Hace seis años, Tania era la esposa perfecta: dulce, paciente y profundamente enamorada. Sin embargo, en el nido de víboras que es la familia Durantt, su bondad fue tomada por debilidad. Manipulada por su suegra y víctima de una elaborada trampa orquestada por el primer amor de Nicolás, Tania fue acusada de una traición que jamás cometió. Nicolás, cegado por su arrogancia y posesividad, le entregó los papeles del divorcio y la expulsó de su vida sin darle el beneficio de la duda.
Hoy, la mujer que regresa no guarda rastro de aquella chica sumisa. Tania vuelve como una empresaria de éxito, con una mirada gélida y una fuerza física y mental capaz de derribar imperios. Su único objetivo es proteger el legado de su hijo, Nico, el heredero secreto que Nicolás nunca supo que existía. Cuando sus mundos vuelven a colisionar, Nicolás descubre que la "fiera" que él mismo despertó no está dispuesta a perdonar fácilmente, y que recuperar su amor será la batalla más difícil de su vida
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capitulo 19
La sala de juntas de la Torre Durantt, un santuario de cristal y roble oscuro, se sentía más como un búnker esa mañana. Nicolás presidía la mesa con una rigidez que rayaba en lo patológico. No había dormido; el incidente en el colegio y el resultado del ADN lo habían dejado en un estado de vigilia agresiva. Su objetivo hoy era quirúrgico: asfixiar a Atlas Global.
Nicolás golpeó suavemente la mesa con su pluma estilográfica, un sonido rítmico que ponía nerviosos a sus directores.
—Señores, la estrategia es simple —sentenció Nicolás, su voz resonando con una autoridad gélida—. He ordenado el bloqueo total de los suministros de combustible y repuestos para la flota de Logística Continental. Si Atlas quiere operar nuestras rutas, lo hará con camiones parados. Vamos a estrangular su cadena de suministro hasta que Tania no tenga más remedio que sentarse a negociar los términos de su rendición... y la custodia de mi hijo.
Un murmullo de duda recorrió la mesa. Los directores sabían que esto era una declaración de guerra abierta que también afectaría sus propios dividendos, pero nadie se atrevía a contradecir al "Rey de la Ciudad" en medio de un ataque de furia.
De pronto, las puertas dobles de la sala se abrieron de par en par. No fue un estrépito, sino un movimiento fluido que exigía atención inmediata.
Tania entró con la parsimonia de quien es dueño del edificio. Vestía un traje sastre blanco hueso, impecable, que contrastaba con el ambiente oscuro de la sala. A su lado, Marcus cargaba un maletín de cuero fino que contenía el peso de la realidad.
—Llega tarde a una reunión a la que no fue invitada, señora —ladró Nicolás, poniéndose de pie. Sus ojos destellaban con una mezcla de odio y una fascinación que no podía ocultar.
Tania caminó hacia el extremo opuesto de la mesa, apoyando sus manos enguantadas sobre el respaldo de una silla vacía.
—Al contrario, Nicolás —respondió ella, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Llego justo a tiempo para evitar que cometas un suicidio financiero en nombre de tu ego.
—Seguridad, saquen a esta mujer de aquí —ordenó Nicolás, mirando hacia la puerta.
Nadie se movió. Los guardias de la entrada permanecieron firmes, pero bajaron la mirada. Tania hizo un gesto a Marcus, quien extrajo un fajo de documentos y los deslizó por la mesa pulida hasta llegar a las manos de Nicolás.
—Antes de que hagas una escena, te sugiero que leas la cláusula de titularidad de deuda —dijo Tania, cruzando los brazos—. Hace tres años, tu constructora, el pilar de tu imperio, solicitó un préstamo masivo al consorcio Vanguard Holdings para el proyecto de la zona portuaria. ¿Lo recuerdas?
Nicolás frunció el ceño, tomando los papeles. Sus ojos recorrieron las líneas legales con una rapidez febril.
—¿Qué tiene que ver eso con esto? Es un crédito bancario estándar.
—Era —corrigió Tania—. Atlas Global adquirió el 40% de esa deuda la semana pasada. Y según los términos de incumplimiento técnico que tus contadores convenientemente ignoraron, el tenedor de la deuda tiene derecho a un asiento permanente en la junta directiva con poder de veto en decisiones estructurales.
Nicolás sintió que el aire se volvía ácido. Sus manos apretaron los documentos hasta arrugarlos.
—¿Has comprado mi deuda? —preguntó, con la voz ahogada por la incredulidad—. ¿Me estás diciendo que ahora... que ahora trabajas para mí?
—No, Nicolás. Te estoy diciendo que tú trabajas para proteger mis intereses —Tania se sentó, cruzando las piernas con una elegancia letal—. Cualquier intento de bloquear suministros a Atlas será considerado un sabotaje a la rentabilidad de la constructora, ya que Atlas es su principal cliente de infraestructura. Si firmas esa orden de bloqueo, ejecutaré la cláusula de cobro inmediato de la deuda. Y ambos sabemos que no tienes la liquidez para pagarme diez mil millones de dólares hoy mismo.
El silencio en la sala fue absoluto. Los directores miraban a Tania con un respeto que rayaba en el pánico. En un solo movimiento, ella había pasado de ser una competidora externa a ser la dueña de la soga que rodeaba el cuello de Nicolás.
Nicolás se desplomó en su silla. La humillación era pública, física, casi palpable. Se sentía como si ella le hubiera arrancado la corona frente a sus propios súbditos.
—Esto no se trata de negocios para ti —siseó Nicolás, inclinándose hacia ella—. Se trata de venganza. Estás usando mi propia empresa para castigarme por lo del niño.
—Se trata de control, Nicolás —replicó ella, su voz suave pero cortante como un diamante—. Tú creías que podías usar la fuerza bruta para recuperarlo. Yo te estoy demostrando que puedo quitarte la ciudad entera sin disparar una sola bala. A partir de ahora, cada decisión que tomes, cada contrato que firmes, pasará por mi escritorio. Ya no eres el rey de esta selva; eres un gerente bajo supervisión.
Tania se puso de pie, indicándole a Marcus que recogiera los documentos. Se acercó a Nicolás, deteniéndose a solo unos centímetros de él. Pudo ver el sudor en su frente y la rabia contenida en su mandíbula.
—Mañana a las nueve quiero el informe de costos de la constructora —le susurró, asegurándose de que todos escucharan—. Y Nicolás... asegúrate de que el café esté caliente. No me gusta esperar.
Tania salió de la sala con la misma calma con la que entró. Nicolás se quedó mirando el lugar vacío donde ella había estado, sintiendo que las paredes de su imperio se cerraban sobre él. El juego de poder había cambiado de manos. Ya no era él quien acechaba; ahora era él quien vivía con el permiso de la mujer a la que una vez intentó destruir. La junta directiva ya no era suya; era el escenario de su propia decadencia.
cómo puedes confiar a Nico a esa maldita víbora 🐍