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La maestra que será nuestra madrastra

La maestra que será nuestra madrastra

Status: Terminada
Genre:CEO / Padre soltero / Reencuentro / Donde hubo fuego cenizas quedan / Completas
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Aurora Medina llega a la capital con una misión: domar al grupo más rebelde del exclusivo Colegio Altamira, un aula de hijos de millonarios que ya hizo renunciar a cinco tutores. Lo que no imagina es que, detrás de esos dos gemelos insoportables que le declaran la guerra, se esconde el hombre que le rompió el corazón doce años atrás… justo antes de llegar al altar.

Alejandro Bustamante lo tiene todo: dinero, poder y una frialdad que congela salas de juntas. Todo, menos a la única mujer que amó. Cuando el destino vuelve a cruzar sus caminos, él está dispuesto a usar cualquier arma para reconquistarla. Incluso a sus propios hijos.

Pero entre ellos hay una herida vieja, una verdad enterrada y una mentira que destruyó dos vidas. Y mientras el hielo empieza a derretirse, no todos quieren ver a Aurora convertida en la nueva señora Bustamante…

¿Podrá Aurora perdonar el pasado y aceptar el lugar que el destino le tenía reservado: el de madre de los hijos del hombre al que juró no volver a amar?

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Los pasos apresurados de Aurora por aquel pasillo desierto se detuvieron de golpe cuando una mano firme, aunque suave, logró atrapar su muñeca. Aurora se sobresaltó, entre el susto, y miró su mano, ahora aprisionada.

—Aurora, espera un momento. ¿Podríamos vernos otra vez en otra ocasión? Yo quiero…! —la frase de Alejandro quedó suspendida en el aire, cargada de una súplica intensa.

—No, no puedo. Lo siento, ya no hay nada más de qué hablar —respondió Aurora al instante. Se empeñaba en apartar el rostro, sin atreverse en absoluto a mirarlo a los ojos. Ver la cara de aquel hombre ahora era como abrir a la fuerza una caja llena de viejas heridas dolorosísimas.

—Pero, Aurora…! —Alejandro intentó retenerla, resistiéndose a soltar la única oportunidad que tenía tras más de una década de búsqueda.

—Perdone, se lo ruego… No vuelva a mencionar el pasado. Hagamos de cuenta que nunca nos conocimos —lo cortó Aurora, con la voz temblorosa pero llena de énfasis—. Disculpe, señor Bustamante, tengo que volver a dar clase. Pobres chicos, van a quedarse atrasados.

De un tirón forzado, Aurora liberó su mano de la sujeción de Alejandro. En cuanto se soltó, salió disparada sin volver a mirar atrás.

Mientras tanto, al fondo del pasillo, cerca de la sala de guardia, varias profesoras que espiaban a escondidas desde hacía rato abrieron los ojos de par en par. Se quedaron petrificadas ante la escena que se desplegaba frente a ellas. ¿Cómo era posible que un hombre frío como el hielo, altivo e inalcanzable como Alejandro Bustamante, se comportara de forma tan insistente y desesperada con Aurora? Todo el mundo sabía que el apuesto viudo llevaba más de diez años cerrado a cualquier mujer.

—Ingrid, ¿no será que la profesora Aurora tuvo una relación especial con el señor Bustamante en el pasado? —cuchicheó Diana, revolucionada, dándole un codazo a su amiga—. ¿Viste lo de recién? Cómo la miraba y le tomaba la mano… ¡Hasta envidia me da! En todos mis años enseñando aquí, es la primera vez que veo al señor Bustamante comportarse así con una mujer.

—Bien podría ser, Diana. ¡A lo mejor terminan reavivando un viejo amor! —replicó Ingrid, no menos entusiasmada.

—¿Quieres decir que el viejo amor vuelve a florecer?

