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Ecos De Cenizas Y Ónix

Ecos De Cenizas Y Ónix

Status: Terminada
Genre:Vampiro / Hombre lobo / Amor eterno / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Yelina Lopez

Aethelgard Draconis (El Patriarca): Un vampiro de presencia imponente y fría elegancia, con siglos de existencia a sus espaldas. Su mente es una fortaleza inquebrantable.

Nyxandra Draconis (La Matriarca): De una belleza etérea y calculadora. Es la estratega del clan, capaz de leer las intenciones más ocultas antes de que sean pronunciadas.

Kaelen Draconis: El hermano mayor. Protector, de pocas palabras y con un aire de misterio melancólico que oculta una ferocidad implacable.
Vespera Draconis: La hermana menor. Ágil, perspicaz y con una fascinación peligrosa por el mundo efímero de los humanos.

Onyx Draconis (El Protagonista): El miembro más introspectivo de la familia. Vive con el peso de una eternidad que apenas comienza a comprender hasta que un giro del destino cruza su camino.

orden

- Ecos De Cenizas y Ónix

- El Eclipse Del Tiempo: Crónicas Del Valle Eterno

- El Eclipse Del Tiempo: El Despertar Del Abierto Horizonte

- Eclipse Del Tiempo: El Umbral Del Amanecer

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Rastros En La Penumbra

La caída al lecho de hojas húmedas y barro en el jardín delantero de la mansión Draconis no produjo ni el más mínimo sonido. Para Onyx, la gravedad era una mera sugerencia física que podía modular a voluntad gracias a los siglos de evolución depredadora que corrían por sus venas. Apenas sus botas tocaron la tierra fría, su respiración se detuvo por completo, un hábito reflejo que le permitía maximizar sus capacidades sensoriales en situaciones de potencial peligro. La oscuridad de la noche, densa y cargada de una llovizna fina que apenas comenzaba a disiparse, no representaba ningún obstáculo para sus ojos; cada contorno de los abetos centenarios y cada roca cubierta de musgo se dibujaba ante él con una nitidez casi quirúrgica.

Avanzó con sigilo felino, deslizándose entre las sombras de la vegetación como un espectro que formaba parte del propio bosque. A unos doscientos metros de la casa, en el punto exacto donde la propiedad privada se fundía con el dominio público del espeso bosque de Oakhaven, el aire cambió de manera sutil. Un rastro casi imperceptible flotaba en la corriente de aire frío: un olor metálico, áspero y rancio que no pertenecía a la fauna local ni a los miembros de su clan. Era el aroma inconfundible de depredadores errantes, criaturas salvajes y desorganizadas que operaban al margen de las grandes leyes del mundo vampírico, guiadas únicamente por el hambre ciega y el desprecio por las reglas de convivencia secreta que los Draconis respetaban estrictamente.

Onyx se detuvo junto al tronco masivo de un pino abeto, presionando su espalda contra la corteza rugosa mientras analizaba el perímetro. Los sonidos de la noche se desvanecieron en su mente, reemplazados por el eco distante pero constante de los latidos de la vida que latía más allá del bosque: el pueblo dormido, las luces tenaces de las pocas casas desperdigadas, y en algún lugar de ese entramado humano, el pulso frágil y cálido de Lyra. Por una fracción de segundo, la dualidad de su existencia lo golpeó con fuerza. Estaba allí, agazapado en la oscuridad profunda, listo para cazar o ser cazado, protegiendo un secreto milenario, mientras su mente se negaba a apartar la imagen de una simple estudiante de secundaria que ignoraba por completo el abismo sobre el que caminaba todos los días.

Un crujido seco, un poco más adelante, interrumpió sus pensamientos. A través de la cortina de neblina, una silueta pesada y encorvada se movía entre los arbustos, deteniéndose para olfatear el aire con movimientos erráticos y desesperados. No era un clan formal enviando un emisario; era una avanzadilla solitaria, un cazador furtivo que había cruzado las líneas rojas territoriales atraído por el rumor de una nueva presencia en la mansión abandonada. Onyx entrecerró los ojos, sintiendo cómo la sangre en su interior comenzaba a zumbar con la urgencia fría de la confrontación. Sabía que si decidía actuar con rapidez y contundencia, el intruso no llegaría a ver el amanecer ni a transmitir lo que había descubierto en los linderos de los Draconis.

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1
Dora Guzman Pacherres
Será su pareja y por eso el reacciona de esa manera.
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