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La maestra que será nuestra madrastra

La maestra que será nuestra madrastra

Status: Terminada
Genre:CEO / Padre soltero / Reencuentro / Donde hubo fuego cenizas quedan / Completas
Popularitas:18.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Aurora Medina llega a la capital con una misión: domar al grupo más rebelde del exclusivo Colegio Altamira, un aula de hijos de millonarios que ya hizo renunciar a cinco tutores. Lo que no imagina es que, detrás de esos dos gemelos insoportables que le declaran la guerra, se esconde el hombre que le rompió el corazón doce años atrás… justo antes de llegar al altar.

Alejandro Bustamante lo tiene todo: dinero, poder y una frialdad que congela salas de juntas. Todo, menos a la única mujer que amó. Cuando el destino vuelve a cruzar sus caminos, él está dispuesto a usar cualquier arma para reconquistarla. Incluso a sus propios hijos.

Pero entre ellos hay una herida vieja, una verdad enterrada y una mentira que destruyó dos vidas. Y mientras el hielo empieza a derretirse, no todos quieren ver a Aurora convertida en la nueva señora Bustamante…

¿Podrá Aurora perdonar el pasado y aceptar el lugar que el destino le tenía reservado: el de madre de los hijos del hombre al que juró no volver a amar?

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

Los ojos de Aurora se clavaron de golpe, afilados, en Alejandro. Las manos que tenía sobre el regazo se le cerraron con tanta fuerza que las uñas se le pusieron blancas. El dolor, la rabia y el orgullo herido de hacía más de una década afloraron de repente a la superficie y le quemaron por completo la incomodidad.

—¿Para qué me pregunta usted eso? —siseó Aurora con la voz contenida, reprimiendo las emociones para no estallar en casa ajena—. Todo lo que tenga que ver conmigo, con mi vida y con mi pasado, ya no es asunto suyo. Así que no quiero ni tengo por qué responder a semejante disparate —contestó con una sequedad hiriente.

Al oír aquel rechazo tan tajante, Alejandro no discutió. Al contrario, respiró hondo y la miró con unos ojos cargados de culpa y de comprensión a la vez. Respetaba profundamente la decisión de Aurora de seguir amurallándose.

—Está bien… si no quieres responder, no pasa nada, Aurora —dijo Alejandro, con la voz más suave pero muy firme—. Lo que sí quiero es que sepas una cosa… Lo que siento por ti sigue siendo igual que antes. No ha cambiado ni un ápice.

Esta era la confesión sincera que Alejandro había querido decirle a la cara desde hacía mucho. Años atrás, por las duras amenazas de su difunto padre —que juró arruinarle la vida a la familia de Aurora en el pueblo si él no se hacía responsable de Cintia—, Alejandro se había visto obligado a ceder. Tuvo que irse y dejar que lo tacharan de canalla con tal de proteger a Aurora y a los suyos del poder de los Bustamante de entonces.

Aurora apartó la cara; el pecho le retumbaba con fuerza al escuchar la confesión de Alejandro. Lejos de conmoverse, se sintió aún más incómoda y amenazada por aquellas palabras dulces.

—Disculpe, señor Bustamante —dijo Aurora, cargando de frialdad el nombre formal—. Me parece muy fuera de lugar que tratemos aquí un asunto tan personal. Mi presencia en esta casa es puramente para darles clases particulares a Mateo y a Martina, a petición suya, o mejor dicho, por imposición a través del director. Pero, viendo su actitud de ahora, ¡parece que sí había una intención oculta detrás de todo esto! —lo acusó abiertamente, con una mirada llena de recelo.

Alejandro se quedó algo desconcertado. Abrió la boca para aclarar aquella acusación y defenderse. Pero, antes de que alcanzara a pronunciar una sola palabra, unos pasos apresurados volvieron a oírse desde el corredor.

Mateo y Martina aparecieron a la vez, con una amplia sonrisa iluminándoles la cara. En las manos, Martina traía una cajita de un rosa pálido, atada con un lindo lazo.

—¡Profesora Aurora! ¡Mire, tenemos algo para usted! —exclamó Martina con alegría, deshaciendo de golpe la densa tensión que había envuelto el pabellón trasero.

La llegada repentina de los gemelos cambió el ambiente al instante. Tanto Alejandro como Aurora se pusieron nerviosos. Alejandro carraspeó por lo bajo mientras se reacomodaba en el asiento, y Aurora se apresuró a limpiarse el rabillo del ojo, tratando de esconder los restos del disgusto. A los dos les entró de repente el nerviosismo, conscientes de que los gemelos casi los habían sorprendido en aquella conversación tan íntima.

