Ella renace decidida a cambiar su destino y a sobrevivir.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Oscuridad
La ciudad despertaba con el bullicio de siempre.
Los semáforos cambiaban de color mientras una interminable fila de personas caminaba con prisa por las aceras, cada una inmersa en sus propios problemas. El sonido de las bocinas, las conversaciones, el motor de los autobuses y los pasos apresurados se mezclaban formando una rutina que parecía repetirse todos los días.
Entre toda aquella multitud, una joven avanzaba casi trotando.
Llevaba el bolso cruzado sobre el hombro mientras revisaba la hora en su teléfono por enésima vez.
—No, no, no... voy tarde otra vez...
Guardó el teléfono con un suspiro y aceleró aún más el paso.
[Como siga encontrando todos los semáforos en rojo, hoy sí me despiden.]
Su respiración comenzaba a agitarse, pero no disminuyó la velocidad.
Era de esas personas incapaces de quedarse quietas cuando tenían un objetivo. Si había un obstáculo, lo enfrentaba. Si alguien le decía que no podía hacer algo, era casi una invitación para demostrar lo contrario.
Había escuchado muchas veces que era demasiado testaruda.
Demasiado obstinada.
Que algún día esa personalidad iba a meterla en problemas.
Ella siempre respondía lo mismo.
—Pues ese día ya veré cómo salir.
Y seguía adelante.
Doblando una esquina, estaba a solo unas cuadras de llegar al trabajo cuando un grito rompió el ruido habitual de la ciudad.
—¡¡Ayuda!!
Su cabeza giró de inmediato.
Un hombre salía corriendo con un bolso de cuero entre las manos.
Detrás de él, una anciana intentaba seguirlo con pasos desesperados.
—¡Mi bolso! ¡Por favor, deténganlo!
La gente miró.
Algunos se hicieron a un lado para que el ladrón pasara.
Otros simplemente observaron.
Nadie hizo nada.
Ella también se quedó inmóvil durante un segundo.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
[No te metas.]
Aquella idea apareció en su cabeza con una claridad sorprendente.
[No es tu problema.]
El ladrón era mucho más grande que ella.
[Todavía puedes seguir caminando.]
Miró nuevamente a la anciana.
La mujer tenía las manos temblando y una expresión de absoluta desesperación.
[Alguien más hará algo.]
Pero nadie lo hacía.
El hombre seguía alejándose.
Respiró profundamente.
[Camina.]
Su cuerpo no obedeció.
Nunca lo hacía cuando veía una injusticia.
—¡Oiga!
Sin pensarlo dos veces salió corriendo.
—¡Detente!
El ladrón volteó apenas un instante antes de seguir acelerando.
Ella corrió detrás de él.
Las personas comenzaron a apartarse sorprendidas.
—¡Atrápenlo!
El hombre intentó perderla doblando otra esquina.
Pero ella era insistente.
[Testaruda...]
Más de una vez se lo habían dicho.
[...Pues sí.]
Apretó los dientes y continuó.
Finalmente logró alcanzarlo.
Sujetó con fuerza la correa del bolso.
—¡Suéltalo!
—¡Lárgate!
El ladrón tiró con violencia.
Ella no cedió.
—¡Es de la señora!
Volvió a jalar.
Él respondió con otro tirón aún más fuerte.
El bolso quedó atrapado entre ambos.
Durante unos segundos ninguno consiguió imponerse.
Ella clavó los pies en el suelo.
[No lo voy a soltar.]
El hombre perdió la paciencia.
Con un movimiento brusco la empujó.
Ella intentó recuperar el equilibrio.
No lo consiguió.
Todo ocurrió demasiado rápido.
Su pie resbaló.
Su cuerpo cayó hacia atrás.
El mundo pareció detenerse durante una fracción de segundo.
Y entonces...
Golpe.
Su cabeza impactó con fuerza contra el pavimento.
El sonido quedó ahogado por un intenso zumbido que llenó sus oídos.
El cielo comenzó a desenfocarse.
Las voces de las personas se escuchaban cada vez más lejanas.
Como si estuvieran bajo el agua.
Alguien gritaba.
Otra persona pedía una ambulancia.
Todo era confuso.
Intentó incorporarse.
Su cuerpo no respondió.
[Solo... necesito levantarme...]
No pudo.
Su vista comenzó a oscurecerse por los bordes.
Fue entonces cuando alguien apareció frente a ella.
La anciana.
Pero ya no parecía desesperada.
Sonreía.
Era una sonrisa tranquila.
Serena.
Como si todo hubiera salido exactamente como esperaba.
La mujer se arrodilló junto a ella.
—Lo hiciste bien.
Ella quiso preguntar qué había pasado.
Quiso decir que llamaran a una ambulancia.
Pero su voz no salía.
La anciana extendió una mano y acarició suavemente su cabello.
—Es momento de despertar.
Sus pupilas se contrajeron.
[¿Despertar...?]
No entendía.
Nunca había visto a esa mujer.
Nunca antes.
¿Por qué hablaba como si la conociera?
Intentó preguntárselo.
Sus labios apenas lograron moverse.
La anciana solo siguió sonriendo.
Una sonrisa llena de una extraña melancolía.
Y de cariño.
Como quien finalmente recibe a alguien después de una larguísima espera.
—Has vivido suficiente aquí.
—Ahora... vuelve a casa.
El ruido de la ciudad desapareció.
Las personas.
Las sirenas.
Los edificios.
Todo comenzó a alejarse.
Como si el mundo entero se estuviera deshaciendo lentamente.
Ella sintió que caía.
No hacia el suelo.
Sino hacia un lugar imposible de describir.
Un sitio donde no existía el sonido.
Ni el tiempo.
Ni el dolor.
Solo una oscuridad cálida.
En el último instante antes de perder completamente la conciencia, una única pregunta cruzó su mente.
[¿Qué quiso decir... con despertar?]
Y entonces...
La oscuridad la envolvió por completo.
que en las noches se buscan a ver si algo hace que dejen ese orgullo para que su hijo nazca en un lugar estable con padres dejen su orgullo por el
Si me reí, pero se pasó de descarada, y Jean no va dejar de pasar la. oportunidad de satisfacerse de su esposa tóxica masoquista , pobre criatura cuando sea grande y pregunté cómo eran sus padres 🤣🤣
me fascina leer