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Plantada En El Altar

Plantada En El Altar

Status: Terminada
Genre:Romance / Triángulo amoroso / Venganza de la Esposa / Completas
Popularitas:971.1k
Nilai: 4.7
nombre de autor: Autor lucia

El vestido de novia caía perfecto sobre el cuerpo de Isabella Parker. La seda blanca abrazaba su figura con elegancia, y frente al espejo, sus ojos verdes brillaban llenos de ilusión.

—Hoy me caso… —susurró, sin poder creerlo.

Todo estaba listo. La iglesia, los invitados… Adrian Collins esperándola al final del altar. O al menos eso creía.

Muy lejos de ahí, Adrian no estaba en la iglesia.

Estaba en un estacionamiento, con el mismo traje de novio… pero con la decisión más fría en su mirada.

—No puedes hacer esto —le dijo Ethan, su mejor amigo.

Adrian no dudó.

—Ya no la amo.

El silencio fue brutal.

—Estoy enamorado de otra persona.

Ethan entendió todo sin necesidad de más palabras.

—La vas a destruir.

Adrian no respondió. Solo sacó un sobre.

—Entrégaselo.

Y se fue.

Se fue de su propia boda.

De la mujer que lo esperaba vestida de blanco.

De una vida que prometió… y que decidió romper.

Horas después, Isabella sostendría esa carta frente a todos.

Y ese día…

NovelToon tiene autorización de Autor lucia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: Engáñate si puedes

Capítulo 10

Mientras unos ríen, celebran y viven momentos que parecen perfectos, otros se rompen en silencio, cargando dolores que nadie ve… qué injusta puede llegar a ser la vida.

La tarde caía lentamente, dejando que una luz cálida se filtrara por las cortinas y envolviera la habitación en un ambiente casi perfecto. Scarlett no podía quedarse quieta; caminaba de un lado a otro con una emoción evidente, como si estuviera conteniendo algo demasiado grande para guardarlo por más tiempo. Sus ojos brillaban, y cada pequeño gesto suyo delataba lo feliz que estaba.

Adrian, recostado sobre la cama, la observaba en silencio, con una leve sonrisa dibujada en los labios. Por fuera parecía relajado… pero había algo en su mirada que no terminaba de coincidir con el momento.

—Tengo una noticia importante que decirte —dijo Scarlett finalmente, deteniéndose frente a él.

Adrian ladeó la cabeza, divertido por su entusiasmo.

—¿Más sorpresas?

Scarlett sonrió aún más, acercándose un par de pasos.

—¿Te acuerdas que ayer hablamos con mi papá? Pues resulta que le comenté sobre el proyecto que me dijiste…

El ambiente cambió apenas. Fue algo sutil, casi imperceptible, pero suficiente para que Adrian dejara de verse tan relajado. Aun así, mantuvo la sonrisa.

—Cielo, no tenías que haberlo hecho… —respondió con suavidad—. No era necesario.

Scarlett negó con la cabeza, restándole importancia, como si aquello fuera lo más natural del mundo.

—Eres mi novio y quiero lo mejor para ti —dijo con total seguridad—. Y es por eso que mañana empiezas a trabajar en la empresa de mi papá.

El silencio se instaló por un instante.

Adrian se quedó mirándola, procesando sus palabras. No esperaba algo así. No tan rápido. No tan… definitivo.

—No creo poder aceptarlo… —murmuró, bajando un poco la mirada—. ¿Qué pensará tu papá de mí?

Scarlett se acercó aún más, hasta quedar justo frente a él. Levantó su rostro con suavidad, obligándolo a mirarla.

—Él solo quiere mi felicidad… y tú lo eres —respondió sin dudar—. Por eso decidí consentirte… así que mira el clóset.

Adrian frunció ligeramente el ceño.

—¿El clóset?

Se levantó de la cama y caminó hacia el armario. Sus pasos eran tranquilos, pero su mente no lo estaba. Al abrirlo, sus ojos se detuvieron de inmediato.