Martina se acercó con una sonrisa dulce y le tendió una cajita de terciopelo de un rosa pálido. Sin querer quedarse atrás, Mateo también dio un paso al frente y le entregó una caja larga y elegante, de color negro.

—¡Acéptelos, por favor, profesora! —dijeron Mateo y Martina al unísono.

Aurora se quedó paralizada. Abrió los ojos como platos y sus dedos, por instinto, se llevaron a la boca de puro asombro. Una oleada de emoción le brotó de repente en el pecho, en lugar de la opresión que unos minutos antes le había abrasado el corazón.

Alejandro, sentado a su lado, también se quedó atónito. No había esperado en absoluto que sus dos hijos, famosos por su terquedad y su rebeldía, pudieran mostrarse tan tiernos y atentos con su maestra.

—Ábralos, profesora. No sea tímida —la animó Alejandro con dulzura, sumándose.

Mateo y Martina se pusieron a aplaudir con alboroto, caldeando el ambiente. —¡Ábralos, ábralos, ábralos! —coreaban a la vez.

Aurora, quisiera o no, sonrió con dulzura, con las mejillas un poco encendidas por ser el centro de atención. Decidió abrir primero la caja de Martina. En cuanto levantó la tapa de terciopelo, los ojos le brillaron al ver un precioso broche para el cabello con forma de mariposa que centelleaba a la luz.

—Vaya… ¿y cómo supiste que a la profesora le encantan las mariposas? —preguntó Aurora, con la voz empezando a quebrarse de la emoción.

Martina sonrió orgullosa. —Porque todo este tiempo la he estado observando, profesora. Usted suele llevar un prendedor de mariposa cuando da clase, y a mí me parece que la hace ver mucho más dulce y bonita.

Al oír un detalle tan minucioso de labios de la alumna que en su momento la había odiado, Aurora ya no pudo contener el desborde de su pecho. Enseguida atrajo a Martina hacia sí y la estrechó con fuerza. —Muchas gracias, Martina. Me encanta.

Después de soltar el abrazo, Aurora pasó a la caja larga y negra de Mateo. Al abrirla, volvió a llevarse una sorpresa. Dentro reposaba una pluma de diseño elegantísimo, en un negro intenso combinado con lujosos acentos dorados.

—Ay, Dios… qué pluma tan hermosa, Mateo. Esto debe de ser muy caro —dijo Aurora, maravillada.

Mateo se rascó la nuca sin tener comezón, tratando de disimular su orgullo, aunque los ojos le delataban la satisfacción. —De nada, profesora. Le regalé esta pluma justamente porque… sé que hace dos días perdió su pluma favorita mientras corregía nuestras tareas.

Aurora de verdad no se esperaba que aquel muchacho que tenía delante pudiera fijarse en ella con tanto detalle y tanto afecto.

—Así que Mateo se dio cuenta de que perdí mi pluma, ¿eh? —Aurora sonrió con un brillo de orgullo en la mirada—. ¿Sabes una cosa? Esa pluma que se me perdió era muy valiosa para mí. Fue un regalo de mi papá, que me la dio especialmente cuando conseguí mi plaza de maestra de planta en el sistema público —contó Aurora, llena de orgullo, compartiendo un pedacito de su vida con sus dos alumnos.

*

*

Sin darse cuenta, las agujas del reloj siguieron girando hasta que cayó la tarde. Pero la alegría del pabellón se vio de pronto interrumpida cuando el cielo de la ciudad se cubrió a toda prisa de un manto de nubarrones negros y sombríos. En poco tiempo, los relámpagos empezaron a fulgurar sin tregua, rajando el cielo, seguidos de unos truenos que retumbaban con estruendo. Un aguacero se desplomó de inmediato sobre la tierra.

Aurora, al ver la situación, entró en pánico. Sabía muy bien que no llevaba impermeable en el maletero de su motoneta.

—Ay, ya es tarde y llueve muchísimo. Muchachos, señor Bustamante, me parece que tengo que despedirme ya. No me queda más remedio que atreverme a atravesar la lluvia antes de que se inunden las calles —dijo Aurora con angustia mientras empezaba a recoger sus libros.

—¡No, profesora! ¡Es peligroso! —la cortó Martina rápidamente, sujetándola del brazo.

—Sí, profesora. Afuera hay unos relámpagos enormes, el camino seguro está resbaloso. No la dejamos irse sola en moto —añadió Mateo con firmeza. El muchacho se volvió luego hacia su padre—. Papá, ¿le pides a un chofer que lleve a la profesora Aurora sana y salva hasta su casa? La moto de la profesora que se quede aquí por ahora.

