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Prohibido Para Mí

Prohibido Para Mí

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor eterno / Romance
Popularitas:5.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Esta historia comienza con una joven estudiante de colegio que jamás imaginó que conocer a un doctor cambiaría su vida para siempre. Entre ellos nace un sentimiento profundo que, poco a poco, se convierte en un amor prohibido, lleno de obstáculos, secretos y decisiones difíciles. Sin embargo, ambos están dispuestos a luchar por aquello que sienten. Cuando la chica atraviesa el momento más doloroso de su vida, su mundo se derrumba: su querida abuelita, la única persona que la crió y estuvo a su lado, fallece después de enfrentar una grave enfermedad. El doctor no pudo salvarla, pero decidió quedarse para acompañarla y apoyarla.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21 — Una mañana diferente

Al día siguiente, cuando desperté, ya se me había pasado por completo la borrachera. Me sentía mucho más despejado y, apenas abrí los ojos, recordé la discusión de la noche anterior.

Miré hacia abajo y vi a Valeska acostada sobre mi pecho. Estaba profundamente dormida y tenía su cabello cubriéndole parte de la cara.

Me quedé tranquilo, sin querer despertarla. Después levanté una mano y, con cuidado, le aparté el cabello de la cara para poder verla mejor.

La miré unos segundos y suspiré.

—Ay, ¿por qué soy así con usted? —murmuré—. Si usted es tan tierna conmigo...

Le acaricié suavemente el cabello mientras pensaba en todo lo que había pasado. La noche anterior había estado tomado, había discutido con ella y después me había ido con mis primos. Ahora, estando sobrio, me daba cuenta de que había sido mejor hablar con calma desde el principio.

Valeska se movió un poquito y finalmente abrió los ojos.

Me miró todavía medio dormida.

—Buenos días, amor.

Sonreí.

—Buenos días, hermosa.

Le di un beso en la frente y nos levantamos de la cama para salir del cuarto.

Cuando llegamos al comedor, ya estaban sirviendo el desayuno. Mi abuela estaba pendiente de todos y había preparado bastante comida para la familia.

—Vengan, pues, muchachos, que el desayuno se enfría —dijo mi abuela.

—Ya vamos, mamita —respondí.

Valeska y yo nos sentamos juntos.

—¿Dormiste bien? —le pregunté.

—Sí. ¿Y usted?

—También.

Ella siguió desayunando tranquilamente. Yo notaba que estaba mucho más calmada que la noche anterior, y eso me dejaba más tranquilo.

De pronto aparecieron mis primos Efraín, Darío y Jhonatan.

Efraín se sentó y me miró con una sonrisa.

—Hermano, ¿qué?

—¿Qué pasó, pues?

—Vamos para la cascada. Tenemos tiempo, ¿nos vamos?

Yo levanté la mirada.

—¿Hoy?

—Sí, primo —dijo Darío—. Hace rato no vamos por allá.

Jhonatan intervino:

—Eso queda bueno. Nos vamos un rato, pasamos el día y después regresamos.

Miré a Valeska.

—Ya, pero vamos con mi mujer.

Efraín sonrió inmediatamente.

—De una, hermano. Nosotros vamos con nuestras mujeres también.

Darío soltó una carcajada.

—Eso, pues. Para que su mujer no se sienta como anoche.

Lo miré serio.

—Dejá la bobada, hombre.

—Estoy molestando, primo —respondió entre risas.

Efraín también se rio.

—No se emberraque, hermano. Hoy vamos todos tranquilos.

Yuliana llegó en ese momento al comedor y escuchó la conversación.

—¿Qué es la cosa? ¿Van pa' la cascada?

Efraín respondió:

—Sí, pues. Estamos cuadrando la vuelta.

—Pues yo voy también. Hace rato no voy por allá.

—De una —dijo Jhonatan.

Mi abuela dejó un plato sobre la mesa y nos miró.

—Pues vayan, mijo, pero me tienen mucho cuidado. No se me pongan a hacer imprudencias por allá.

—Tranquila, mamita. Vamos a pasar bueno y ya.

Yuliana tomó asiento.

—Eso sí, yo no voy a cargar a ninguno si se cansan.

—¿Quién le pidió que cargara a alguien? —preguntó Efraín.

—Pues uno nunca sabe con ustedes —respondió ella, provocando que todos se rieran.

Valeska terminó su desayuno y me miró.

—¿Entonces sí vamos?

—Claro que sí, Vale.

—Bueno.

Efraín comenzó a organizar la salida.

—Entonces nos alistamos rápido, ¿sí? Porque después se nos va la mañana.

—Usted es el que siempre se demora —le dijo Yuliana—. No venga a echarle la culpa a los demás.

—¡No, pues! Ahora resulta que yo soy el demorado.

—Pues sí —respondió ella con su acento quindiano—. No se haga el que no sabe.

Todos soltamos una carcajada.

Yo terminé de desayunar y miré a Valeska.

Después de todo lo ocurrido la noche anterior, me alegraba que aquella mañana estuviera tranquila.

—Bueno, pues, Vale. Vamos a alistarnos.

—Listo.

Efraín se levantó de la mesa.

—¡Eso, hermano! ¡Hoy sí nos vamos pa' la cascada!

—Bajá la voz, pues —le dije riéndome.

Mi abuela negó con la cabeza.

—Ay, estos muchachos...

Nos levantamos de la mesa y comenzamos a prepararnos. Esta vez quería que todo saliera bien y que pudiéramos disfrutar el día en familia.

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Deyda Ninorca Sanchez Batista
las niñas son de papá
Doris Laura Torres Amaya
👏,buena decisión
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