Catalina es la primogénita de la familia Bloemen, un ducado de gran importancia en el imperio de Blodau, pero a pesar de eso su vida siempre estuvo lejos de ser la de una dama noble, por lo que desde que recuerda su mayor deseo es huir de su disque familia, algo que logra de la mano de un desconocido que llego a su puerta sin avisar y del que se enamoró perdidamente.
La pareja enamorada hizo su vida lejos de los lujos de la nobleza, felices simplemente con estar el uno al lado del otro, pero algo empañaba esa felicidad y eso eran las preguntas que existían alrededor de Jared, Jared no recuerda nada de su pasado, solo su nombre y descubrir quién es él y encontrar a sus padres es algo que desea hacer, pero Jared no es quien él cree que es, y su verdadera identidad sumergirá a la pareja en un mundo lleno de peligros del que creían que eran ajenos.
¿Podrán Catalina y Jared superar los obstáculos que los esperan y ser felices?
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Capítulo 1
En un pequeño restaurante, un niño de cuatro años corría entre las mesas y sillas escondiéndose de su madre, con quien estaba jugando a las escondidas.
El lugar no era para nada lujoso, más bien era un sitio simple, pero a la vez muy acogedor, que invitaba a las personas que entraban a probar su deliciosa comida casera. Las paredes, el piso y el mobiliario, todo era de distintos tipos de madera, y a pesar de que todos estaban hechos del mismo material, no lucía monótono, sino todo lo contrario.
En esos momentos el lugar estaba cerrado, pero no por eso estaba vacío, ya que todos los trabajadores estaban preparando todo para abrir en tan solo media hora más.
El pequeño se escondió detrás de una de las mesas más robustas, por lo que quedaba parcialmente cubierto por las patas de esta, pero aun así era muy visible. Esto les causó ternura a los trabajadores, quienes habían visto a ese niño crecer, y es que su madre trabajaba en ese lugar desde hacía ya casi 6 años.
Una bella mujer salió de las cocinas buscando al pequeño niño, su largo cabello morado, el cual estaba atado en una coleta alta se mecía con su caminar, su piel naturalmente blanca la hacía parecer una muñeca de porcelana, y sus ojos azul hielo no hacían más que aumentar su belleza, y a pesar de que llevaba más de 6 años lejos de sus raíces, su delicadeza al caminar y sus ademanes delicados y elegantes delataban la sangre noble que corría en sus venas y ni siquiera el sencillo vestido de color marrón que usaba podía minimizar un poco su presencia y belleza.
Aquella bella mujer observó todo el lugar en busca de su hijo, al cual encontró de inmediato, pero fingió no verlo mientras se acercaba disimuladamente hasta él.
—¿Alguien ha visto a Ren? No lo veo —pregunta la mujer, mientras camina en dirección de su hijo.
—Lo siento, Catalina, pero yo no lo he visto —contesta una de las mesaras, quien se encuentra limpiando las mesas.
—Qué mal, creo que tendré que volver a buscar en la cocina —responde Catalina.
Ante la respuesta de su madre, Ren comienza a reír, feliz de no haber sido encontrado, pero entonces Catalina lo toma por detrás, levantándolo en sus brazos y estrechándolo contra su pecho.
—Te encontré —dice Catalina, mientras su pequeño ríe, debido a que su madre le está llenando la cara de besos, algo que hacía reír al pequeño.
Quien los viera nunca pensaría que Catalina es la madre de Ren, y es que el pequeño no tenía ni un poco de parecido con su madre. Su cabello, de un gris pizarra, distaba mucho del tono morado de su madre, y sus ojos de color magenta para nada se parecían a los azul hielo de Catalina.
Si bien madre e hijo no se parecían tanto, no se podía negar lo unidos que eran, y del amor que Catalina le profesaba a su hijo.
—Otra vez, otra vez —le pide Ren a su madre, pero Catalina niega con la cabeza.