Un traje azul de seda, impecable, perfectamente colgado, como si estuviera esperando por él.

Scarlett apareció detrás, cruzándose de brazos, observándolo con una sonrisa orgullosa.

—Tienes que estar presentable.

Adrian pasó la mirada por la tela, rozándola apenas con los dedos. Era elegante, costoso… perfecto para alguien que encajaba en ese mundo.

Pero él no estaba seguro de encajar.

Cerró el armario lentamente.

—Gracias… pero no tenías que hacerlo.

Scarlett rodó los ojos con una pequeña sonrisa.

—Ya te dije que me gusta consentirte… así que tómalo como un regalo.

Adrian la miró unos segundos más. Luego sonrió… esa sonrisa que siempre sabía usar cuando quería suavizar cualquier situación. Sin decir nada, la tomó por la cintura y la atrajo hacia él.

El movimiento fue firme, natural.

Scarlett soltó una pequeña risa, sorprendida, pero no se apartó. Al contrario, se acercó más.

Sus miradas se encontraron.

Y por un instante, todo quedó en silencio.

Adrian inclinó el rostro y la besó.

Al inicio fue un beso suave, lento… casi cuidadoso. Pero poco a poco se volvió más profundo, más intenso, como si ambos quisieran aferrarse a ese momento y olvidarse de todo lo demás.

Scarlett rodeó su cuello con los brazos, respondiendo con la misma intensidad, dejándose llevar completamente. Sus manos recorrieron su espalda, acercándolo aún más, eliminando cualquier espacio entre ellos.

El tiempo parecía haberse detenido.

Las palabras ya no eran necesarias.

Solo quedaban las miradas, las respiraciones entrecortadas, el calor compartido.

Adrian la guio con suavidad hacia la cama, sin romper el contacto, sin apartarse de ella. Cada gesto estaba cargado de una cercanía que para Scarlett significaba todo… mientras que para él era algo más complicado, algo que no terminaba de entender ni de controlar.

Esa noche se entregaron el uno al otro, entre caricias y silencios, buscando en el otro una forma de llenar lo que llevaban dentro. Scarlett lo hacía desde el amor, desde la ilusión de un futuro que ya sentía seguro.

Adrian… lo hacía intentando callar sus propios pensamientos.

Intentando no recordar.

Intentando no sentir algo que seguía ahí, latente, negándose a desaparecer.

Y mientras ella cerraba los ojos, convencida de que todo estaba bien…

 

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Habían pasado un año desde el accidente de Isabella. Meses que se sintieron eternos, donde cada día fue una lucha silenciosa entre lo que había sido y lo que intentaba volver a ser. Su cuerpo ya estaba completamente sano, sin rastro de heridas visibles, pero su mente… su corazón… seguían cargando cicatrices mucho más profundas. Aquella noche, sentada frente a su laptop, la luz tenue de la pantalla iluminaba su rostro serio y concentrado, aunque en realidad su mente estaba lejos de ese reporte que intentaba terminar. Sus dedos se movían con lentitud sobre el teclado, corrigiendo líneas, revisando cifras, pero cada tanto se detenía, como si el peso de sus pensamientos le quitara el aire.

El silencio del departamento era casi absoluto, hasta que la voz de Victoria irrumpió con su energía habitual.

—Deberías dejar eso un rato… —dijo, estirándose en el sofá con una sonrisa traviesa—. ¿Qué te parece si vamos a la fiesta de Rouse?

Isabella ni siquiera levantó la vista al principio, como si ignorarla fuera suficiente para desaparecer la propuesta.

—¿Estás loca? —respondió finalmente, con un tono cansado—. Tengo que entregar este reporte en unas horas.

Victoria arqueó una ceja, levantándose con calma y caminando hacia ella.

—¿No habías dicho que ya lo habías terminado?

Isabella soltó un suspiro, apoyando los codos en la mesa.

—Sí… pero falta revisar. No quiero errores.

