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¡Suya!

¡Suya!

Status: En proceso
Genre:Venganza / Reencarnación / Traiciones y engaños
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Daemin

Ella murió a manos de su propia hermana. Pero el destino le dio una segunda oportunidad: despertó en el cuerpo de una mujer inteligente, carismática y casada con el hombre más poderoso y deseado. El mismo hombre por el que siempre había sentido admiración.

Todo parece un sueño hecho realidad. Hasta que descubre que el "amor del pasado" de su esposo no es otra que su asesina.

Ahora, atrapada en un matrimonio que cree una farsa, solo quiere una cosa: el divorcio y la libertad para vengarse. Pero su esposo, frío e implacable con el mundo, se convierte en un muro de fuego cuando ella pronuncia la palabra "Divorcio".

Él no piensa soltarla. Ella no piensa quedarse.

Y entre la venganza, los secretos y un deseo que ninguno de los dos puede controlar, comienza una guerra de poder donde el amor se disfraza de odio... y la verdad podría ser el arma más peligrosa de todas.

NovelToon tiene autorización de Daemin para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: No se suponía que doliera tanto

Hola, si ven algunos cambios en la historia, es porque la plataforma borró la primera versión y no sé si fue problema técnico o qué pasó. Hice unos pequeños arreglos por si acaso, pero la historia sigue siendo la misma.

Antes de empezar quiero aclarar algo: esta historia mezcla comedia sutil, romance y venganza. O sea, van a encontrar momentos chistosos, momentos intensos y momentos que les van a dar ganas de meterse en la pantalla a gritarle a más de uno. Dicho esto, disfruten. 🙏🏻✨

...----------------...

El viento cortaba como cuchillos en la azotea del edificio. Ana sintió el frío perforarle los huesos, pero no era el viento lo que la hacía temblar. Era la mirada de su hermana.

—No entiendo por qué —susurró Ana, con la voz quebrada—. Siempre te di todo. Siempre estuve a tu sombra. ¿Qué más querías?

Fernanda rió. Una risa cristalina, perfecta, la misma que había cautivado a todos desde que eran niñas. Pero ahora, en la penumbra de la noche, sonaba a veneno.

—¿Qué más quería? —repitió Fernanda, inclinando la cabeza con fingida inocencia—. Quería que dejaras de existir. Odio que te pongas por encima de mi

—¿Yo?

—No finjas, Ana. Lo vi. Cómo lo mirabas. Cómo tus ojos lo seguían cuando él no miraba. ¿Crees que soy idiota?

El corazón de Ana se hundió. Alexander. Siempre Alexander.

Siempre supo que amar a Alexander Santander era un pecado. Era el prometido de su hermana, el hombre que todas deseaban y que solo Fernanda podía tener. Pero Ana jamás lo buscó. Nunca cruzó esa línea. Solo lo miró en silencio, como se mira el mar desde lejos, sabiendo que uno nunca podrá tocarlo.

—No hice nada —susurró Ana, con lágrimas rodando por sus mejillas—. Nunca intenté... nunca quise...

—Pero él te miró —la interrumpió Fernanda, y su voz se llenó de veneno—. Te miró a ti. No a mí. Y yo lo vi. Yo vi cómo sus ojos se detenían en tu rostro, en tus manos, en esa forma patética que tienes de sonreír como si de verdad valieras la pena.

—Fernanda, por favor...

—No hay por favor que valga.

El empujón llegó sin aviso.

Ana sintió cómo sus pies perdían contacto con el suelo, cómo el aire se le escapaba de los pulmones en un grito que nadie escucharía. La imagen de Fernanda, con su vestido blanco perlado, se hizo pequeña mientras ella caía.

No gritó. No pudo.

Solo pensó en como estaba perdiendo la vida.

Y cómo, en su última fracción de vida, el universo le mostraba la cruel ironía de su existencia: morir por haber amado en silencio a un hombre que nunca supo que existía.