—No se va a poder, mi amor, el restaurante está a punto de abrir; cuando la clientela baje, prometo que volveremos a jugar, pero ahora mami tiene que trabajar —le dice Catalina a su hijo, quien asiente energéticamente con su cabecita.
Sin perder más tiempo, Catalina baja a su hijo y ambos caminan de la mano de regreso a la cocina, en donde Catalina deja a Ren sentado en un pequeño escritorio hecho a su medida en un lugar de la cocina, en donde no hace tanto calor, por lo que el niño estará cómodo y ella podrá vigilarlo en todo momento. Nada más sentarse, Ren toma el libro que había sobre el escritorio y comienza a leerlo.
Ya con su hijo instalado, Catalina se coloca su mandil y, tras tomar un cuchillo, comienza a picar todo tipo de verduras para los guisos que se harán el día de hoy.
—Tu niño se porta muy bien; si mi pequeño se portara la mitad de bien que el tuyo, también podría traerlo al trabajo —dice una de las cocineras, quien mueve un nutritivo caldo en una enorme olla.
—Eso lo saco de mi señorita, ella era una niña muy bien portada de niña —presume otra de las cocinaras.
—Catalina, llámame Catalina, hace mucho dejé de ser tu señorita, Amina —le dice Catalina a la mujer, a quien consideraba una muy buena amiga, a pesar de la diferencia de edad, y es que Amina era más de 10 años mayor que Catalina.
Amina era una mujer muy hermosa, la cual, por servir a Catalina, no se había casado y a sus 36 años, muchos ya la consideraban algo mayor para contraer nupcias, algo que en realidad no afectaba a la mujer, quien nunca se vio a sí misma casada y con hijos, pero no por eso la mujer no disfrutaba de la compañía masculina, y es que con sus cabellos rojos y sus ojos verdes Amina era toda una belleza.
—Para mí siempre será mi señorita y eso nada lo va a cambiar —responde Amina, a lo que Catalina solo suspira resignada, y es que, sin importar cuánto se lo pida, Amina nunca deja de llamarla señorita.
Catalina es la primogénita del duque Bloemen, un duque de gran importancia en el imperio, pero hacía poco más de 6 años que Catalina había roto todo tipo de lazos con los Bloemen, convirtiéndose en una plebeya, una decisión de la que Catalina nunca se ha arrepentido y de la que nunca se arrepentirá, y es que durante los últimos 6 años la mujer había sido más feliz que en los casi 18 que había vivido con los Bloemen.
Catalina trabajó toda la mañana junto a sus compañeras en la cocina; solo hizo un pequeño receso para darle algo de comer a su hijo, quien comió tal cual lo haría un niño de la alta sociedad, con todos los modales que se esperarían que tuviera a esa edad.
Si bien Catalina había dejado atrás su vida como noble, sabía que los buenos modales y una educación temprana le serían a su hijo de mucha ayuda para hacer realidad el sueño que el pequeño tenía desde siempre, y ese era convertirse en un gran médico como su padrino; era por eso que había decidido educarlo de esta manera, con la esperanza de facilitarle las cosas en el futuro.
Cerca del mediodía, la afluencia del restaurante comenzó a ser menor, por lo que Catalina pudo tomarse un momento libre para jugar con su hijo, tal y como se le había prometido.
Tras finalizar otro arduo día de trabajo, Catalina salió del restaurante y se dirigió a su hogar junto a su pequeño, quien le hablaba feliz de lo que había leído durante el día, y es que lo que el niño leía era un libro de medicina que había sido un regalo de su padrino, un libro que Aeson le había escrito especialmente para Ren, en donde explicaba varios términos de medicina de una manera en que el niño pudiera entenderlos.
Así madre e hijo caminaron hacia su hogar, disfrutando de una charla agradable; o más que una charla, Catalina disfrutó del monólogo que su hijo le daba.