Victoria se apoyó en la silla, inclinándose un poco hacia ella, insistente.

—Lo bueno es que empieza tarde… —dijo suavemente—. Podemos ir un rato, te distraes… no tienes que quedarte mucho. ¿Qué dices?

Isabella negó con la cabeza, esta vez más firme, sus ojos reflejando algo más que simple rechazo.

—No iré a ninguna fiesta… y mucho menos después de lo que pasó.

Victoria soltó una pequeña risa, restándole importancia.

—Por favor, eso ya es pasado. Además, dudo mucho que alguien lo recuerde. Solo estabas un poco… subida de copas.

Isabella cerró los ojos por un segundo, como si ese recuerdo le atravesara el pecho.

—Ni me lo recuerdes… —murmuró—. Fue el peor día de mi vida.

Victoria no pudo evitar reírse.

—Tuve que fingir que no te conocía.

Isabella giró la cabeza lentamente, mirándola con sarcasmo.

—Gracias, Victoria. De verdad… qué apoyo tan incondicional.

Pero aunque su tono era irónico, en el fondo sabía que aquella noche había sido un desastre total… uno que aún le quemaba por dentro.

Su mirada se perdió por un momento, y sin querer… el recuerdo volvió a arrastrarla.

Días antes, la música vibraba en cada rincón del salón. Las luces cálidas, las risas, el sonido de las copas chocando… todo creaba un ambiente festivo que contrastaba completamente con el estado emocional de Isabella. Ella estaba allí físicamente, pero por dentro se sentía completamente desconectada.

Sostenía una copa de vino entre sus dedos, observando cómo la gente bailaba, reía y disfrutaba como si el mundo fuera perfecto. Como si el amor existiera de verdad.

Victoria, por otro lado, estaba en su mejor momento.

—¿Por qué no aceptaste bailar con ese chico? —preguntó emocionada, acercándose a ella—. ¡Estaba guapísimo!

Isabella apenas giró el rostro hacia ella, dando un pequeño sorbo a su copa.

—¿Estás loca? No quiero saber nada de hombres.

Victoria frunció el ceño, claramente irritada.

—¿En serio? ¿Vas a seguir pensando que todos son iguales al idiota de Adrian?

Isabella bufó, apretando un poco la copa entre sus dedos.

—Todos los hombres son iguales.

Victoria cruzó los brazos, rodando los ojos.

—Ajá… como tú digas.

En ese momento, un chico se acercó. Alto, atractivo, con una seguridad natural en su forma de caminar. Su voz era suave, casi encantadora.

—¿Quieres bailar esta pieza conmigo?

Isabella lo miró unos segundos… evaluándolo… pero luego negó suavemente.

—No, gracias. Estoy bien así.

El chico asintió con una sonrisa educada antes de retirarse, pero Victoria la miró como si no entendiera nada.

Isabella, en cambio, ya no estaba interesada en nadie… ni en nada.

Solo quería olvidar.

Y para eso… siguió bebiendo.

Una copa… luego otra… y otra más.

El mundo comenzó a girar más lento, las voces se mezclaban, las luces parecían más brillantes… y el dolor… por un momento… parecía desaparecer.

Hasta que sus pasos la llevaron, sin que ella lo notara, hacia el novio de la celebración.

—Oye… —dijo, tambaleándose ligeramente, con una sonrisa torcida—. Tú… qué guapo estás…

El chico la miró desconcertado.

—Eh… gracias…

Isabella entrecerró los ojos, intentando enfocar su rostro.

—Espera… —murmuró—. ¿Eres tú… Adrian?

Y sin previo aviso…

¡PLAF!

La bofetada resonó en todo el salón.

El silencio fue inmediato. Absoluto.

Las conversaciones se apagaron, la música parecía lejana, y todas las miradas se clavaron en ella.

—¡¿Qué estás haciendo, amiga?! —exclamó Victoria, corriendo hacia ella.

