Creció entre miedo y humillaciones, aferrándose a la ilusión de que algún día él sería su salvación.
Pero la verdad fue mucho más cruel: el corazón del hombre que amaba siempre le perteneció a otra.
Un embarazo inesperado los obligó a casarse, convirtiendo su matrimonio en una jaula hecha de silencios, desprecios y heridas. Cada día a su lado era una batalla perdida… hasta que un día decidió desaparecer.
Huyó con su hijo y dejó atrás una mentira perfecta: su propia muerte.
Lejos de él reconstruyó su vida desde las cenizas. Aprendió que merecía respeto, paz… y quizá incluso amor. Pero cuando alguien aparece dispuesto a darle todo lo que nunca tuvo, su corazón vuelve a temblar ante la posibilidad de confiar otra vez.
Entonces el pasado regresa.
El hombre que la destruyó ha descubierto la verdad… y está dispuesto a recuperarla a cualquier precio.
Pero esta vez ella no es la misma.
Porque ya no es la mujer que él rompió.
Y ahora será ella quien decida quién merece quedarse en su vida.
NovelToon tiene autorización de Frida Escobar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Un collar especial.
Suspiro y desvío la mirada hacia la ventana sin responder.
Él detiene el carro cuando se estaciona al llegar a la empresa.
Intento bajarme, pero me acuerdo del collar.
No quise dejarlo en el auto; podrían robarlo, nunca se sabe. Pero ahora que estamos en la empresa, vuelvo a sacar el cofre.
—Tómelo o lo dejaré aquí.
Le digo, señalando la guantera.
Dante ni siquiera me mira.
—Ya te dije que es tuyo y haz lo que quieras. Si quieres tirarlo, hazlo.
Aprieto los labios, molesta.
Abro la guantera y lo dejo ahí, como si no me importara… aunque por dentro siento algo extraño.
Salgo del auto sin decir nada.
El aire me golpea el rostro apenas doy unos pasos, pero no avanzo mucho.
Una mano rodea mi brazo y me detiene.
El movimiento es rápido.
Demasiado.
En un segundo estoy frente a él.
—Señor Dante…
Susurro, con el aire atrapado en el pecho.
Está demasiado cerca.
Puedo sentir su respiración.
Su mano sube hasta mi cabeza, sujetando mi cabello con suavidad, pero firme.
Mi cuerpo reacciona antes que mi mente.
Tiemblo.
—Es de mala educación rechazar un regalo.
Su voz es baja… peligrosa.
Antes de que pueda responder, me gira.
Mi espalda choca contra su pecho.
Escucho el cofre caer al suelo.
El sonido retumba en mis oídos.
Sus dedos apartan mi cabello, rozando mi cuello.
Siento un escalofrío recorrerme entera.
Y entonces…
El frío del metal toca mi piel.
El collar.
Contengo la respiración cuando lo abrocha y tarda más de lo común.
Sus dedos no se alejan de inmediato.
Se deslizan apenas, como si comprobaran algo.
Recorre mi piel.
Me gira otra vez.
Sus ojos recorren mi rostro… luego bajan al collar.
—Te queda bien.
Dice, y sus dedos vuelven a tocarlo, pero terminan rozando mi piel.
Quiero apartarme.
Quiero decir algo.
Pero no puedo.
Algo en su forma de mirarme me deja sin palabras.
De pronto… me suelta.
Se da la vuelta y se aleja como si nada hubiera pasado.
Como si no hubiera dejado mi cuerpo temblando.
Retrocedo y choco con una columna.
El impacto me hace reaccionar.
Llevo una mano a mi cuello.
Aún puedo sentirlo.
Su tacto.
Su cercanía.
¿Qué me ocurre?
¿Qué se cree?
Respiro hondo, una y otra vez, intentando recuperar el control.
Me acomodo el cabello con manos temblorosas.
Intento quitarme el collar.
Pero no puedo.
El broche es pequeño… extraño, no puedo verlo pero lo siento.
No cede, tiro de ella y antes la veía delicada y delgada pero ahora no lo parece.
Frunzo el ceño, desesperada.
Salgo del estacionamiento y entro a la empresa.
—Hola, mi amor, ya supe la buena noticia.
La voz de mi padre me hace detenerme.
Deja un beso en mi frente.
Le sonrío, intentando parecer normal.
Pero mi mente sigue en el collar.
En él.
—Esta es tuya. Yo estoy del otro lado. Karina está con mi nieto, esperándote.
Dice mientras me señala las oficinas.
Asiento.
Pero noto su mirada fija en mi cuello.
—Muy bonito… aunque especial. No te lo había visto.
Mi estómago se tensa.
—¿Por qué es especial?
Le pregunto.
Se ríe, negando.
—Si me dices que te lo dio el hijo de perra de Rodrigo, te diré que ese collar es difícil de quitar. Tiene un pequeño código… y si no lo sabes, olvídate.
Mi respiración se corta.
—¿Código?
—Sí. Y no creo que quieras llamarlo para preguntarle.
Añade con diversión.
Maldita sea.
Lo veo alejarse con la carpeta en mano.
Entro a la oficina.
Karina se levanta al verme y Mati corre hacia mí.
Lo cargo de inmediato.
Su abrazo… me calma.
—¿Puedes ayudarme a quitármelo?
Le digo a Karina.
Ella se acerca, curiosa.
Sus dedos tocan el broche.
Intenta.
Una vez.
Otra.
Nada.
Suspira.
—¿Por qué quieres quitártelo? Es hermoso.
No respondo.
Bajo a Mati.
Me acerco al espejo.
Giro el collar.
Y lo veo.
Un pequeño sistema… un código.
Mi padre tenía razón.
—Si fue un regalo de Rodrigo… entiendo.
Dice Karina con suavidad.
—No.
Respondo de inmediato.
—No fue de él.
—Qué bonito collar.
Dice Mati, sonriendo.
Paso mis dedos por el metal.
Brilla.
Demasiado.
Como si se burlara de mí.
Me siento en el escritorio, frustrada.
Solo hay una persona que puede quitarlo.
Y es la última persona que me ayudará.
Tocan la puerta.
Karina sale por la comida.
Mati se acomoda, feliz, riendo.
Lo observo.
Tan tranquilo.
Tan ajeno a todo.
Y por un momento… eso me basta.
—Tenemos otra reunión.
La voz de Dante me hace tensarme.
Levanto la mirada.
Está en la puerta.
Deja una carpeta sobre mi escritorio, como si nada.
Como si no hubiera pasado nada.
Karina y Mati siguen en lo suyo.
Muy ajenos a lo que pasa a su alrededor.
Salgo de la oficina.
Y cuando él se gira para irse… lo enfrento.
—Quíteme esto. No soy una mascota a la cual le ponen cosas en el cuello.
Le digo, señalando el collar.
Dante sonríe.
Una sonrisa que no me gusta.
—No es así, pero se te ve muy bonito.
Dice con burla.
Y sigue caminando doblando la esquina.
Aprieto los puños.
—Solo porque no puedo llegar y encarar a ese maldito… porque si lo veo, lo mato con mis propias manos.
Suelta mi padre de la nada llegando hacia mi.
—¿Cómo matarás a alguien que supuestamente está muerto…?
La voz de Dante me detiene.
—A menos que no lo esté.
El mundo parece detenerse.
Levanto la mirada.
Y ahí está.
Dante.
A unos pasos.
Observándonos.