—¡Sí! Vaya… si de verdad fuera así, tendríamos que portarnos muy bien con la profesora Aurora desde ya. ¡Vaya una a saber si acaba convertida en la señora Bustamante! —concluyó Ingrid con una sonrisa llena de intención.

Por su parte, el muro defensivo de Aurora acabó por derrumbarse. Su entereza cedió justo cuando logró doblar hacia el baño de profesores. Dentro de un cubículo solitario, las lágrimas que había contenido con todas sus fuerzas por fin le rodaron por las mejillas. Apoyó la espalda en la puerta, tratando de ahogar los sollozos para calmar un corazón que el remezón del pasado había vuelto un caos.

Mientras tanto, Alejandro se dirigió con paso vacilante al estacionamiento del colegio, donde estaba su lujoso auto. Su andar ya no era el firme y solemne de la llegada. Los hombros se le veían caídos, soportando el peso del rechazo que acababa de recibir.

Alejandro subió al auto y se quedó ensimismado mirando por la ventanilla, ajeno a lo que lo rodeaba. Al ver a su patrón hundido en un silencio denso, Iván, en el asiento del conductor, se atrevió al fin a preguntar con mucho cuidado.

—Disculpe, señor… ¿Aquella mujer era la misma de la foto que usted guarda en el cajón del escritorio de la oficina? —preguntó Iván en voz baja.

Alejandro cerró los ojos un instante y luego soltó un respiro pesadísimo, como si quisiera expulsar toda la opresión de su pecho.

—Sí, Iván. Era ella… Aurora —respondió Alejandro, con la voz tenue y ronca—. La mujer con la que desde siempre quise casarme. Si aquella noche no hubiera ocurrido y hubiera podido casarme con ella… quizá mi vida de estos más de diez años no habría sido nunca tan vacía y tan fría, Iván.

*

*

Después de lavarse la cara con agua fría en el baño, Aurora tomó aire hondamente frente al espejo. Se dio unas palmaditas en las mejillas, obligando a retirarse a los últimos restos de tristeza y de conmoción interior. Cuando volvió a entrar al 1.º C, su ánimo ya se había recuperado del todo. Incluso se puso a propósito una cara alegre, con la sonrisa cálida que era su sello.

¡Clic!

En cuanto la puerta se abrió y apareció Aurora, todo el salón quedó en silencio. Mateo, Martina y los demás alumnos se sobresaltaron. No podían creer que su tutora no traía sus cosas para largarse. ¡No la habían despedido!

Sin saber por qué, en lugar de decepción por el fracaso de su plan, una extraña sensación de alivio se les extendió por el pecho a los alumnos. Lo mismo le pasó a Mateo. Al mirar la lonchera que le quedaba sobre el pupitre, lo asaltó una culpa enorme por la mentira de la noche anterior, que había hecho que llamaran a la profesora Aurora a la oficina del director. Pero el ego de Mateo era demasiado grande. El muchacho apartó la cara al instante, negándose a mostrar el menor asomo de arrepentimiento.

—Bueno, chicos, disculpen que tuve un asunto un momento. Ahora, continuemos con la clase —dijo Aurora, animada, como si acabara de no pasar ninguna gran tormenta.

Aurora escribió entonces cinco problemas de aritmética aplicada en el pizarrón.

—Resuélvanlos en su cuaderno de ejercicios. Les doy tiempo hasta que suene el timbre del recreo.

El salón se llenó al instante del rumor de los suspiros pesados de los alumnos. Empezaron a poner cara de concentración, enfrascados en los cinco problemas mortales que les había dado su maestra.

En medio del silencio de la clase, Aurora se sentó en su silla. Su mirada se deslizó despacio hasta los pupitres del fondo, donde se sentaban los gemelos. El pecho de Aurora volvió a oprimirse de golpe.

De verdad que nunca lo hubiera imaginado… ustedes dos son el hijo y la hija de Alejandro y Cintia, pensó Aurora, nombrando a la difunta esposa de Alejandro, su antigua amiga que había tenido el descaro de jugar con fuego a sus espaldas.

