían marchado; se afanaban en limpiar los mesones de piedra, apilar bandejas de plata y ordenar los últimos utensilios del día.
Al verla cruzar el umbral, una de las sirvientas jefas, con el cabello recogido en un pulcro rodete y el delantal manchado de harina, se cruzó de brazos y la miró con severidad.
—Espero que estés preparando algo para pasado mañana —le soltó la mujer sin preámbulos, deteniendo su labor de inmediato.
Elizabeth se detuvo en seco, parpadeando con desconcierto y frunciendo ligeramente el ceño.
—No entiendo... ¿Qué hay pasado mañana? —preguntó ella, completamente confundida.
La jefa de sirvientas abrió los ojos de par en par, visiblemente alarmada, mientras el resto de las mujeres en la cocina detenían lo que estaban haciendo y se giraban para mirar a Elizabeth con expresiones de absoluto escándalo.
—¿Que no sabes qué hay pasado mañana? —exclamó la mujer, dando un paso al frente con incredulidad—. ¿No te han dicho que pasado mañana es el cumpleaños número ocho del príncipe Lucas?
Elizabeth sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Abrió los labios dispuesta a replicar, pero las palabras se le quedaron atragantadas.
—No... no lo sabía —respondió con un hilo de voz, sintiendo el calor de la vergüenza subirle por el cuello—. Es que nadie me ha dicho nada, llevo muy poco tiempo aquí, y ni siquiera el príncipe me lo ha mencionado.
La sirvienta jefa soltó un suspiro cargado de reproche, sacudiendo la cabeza con severidad.
—Que yo sepa, eso deberías saberlo tú mejor que nadie, ¡porque eres su niñera a cargo! —le gritó la mujer, elevando el tono con impaciencia—. La corte entera lleva semanas preparándose, y los regalos del emperador ya están listos.
El pánico comenzó a nublar los pensamientos de Elizabeth. Si se trataba del cumpleaños del heredero, su falta de preparación podía costarle muy caro en un palacio donde cada error se pagaba con sospechas.
—Yo... lo siento de verdad —balbuceó Elizabeth, sintiendo el peso de todas las miradas sobre ella—. No tenía la menor idea. Y ahora... ¿qué se supone que debo hacer?
La mujer exhaló un suspiro pesado, cruzándose de brazos con un gesto de impaciencia que dejaba claro cuán poco impresionada estaba por la excusa de la inexperiencia.
—Lo que se supone que debes hacer, muchacha, es moverte rápido —replicó la jefa de sirvientas, señalándola con un dedo acusador mientras retomaba sus labores con brusquedad—. El príncipe Lucas es un niño solitario, y aunque el emperador se encarga de que no le falte nada material, los cumpleaños reales no son simples meriendas. Hay un banquete, la alta nobleza asiste a presentar sus respetos y, lo más importante, se espera que la persona que cuida de él cada día le prepare un detalle significativo. Una manualidad, un pastel especial horneado por ti misma, algo que demuestre que al menos te importa su bienestar.
Elizabeth tragó saliva, sintiendo que el hueco en su estómago se hacía cada vez más grande.
—Un pastel... o un detalle —repitió en voz baja, procesando la magnitud del encargo.
—Exacto —intervino otra de las cocineras con un tono un poco más suave, compadeciéndose al ver el rostro pálido de la joven—. Todavía tienes mañana entero. Mañana por la mañana puedes venir aquí temprano, te dejaré usar uno de los hornos auxiliares y los ingredientes básicos para que le prepares algo dulce. A los niños les encantan los pasteles de miel y frutos rojos, y a el príncipe Lucas no le caería mal un poco de cariño casero.
El alivio comenzó a disipar parte del pánico en el pecho de Elizabeth. Asintió rápidamente, sintiendo una profunda gratitud hacia la cocinera que le acababa de tender un salvavidas.
—Gracias... de verdad, te lo agradezco mucho —respondió Elizabeth, dedicándole una sonrisa sincera—. Mañana a primera hora estaré aquí.
—Más te vale —sentenció la jefa de sirvientas sin levantar la vista de las bandejas que seguía secando—. Y ahora, ve a descansar. Mañana tendrás un día largo y el príncipe te necesitará con los ojos bien abiertos.
Elizabeth no necesitó que se lo repitieran dos veces. Se despidió con un movimiento de cabeza y se apresuró a salir de las cocinas, recorriendo los pasillos silenciosos y tenuemente iluminados del palacio hasta llegar por fin a su alcoba.
Al cerrar la puerta tras de sí y dejarse caer en la cama, el cansancio la envolvió de inmediato, pero su mente no se apagaba. Mientras cerraba los ojos, el rostro ilusionado del pequeño Lucas comenzó a formarse en su memoria, transformando la preocupación en una silenciosa determinación: le daría al pequeño el mejor cumpleaños de su vida, cuéstale lo que le cueste.
Nota:
Hola chica, lunalovers jjjjj, espero que esta historia les esté gustando. He querido hacer un poco más despacio la relación de la protagonista con el protagonista masculino, para desarrollar mejor una relación entre ellos. Y por supuesto darle también participación al niño. Ya que muchas veces en mis novelas anteriores he dejado un poco rezagado a los hijos de los protagonistas masculinos.
No olviden dejar su voto y comentario, me ayudaría a llegar a más chicas lectoras 🥰🥰🥰😘