Ingrid tiene diecinueve años, nunca ha salido de su rancho en California y su mayor preocupación es ponerle moños a las vacas. Sueña con estudiar medicina, viajar por el mundo y ayudar a quien lo necesite. De casarse no sabe nada. De la mafia, menos.
Cuando Ares la elige como su esposa y se presenta en el rancho a llevársela, la familia de Ingrid no tiene opción: obedecer al Don o morir. En cuestión de horas, la chica del rancho se convierte en la esposa de un monstruo.
Pero Ingrid no es la niña frágil que todos esperaban. Detrás de su inocencia hay una inteligencia afilada, un humor que desarma y una valentía que ni ella sabía que tenía. Lo que nadie le dijo a Ares es que la mujer que eligió para ignorar sería la única capaz de destruir cada muro que construyó alrededor de su corazón.
Ella eligió luchar. No contra él, sino por él.
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Llegando a Los Angeles
Ares
La chica se queda callada. Lo que me llama la atención es que no está llorando ni haciendo escándalos; eso me agrada.
Voy conversando con Mark y pasándole algunas cosas que necesitan hacerse antes de nuestro viaje a Nueva York.
En cuanto consuma este matrimonio, viajaremos y sin fecha de regreso. Necesito atrapar a unos desgraciados y dejar claro que nadie juega conmigo.
—Ares, ahora hablándote como tu amigo: ¿por qué no esperas para viajar la próxima semana? Te vas a casar en un rato —dijo Mark.
—¿Cuál es el problema? —preguntó Ares.
—¡Hermano! Te vas a casar, fuiste a buscar a la chica y la vas a abandonar sola. Ni siquiera conoces a tu esposa y, dicho sea de paso, es una chica hermosa —dijo Mark.
—Voy a casarme porque lo necesito. Ella cumple los requisitos y no existen sentimientos, de mi parte no. Ella solo tiene que cumplir con su papel.
Otra cosa, Mark: aunque seas mi amigo y yo no tenga sentimientos por ella, será mi esposa. No te fijes en su belleza, y eso es por tu bien —dijo Ares.
—Está bien, pero sabes que no lo dije con mala intención, sino como un elogio sincero —dijo Mark.
Mark
Sé cómo es Ares. Si no lo conociera, diría que le gustó la chica, pero no. Él es muy posesivo. Siempre fue así. Aunque con Ruth y Nancy no es tan exagerado. Pero esta es pura y será de él; con toda certeza va a encerrar a esta chica. Pobrecita, le va a convertir la vida en un infierno.
—Ares, nuevamente como tu amigo, por los años de nuestra amistad: te conozco bien para saber que no eres nada delicado con las mujeres, y ella es una chica pura. Al menos ve con calma —dijo Mark.
Ares no dijo nada. Solo se tomó el resto del whisky que tenía en el vaso.
Ingrid
El jet privado comienza a descender. Vamos a aterrizar y ni sé dónde...
Cuando aterrizamos, el Diabólico se levanta y me pide que lo siga. ¡Vaya! Qué delicado... igual que la mula del rancho. Pobrecita de ella, pero Benedita daba coces hasta a su propia sombra... igualita al abominable Don marido...
Me quedo pensando y él se detiene.
—Vamos, rápido —dijo Ares.
Ingrid no dijo nada. Simplemente lo siguió...
Ingrid
¿Ni pensar puedo ahora? Ok. Si él se imaginara lo que pienso, creo que me devolvería... ¿Será? No, no... Él es como la mula: brusco, terco, y mejor apuro el paso o voy a tener que matarlo, y no quiero irme al infierno.
Mark
La chica estaba con el pensamiento lejos, pero no tenía lágrimas ni... ¿miedo? ¿Será que él no la intimida? Hmm, interesante. Aun sin conocerla bien, estoy empezando a tomarle cariño a esta niña.
Ingrid
¡Subimos a un carro enorme! ¿Saben esos de las películas de mafiosos, gánsteres, poderosos? ¡Esos! Todo negro y con varios hombres de traje esperándonos...
Wow, ángel mío, al menos volamos en jet privado y ahora vamos a andar en estos carros que se ven aterradores, elegantes e imponentes...
Avanzamos por una autopista o avenida, no sé bien, pero es enorme. ¡Hay mucha gente! Creo que nunca vi tanta gente junta en toda mi vida. Hay muchos edificios, muchos carros...
Ares
Noto que la chica se maravilla con la ciudad. Claro, vivía en el campo. Aun así, no dice nada y ni me mira...
Ingrid
Entramos en la cochera de un edificio enorme, pero entramos por una cochera y salimos a otra calle. Después pasamos por un túnel... ¡Qué genial! Parece cosa de película de acción... Y llegamos a un edificio más pequeño. Ahí sí nos detuvimos.
—Llegamos. Ven. Jolie te va a arreglar para que nos casemos —dijo Ares.
Ingrid
No digo nada. No serviría de nada. Mejor ni gastar mis energías con él.
Ares
Ella nuevamente no habla. Ni siquiera para quejarse...
Mark
Vi que Ares parece intrigado con la chica. Él, como yo, pensaba que ella iba a hacer escándalos, llorar, negarse... y la chica le obedece sin cuestionar ni hablar. Y apenas lo mira... Esta chica es astuta.