Todo comienza con un joven que vive y trabaja en el campo junto a sus padres y hermanos. Acostumbrado a los animales, la naturaleza y las largas jornadas de trabajo, nunca imaginó que su vida cambiaría al conocer a una hermosa mujer de la ciudad. Ella está acostumbrada a las comodidades, la tecnología y una vida completamente diferente. Sin embargo, el destino los une y, poco a poco, nace entre ellos un amor inesperado. Para estar a su lado, ella tendrá que aprender los difíciles labores del campo, enfrentarse a nuevos desafíos y descubrir que el verdadero amor puede encontrarse donde menos lo imagina.
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Capítulo 14 — Quiero irme contigo
Después de todo lo que había pasado con Rosmira, Lisseth y yo finalmente nos habíamos reconciliado.
Seguíamos hablando por videollamada. Yo estaba acostado en mi cuarto, mientras ella estaba en su habitación en Medellín.
—Amor —me dijo de repente.
—¿Qué pasó, pues?
—Quiero pedirte algo.
—Decime.
Lisseth respiró profundo.
—Quiero que vengás a Medellín y hablés con mis papás.
Me quedé sorprendido.
—¿Con tus papás?
—Sí.
—¿Y para qué, pues?
Ella me miró con una sonrisa nerviosa.
—Porque quiero irme a Manizales contigo a vivir.
Abrí los ojos.
—¿Cómo así, mija?
—Eso mismo. Quiero irme contigo, pero primero quiero que hablés con mis papás y les pidás permiso.
Me quedé pensando.
—¿Estás segura, mi amor?
—Sí. Más que segura.
—Pero Lisseth, eso es una decisión grande.
—Yo sé, amor. Por eso quiero hacerlo bien. No quiero irme sin que ellos sepan.
Asentí.
—Eso sí me parece bien.
Ella sonrió.
—Además, así esa man no te vuelve a coquetear a mi novio.
No pude evitar reírme.
—¡Ah, bueno! Esa era la razón.
—También —dijo riéndose—. Pero hablando en serio, quiero estar contigo.
—Usted sí es celosa, pues.
—¿Y cómo no voy a serlo después de lo que pasó?
—Bueno, bueno, no digo nada.
Los dos nos reímos.
Después me puse serio.
—¿Y tus papás saben que somos novios?
—Sí, les he hablado de vos.
—¿Y qué les has dicho?
—Que sos de Manizales, que tenés diecinueve años, que vivís con tu familia y que trabajás con ellos en la finca.
—Ah, bueno.
—También les he mostrado algunas fotos tuyas.
—¿Y qué dijeron?
—Mi mamá quiere conocerte.
—Eso me tranquiliza un poquito.
Lisseth sonrió.
—Entonces, ¿vas a venir?
—De una.
—¿Cuándo?
Pensé un momento.
—¿Qué te parece mañana? Yo viajo a Medellín y hablo con ellos personalmente.
Lisseth abrió los ojos emocionada.
—¿Mañana?
—Sí, pues.
—Ay, amor, estoy emocionadísima.
—Yo también estoy emocionado, aunque también estoy un poquito nervioso.
—¿Vos nervioso?
—Claro, mija. Voy a conocer a los papás de mi novia. ¿O qué esperaba?
Lisseth soltó una carcajada.
—Ay, me da mucha felicidad que vengás.
—Y a mí me alegra poder conocerte por fin.
Nos quedamos unos segundos en silencio.
Después ella dijo:
—A fin de cuentas, después de tantos meses hablando, por fin te voy a conocer en persona.
—Sí, Lisseth. Ya era hora, pues.
—No puedo creer que mañana vas a estar acá.
—Pues créalo.
—Voy a estar pendiente de cuando llegués.
—Yo te aviso.
—Bueno.
—Pero una cosa.
—¿Qué?
—Hablamos primero con tus papás. Si ellos están de acuerdo, ahí sí vemos lo de que te vengás conmigo.
—Sí, amor. Eso está claro.
—No quiero que hagás nada a escondidas.
—No lo voy a hacer.
—Entonces estamos bien.
Lisseth sonrió.
—¿Y qué pasa si mis papás dicen que sí?
Me reí.
—Pues ahí sí, tenga arreglada alguna maleta por si acaso sus padres me permiten traerla conmigo.
—¡¿En serio?!
—Sí, pues, pero solamente si ellos dan el permiso.
—Ay, qué emoción.
—No vaya a empacar toda la casa tampoco.
—Jajaja. Bueno.
—Unas cositas necesarias y ya.
—Está bien.
Después de hablar un rato más, Lisseth me miró con una sonrisa.
—Te quiero mucho, amor.
—Yo también te quiero mucho.
—Nos vemos mañana.
—Nos vemos mañana, mija.
Terminamos la llamada y me quedé mirando el celular.
Mañana tendría que viajar desde Manizales hasta Medellín para conocer a los papás de Lisseth.
Estaba nervioso, sí.
Pero también estaba feliz.
Después de seis meses hablando por una pantalla, finalmente iba a conocer a la mujer que se había convertido en alguien tan importante para mí.
Y ahora todo dependía de una conversación con sus padres.