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Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Telepatía
Popularitas:10.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Ximena Blanco solo debía cumplir una misión: ocupar el lugar de su hermana gemela, casarse con Cristian Montalvo y aguantar el papel de esposa perfecta hasta que pudiera desaparecer con el dinero prometido.
El problema era Cristian.
Frío, rico, impecable y peligrosamente guapo, el heredero Montalvo parecía hecho para arruinarle la concentración. Ximena sonreía como una dama obediente, servía café, bajaba la mirada y fingía no sentir nada.
Pero por dentro era otra historia.
Ay, no. Ese hombre debería traer advertencia. Con esa camisa, esos hombros y esa cara de hielo, una mujer honesta pierde la dignidad.
Lo que Ximena no sabe es que Cristian puede escuchar cada pensamiento suyo.
Cada queja. Cada insulto. Cada fantasía vergonzosa sobre tocarle el pecho, quitarle la corbata o verlo perder el control por ella.
Al principio, Cristian solo quiere descubrir quién es en realidad esa mujer que finge ser tranquila mientras su mente arde sin descanso. Pero cuanto más la escucha, más le cuesta mantenerse lejos. La esposa falsa empieza a parecerle demasiado real. Sus pensamientos indecentes empiezan a gustarle demasiado. Y el hombre que juró no enamorarse termina obsesionado con la única mujer que no puede mentirle por dentro.
Pero Ximena guarda un secreto más peligroso que sus deseos: ella no es la novia que Cristian debía recibir en el altar.
Cuando la verdad salga a la luz, el matrimonio falso, la pasión escondida y todos los pensamientos que nunca debieron escucharse podrían destruirlos... o volver imposible que se separen.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24

Capítulo 24: Seis años

Al final, Ximena fue la primera en soltarlo.

No porque quisiera.

Porque el dolor del tobillo la obligó a volver a la camilla antes de desmayarse frente a los dos hombres más tercos de la Ciudad de México.

Cristian la sostuvo de inmediato.

—No te muevas.

—Entonces no hagas que tenga que detenerte —repitió ella, con la voz rota.

Sebastián se puso de pie usando el escritorio como apoyo. Tenía el labio abierto y la dignidad hecha trizas, pero los ojos seguían fijos en Ximena.

—Necesito hablar contigo.

—No —dijo Cristian.

Ximena respiró hondo.

—Hoy no.

Sebastián la miró como si esas dos palabras fueran lo único que podía concederle.

—¿Después?

Cristian dio un paso.

—No habrá después.

—Cristian —Ximena lo detuvo con una mirada—. Por favor.

Ese por favor le pesó más que una orden.

Sebastián tomó una servilleta, se limpió la sangre del labio y recogió la receta duplicada del escritorio. Sus dedos temblaban apenas.

—La revisión es en una semana. Si prefieren otro especialista, pediré que les asignen uno.

—Sí —dijo Cristian.

—No —dijo Ximena al mismo tiempo.

Los dos se miraron.

Ximena corrigió:

—Lo veremos después.

Sebastián asintió. Antes de salir, se detuvo junto a la puerta.

—No voy a preguntar ahora.

Ximena bajó los ojos.

—Gracias.

—Pero voy a hacerlo.

La puerta se cerró detrás de él.

Por primera vez desde que Sebastián había entrado al consultorio, Ximena pudo respirar.

Cristian no.

El regreso a Las Lomas fue silencioso durante los primeros diez minutos. Ximena iba en el asiento trasero, con la pierna inmovilizada sobre un cojín y la mirada perdida en la ciudad. Cristian no permitió que el chofer manejara. Tomó el volante él mismo, como si confiarle el camino a otra persona fuera una derrota.

—Era tu ex —dijo al fin.

Ximena cerró los ojos.

—Sí.

La mentira era pequeña en palabras y enorme en consecuencias.

Cristian apretó el volante.

—Seis años.

Ella abrió los ojos de golpe.

—¿Quién dijo eso?

—Él.

