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EL PRECIO DE MI LIBERTAD

EL PRECIO DE MI LIBERTAD

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / CEO / Posesivo
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SEBAS M

La vida de Valeria Santoro se desmorona en una sola noche cuando su padre, al borde de la ruina financiera y amenazado por una deuda impagable, toma la decisión más cruel: venderla al hombre más temido y poderoso de la ciudad.
Damián Thorne es un CEO frío, implacable y conocido por destruir todo lo que toca. No cree en el amor, solo en los negocios, y Valeria es el activo que acaba de adquirir. El trato es simple: un matrimonio arreglado por doce meses a cambio de limpiar el nombre de su familia y salvarlos de la bancarrota.
Para el mundo, son la pareja perfecta: él, el magnate exitoso; ella, la esposa elegante y sumisa. Pero tras las puertas cerradas de la mansión Thorne, la realidad es muy distinta. Valeria está decidida a no entregarle su corazón al hombre que la compró, mientras que Damián descubre que ella es la única pieza en su tablero de ajedrez que no puede controlar.

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La moneda de cambio

La lluvia golpeaba los ventanales de la mansión Santoro con una violencia inusual, como si el cielo mismo estuviera presagiando la tormenta que se desataba dentro de mi propio hogar. El sonido metálico de las gotas contra el cristal no era nada comparado con el silencio sepulcral que reinaba en el despacho de mi padre. Había estado fuera por dos años, terminando mis estudios en negocios internacionales en Londres, soñando con un regreso triunfal y una carrera que yo misma construiría con mi esfuerzo. Sin embargo, mi vuelta a casa no fue recibida con abrazos, sino con un ambiente gélido y cargado de una culpa que intentaban ocultarme tras copas de coñac y miradas huidizas.

—No tienes opción, Valeria —dijo mi padre, finalmente. Estaba de espaldas a mí, contemplando el jardín anegado por la tormenta mientras sostenía una copa de cristal que le temblaba en la mano. Su postura, antes orgullosa y dominante, ahora se veía encorvada, como si el peso de sus secretos lo estuviera aplastando—. La empresa está en bancarrota técnica. Los auditores se han ido, los bancos han cerrado las puertas y el mercado nos ha dado la espalda. Si no firmo este acuerdo, para mañana estaremos en la calle y mi apellido será el hazmerreír de la alta sociedad.

Me puse en pie, sintiendo un vacío frío en el estómago que se extendió hasta mis dedos. La traición me quemaba la garganta.

—¿Vender tu propia sangre? ¿Esa es la solución que encontraste para tapar tu incompetencia? —mi voz, aunque firme, comenzó a tambalearse—. ¡Soy tu hija, no un activo financiero! ¿Quién es él? ¿Quién tiene el poder suficiente para obligarte a tomar esta decisión tan despreciable?

Mi padre dejó la copa sobre el escritorio con un golpe seco; el estruendo resonó en la habitación como un disparo. Se giró hacia mí, y vi en sus ojos una mezcla de terror y desesperación que nunca antes había presenciado.

—Damián Thorne.

El nombre golpeó mi pecho con una fuerza física. Damián Thorne era sinónimo de poder, de crueldad y de una fortuna que pocos podían siquiera imaginar. Era el hombre que devoraba empresas rivales como si fueran simples aperitivos en una reunión de negocios; un magnate que, según los rumores, operaba en las sombras de la ciudad y no tenía ni un ápice de humanidad en su sistema.

—Él no es un hombre con el que se pueda negociar, papá —susurré, sintiendo que el suelo se movía bajo mis pies—. Es un monstruo. Has pactado con el mismo diablo y me has entregado a mí como el pago de tus errores.

—Es el único que puede pagar la deuda. Y a cambio, quiere una esposa —se acercó a mí, revelando unas ojeras profundas—. Es un contrato de doce meses. Solo un año, Valeria. Después, el divorcio estará firmado, el dinero estará en nuestras cuentas y habremos salvado nuestro apellido de la ruina total. Es un sacrificio necesario.

—¿Y qué pasa conmigo en ese año? ¿Quién me salva a mí de él? —mi voz salió quebrada, pero llena de una furia que empezaba a hervir en mi pecho—. ¿Alguna vez te detuviste a pensar en mi vida, en mis sueños, en lo que yo quería?

Él no respondió. Sus ojos bajaron al suelo. En ese momento, la puerta del despacho se abrió con una lentitud deliberada. Un hombre entró en la estancia con paso firme, vestido con un traje de sastre negro que parecía absorber la poca luz de la habitación. Era más imponente de lo que había visto en las revistas. Su sola presencia parecía consumir todo el oxígeno del lugar. Sus ojos, afilados como cuchillas de obsidiana, se clavaron en mí de inmediato, evaluándome con un desdén que me hizo sentir pequeña, desnuda, vulnerable.

Damián Thorne no saludó. No hubo protocolos ni cortesías fingidas. Simplemente se detuvo a pocos centímetros de mí, invadiendo mi espacio personal con un aroma a sándalo, tabaco caro y un poder crudo que me hizo retroceder un paso involuntariamente hasta chocar con el borde del escritorio.

—Parece que ya estamos todos —su voz era grave, una caricia de seda que escondía una daga—. Srta. Santoro, le sugiero que deje de mirar a su padre con decepción. Créame, él ha hecho un excelente negocio. Y, honestamente, usted debería sentirse afortunada de ser la elegida para salvar este legado.