Aurora se apresuró a hacer un gesto de rechazo con la mano. —No, no hace falta, Mateo, Martina. Estoy perfectamente, no necesitan molestar al chofer de la casa.

—Que sea papá quien lleve a su maestra hasta su casa.

La negativa de Aurora quedó cortada de golpe por la voz firme de Alejandro. El hombre se puso de pie y se arregló la ropa con calma. —Da la casualidad de que papá también tiene un asunto urgente que resolver afuera. Así que aprovecho el viaje.

Alejandro se sacó esa excusa a propósito. Era la táctica y el momento de oro que aprovechaba adrede para quedarse a solas con Aurora y, por supuesto, para que ella volviera a interesarse por él.

Aurora dio un respingo; abrió los ojos, incrédula, mirando a Alejandro. El alma le gritaba de frustración, porque aquel hombre siempre encontraba la forma de acercársele.

Mientras aquel pequeño alboroto tenía lugar en el pabellón, detrás de una gran columna del muro que unía la casa principal con el jardín trasero, estaba de pie doña Carmen.

La anciana se apoyaba en la pared con la respiración agitada. Tenía los puños cerrados con tanta fuerza que las uñas se le habían puesto blancas. Su rostro, antes tan digno, estaba ahora tenso, cargado de asombro y de una rabia inmensa.

Resultaba que, desde el inicio del cambio de horario de las clases, doña Carmen había pensado llevarles unos bocadillos más. Pero se había detenido en seco al oír la acalorada discusión y el tono cortante de Aurora hacia su hijo, un rato antes de que llegaran sus nietos. Había oído con claridad los nombres del pasado que se lanzaban el uno al otro y todas aquellas acusaciones.

Así que… ¿la profesora Aurora, tan idolatrada por los niños, es aquella campesina?, pensó doña Carmen con el pecho retumbándole con fuerza, invadida por una incredulidad mezclada con un viejo rencor que resucitaba.

¿La mujer de la finca de té con la que mi hijo estuvo a punto de casarse a escondidas hace doce años? ¿Por qué… por qué, de entre millones de personas en esta ciudad, tenía que ser esa mujer de mala suerte la que volviera a meterse en la vida de mi hijo y de mis nietos?

Continuará…

1
Isela Aguirre
excelente
Isela Aguirre
excelente capítulo
MaggieBD
típica historia donde la mujer cae nuevamente con quien la hirió tanto, donde queda el amor propio y el respeto a una misma. Ya hasta flojera da seguir leyendo cuando ya se sabe uno perfectamente el final /Drowsy/
Graciela Saiz
Dalia no fue a la boda 🤔🤔🤔
Graciela Saiz
ahora a luchar contra la madre metiche y venenosa 🤬
Graciela Saiz
HABLA AURORA ! CONTESTA!
Graciela Saiz
yo creo , que ellos dos deberían tener una buena conversación sobre lo hechos , el más que nada el , 🤷
Leticia Baeza Vazquez
pues con tanto engaño y no ser la sangre pues no yamaba
Leticia Baeza Vazquez
q bueno q sufrió la perra desgraciada q hizo q la tomara x haberlo drogado maldita te lo cobro el karma
Leticia Baeza Vazquez
esa zorra de la nueva secretaria 😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor solo x darle gusto Alos padres así será de estúpida es una mujer estudiada pero parece una ignorante pendeja
Leticia Baeza Vazquez
espero y te des cuenta de la víbora q tienes x madre y esa maldita q bueno q se murió la desgraciada
Leticia Baeza Vazquez
esa mamada q ponen en todas las novelas afuerza aceptar lo q ofrecen si yo digo no es no y quién me obliga nadie osea era una porquería escritora ten más imaginación
Graciela Saiz: no , no somos así , somos peores , estupidas y manipulables ante el amor de un hombre, no hay excepción, mujer empoderada 😅
total 2 replies
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor escritora 😡😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
Haver escritora y deja la estupidez y q ella no puede decir No oque diablos osea la pones como estúpida manipulable x unos putos mocosos asco
Graciela Saiz: Señora Leticia, si tanto le desagrada , tiene la opción de no leerla , y respetar el trabajo de la autora, y si no escriba su propia historia 😏
total 1 replies
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor escritora no mames osea la humilló x una putizorra ofrecida y ahora resulta q x unos escuincles la BAS hacer una maldita manipulable osea asco q se de su lugar y consiga alguien mejor y la valore , si no espera de mi todas las críticas 😡😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
eso de tener amigas zorras y disculpa escritora pero no la cages si dejas q ella y ese perro infiel desgraciado se quede con ella osea
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