—Ah.

*Claro. Sebastián y su habilidad de tirar bombas con bata blanca. Seis años. Qué fácil decirlo. Qué imposible explicar que esos seis años no me pertenecen y aun así me duelen porque le pertenecen a alguien que amo.*

Cristian escuchó el dolor, pero no la clave.

—¿Todavía lo amas?

Ximena giró hacia la ventana.

—No.

—Tardaste.

—Porque la pregunta es injusta.

—Te besé y no me empujaste.

—Tengo el tobillo roto.

—No hablo de mí.

Ella se quedó en silencio.

Cristian habló con una frialdad medida:

—Me encargaré de él.

Ximena se volvió de inmediato.

—No.

—No te estoy pidiendo permiso.

—Entonces te lo prohíbo.

Cristian soltó una risa sin humor.

—¿Me lo prohíbes?

—Sí.

—¿Por él?

—Por ti.

Eso lo hizo callar un segundo.

Ximena respiró con dificultad, no solo por el dolor.

—Sebastián no nació con tu apellido, ni con tu dinero, ni con una familia que le abriera puertas. Se ganó su lugar estudiando, trabajando, tragándose humillaciones que tú ni siquiera notarías porque la gente no se atreve a humillarte a la cara.

Cristian miró el camino, rígido.

—Lo defiendes mucho.

—Defiendo que no uses tu poder para aplastar a alguien solo porque te incomodó.

—Se acercó a ti.

—Y tú lo golpeaste.

—Iba a tocarte.

—Y yo lo detuve.

*Porque tenía que detenerlo a él, a ti, a todo este desastre antes de que la verdad se nos cayera encima.*

Cristian tomó aire.

—No sabes de qué soy capaz cuando alguien te pone en riesgo.

—Eso es lo que me asusta.

La frase entró en el auto como una piedra.

Cristian no respondió.

Ximena tampoco.

Motita los recibió en la entrada de la mansión con un ladrido breve y una cola feliz. El cachorro intentó correr hacia Ximena, pero se detuvo confundido al verla en brazos de Cristian.

—No te emociones —murmuró ella—. Tu mamá viene defectuosa.

Cristian la llevó a la habitación de la planta baja que antes había sido de Motita y ahora, por decisión práctica, sería temporalmente de Ximena. La cama ya estaba preparada. Adriana, avisada por teléfono, había mandado cojines, medicamentos, flores y una lista de recomendaciones que parecía plan de guerra.

—Te quedarás aquí hasta que puedas subir escaleras —dijo Cristian.

—¿Y Motita?

—Duque dormirá en su cama.

—Motita duerme donde quiere.

—No con tu pierna así.

*Mandón. Prepotente. Guapo. Mala combinación. Si no estuviera tan enojada, le pediría que me acomodara otra almohada solo para verlo inclinarse.*

Cristian acomodó la almohada sin que ella lo pidiera.

Ximena lo miró.

—No creas que eso arregla lo de Sebastián.

—No lo creo.

—Prométeme que no vas a destruir su carrera.

Cristian la observó durante tanto tiempo que Ximena sintió frío.

—No prometo cosas que no entiendo.

—Entonces entiende esto: si le haces daño por celos, no me estás protegiendo. Estás convirtiéndome en excusa.

Él recibió el golpe en silencio.

Por primera vez en todo el día, la furia de Cristian pareció perder dirección.

—Descansa —dijo.

Salió de la habitación.

Ximena esperó hasta que sus pasos se perdieron en el pasillo.

Luego tomó el celular.

No llamó a Valeria.

Llamó a Ximara.

La línea tardó en conectar. Ximena miró la puerta cerrada, contuvo la respiración y habló apenas escuchó la voz del otro lado.

—Pasó algo.

El silencio de Ximara fue inmediato.

—¿Qué?

—Vi a Sebastián.

Durante varios segundos, no hubo respuesta.

—¿Dónde? —preguntó Ximara al fin.

—En el hospital. Es ortopedista. Me atendió por una fractura.