...----------------...

El dolor fue lo primero.

No un dolor agudo, sino una presión sorda que latía en su cráneo, como si alguien hubiera metido algodón entre sus pensamientos. Ana parpadeó, y la luz blanca del techo le hizo daño en los ojos.

Parpadeó de nuevo.

El olor a antiséptico y flores marchitas llenó sus fosas nasales. El sonido de una máquina que pitaba a intervalos regulares. El roce de unas sábanas ásperas contra sus dedos.

—¿Señora Moretti? ¿Puede oírme?

Una voz femenina, suave, cercana. Ana giró la cabeza con esfuerzo y vio a una enfermera de cabello recogido en un moño, con una sonrisa profesional.

—Dónde... —intentó hablar, pero su voz sonó extraña. Más grave. Más firme.

—Está en el hospital, señora. Tuvo un accidente automovilístico. Lleva tres días en coma, pero ya está despierta. Es un milagro.

Ana sintió un nudo en el estómago. Accidente. Coma. Tres días.

La última imagen que recordaba era el rostro de su hermana, Fernanda, mirándola desde lo alto de una azotea mientras ella caía al vacío.

—¿Un espejo? —susurró—. Quiero verme.

La enfermera dudó un segundo, pero finalmente tomó un espejo de mano de la mesilla y se lo alcanzó.

Ana lo levantó con dedos temblorosos.

El rostro que la miró no era el suyo.

Ojos color Verde limon, profundos. Pómulos marcados. Labios carnosos. Una belleza poderosa que irradiaba inteligencia y seguridad. El cabello, largo rojizo, caía en ondas perfectas sobre sus hombros.

No era Ana. Era otra mujer.

—¿Quién... quién soy? —preguntó, y su voz se quebró.

La enfermera frunció el ceño, preocupada.

—Es Alessandra Moretti, señora. Esposa del señor Dante Moretti. ¿No recuerda?

Dante Moretti.

El nombre resonó en su cabeza como una campanada. Lo conocía. Todo el país lo conocía. El empresario más poderoso, el rival de Alexander Santander, el hombre que una mujer había dejado plantado en el altar años atrás. Lo había cambiado por otro hombre, pensando que era el mejor partido. Bueno según los chismes que rondaban por hay.

Y ahora... ella era su esposa.

Antes de que pudiera procesarlo, la puerta de la habitación se abrió y entró una mujer mayor. Tendría unos sesenta años, con el cabello plateado recogido en un moño elegante y una mirada dulce que contrastaba con la sofisticación de su vestido azul marino. Llevaba una bolsa de tela en una mano y un ramo de flores frescas en la otra.

—¡Alessandra, hija mía! —exclamó, y su voz era cálida, temblorosa de emoción—. Gracias a Dios estás despierta.

La mujer dejó las flores en la mesilla y se inclinó para abrazarla con una ternura que Ana no esperaba. El perfume a lavanda y el calor de sus brazos la envolvieron.

—No sabes cuánto he rezado —murmuró la mujer contra su cabello—. Mi niño no ha dormido en tres días. Estaba tan asustado...

Ana se quedó inmóvil, sin saber cómo reaccionar. No conocía a esta mujer. No sabía quién era.

—Usted es... —tartamudeó.

La mujer se separó y la miró con sorpresa, pero su sonrisa no se borró.

—Soy Elisa, querida. Tu suegra. ¿No me reconoces?

Suegra. Era la madre de Dante Moretti.

Ana tragó saliva. Tenía que tener cuidado. Cualquier palabra fuera de lugar podía delatarla. No sabía nada de la vida de Alessandra. No conocía a su familia, a sus amigos, a los empleados de su casa. Era una completa extraña en el cuerpo de otra persona.

—Disculpe —dijo, forzando una sonrisa—. El accidente... mi cabeza... no recuerdo algunas cosas.

