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Renaci Y Está Vez No Vuelvo Contigo

Renaci Y Está Vez No Vuelvo Contigo

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Traiciones y engaños / Venganza
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: VICTOR CUETO

En mi vida anterior amé hasta destruirme.
Soporté cada traición creyendo que el amor debía doler.
Morí rota.
Desperté años atrás con una sola promesa: esta vez no vuelvo contigo.

NovelToon tiene autorización de VICTOR CUETO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: El día que me rompí

El día que me rompí

El sonido del cristal rompiéndose todavía resonaba en mis oídos cuando entré en la habitación.

No debí haber abierto esa puerta.

Debí haberme quedado en el auto, con las luces apagadas, fingiendo que no había visto su auto estacionado frente al hotel. Debí haberme tragado la sospecha como había hecho tantas veces antes. Pero esa noche algo dentro de mí ya no aguantaba más.

Y entonces los vi.

Él la tenía contra la pared. La misma pared donde una vez me había besado diciéndome que yo era la única. Su mano enredada en el cabello de ella, la misma mano que por las noches buscaba la mía cuando decía que no podía dormir sin mí. Ella gemía su nombre con una voz que yo reconocí demasiado bien: la voz de alguien que se sentía deseada.

Yo me quedé parada en el umbral, con el bolso todavía colgando del hombro y el anillo de compromiso brillando bajo la luz tenue de la lámpara. Ese anillo que él mismo me había puesto de rodillas hace apenas ocho meses, jurando que esta vez sería diferente.

Él levantó la vista.

Por un segundo, solo un segundo, vi pánico en sus ojos. Después… nada. La máscara volvió a colocarse con una facilidad que me enfermó.

—Amor… —empezó.

La palabra “amor” salió de su boca como si todavía tuviera derecho a usarla.

Yo no grité.

No lloré.

Ni siquiera temblé.

Solo me quedé mirándolo mientras la otra mujer se apresuraba a cubrirse con la sábana, murmurando disculpas que no me interesaban. Él se acercó a mí con esa calma peligrosa que siempre usaba cuando sabía que había cruzado un límite.

—No es lo que parece.

Reí. Fue un sonido seco, roto.

—Claro que no. Nunca lo es.

Intentó tocarme el brazo. Yo di un paso atrás.

—No me toques.

Por primera vez en mucho tiempo, mi voz no tembló.

Él frunció el ceño, molesto ya. Esa era otra de sus red flags: cuando se sentía acorralado, la culpa se convertía en irritación.

—Estás exagerando. Fue un error. Ella no significa nada.

—¿Y yo sí? —pregunté en voz baja—. ¿Yo significo algo, Mateo?

Guardó silencio.

Ese silencio me mató más que cualquier confesión.

Me di la vuelta y salí del hotel sin correr. Caminé bajo la lluvia hasta el auto con la espalda recta, aunque por dentro sentía que cada paso me deshacía un poco más. Cuando cerré la puerta del conductor, por fin permití que las lágrimas cayeran. No eran lágrimas de rabia. Eran de algo peor: de cansancio. De años enteros de justificar miradas, mensajes borrados, noches en las que llegaba oliendo a perfume que no era el mío.

Había amado a ese hombre con una devoción enfermiza. Había perdonado demasiadas cosas porque creía que el amor verdadero dolía. Porque me había convencido de que si me iba, nadie más me querría con mis grietas.

Esa noche manejé sin rumbo hasta que los faroles de la ciudad se volvieron borrosos. Terminé en el puente. El mismo puente donde una vez nos habíamos besado bajo la lluvia prometiéndonos para siempre.

Me bajé del auto. El viento frío me pegó en la cara. Me quité el anillo y lo sostuve entre los dedos. Brillaba como si todavía tuviera derecho a existir.

—Te odié —susurré al vacío—. Pero más me odié yo por quedarme.

No salté.

No esa noche.

Volví a casa. Me duché con agua hirviendo hasta que la piel me ardió. Me metí en la cama que todavía olía a él. Y esperé a que el dolor se convirtiera en algo manejable.

No lo hizo.

Los días siguientes fueron un infierno silencioso. Él llamaba. Mandaba mensajes. Aparecía frente a mi trabajo con flores y esa sonrisa arrepentida que siempre me desarmaba. Yo lo escuchaba. A veces hasta lo dejaba entrar. Porque el cuerpo todavía recordaba cómo se sentía ser amada por él, aunque la mente ya sabía la verdad.

