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Los Noctarys

Los Noctarys

Status: En proceso
Genre:Romance oscuro / Mundo de fantasía
Popularitas:523
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

🌙 LOS NOCTARYS 🌙
Libro I: Marcada por la Luna Negra

La noche de su cumpleaños número dieciocho, Ayla descubre una marca imposible en su piel.

Una marca que la señala como parte de una raza antigua que jamás debió existir.

Los Noctarys.

Nacidos de la oscuridad de una estrella caída, ocultos entre los humanos durante siglos y condenados por una profecía que podría destruir su mundo.

Cuando Ayla conoce a Kael, el misterioso heredero de los Noctarys, algo despierta entre ellos.

Una conexión imposible.

Un destino escrito mucho antes de que nacieran.

Pero la profecía es clara:

Si el heredero y la marcada se enamoran, la Luna Negra despertará... y todo aquello que aman desaparecerá.

Entre secretos, traiciones, poderes prohibidos y una guerra que se acerca, Ayla deberá decidir si está dispuesta a desafiar al destino.

Porque algunas historias de amor están destinadas a salvar un mundo.

Y otras...

A destruirlo.

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: El Heredero de la Luna Negra

Ayla permaneció inmóvil.

La nota temblaba entre sus dedos.

"Bienvenida a los Noctarys."

Leyó aquellas palabras una y otra vez.

Esperando que cambiaran.

Esperando descubrir que se trataba de una broma.

Pero las letras seguían allí.

Reales.

Inquietantes.

El viento agitó los árboles que rodeaban el jardín.

La corona negra descansaba sobre la hierba húmeda.

Y Kael había desaparecido.

Como si jamás hubiera estado allí.

—No... —susurró Ayla.

Corrió hacia la verja.

Miró entre los árboles.

Nada.

Solo oscuridad.

Solo el bosque.

El mismo bosque que había visto toda su vida.

Sin embargo, ahora parecía diferente.

Más profundo.

Más antiguo.

Más peligroso.

Su corazón seguía latiendo con fuerza.

Porque sabía lo que había visto.

Sabía que aquellos ojos violetas eran reales.

Los mismos ojos que aparecían en sus sueños desde niña.

Los mismos ojos que la habían observado durante años.

—¿Ayla?

La voz de su madre la sobresaltó.

Rápidamente escondió la nota detrás de su espalda.

—¿Qué haces aquí afuera?

—Necesitaba aire.

Su madre la observó durante unos segundos.

—Todos te están buscando.

Ayla forzó una sonrisa.

—Ya voy.

Entró nuevamente en la casa.

Pero nada parecía igual.

Las risas de los invitados sonaban lejanas.

Las conversaciones parecían apagadas.

Como si una parte de ella hubiera quedado afuera.

Junto a aquella corona.

Junto a aquellas palabras.

Bienvenida a los Noctarys.

Aquella noche no pudo dormir.

La corona permanecía escondida debajo de su cama.

La nota dentro de un cajón.

Y la marca seguía brillando débilmente sobre su muñeca.

A las tres y treinta y tres de la madrugada volvió a despertarse.

Exactamente igual que siempre.

Pero esta vez no estaba sola.

Alguien se encontraba junto a la ventana.

Ayla abrió los ojos de golpe.

Y el miedo la paralizó.

Una figura masculina observaba la luna.

Alta.

Vestida de negro.

Perfectamente inmóvil.

—¿Quién eres? —preguntó con voz temblorosa.

La figura se giró lentamente.

Kael.

Los ojos violetas brillaban en la oscuridad.

—Debes aprender a cerrar tus ventanas.

Ayla saltó de la cama.

—¿Estás loco?

—Posiblemente.

—¡Sal de mi habitación!

Kael arqueó una ceja.

—Si pudiera hacerlo, ya me habría ido.

Aquella respuesta la confundió.

—¿Qué significa eso?

Por primera vez, el rostro del joven mostró preocupación.

—Significa que ya te encontraron.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Ayla.

—¿Quiénes?

Kael no respondió de inmediato.

Se acercó a la ventana.

Observó el bosque.

Y entonces ella vio algo.

Decenas de pequeñas luces rojas brillaban entre los árboles.

Como ojos.

Observándolos.

Esperándolos.

—¿Qué son esas cosas?

La expresión de Kael se endureció.

—Problemas.

Las luces comenzaron a moverse.

Cada vez más rápido.

Cada vez más cerca.

Ayla sintió miedo.

Miedo real.

Instintivo.

—No entiendo nada.

—Lo sé.

—¿Qué son los Noctarys?

—Tu verdadera familia.

La joven abrió los ojos.

—Eso es imposible.

—¿Estás segura?

Kael señaló su muñeca.

La marca brilló inmediatamente.

Más intensa que nunca.

Más viva.

—Los humanos no llevan esa marca.

Ayla bajó la mirada.

Por primera vez sintió que la respuesta podía ser peor que todas sus preguntas.

—¿Qué soy?

Kael guardó silencio.

Y finalmente respondió.

—Una Noctarys.

Las luces rojas llegaron al borde del bosque.

Ahora podía distinguir siluetas.

Personas.

O algo parecido a personas.

Demasiado altas.

Demasiado delgadas.

Demasiado oscuras.

Ayla retrocedió.

—¿Qué quieren?

—A ti.

—¿Por qué?

Kael la observó fijamente.

—Porque eres la Marcada.

El aire pareció desaparecer de la habitación.

—¿La qué?

—La primera Marcada en más de quinientos años.

La marca volvió a arder.

Esta vez con tanta fuerza que Ayla cayó de rodillas.

Un dolor insoportable recorrió su brazo.

Y entonces ocurrió.

Una imagen apareció en su mente.

Un castillo.

Gigantesco.

Construido con piedra negra.

Torres imposibles.

Lunas violetas brillando sobre el cielo.

Miles de personas observándola.

Esperándola.

Y una voz.

La misma voz de sus sueños.

Pero ahora era mucho más clara.

—Regresa a casa.

Ayla gritó.

La visión desapareció.

Su respiración era agitada.

Las lágrimas corrían por sus mejillas.

—¿Qué me está pasando?

Kael se arrodilló frente a ella.

Por primera vez parecía preocupado.

De verdad preocupado.

—Está despertando.

—¿Qué está despertando?

—Tu poder.

Las luces rojas ya rodeaban completamente la casa.

La temperatura descendió de golpe.

Los cristales comenzaron a temblar.

Uno de ellos explotó.

Ayla gritó.

Kael se puso de pie inmediatamente.

Los ojos violetas del heredero comenzaron a brillar.

Una energía oscura recorrió su piel.

Como grietas de luz negra.

—Escúchame con atención.

—¿Qué?

—No importa lo que ocurra.

No importa lo que veas.

No te separes de mí.

Un rugido estremeció la noche.

No parecía humano.

Tampoco animal.

Era algo peor.

Mucho peor.

Las sombras comenzaron a entrar por la ventana rota.

Moviéndose por las paredes.

Arrastrándose por el techo.

Buscándola.

Y entonces Kael pronunció unas palabras que hicieron que la sangre de Ayla se congelara.

—Nos encontraron antes de tiempo.

—¿Quiénes?

Kael apretó los puños.

Y respondió:

—Los enemigos de los Noctarys.

Una sombra atravesó la habitación.

Y dos ojos rojos aparecieron en la oscuridad.

Observando directamente a Ayla.

Sonriendo.

Continuará...

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