—No soy un objeto, Sr. Thorne —dije, levantando la barbilla, obligándome a sostenerle la mirada aunque mis manos temblaban violentamente detrás de mi espalda—. No pertenezco a nadie, y menos a un hombre que utiliza la extorsión como herramienta de conquista.

Él esbozó una sonrisa cínica, una mueca que no llegó a sus ojos fríos, cargada de una arrogancia que me enfureció aún más. Se acercó un paso más, invadiendo la poca distancia que nos separaba, e inclinó su cabeza para susurrar cerca de mi oído:

—Eso es algo que vamos a descubrir juntos, Valeria. Tu padre ya firmó la cláusula de entrega y he transferido los fondos a sus cuentas esta misma tarde. Desde este segundo, me perteneces. No intentes huir, no intentes luchar, y sobre todo, no intentes enamorarte. Porque en mi mundo, las deudas se pagan con obediencia. Bienvenida a tu nueva vida.

El miedo me golpeó como una bofetada, pero mientras lo observaba salir de la habitación, supe que si flaqueaba ahora, estaría perdida. Este era el inicio de un año que, estaba segura, cambiaría mi destino para siempre.

Caminé hacia la ventana después de que él se marchó, mis dedos acariciaban el vidrio frío mientras la lluvia intensificaba su ritmo. El reflejo en el cristal me devolvió la imagen de una desconocida: una mujer que, hasta hace una hora, planeaba su futuro profesional, y que ahora era propiedad de un extraño. Damián Thorne no solo había comprado el apellido Santoro; había comprado mi libertad, mis mañanas, mis noches y cada decisión que pudiera tomar en los próximos doce meses.

Recordé las palabras de mi padre. "Es un sacrificio necesario". ¿Para quién? ¿Para él, que había dilapidado la fortuna familiar en inversiones arriesgadas y apuestas de alto nivel? ¿O para mis hermanos, que seguían viviendo en su burbuja, ignorando que el techo sobre sus cabezas tenía nuevo dueño? Me sentí rodeada de una red de mentiras y expectativas que me sofocaban. El despacho, antes mi lugar favorito para leer en silencio, ahora se sentía como una celda de lujo, adornada con muebles de caoba y el peso de una deuda que no me correspondía pagar.

Me obligué a respirar profundamente. Si Damián Thorne pensaba que iba a ser una esposa sumisa que esperaría en silencio en una mansión, estaba muy equivocado. Había estudiado, había luchado por mis propios méritos y, aunque en este momento la ley y las finanzas estuvieran de su lado, mi mente seguía siendo mía. Comencé a organizar mis pensamientos, fragmentando la situación: necesitaba aliados, necesitaba información sobre el contrato que mi padre había firmado con tanta ligereza, y sobre todo, necesitaba entender qué era exactamente lo que este hombre buscaba de mí más allá de una cara bonita para sus eventos sociales.

La puerta volvió a abrirse, esta vez para revelar a mi madre, con los ojos rojos de tanto llorar. No se acercó a abrazarme; la culpa era una barrera insuperable entre nosotras.

—Valeria, él... él espera que estés lista para mudarte a su residencia en menos de cuarenta y ocho horas —dijo ella, con una voz apenas audible.

—¿Y qué pasa con mi ropa? ¿Con mis libros? ¿Con mi vida, mamá? —pregunté, sintiendo un nudo en la garganta—. ¿No te importa que tu propia hija sea vendida como un mueble antiguo?

Ella agachó la cabeza, incapaz de responder. Ese silencio fue mi respuesta final. Entendí que estaba sola, que la familia que tanto había defendido durante años había preferido su comodidad a mi bienestar. El peso de la traición era ahora mi único equipaje. Salí del despacho, ignorando los sollozos de mi madre y el aire cargado de tensión que se respiraba en cada rincón de aquella casa que ya no se sentía como un hogar.

Subí a mi habitación, cerré la puerta con llave y me dejé caer en la cama. El techo de madera tallada, que tantas veces había contemplado en mis momentos de introspección, parecía estar observándome en silencio. Saqué mi teléfono y, con manos aún temblorosas, empecé a redactar una lista. Primero, entender la estructura de la deuda. Segundo, encontrar una salida legal para el contrato. Tercero, sobrevivir al año más difícil de mi existencia.

El hombre de traje negro, con su aroma a sándalo y su mirada depredadora, no sabía con quién se había metido. Podría haberme comprado, pero nunca tendría mi rendición. La lucha no había terminado; apenas estaba comenzando. Cerré los ojos, pero el rostro de Damián Thorne permanecía en mi mente, una cicatriz que no desaparecería pronto. La tormenta afuera parecía rugir en sincronía con la batalla interna que libraba, un recordatorio de que, aunque estaba prisionera, todavía tenía la voluntad para resistir.

Valeria Santoro no caería sin pelear. Cada decisión, cada palabra y cada movimiento que hiciera a partir de ahora sería un paso hacia mi libertad. El precio de la deuda era mi tiempo, mi presencia y mi nombre, pero mi esencia permanecía intacta, una chispa de fuego en medio de la oscuridad. Mañana sería un nuevo día, y aunque estuviera marcada por el contrato, mi determinación sería más fuerte que cualquier deuda impagable.

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deli perez
Me gusta la historia, que días actualizas?
deli perez: Un gusto esperar nuevos capítulos.. Gracias
total 2 replies
deli perez
Excelente historia
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