Elisa asintió comprensiva y le acarició la mano con dulzura.

—Es normal, hija. Un golpe así es fuerte. Pero no te preocupes. Estamos todos aquí para ayudarte. Dante está a punto de llegar. Ha estado en la oficina toda la mañana, pero en cuanto supo que habías despertado, salió corriendo.

Ana asintió mecánicamente, mientras su mente daba vueltas. Dante. Su esposo. Uno de los hombres que ella admiraba desde que ella trabajaba como empleada en la empresa de su papá.

La ironía era tan cruel que casi dolía.

—¿Y... qué pasó con el accidente? —preguntó, buscando información sin levantar sospechas—. No recuerdo nada.

Elisa suspiró, con el rostro lleno de preocupación.

—Un camión te embistió en la autopista. El chofer iba ebrio. Los médicos dicen que es un milagro que estés viva. Dante no se ha separado de ti ni un momento, hasta que esta mañana lo obligué a ir a la oficina a despejarse un poco. Estaba muy alterado.

Ana procesó la información. Un accidente. Nada relacionado con su hermana. Al menos por ahora.

—Alessandra —dijo Elisa, con un tono más serio—. Hay algo que debo decirte. No sé si recuerdas, pero antes del accidente, tú y Dante ... bueno, no estaban pasando por un buen momento. Discutieron mucho. Pero no dejes que eso te preocupe ahora. Lo importante es tu recuperación.

Ana asintió sin entender del todo. ¿Discutían? ¿Por qué? ¿Qué clase de matrimonio tenían Alessandra y Dante ?

La puerta se abrió de nuevo y un hombre entró.

Era alto. Muy alto. De hombros anchos y presencia imponente. Su traje oscuro estaba perfectamente planchado, su cabello negro caía en ondas cuidadas y sus ojos miel, intensos y profundos, la miraron desde el umbral con una mezcla de alivio y algo más. Algo que ella no supo descifrar.

Dante se quedó allí, quieto, como si dudara en acercarse. Sus dedos jugueteaban con las llaves del coche, un gesto nervioso que contrastaba con su imagen de hombre poderoso.

—Alessandra —dijo al fin, y su voz era grave, controlada.

Elisa se levantó de inmediato y le hizo un gesto para que se acercara.

—Pasa, hijo. Siéntate con ella.

Dante avanzó lentamente hasta el borde de la cama. No se inclinó para besarla. No tomó su rostro entre sus manos. Solo la miró fijamente, con sus ojos profundos estudiándola como si intentara leer algo en ella.

—Los médicos dicen que estás bien —dijo, y era más una afirmación que una pregunta.

—Sí —respondió Ana, con voz temblorosa—. Creo que sí. Aunque no recuerdo todo.

Dante asintió lentamente. Su expresión era difícil de leer. No era frío, pero tampoco cálido. Era... cauteloso. Como si estuviera esperando algo.

—¿Qué cosas no recuerdas? —preguntó, y la pregunta tenía un tono que ella no supo interpretar.

Ana sintió un sudor frío recorrerle la espalda. Estaba siendo evaluada. Este hombre notaba que algo no encajaba.

—Casi todo —admitió, con cuidado—. El accidente, mi vida... algunos detalles. Los médicos dicen que es normal.

Dante la observó en silencio durante unos segundos eternos. Luego, sin previo aviso, se inclinó y rozó sus labios contra su frente. Un gesto frío, casi mecánico, que no tenía nada que ver con la pasión que ella había imaginado.

—Descansa —murmuró, separándose—. Hablaremos más tarde.

Y dio media vuelta para salir.

Elisa lo detuvo con una mano en el brazo.

—¿Ya te vas? Acabas de llegar.

—Tengo una reunión importante —respondió él, sin mirar atrás—. La enfermera me llamará si algo cambia.

—Pero Dante ...

—Regresare más tarde, mamá.

