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La Luna Rechazada de los Cinco Herederos

La Luna Rechazada de los Cinco Herederos

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Romance paranormal / Maltrato Emocional / Brujas / Completas
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Eva Belmont

La criaron en la mansión Blackwood, entre los cinco herederos destinados a protegerla. Ayla lo dio todo por esa manada: su lealtad, su don de sangre curativa, su corazón. Hasta que una desconocida llegó con una sonrisa dulce y una mentira perfecta, y uno a uno, los cinco le dieron la espalda.

Acusada, humillada y desechada como si nunca hubiera importado, Ayla no suplica. No llora frente a ellos. Se pone de pie ante toda la manada y pronuncia las únicas palabras que pueden romperlos: los rechaza. A los cinco. En voz alta.

Pero el destino tenía otros planes para la huérfana de ojos plateados. Porque hay un Alfa Supremo que la reconoció desde el primer instante. Porque en su sangre duerme un linaje que creían extinto. Y porque la joven a la que despreciaron no era una omega cualquiera: era la heredera que podía cambiarlo todo.

Cuando la verdad sobre su origen salga a la luz, los que la abandonaron descubrirán, demasiado tarde, a quién dejaron ir.

NovelToon tiene autorización de Eva Belmont para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15 — Las verdades que no se dijeron

La recuperación de Ayla fue lenta.

Los curanderos insistieron en que se quedara en el hospital unos días más.

Su cuerpo aún estaba débil.

Las quemaduras habían desaparecido casi por completo gracias a su capacidad de regeneración, pero la pérdida de sangre había cobrado un precio alto.

Aun así, no era eso lo que más la incomodaba.

Era el silencio.

El extraño silencio que se había instalado entre ella y los cinco herederos.

Durante años, ellos habían formado parte de cada momento importante de su vida.

Ahora parecían desconocidos.

Personas a las que observaba desde lejos.

Personas de las que ya no sabía qué esperar.

Esa mañana, Magnus entró en la habitación con una bandeja de café.

—Los curanderos van a expulsarme de la manada si me siguen viendo cargar comida.

Ayla sonrió.

Fue una sonrisa pequeña.

Pero verdadera.

—Tú eres el Alfa.

—Y a ellos no parece importarles.

Magnus dejó la bandeja sobre la mesa.

Durante unos instantes, observó a su ahijada en silencio.

Estaba distinta.

No solo físicamente.

Había algo en sus ojos.

Algo que antes no existía.

Una especie de madurez dolorosa.

Como si hubiera envejecido años durante aquel mes.

—Vinieron de nuevo.

Ayla ya sabía de quiénes hablaba.

—¿Y?

—Los mandé de vuelta.

Ella asintió.

Sin emoción.

Sin curiosidad.

Magnus lo notó.

Y eso lo preocupó más que cualquier discusión.

—¿No quieres verlos?

—No.

La respuesta llegó rápida.

Natural.

Como si la hubiera pensado cientos de veces.

—¿Ni a Lucien?

—Ni a Lucien.

—¿Ni a Finn?

Una sombra atravesó su mirada.

Finn había sido el más cercano a ella durante la infancia.

Su mejor amigo.

Su compañero constante.

Pero la respuesta siguió siendo la misma.

—Ni a Finn.

Magnus suspiró.

—Están sufriendo.

Ayla desvió la mirada hacia la ventana.

—Yo también sufrí.

El Alfa se quedó sin palabras.

Porque ella tenía razón.

Mientras tanto, al otro lado del hospital, los cinco herederos terminaban otro turno de trabajo.

El castigo impuesto por Xavier continuaba.

Todos los días ayudaban a los pacientes.

Todos los días perdían una pequeña cantidad de sangre.

Todos los días se veían obligados a enfrentar las consecuencias de sus propios actos.

Y todos los días intentaban ver a Ayla.

Sin éxito.

—Sigue negándose a hablar con nosotros.

Finn se pasó la mano por el cabello.

Frustrado.

—¿Qué esperabas? —preguntó Rowan.

—No lo sé.

—Yo sí.

La voz de Kael interrumpió a sus hermanos.

Todos se volvieron hacia él.

—Esperábamos que nos perdonara rápido.

Cayó el silencio.