—¿Te fracturaste?

—El tobillo. Estoy bien.

—No estás bien si me llamas con esa voz.

Ximena cerró los ojos.

—Me reconoció como tú.

La respiración de Ximara tembló al otro lado.

—¿Qué sabe?

—Una parte. Me equivoqué. Le dije cuñado cuando intentó tocarme.

—Ximena...

—Lo sé.

El nombre real, dicho por Ximara, sonó en la habitación como algo prohibido y seguro al mismo tiempo.

Ximena bajó más la voz.

—No estaba Cristian. No lo oyó.

—¿Sebastián preguntó por mí?

—Sí.

Ximara no respondió.

Ximena apretó el celular.

—Sigue amándote.

El silencio se volvió denso.

—No digas eso.

—Lo vi en su cara.

—Seis años no se apagan porque una familia decida apagar la luz —murmuró Ximara.

La frase arrastró todo lo que Ximena ya sabía: la universidad, los turnos de hospital que Sebastián había cubierto para pagar cursos, las becas, las llamadas de madrugada, los planes de irse juntos antes de que Aurelio cerrara la puerta con amenazas y deudas encima. Seis años de amor doblados y guardados en una caja que nadie había vuelto a abrir.

—Iban a escaparse —dijo Ximena.

—Íbamos a intentarlo.

—La noche antes del compromiso.

—Sí.

—Y luego el accidente.

Del otro lado, Ximara soltó una risa sin alegría.

—El accidente resolvió muchas cosas para papá.

—No digas eso.

—Es verdad.

Ximena miró la férula en su pierna.

—¿Qué quieres hacer?

No hubo respuesta.

—¿Ximara?

Nada.

—¿Sigues ahí?

La respiración del otro lado fue tan leve que casi no existía.

Ximena sintió que el corazón se le apretaba.

Porque conocía ese silencio.

Era el sonido de su hermana tomando una decisión que iba a dolerles a todos.

1
bruja de la imaginación 👿😇
me encanta esta historia
Carely Prieto
bonita narrativa, creativa y gran ingenio
Karina Sanabria
👏👏👏👏muy linda novela!! algo diferente
gracias pero por favor no tardes en subir nuevamente
Karina Sanabria
Dios mío que le pasa a este hombre!!! acaso no le gusta el sexo 🤭🤤🫠
Erika Durán
Hasta el momento
Muy bien,
Carely Prieto
😭 noooo, no seas malita, sube más capítulos 🥹 anda dí que si, anda siiiiiiii??!
wendy arrieta
Dios mio ella si sabe utilizar su mente jajajajajaa
Martha Mena Wong
Por dios me voy acabar las uñas esto se está poniendo peliagudo más capítulos muchas felicidades autora eres genial te atrapa desde el principio la novela bendiciones
Martha Mena Wong
Esto se está poniendo buenísimo por favor que no la idie cuando se entere de la verdad gracias más capítulos por favor está súper la historia
Martha Mena Wong
Noooooo me va a dar el mimisqui cuánto podrá fingir ser quien no debe ahora sí me va a dar algo😭😭😭😭
Martha Mena Wong
Santa cachucha ahora que hará se le junto el ganado jajajaja 🤭🤭🤭🤭
Martha Mena Wong
Celoso de el mismo que divertido genial 🤣🤣🤣🤣
Martha Mena Wong
Por dios esto está más entretenido que las estupidas novelas de la tele felicidades me encanta
Martha Mena Wong
Ajaja se le hizo por fin siiiiiiii
Martha Mena Wong
Ya el se ka imaginaba con lencería buen camino
Martha Mena Wong
Andele a ver si ahora le hace caso
Martha Mena Wong
jajajaja me encanta excelente novela
Martha Mena Wong
🤭🤭🤭🤭🤭🤭
Martha Mena Wong
jajajaja esto está genial imagínate que oigan tus pensamientos bueno si está buenorro yo también pienso cositas o cositas depende jijiji
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