La novia abrió los ojos, impactada, mirando a su prometido con confusión y una pizca de duda.

—¿Qué significa esto? —preguntó, con la voz temblorosa.

Victoria levantó las manos, nerviosa.

—¡No, no! ¡No es lo que parece! —se apresuró a decir—. Ella… ella está pasando por un mal momento. Su exnovio… la dejó y…

Isabella, completamente perdida, apenas susurraba:

—Todos son iguales… todos…

Victoria la sostuvo antes de que cayera, sintiendo el peso de la vergüenza ajena… y las miradas juzgándolas.

Esa noche… Isabella tocó fondo.

De vuelta al presente, Isabella abrió los ojos lentamente, como si acabara de despertar de una pesadilla.

Sus dedos estaban tensos sobre la laptop, su respiración un poco agitada.

Sin decir nada, cerró el equipo de golpe.

—Definitivamente… no pienso volver a una fiesta —dijo con voz baja, pero firme.

Victoria la observó en silencio por un momento, notando algo diferente en ella… algo más fuerte, pero también más herido.

Y aunque Isabella intentaba convencerse de que podía evitarlo… en el fondo sabía que no podía huir para siempre.

Porque hay recuerdos que no se olvidan…

Y errores… que siempre encuentran la forma de volver.

^^^Continuará...^^^

1
Yuli Pi
Hola escritora. Sé que el libro está finalizado pero no tiene secuencia. Primero: Adrián la uso porque tenía dinero, pero ahorita teme perder su trabajo. Segundo la empaparon de lodo agua sucia y después aparece que fue café. No sé que pasó. Pensé que haberla dejado en el altar y después del proceso del dolor iba a surgir una mujer empoderada, que no se dejaría pisar por nadie..... Ahora es más insegura hasta para caminar
Yuli Pi
El novio se supone que debe esperar a la novia en el altar. Alguien debió avisar que la novia no ingresará porque aún no había llegado el novio.
Belca
Si estaba tan enamorado y luego resulta que no la ama, por gratitud al amor que se sentían hubiese terminado la relación por lo menos el día antes y no hacerle eso tan cruel, dejarla plantada, pensó es sus sentimientos pero no pensó en cuanto ella lo amaba
Magby Klaret Garcia
😅😅😅😅😅😅 esa estuvo buena Luna
Ofelia Armenta Soto
eso es el resultado de su ambición
no valoro la perla que tuvo en sus manos
Mirla Loyo
Gabriel no y que es profesor de literatura en la universidad?🤷‍♀️
Mirla Loyo
es famoso el Gabriel?..y porque me da la impresión de que vive en un cuartito?🤷‍♀️
Mirla Loyo
al parecer la mamá tiene plata, entonces porque el🤡 se casa 👀
Ofelia Armenta Soto
🤣el precio de la traición
no es más. que utilice manipulado
Libian Ruiz
A pero le da rabia de que el tenga una relación pero que quería que se quedara solo y queriéndola y que siguiera como un perro detrás de ella rogándole cuando el le dijo que estaba enamorado de ella y que la esperaría ella lo rechazo esta estúpida me tiene arrecha🤬🤬🤬🤬
GG
Pobrecita ella es solo otra víctima de este imbecil
Sandra Patricia Ramirez Linares
me encanto, muy emotiva.
Sandra Patricia Ramirez Linares
que lindo Gabriel
Sandra Patricia Ramirez Linares
ya me hizo llorar, Gabriel no puede terminar asi
Magby Klaret Garcia
No era que tenía, una copia 🤔 porque no busca la copia porque hacer un nuevo trabajo teniendo la copia del que se arruinó
Magby Klaret Garcia
Cuál café si fué que la mojaron con agua de un charco 😤😤😤😤😤
Sandra Patricia Ramirez Linares
no quiero que muera.
Sandra Patricia Ramirez Linares
no puede acabar de esa manera.
Rita García Zagada
que poco hombre
angelica vanegas
Me gustó bastante. Autora felicitaciones
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