Porque era verdad.

Una parte de ellos creía que bastaba con reconocer el error.

Bastaba con mostrar arrepentimiento.

Pero Ayla parecía decidida a mantener la distancia.

Y con eso no sabían lidiar.

Esa tarde, Xavier volvió al hospital.

Como hacía todos los días.

Su presencia ya se había vuelto rutina.

Y eso empezaba a incomodar a los herederos cada vez más.

Sobre todo a Kael.

Sobre todo a Finn.

—Está aquí otra vez.

Darius observó al Alfa Supremo cruzar el pasillo.

—Hablas como si estuviera cometiendo un crimen.

—Tal vez lo esté cometiendo.

Lucien levantó una ceja.

—¿Cómo así?

Finn cruzó los brazos.

—Nadie sabe quién es.

Nadie sabe qué quiere.

Nadie sabe por qué está tan interesado en ella.

Kael siguió a Xavier con la mirada.

La misma pregunta lo incomodaba.

Mucho.

Porque había algo raro en toda esa historia.

Muy raro.

Un Alfa tan poderoso no cruzaría medio continente por una simple conocida.

No lo haría.

No se quedaría más de un mes en otra manada.

No pasaría horas junto a una cama de hospital.

Nada de aquello tenía sentido.

—Tal vez esté enamorado.

La frase salió de la boca de Rowan.

El silencio que siguió fue inmediato.

Finn soltó una risa seca.

—No seas ridículo.

Pero nadie rió con él.

Porque todos habían notado lo mismo.

Xavier trataba a Ayla de otra manera.

Especial.

Y eso provocaba una sensación desagradable dentro de ellos.

Una sensación que ninguno quería admitir.

Celos.

Esa noche, Ayla por fin salió de la habitación por primera vez.

Los curanderos le permitieron una caminata corta por los jardines internos del hospital.

Ella la aprovechó de inmediato.

Necesitaba sentir el viento.

Necesitaba respirar aire fresco.

Necesitaba recordar que aún estaba viva.

La luna brillaba en el cielo cuando llegó al jardín.

Todo estaba en silencio.

En calma.

Y por unos minutos logró olvidar sus problemas.

Hasta que oyó pasos.

Ayla se dio la vuelta.

Y encontró a Xavier.

El Alfa Supremo se acercó sin prisa.

Sus ojos dorados reflejaban la luz de la luna.

—¿Los curanderos saben que estás aquí afuera?

Ella sonrió apenas.

—No.

—Entonces seguramente te están buscando.

—Seguramente.

El silencio se instaló entre ellos.

Pero no era incómodo.

Curiosamente, conversar con Xavier era fácil.

Más fácil de lo que debería.

—Gracias.

La voz de ella salió baja.

Xavier la observó.

—¿Por qué?

—Por todo.

Él desvió la mirada.

Como si el agradecimiento lo incomodara.

—No hice nada.

Ayla casi rió.

—Enfrentaste a media manada por mí.

—Se lo merecían.

La respuesta fue tan seria que ella terminó sonriendo de verdad.

Xavier observó aquello en silencio.

Y algo en su mirada cambió.

Algo que Ayla no logró identificar.

—Deberías descansar.

—Todo el mundo repite lo mismo.

—Porque es verdad.

Ella puso los ojos en blanco.

Xavier casi sonrió otra vez.

Casi.

Pero antes de que ninguno dijera nada más, una voz interrumpió el momento.

—Ayla.

Los dos se volvieron.

Kael estaba parado en la entrada del jardín.

Detrás de él venían los otros cuatro herederos.

El ambiente cambió al instante.

La sonrisa desapareció del rostro de Ayla.

La tranquilidad también.

Xavier dio un paso al frente.

Como si levantara una barrera invisible entre ella y los cinco.

Kael lo notó.

Y no le gustó.

—Tenemos que hablar.

Ayla permaneció en silencio unos segundos.

Entonces respondió:

—No.

Una sola palabra.

Simple.

Directa.

Pero suficiente para golpear a los cinco más que cualquier grito.

Porque, esta vez, ella no estaba llorando.

No estaba suplicando.

No estaba intentando convencerlos de nada.

Simplemente ya no quería escucharlos.

Y eso era mucho peor.

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