Y salió, dejando la puerta entreabierta.

Ana lo vio desaparecer por el pasillo con el corazón encogido. Aquel hombre, su esposo, la había tratado con la misma distancia que se le da a un desconocido.

Elisa suspiró, sentándose de nuevo a su lado con una expresión apenada.

—No le hagas caso, hija. Está asustado. Cuando tiene miedo, se vuelve así. Cerrado, distante. Pero te quiere. Te quiere más que a nada en el mundo.

Ana asintió sin convencimiento. No sabía qué creer.

—Señora —dijo, con cautela—. Mi esposo... ¿siempre es así de... seco?

Elisa sonrió.

—No siempre. solo que le cuesta expresarse. No dejes que su actitud te haga dudar.

Ana abrió la boca para preguntar más, pero se detuvo a tiempo.

No podía preguntar. No podía mostrar ignorancia sobre algo que Alessandra debería saber. Era demasiado peligroso.

—Entiendo —murmuró, guardando la pregunta en lo más profundo.

Elisa le acarició la mano con ternura.

—Descansa, querida. Mañana vuelvo a verte.

Cuando la suegra salió, Ana se quedó sola en la habitación, mirando el techo blanco.

Su hermana la había asesinado. La había arrojado desde un edificio por celos. Y ahora, por algún capricho del destino, ella estaba viva en el cuerpo de otra mujer. La esposa del hombre que alguien más había despreciado.

Una sonrisa amarga se dibujó en sus labios.

No sabía nada de esta vida. No conocía a su esposo, a su suegra, a sus amigas. No sabía qué secretos escondía Alessandra, ni por qué había discutido con Dante antes del accidente.

Pero una cosa sí la tenía clara:

Su hermana iba a pagar muy caro lo que le había hecho.

Y para eso, necesitaba adaptarse a su nueva vida sin ser descubierta.

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Kim Nava
que guapo el Milo 🤭🤭
por que dejó así de rápido dieran con ella la descubrirán que ella es la dueña de esa agencia
😍❤️кαяєи🍀🇻🇪
espectacular. 😎😎🙌🏻🙌🏻
Lala
espero actualices más seguido y con más capítulos si puedes
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Sería bueno saber qué clase de persona fue Alexandra. 🤔🇨🇴
😍❤️кαяєи🍀🇻🇪
🤔🤔 porque tanto desprecio hacia Ana.!!??
será que ése viejo sabe que Fernanda mato a Ana y por eso no quiso investigaciónes.!!?? 😱
ary
yo pienso que Ana no era hija del papa o de la mamá
😍❤️кαяєи🍀🇻🇪
pobre inocente jajaja no sabes lo que se té viene cuando una mujer está molesta
karencitha
porque el tal Inacio odiaba y despreciaba a Ana si ella era su hija que clase de padre trata así a su propia hija
Kim Nava
osea que Alessandra es la hija que tuvo su padre fuera del matrimonio 😳😳😳hay por Dios eran medias hermanas 🤔
Jose Salazar
más capítulos
Kim Nava
exacto y mucho menos te hubieras dejado abrazar por la zorra esa no hiciste nada para apartarla
ary
me hubiera gustado ver más como pareja siendo ella x que si dice que si la quiere. entonces ama ala antigua
Kim Nava: si que la reconquista pero que lo haga sufrir mucho tiempo por imbécil 😡
total 2 replies
Myriam Hernandez
Excelente
MILAGROS Becerra
maratón 🙏
Kim Nava
y solo por quedarse cayado ante esa zorra
Alessandra mal interpretó todo o no puede que el todavía sienta algo por la zorra esa
ary
si si maraton
ary
bueno ki vienen los malos entendidos
Eli
regalen maratón plis
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Tiene el cuerpo y los recursos de Alexandra, pero le faltan los recuerdos y así la situación se complica. 🤔🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
👏👏👏👏👏👏👏🇨🇴
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