Una noche, tres semanas después, volvió a pasar.

Lo encontré otra vez.

Misma mujer.

Mismo hotel.

Misma mirada de “no es lo que parece”.

Esa vez no dije nada.

Solo me di la vuelta y caminé bajo la lluvia hasta que mis piernas no dieron más.

El accidente ocurrió de madrugada. Un camión que no respetó el semáforo. El impacto fue tan fuerte que el mundo se apagó en un segundo.

Lo último que pensé no fue en él.

Fue en mi hermano.

Lucas.

El único que nunca me mintió. El que me abrazaba en silencio cuando yo todavía fingía que todo estaba bien. El que también estaba rompiéndose por dentro con un amor que no le devolvía ni la mitad de lo que él daba.

“Perdóname, hermano… no pude salvarme a tiempo.”

Y entonces… todo se volvió negro.

---

Desperté con un jadeo.

El corazón me latía tan fuerte que pensé que se me iba a salir del pecho. Me incorporé de golpe y miré alrededor, desorientada. La habitación era familiar… demasiado familiar.

Mi vieja habitación.

La de antes de mudarme con Mateo.

La de cuando todavía vivía con Lucas.

El calendario en la pared marcaba una fecha que me heló la sangre.

Tres años atrás.

Me levante tambaleándome y corrí al espejo del baño. La cara que me devolvió la mirada era más joven. Sin las ojeras profundas. Sin la marca sutil que el estrés había dejado en la comisura de mis labios. Me toqué el cuello, los brazos, el pecho… todo estaba entero. Vivo.

Caí de rodillas sobre el frío azulejo.

No era un sueño.

No era una pesadilla.

Había vuelto.

Las lágrimas bajaron esta vez sin permiso. Pero no eran solo de dolor. Eran de algo más peligroso: de una rabia limpia, clara, que no había sentido en años.

Me sequé la cara con el dorso de la mano y me miré otra vez al espejo. Los ojos que me devolvieron la mirada ya no eran los de la mujer que perdonaba todo.

Eran los de alguien que recordaba cada humillación.

Cada mentira.

Cada vez que había elegido quedarse aunque se estuviera muriendo por dentro.

—Esta vez —susurré a mi reflejo, con la voz ronca— no vuelvo contigo.

La puerta del baño se abrió de golpe.

—¿Hermana?

Lucas estaba ahí. Más joven también. Con esa misma expresión preocupada que siempre ponía cuando me escuchaba llorar. Se arrodilló frente a mí sin preguntar nada y me abrazó con la fuerza de quien tiene miedo de que me deshaga entre sus brazos.

—Estoy aquí —murmuró contra mi cabello—. Estoy aquí.

Yo me aferré a él como si fuera lo único real en ese momento. Porque lo era.

Mientras él me mecía en silencio, una certeza fría y luminosa se instaló en mi pecho.

Esta vez no iba a repetir la misma historia.

Esta vez no iba a dejar que el amor me convirtiera otra vez en una sombra.

Y si el destino me había dado una segunda oportunidad…

iba a usarla para salvarnos a los dos.

Aunque tuviera que quemar todo lo que alguna vez creí que era amor.

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BL Autor 🌈
Me tocó analizar de nuevo y empezar a reescribir la historia, desde el episodio 18, les prometo que subiré lo más rápido posible cuando tengas las correcciones, quiero hasta llorar de la vergüenza, pero soy humano y me equivoco, para alguien como yo que le puso esmeró a la historia y no la analizó bien, me tocó leerla nuevamente y empezar a corregir, nuevamente me disculpo, espero que lo disfruten, tome en tiempo de leerla
BL Autor 🌈
¡ANUNCIO IMPORTANTE!, algunos pudieron notar que ya iba por el episodio 40, dado el caso sufrí un pequeño regaño de parte de mi editora jajaj, el borrador que usé lo subí con tanta emoción que no me di de cuenta que desde el episodio 18 en adelante la historia perdía su ritmo, se perfectamente que personas ya iban adelantadas y las que no, ofrezco una disculpa, pido una oportunidad, ya que soy un nuevo autor y me cuesta hacer las cosas bien por más que lo intento
Victor Cueto
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