Aurora apretó el puño bajo la mesa. Con razón la cara de Martina se te parece tanto, Cintia… Y Mateo tiene la misma mirada y la misma mandíbula firme que tú, Alejandro. Eran una pareja muy compenetrada en el pasado, ¿verdad? Tan compenetrada que destrozaron mi vida…!, se dijo con amargura, conteniendo un relámpago de dolor que se resistía a soltar.

Mientras tanto, en el lujoso auto que avanzaba rasgando las calles de la ciudad, Alejandro no lograba sosegarse. Miraba fijo al frente con una mirada afilada, llena de determinación. Se volvió hacia su asistente personal.

—Iván, moviliza a nuestra gente ahora mismo. Consigan toda la información sobre Aurora. Dónde vive, cómo ha sido su vida todo este tiempo. Quiero el informe en mi escritorio antes del anochecer —ordenó Alejandro, sin admitir réplica.

—Entendido, señor. Lo hago de inmediato —respondió Iván con presteza. Con la red de contactos y el enorme poder de un Alejandro Bustamante, escarbar una información así no llevaría mucho tiempo.

Alejandro volvió a recostarse en el asiento y miró por la ventanilla con el pecho retumbando.

Antes no tuve el valor de buscar dónde estabas, Aurora. Fui demasiado cobarde, porque sabía que me odiarías con todas tus fuerzas después de aquella noche maldita. Pero esta vez, ahora que Dios nos ha vuelto a reunir, no te voy a soltar. Voy a reconquistarte, a explicarte todo y a convertirte en mi esposa… y en la madre de mis dos hijos, juró Alejandro para sus adentros, afianzando su determinación.

*

*

De vuelta en el 1.º C, las agujas del reloj seguían girando. En el fondo del salón, Mateo levantó la vista sin querer de su cuaderno de ejercicios. Sorprendió a la profesora Aurora ensimismada, con la mirada clavada en él y en Martina.

Mateo frunció el ceño al ver en los ojos de su maestra un trazo de tristeza y una herida hondísima. El muchacho se sintió de pronto incómodo.

¿Qué le pasa a la profesora Aurora? ¿Por qué me mira así? ¿No será que hoy sí es su último día de clase y solo está fingiendo entereza?, se preguntó Mateo, y el pecho le dio un vuelco extraño.

Contempló lo que quedaba de su lonchera y luego volvió a mirar de reojo al frente del salón.

Aunque de verdad tuviera que irse… ¿por qué no me siento contento? ¿No era esto lo que Martina y yo queríamos desde ayer? Maldición… ¿cómo se me ablandó tanto el corazón solo por una lonchera hecha de madrugada?, rezongó Mateo, confundido por su propio cambio interior, que empezaba a tambalearse ante la sinceridad de su maestra.

Continuará…

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Leticia Baeza Vazquez
esa zorra de la nueva secretaria 😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor solo x darle gusto Alos padres así será de estúpida es una mujer estudiada pero parece una ignorante pendeja
Leticia Baeza Vazquez
espero y te des cuenta de la víbora q tienes x madre y esa maldita q bueno q se murió la desgraciada
Leticia Baeza Vazquez
esa mamada q ponen en todas las novelas afuerza aceptar lo q ofrecen si yo digo no es no y quién me obliga nadie osea era una porquería escritora ten más imaginación
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor escritora 😡😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
Haver escritora y deja la estupidez y q ella no puede decir No oque diablos osea la pones como estúpida manipulable x unos putos mocosos asco
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor escritora no mames osea la humilló x una putizorra ofrecida y ahora resulta q x unos escuincles la BAS hacer una maldita manipulable osea asco q se de su lugar y consiga alguien mejor y la valore , si no espera de mi todas las críticas 😡😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
eso de tener amigas zorras y disculpa escritora pero no la cages si dejas q ella y ese perro infiel desgraciado se quede con ella osea
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