Liam un joven marcado por la traición y el alcohol presencia cómo un hombre (Dimitri) golpea y abandona en la nieve a una joven embarazada (Sasha). Al ver que ella sangra y entra en parto prematuro, la sube a su viejo sedán y conduce desesperadamente hacia el Hospital Central, logrando que sea ingresada a urgencias antes de caer inconsciente. Este acto desinteresado abrirá nuevas puertas en la vida de Liam, ya que no solo había salvado a alguien de una familia poderosa sino que entre el hermano de sasha y Liam comienza a crecer un magnetismo inevitable.
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Capítulo 19: Fuego sobre la nieve
A las dos de la madrugada del séptimo día, una tormenta de nieve de intensidad descomunal golpeó las afueras de la ciudad. El viento aullaba contra los ventanales de la mansión, haciendo crujir la madera antigua y cubriendo los jardines bajo metros de hielo denso.
Liam no podía dormir. Se había levantado de la cama para verificar que la calefacción de la habitación de Aleksei estuviera en la temperatura adecuada. El bebé dormía plácidamente, ajeno al vendaval exterior.
Sintiendo la garganta seca, Liam decidió salir de la suite para buscar un vaso de agua tibia en la cocina principal. Lucía unos pantalones de algodón gris y una camiseta holgada del mismo tono, descalzo sobre las alfombras gruesas del pasillo.
Al pasar cerca de la biblioteca principal del primer piso, notó una franja de luz dorada que se filtraba por debajo de la pesada puerta de roble. Al acercarse, escuchó el chasquido sutil de un vaso de cristal contra la madera y el sonido de papeles en movimiento.
La puerta estaba entreabierta. Liam asomó la cabeza con curiosidad.
Nikolai estaba allí. Se había quitado la chaqueta del traje y el chaleco, vistiendo únicamente una camisa negra con las mangas enrolladas hasta los antebrazos, dejando al descubierto la piel firme y marcada por algunas cicatrices antiguas. Tenía el cuello de la camisa desabrochado, revelando el inicio de su pecho, y sostenía un vaso con dos dedos de whisky en la mano derecha mientras revisaba un mapa táctico sobre el escritorio.
Liam intentó dar un paso atrás de forma silenciosa para no interrumpir, pero la madera del piso dejó escapar un crujido imperceptible.
—No tienes por qué huir, Liam —dijo la voz grave de Nikolai, sin siquiera levantar la vista del mapa.
Liam se congeló en su sitio. Tragó saliva y abrió la puerta un poco más, entrando a la estancia con cierta timidez.
—Disculpa... no quería molestar. Solo iba por un vaso de agua.
Nikolai dejó el vaso de whisky sobre la mesa, se erigió en toda su altura y giró el cuerpo hacia Liam. La luz tenue de la chimenea de la biblioteca iluminaba de lado su rostro de facciones cinceladas, acentuando la intensidad de sus ojos azules.
—No me molestas. Nunca me molestas —dijo Nikolai, con un tono bajo que resonó directamente en el pecho de Liam.
El ruso caminó a pasos lentos desde el escritorio hacia donde Liam permanecía de pie. Cada paso de Nikolai reducía la distancia física y aumentaba la presión atmosférica en la habitación. Se detuvo a escasos centímetros de Liam, tan cerca que el joven podía sentir el calor que emanaba del cuerpo del heredero y el aroma embriagador a madera de roble, tabaco fino y whisky.
—Estás temblando —notó Nikolai, bajando la mirada hacia los hombros de Liam.
—Es por el viento afuera... —mintió Liam en un hilo de voz, incapaz de apartar los ojos de la boca de Nikolai.
Nikolai alzó despacio la mano derecha. Sus dedos grandes y cálidos rozaron la mejilla izquierda de Liam, justamente en el lugar donde días atrás residía la marca del golpe propinado por Enrique. La caricia fue tan suave, tan infinitamente cuidadosa, que Liam dejó escapar un suspiro entrecortado.
—Nadie volverá a tocarte para hacerte daño, Liam —murmuró Nikolai, deslizando el pulgar por el cuello del muchacho hasta acomodarle el borde de la camiseta—. Te lo prometí en el hospital y te lo repito esta noche. En esta casa estás a salvo.
Liam sentía que las piernas le fallaban. El choque entre sus advertencias internas —la convicción de que Nikolai era un hombre inalcanzable y la sombra de su propio pasado violento— y la atracción desmedida que experimentaba por el ruso en ese instante amenazaba con romper su resistencia.
—Nikolai... yo... no sé qué decir —alcanzó a articular Liam, con el pulso acelerado a mil por hora.
Nikolai sostuvo la mirada de Liam por unos segundos eternos. Hubo un instante suspendido en el aire donde pareció que el ruso se inclinaría para besarlo, pero con un dominio propio absoluto, Nikolai dio un paso atrás, rompiendo el contacto físico sin perder la calidez de su mirada.
—No tienes que decir nada —dijo Nikolai con una pequeña sonrisa enigmática—. Ve a descansar. Yo me encargaré de que el agua tibia llegue a tu habitación con Nora.
Liam asintió torpemente, dio media vuelta y caminó de regreso a su suite con el corazón batiéndole desbocado contra las costillas. Al cerrar la puerta de su dormitorio, se apoyó de espaldas contra la madera, intentando regular su respiración en la penumbra. Sabía con aterradora certeza que el abismo al que intentaba no asomarse ya estaba justo debajo de sus pies, y que resistirse a la fuerza de gravedad de Nikolai Volkov sería una batalla perdida.